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viernes, 19 de febrero de 2016

JUDAS DE KARIOTH

  Judas era originario de Karioth (is-cariote), un pueblo pequeño cerca del actual Hebrón en plena Judea. Era el único judío de los doce (lo que no es para dar de comer a racistas, ya que no eran diferencias de razas lo que separaba a Galileos, sino cuestión de naciones. Aunque anda rondando una versión de que los galileos eran celtas – por la raíz gal, como gallegos y galeses. Y entonces dicen que Cristo era celta y no semita… en fin, esto me lo trajo un amigo nazi que ya murió y que manejaba papeles “secretos” y que aunque no quería a Cristo por consejo de Nietzsche, pues hubiera preferido que fuera celta). El asunto de la nacionalidad y el nacionalismo, sin embargo tendrá su peso hacia el final de su desventura.

 No sabemos las circunstancias en que fue llamado por Cristo al Apostolado - en otros ha quedado la anécdota que suele ser muy significativa, pero no en todos–lo que sí sabemos es que fue llamado: “¿no os escogí Yo a los doce?” dice Cristo.
De aquellos tres intensos años de la vida pública, en los dos primeros podemos afirmar que Judas fue uno más de entre los doce; con la misma amistad y llevando igual vida y vicisitudes. Con sus defectos, tantos como los otros. En retrospectiva y sabiendo el final, podemos inferir que era peor, podemos ver su ambición política o los rastros de su avaricia anunciando su traición, pero no fueron menos las faltas en sus compañeros; la intolerancia de Juan (“Señor… no quieren recibirnos en ese pueblo ¡Haz que les llueva fuego!), o la ambición de Santiago y su madre haciendo lobby para ser nombrado como primado en lugar de Pedro;  la inconstancia de Pedro que siempre está entre que quiere zafar y quiere ser héroe,   o la pusilanimidad de Tomás (si no toco, no creo).  Hombres al fin, jugarían junto a Cristo y libremente, el derrotero de sus elecciones.
Judas sin duda alguna era uno más de ellos, amado por el Señor, y que durante esos años realizó predicaciones, probablemente curaciones y exorcismos. Cristo lo llamó para que fuera su Apóstol, no para que se perdiera. Sin duda alguna, y por el hecho mismo de su nacionalismo judío, Judas deseaba como buen ciudadano y legítimamente,  la restauración de su Patria. ¿Les suena? Como cualquiera de nosotros respecto a la nuestra. Conoció al Maestro y vio en Él todas las condiciones para lograrlo. Ya se imaginaba que con todo ese poder y esa pureza, Israel se iba a levantar entre las Naciones como un faro para el mundo.
Todo jugador político entiende la importancia de la bolsa en todos estos proyectos y él se la tomaba en serio. Podemos fácilmente ver en su vocación de tesorero el anuncio de su maldad, pero mal haríamos juicio de todos los tesoreros de la historia, que los ha habido buenos y muy buenos. Eso sí, dentro del entusiasmo y aún dentro de la avaricia, que repito no se daba en mayor medida que se daban en otros de sus pares los defectos (parece que Bartolomé era el más prolijo, recibiendo de Cristo uno de los piropos más hermosos del Evangelio “He aquí un hijo de Israel, en quien no hay falsedad alguna”. Y eso que era medio tilingo; le gustaba la elegancia en el vestir y cultivaba la ironía en el hablar, hasta usaba un prendedor de lujo en su túnica, lo que me hace acordar a Anzoátegui que decía, “ser tilingo no es un pecado, salvo que se sea solamente un tilingo).Dentro de todo esto, decíamos, debía haber en Judas además de esos defectos que todos tenemos, un sesgo amargo, una cierta acidez agazapada en los pliegues de su alma,  que siempre está en la historia de los suicidas.
Iniciando el tercer año de vida pública, se produce un hecho fundamental para los seguidores de Jesús. Se llega al ápice del entusiasmo y el “movimiento” comienza a dar réditos en enrolamiento. Cinco mil varones y sus familias se han juntado y lo siguen dejando sus casas y sus cosas, y Cristo produce el hecho que habrían soñado poder hacer todos los políticos del mundo. ¡Multiplica la comida!
Aquel día de la multiplicación de los panes, los seguidores querían coronarlo Rey. ¡Cristo Rey! ¡Cristo Rey!  Ni pensar en el entusiasmo de todos; veían venir los días de la victoria y de la revancha, de la abundancia y de la paz. La restauración de Israel se perfilaba llena de buenos augurios y el entusiasmo los embargaba sobre una causa que no podía ser mejor, ¡no podía ser más buena! ¡Y qué jefe! El plan de salud y alimentación estaban asegurados, curaba y repartía comida con milagros.
Pero al otro día… en la Sinagoga de Cafarnaúm; de manera impensable, cuando querían coronarlo, Cristo rechazaba la corona. No hay más de estos panes para la multitud, en adelante  “el pan que yo os daré es mi carne para la vida del mundo”. ¡¡¡Queeé!!! Estampida general. Muchos de los seguidores “se volvieron y ya no anduvieron con Él”. Entonces Cristo preguntó a los doce: “¿Queréis vosotros también marcharos?” y Pedro tomando la palabra, contesta en dos frases: “Señor ¿y a quién iremos?”, y en esta primera expresaba la perplejidad de todos. Ya se habían jugado, no les quedaba otra carta. Y va la segunda que sí sale del buen corazón de Pedro: “Sólo Tú tienes palabras de vida eterna”.
Probablemente no fue esta segunda la que firmara Judas, pero sí la primera. ¿A dónde iré? El proyecto político caía por tierra y él estaba jugado y sin fichas,  señalado, reconocido dentro de los principales del intento golpista (no era tan fácil como ahora cambiar de monta y de partido), ni Herodes ni el Sanedrín iban a dejar pasar la cosa como si nada fuera. Y allí nació el dictado de una cínica avaricia, que si buscamos hoy, es muy típico. Si estoy embromado, y esto no sale, veremos si por lo menos lleno la bolsa mientras voy buscando salida. Es la historia de muchos hoy; el proyecto se frustra, por lo menos me lleno de plata, asunto que en un carácter cínico y alegre se transforma en un pillo de comedia. (En “Enrique V”, cuando el Rey deja que cuelguen a su viejo amigo de correrías – Bardolfo -  por haber robado los vasos de una iglesia, el otro pillo - no recuerdo si era Nym o Pistola - se dice: “No sé trabajar; ya no se puede robar… pues tendré que hacerme alcahuete” y esta es una de las buenas salidas que vemos a menudo en nuestro mundo).
Pero Judas no era para eso. Una enorme amargura lo atenazaba, una frustración de la oportunidad perdida por este “sobrenaturalista” lo amargaba, en el que había jugado su destino y puesto sus esperanzas más egregias. ¡Qué desperdicio! Ya más adelante diría lo mismo cuando lo del perfume derramado por la Magdalena ¡Qué desperdicio!, pero ahora desde la avaricia, que es lo que queda cuando se frustra la ambición (¡eran trescientos denarios! Muchísima plata. Piensen que luego lo vendería a Él por sólo treinta, que eran más o menos treinta sueldos mínimos).
