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lunes, 15 de febrero de 2016

ALGUNAS PRECISIONES A TENER EN CUENTA POR LOS “ENTRISTAS”, EN CITAS DEL PADRE DEVILLERS.

“Todo el mundo admite, en general, que la acción política tiene por fin el bien de la patria, pero no todos entienden ese bien de la misma manera. Muchos, en efecto, lo reducen a los bienes puramente materiales, a la integridad del territorio o a la defensa de los pretendidos “Derechos del hombre”, fundados sobre una ideología falsa y anticristiana. Es evidente que el bien de la patria así entendido no merece en manera alguna que uno le consagre su tiempo y sus fuerzas. Y sacrificar la vida por la defensa de los falsos “Derechos del hombre” no sería en modo alguno un acto de virtud.
Pero es muy distinto si entendemos por “patria” esa maravillosa herencia que hemos recibido de nuestros padres, que consiste en la unidad de la fe católica y en los tesoros de cultura y de virtud que de ella han nacido, encarnados en legiones de santos y de héroes. El bien de la patria así entendido es verdaderamente digno de ser amado por encima de todo otro bien creado, y una acción política tendiente a conservarlo o a restaurarlo merece que se le consagre la vida.No obstante, aun entendiendo el bien de la patria en este sentido verdadero, no sería justo decir que todo hombre debe consagrar enteramente su vida a la acción política, por dos razones.En primer término, porque el bien mismo de la patria requiere la diversidad de oficios, y si es necesario que algunos se dediquen al gobierno de la ciudad, no lo es menos que otros aseguren la producción de los bienes materiales, la educación de la juventud y todos los otros géneros de actividades necesarias a la vida humana. Y es necesario, igualmente, que cada uno cumpla convenientemente con sus obligaciones personales, tales como la educación de sus hijos y el cuidado de su casa[1]


[1] Este punto de doctrina es de una gran importancia en nuestros días, en los que la acción política (frecuentemente más o menos naturalista, por otra parte) es a menudo un pretexto para desentenderse de los primeros deberes concernientes a la familia. Sería bueno recordar a algunos de nuestros militantes  la enseñanza de San Pablo según la cual aquél que no se ocupa de gobernar su familia es peor que un infiel (I Tim 5, 8). Por haber faltado a ese deber, muchos han tenido la amarga decepción de ver a sus propios hijos pasarse al enemigo. Agreguemos que la acción política propiamente dicha no conviene a todos. Hacen falta ciertas disposiciones particulares y en especial, según Aristóteles, una virtud sólida y probada.
R.P Guillaume Devillers, “Política Cristiana”, p. 199 y 200 

COMENTARIO: Santos y héroes. Virtud sólida y probada. No descuidar los deberes de estado o se cae en peor infidelidad. Es decir, para muy pocos. Para una aristocracia formada; nada de política de masas. 



“Ninguna sociedad puede, sin perecer, reconciliarse con los que niegan sus principios fundamentales. Ahora bien, los principios que están en la base del mundo moderno y de su democracia liberal son precisamente la negación de lo más fundamental que hay en la Iglesia y en la revelación cristiana: su autoridad divina y la obligación correlativa de someterse a ella.En efecto, lo que llamamos “el mundo moderno” nació del rechazo a la autoridad  divina de la Iglesia por los reformadores protestantes y, después, del rechazo del origen divino de toda autoridad por los filósofos del siglo XVIII. Y los principios modernos que los partidarios de esta “reconciliación” que quieren ver aceptados por la Iglesia son los que expresan e incluso “sacralizan” de alguna manera ese rechazo: el principio de laicidad, la democracia liberal y los derechos del hombre, en particular el derecho a la libertad religiosa. En lugar de la obediencia y de la humildad de Cristo, se exalta así, en todo momento y por todos los medios, el Non serviam y el orgullo de Satanás. Por eso, lejos de ser neutro en materia de religión, el mundo moderno, con su sociedad laica, su liberalismo y su democracia, forma una verdadera Contra-Iglesia. Ha emprendido una lucha a muerte contra Nuestro Señor Jesucristo y prepara ante nuestros ojos la llegada del Anticristo.Esta doctrina que hemos recibido de la tradición nos es confirmada por la experiencia. En efecto, la penetración de ideas liberales y democráticas en la Iglesia ha producido frutos envenenados de un gravedad extrema, en particular: 1) El poder del Papa sobre toda la Iglesia, y el de los obispos en sus diócesis, es grandemente obstaculizado por la colegialidad; 2) La predicación evangélica, reemplazada por el diálogo, ha perdido casi toda su eficacia sobrenatural.No es difícil prever que si la Iglesia no llega a liberarse de este veneno, está condenada a una desaparición segura.

R.P Guillaume Devillers, “Política Cristiana”, p. 240


COMENTARIO: No reconciliarse con quienes niegan los principios fundamentales. No al mundo moderno y su democracia liberal. No con quienes niegan la autoridad divina de la Iglesia y la Revelación y no están decididos a someterse a Ella.