 ¿Cuántas vocaciones políticas hechas y derechas vemos recorrer este mismo camino? Ma sí, ya que estoy y todo esto se fue al tacho, me forro y me cisco en todos, pero con amargura (salvo la patrona que espera ansiosa la viudez para disfrutar ya libre del amargado. Y parece que esto se dio también en Judas que pasaba lo birlado a su señora). De allí en más, entendemos que hay que abandonar la teoría de que Judas buscó en su traición hacer “reaccionar” al Maestro. Lo conocía bien, nada lo iba a sacar de su camino, su lenguaje cada vez era más funesto, hablaba de muerte, se retiraba a rezar. Allí comienza a faltar en la bolsa, de poco a poco, y a amargarse la vida. ¡Maldito sea! ¿Quién lo entiende a este Hombre? Estaba todo listo ¡¿y nos sale con esta?!
 Judas no podía entender por qué no se lanzaba a la “acción”. Sólo se explicaba en una especie de vicioso funambulismo que atacaba al Señor. Se replegaba en pensamientos funestos cuando ya se había estado a las mismas puertas del éxito.
Ya está todo perdido, de última, saquemos los últimos treinta denarios y hagamos un favor para que no nos persigan (los treinta no era mucho para lo que había juntado, pero entre gente mala es necesario que haya trueque, que los dos se ensucien un poco y así confían. Nada de que alguno se haga el puro). Además, de una u otra manera esto iba a ocurrir, Él marcha ciego buscando su perdición; aprovechemos, ¿qué tiene de malo? Lo mismo sucederá conmigo o sin mí. Se debilitó. Ma sí…(Su función era importante desde el punto de vista de las formalidades del “proceso” – abogados pensando – ya que consistía en la “identificación” del reo, no existían los DNI ni las huellas dactilares, la identificación tenía que ser por un vecino – judío de la nación- que diera fe de su conocimiento. En este caso con un beso)
¿Pero qué fue de mí? Se preguntaba.  De ese muchacho y de ese hombre que quería salvar su Patria, lleno de sueños y proyectos. De generosa entrega. Al fin el único testigo de lo que pude ser y no fui,  era ese Hombre al que he traicionado. ¿Qué me queda? ¿El tragar amargo las viandas de mi torpe riqueza? ¿Arruinarle la vida a los míos con esta nube nefasta que me sigue? Mejor me cuelgo de un palo.
Claro, no sólo él, sino también los otros lo pensaron. Pero… ¡era tan amable!¡Tan dulce y hermoso! “Tú tienes palabras de vida eterna”, y no pienso estar en otro lado que contigo, pegue por donde pegue. Después de todo; yo no era más que un simple pescador. Valió la aventura y valió el conocerlo y estar a su lado.
¿Es que Cristo no quería la restauración de su Patria? Si, por supuesto. ¿Es que la política le daba un higo? No, de ninguna manera. Es que había una tarea primordial que sólo Él podía hacer. Había que pagar la deuda acumulada. Había que expiar. Primero. Había que reparar lo mal hecho. Bajar a los infiernos. Luego si querían los hombres restaurar sus patrias, podrían.
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Este es todo el secreto de los proyectos políticos, tras los cuales nos espera la pícara comedia o la amarga tragedia. No se trata de una acción oportuna a partir de lo que hay. Hay que pagar primero y hay que expiar los pecados propios y los de la Nación que amamos. Ellos constituyen una carga de mal y de torpeza que hacen irremontable cualquier proyecto. ¿Qué cara hubiera puesto Judas si el Señor le dijera?… paciencia… lo que quieres se dará, por un rato, en unos diez siglos. Pero hoy te puedo dar la vida eterna. Y lo otro, esa patria cristiana, más después,lo mismo se deshará. Se deshará cuando el hombre quiera accionar sin reparar, sin expiar.
 Llegará el nefasto día en que los hombres falsificarán mi doctrina, y dirán que no hay nada que expiar. Que mi Padre es pura misericordia y que no exige la justicia reparadora. Que los hombres falsificarán el tesoro de la Misa y ya no será más expiatoria de sus pecados, sólo un ir hacia adelante, una comida gratis, sin precio. Acumulando sus torpezas que harán fracasar todas sus empresas. Cuando la sola mención de las “deudas” se haga insoportable.
 El Anticristo será un gran condonador de los títulos de deuda, dejando que la infamia siga su curso destructor. Impidiendo que nadie repare el entuerto. Los precursores del Anticristo regalarán perdones y misericordias. (Sinceramente creo que el Anticristo, cuando asuma el gobierno mundial, condonará todas las deudas externas de los países – que no son otra cosa que intereses escritos en un papel - y será aclamado y vendrá un tiempo de gran mejoría económica).
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El eje de la doctrina del gran teólogo de Tubinga, Joseph Ratzinger, es hacer caducar el concepto de expiación. Remito a la obra de Mons. Tissier para ahorrarles citas. Este principio es el eje que sostiene todo el Concilio Vaticano II que es quien prohíja este desahogo de los “títulos de deuda” y quién inicia el festejo de “acción de gracias”– en forma exclusiva en el Novus Ordo -  por esta generosa condonación que creen necesaria para avanzar sin rencillas. Este es el que troca los deberes en derechos, festejando este acierto de la Modernidad.
Por ello habrá mucho que expiar. Quienes crean que se puede olvidar y perdonar, sin necesidad de volver a desdecirse de esa horrorosa mentira, de reparar esa monstruosa falacia, sólo construye sobre arena y hecha cenizas sobre su cabeza. Quien pretenda de allí partir como de un mal entendido, para buscar un “nuevo paradigma”, y que no entiende qué hacen esos tipos atascados en la vieja liturgia, en comunidades “expiatorias” (o sacrificiales diría Calmel) con rezos y procesiones, en vez de “accionar” sin quedarse plantados en una discusión sin mayor importancia; pues esos, Dios los libre de la amargura, del psiquiatra y de la soga.
Esos  que creen que corresponde hablar de Cristo Rey, sin recordar que previo a recibir su corona, estaba Cristo Víctima, y que no hay Patria ni vida personal alguna que no exija el pago del pecado en dura moneda de sufrimiento, en claras medidas de reparación del mal hecho. En el ofrecimiento de esa Víctima en el Santo Sacrificio de la Misa. Pues esos, comienzan a cometer el error de Judas. Y sin duda hoy caminan con los otros, predican, curan y exorcizan, llenos de entusiasmo en sus proyectos restauradores, hasta que Cristo los defraude y los desilusione, pidiéndoles que como Él, vuelvan a reparar lo hecho. A desdecirse de sus mentiras y falacias, a devolver lo hurtado, para que la mentira no sea el poder de sanación de un perdón falso que deja incólume la obra destructora del maldito.


3 comentarios:

  1. Cuando se empieza a hacer el esfuerzo de procurar identificar el lastre y las manchas de naturalismo que por obra del ambiente se te han ido pegando, se te produce una extraña sensación: empezás a descubrir un montón de cosas "nuevas" que sentís que ya sabías o que por lo menos no son como el descubrimiento de algo inesperado. Caes en la cuenta de que todo esto te lo habían dicho en el Catecismo de primera Comunión con una claridad y precisión sorprendentes, pero que recién ahora te das cuenta de la importancia de lo que te dijeron. En como si nuestra mente se hubiera formado en el hábito de separar (y no sólo distinguir) lo natural de lo sobrenatural y de repente ese hábito quedara eliminado para dar paso a un solo plano, y de repente advertís que todas esas verdades de Fe y misterios están presentes y operando efectiva y eficazmente aquí y ahora hasta en los actos más cotidianos; que toda la vida (y sobre todo la muerte) de Cristo cobra un sentido de necesidad actual y permanente.

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    1. Es tan cierto lo que se dice en este comentario, que un exelente ejercicio es leer una vez al año las noventa y nueve preguntas del catecismo de primera comunión y sorprenderse de un montón de cosas nuevas cada vez.

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  2. Macri subsidia 100% a las petroleras y paga a las mineras que nos saquean
    https://youtu.be/u6tnGlicoqs

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