“La paz y la facilidad de los intercambios son sin duda grandes bienes, pero no deben ser alcanzados a cualquier precio. Como lo dice Santo Tomás, “no se puede jamás hacer un mal en orden a un bien, sobre todo cuando ese mal es peor que el bien esperado”. Ahora bien, ese es el caso aquí: el establecimiento de un poder mundial anticristiano tal como el que está en vías de realizarse ante nuestros ojos, y el mal que resultará para la Iglesia y para las almas, es mucho peor que cualquier guerra, incluso atómica. La guerra no es más que un mal físico, mientras que el escándalo de un gobierno apóstata extendido al mundo entero es un mal moral y espiritual inconmensurable. Aquellos que colaboren a su establecimiento cargarán con una responsabilidad terrible ante Dios y ante la historia. En cuanto al argumento que se funda sobre las declaraciones de los últimos Papas, lamentablemente es necesario decir que, por su defensa incondicional de las doctrinas liberales y revolucionarias, perdieron su derecho a la confianza de los católicos fieles, al menos en todo lo que concierne a la política.
R.P Guillaume Devillers, “Política Cristiana”, p. 204”.

COMENTARIO: No para hacer pequeños bienes a la sociedad y dejar pasar los grandes males de la confusión. El mal de un gobierno “apóstata” es inconmensurable. La colaboración a sistemas que pretenden instalar este tipo de gobiernos, cargan con una responsabilidad terrible.


Aportamos estos textos a fin de que los entristas, una vez avisados, traten de presentar las cosas al P. Devillers de manera que nuestro gobierno no parezca ni liberal, ni democratista, ni apóstata, ni tienda a un gobierno mundial anticristiano. Traten de que haya movimientos partidarios que tiendan a entronizar la verdadera autoridad de la Iglesia y la Revelación y que tienen la voluntad de someterse a Ella.Que además lo convenzan de que ustedes son santos y héroes, virtuosos y probados,  y de que en sus casas las cosas andan fenómeno. Y es posible que los bendiga. (Yo también lo haría si me convencieran).
Nosotros creemos que nada de eso es verdad y que las hipótesis del Cura, amargamente se cumplen en nuestro país; en sus gobiernos actuales y pasados, en todos los partidos y movimientos políticos,  y en muchas de las casas de los militantes. Estamos convencidos que somos gobernados por una Anti-Iglesia con la que no debemos colaborar y no aceptar sus fundamentos con la excusa de obtener bienes menores.Sabemos que no somos ni muy santos ni muy héroes,  ni de sólida virtud ni probos, y llevamos como podemos nuestras casas en medio de este infierno, sin que nos dé el cuero para mucho más, pero queremos llegar al otro barrio pudiendo decir “No he perdido a ninguno de los que me diste”.
Rueguen que el Cura no esté muy enterado de lo que pasa en estos lares ni en las casas de los militantes.
Les desea suerte desde El Foso. Un Cocodrilo. 
 

3 comentarios:

  1. Muy interesante.

    El primer extracto trata sobre la enseñanza que sobre estos temas viene desde Aristóteles. Nos dice que la Política no es para cualquiera y dos de sus requisitos son tener madera y madurez para esta actividad y estar tranquilo desde el punto de vista económico para poder dedicarse correctamente a las cuestiones de la Patria y no de la casa.

    Esto es importante y en la línea que aquí se ha escrito antes en relación al temor de que los jóvenes se metan en política haciéndose presos de una burocracia gris (en el mejor de los casos) y de falta de trabajo futuro (en el peor). Nunca lo podría hacer un hombre de al menos cincuenta años (o cuarenta en los más promiscuos), pues sin esa edad difícilmente haya llegado a la tranquilidad económica necesaria y se lo pueda considerar un "probado".

    Entiendo el temor, ya que se podría pretender ingresar en la política antes de tiempo, como lo pretenden tantos jóvenes de buena voluntad. Que esto no es conviniente no lo negaría nadie medianamente responsable.
    Si sucediese, en pocos años se podría ver la tragedia.

    La cita de la pág. 204 también parece ir en orden a evitar el ingreso a la política partidaria ante el estado actual de cosas, ya que los pocos beneficios que se pudiesen conseguir no lo justificarían y sería causa de "escándalo".

    Entiendo (aunque no lo justifico) que de todos modos sea difícil seguir las enseñanzas del autor (y de Sto Tomás y Arsitóteles). En estas como en tantas otras decisiones actuamos dirigidos por nuestros deseos, pasiones, voluntad y recta (aunque insuficiente) intención.

    Saludos a todos.

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    1. Sí, es así. Ya que puede no haber pecado y sin embargo que haya error. La recta conciencia o no se vincula con el confesionario. Aquí hablamos de otra cosa.

      Prudencio.

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  2. "los tesoros de cultura y de virtud que de ella han nacido, encarnados en legiones de santos y de héroes". Bella frase. ¿Cuáles son estos en la Argentina? Porque en Francia es fácil. (Y esto me hace acordar a un sermón del P. Cortés por el que casi lo linchan). Y... muy repoquitito. Si no somos españoles en el exilio, casi nada. Sin duda, si hay alguna tradición que resaltar y a la que serle fiel, es la hispana. (No me vengan con Mayo y San Martín).

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