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lunes, 22 de febrero de 2016

NATURALISMO Y ENTRISMO: DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA.

Por Dardo Juan Calderón

Trataremos de explicar el porqué de las idas y vueltas del artículo de JA Ullate Favo en Infocaótica, y para dónde rumbeaban los comentarios, que en lo que a mí me importa, entendían que naturalismo y entrismo eran cosas diferentes. Que Ayuso era naturalista pero no entrista y que había casos al revés.
Pues no. Uno se deriva del otro, siendo el entrismo un tanto más pedestre en su error. Un tanto mas “carnal”.
Ullate  hablaba del “Agustinismo Político” como una forma de concebir lo político a principios de la Edad Media, y del Tomismo como otra forma – diferente-  más tardía. La primera tendría una carga “teocrática” (lo que no es correcto como denominación, porque Dios gobernó al pueblo elegido directamente - y eso era Teocracia - pero después de Cristo lo hace por su Iglesia, y no es teocracia, son hombres), que pondría al poder político bajo la dirección de la Iglesia (de inspiración platónica, lo que es cierto) y la segunda le daría una autonomía (de inspiración aristotélica, lo que también es cierto). Pero que son diferentes no es cierto. Es el famoso problema del fin único o del doble fin.
La primer cosa que atacamos es esta diferenciación. Ambos santos pensaron lo mismo, porque la Iglesia siempre pensó lo mismo, claro que cada uno desde sus atalayas filosóficos. Y tampoco es verdad una pugna eterna entre Aristóteles y Platón como dos polos opuestos, ya que tenían muchísimos puntos en común.  Luego trasladarlo a Agustín y Tomás. Es mala gimnasia poner estos autores siempre en una posición de antítesis dialécticas, es una simplificación inaceptable. Los cuatro son el occidente.
Es decir, que en el primer caso – el del tradicionalismo - el fin del orden social es el mismo fin del hombre - la salvación de las almas - fin que busca la Iglesia y que funciona como condicionante de todas las actividades humanas y totalizante del hombre en todas sus dimensiones. Y bien digo: “totalizante”, cosa que no podríamos predicar del orden político jamás (va para nazis, fascistas y comunistas). Y esto porque todas las dimensiones humanas están – desde Cristo -  llamadas a “ser Iglesia” y nada puede escapar a esta nueva condición sin marchar a su auto negación, destrucción y descomposición.  Por ello, la autoridad máxima de la humanidad en todos los planos es la jerarquía de la Iglesia que delega sus funciones dentro del orden social, y por ello, los reyes de este mundo, son delegados y funcionarios de esa Iglesia y de esa jerarquía. Y es por ello que la Iglesia funge como control de legitimidad del poder. Aunque se acepta una cierta legitimidad de origen aun desde el paganismo, ya en la figura del Imperio u otras, y se considera bueno darle una continuidad a ese “orden natural” que se formó en la historia; pero el criterio de legitimidad primordial será el de “fin”. Es legítimo si se busca ese fin para los hombres que tiene bajo su gobierno.  Y si no lo busca, pues la Iglesia tiene el derecho de deponerlo y de cambiarlo.
Esta fue la doctrina política de la Edad Media. (Consulten si quieren a un agnóstico que trata el tema con esa seriedad objetiva de los alemanes en el libro de Otto von Gierke “Teorías políticas de la Edad Media” publicado por Huemul en 1963), veamos una cita de esa obra: “Luego en la Edad Media, estas ideas surgen al pronto en el postulado de una comunidad externa, visible, comprensiva de la humanidad entera… Por eso, en todos los siglos medievales,  la cristiandad, idéntica en su destino a la humanidad, nos es presentada como una comunidad singular, universal, fundada y gobernada por Dios mismo- (esto está mal comprendido, ya lo explicamos) - . La humanidad es un “cuerpo místico”; es un pueblo o una “gente” sola e internamente relacionada; es una corporación que lo comprende todo (universitas) que constituye aquel reino universal, espiritual y temporal, que puede llamarse Iglesia Universal (república generis humani). Así para alcanzar su único propósito, necesita un derecho (lex) y un gobierno (unicus principatus).”
¿Qué agrega Santo Tomás en El Gobierno de los Príncipes? Mantiene la misma doctrina, pero hace consideraciones respecto a la autarquía del gobierno civil. No es bueno que se mezclen como efectivamente se mezcló en épocas medievales en que los obispos y sacerdotes ejercieron funciones gubernamentales - con gran abuso y detrimento de sus funciones espirituales - haciendo decaer sus vidas y testimonios religiosos por efecto de los “negocios” propios de la función política. Santo Tomás nos dice que es bueno que los curas no entren en esto y que sean santos laicos los que se dediquen a esta función. Establece una separación de las “funciones” pero manteniendo la unidad de autoridad y de fin.
Cabe agregar que esta unidad no implica uniformidad, porque – volviendo atrás- la legitimidad de origen tampoco es desdeñable cuando implica una forma particular de ser de los pueblos en su historia, y que no siendo contraria a la “lex” y al fin, deben ser respetadas. Así los pueblos que traen dinastías monárquicas, es bueno que se mantengan, y si la costumbre implica un entramado feudal, no hay que romperlo; o si son más democráticos (como los vascos) pues bienvenido; o si son más de tipo republicanos como los catalanes y muchos de la península itálica, de igual forma respetar esa costumbre. ¿Y por qué se debe respetar? Porque en lo bueno que tienen y acumularon en la historia está la voluntad de Dios y sus gracias actuales para con ese pueblo singular. También el fundamento es Dios en este caso.
Con respecto a los gobiernos de naciones infieles, pues se deben “soportar” o “tolerar” (aunque no sean legítimos) en la medida en que no se puedan convertir, y si se convierten, tratar de mantener aquellas formas y leyes de gobierno que están en la línea de una justicia natural, que forman parte de su historia y costumbres, y todo mientras que no sean contrarias a la ley divina. Por eso a los aztecas, había que derribarles sus ídolos satánicos y todo su orden diabólico, y a los romanos había que respetarles su corpus jurídico y a los vascos su tozuda igualdad (que así Dios los quiso).
En general esto es lo que se pensó en la Iglesia y lo que se debe pensar siempre. Hoy implica – para nosotros -  que todos los gobiernos del mundo que ya no se consideran parte de la Iglesia – y que expresamente lo rechazan como malo y muy malo -  son todos ilegítimos – unos más que otros- que deben tolerarse en la medida que no pueden convertirse, y que corresponde juzgar qué aspectos conservan de orden natural – para ser respetados en sólo esos aspectos – y cuales ya son contrarios a la ley de Dios; a los que hay que resistir y atacar en la medida de los posible y de lo prudente. La Iglesia conciliar ha cambiado el criterio de “legitimidad”, que ya no es por el fin, sino por el origen, y ya el origen no es el de la historia y costumbre, sino el de la revolución, es decir el democratismo. Toda la historia desaparece ante la ideología de 1789.-
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El naturalismo en política consiste en exagerar esta autarquía de lo político y concederle un carácter autónomo de orden. Otorgarle un fin propio, diferente al de la Iglesia. Esto puede consistir lisa y llanamente en un fin temporal material o económico; o puede implicar algo más humano, como un fin de “virtud” política (que normalmente será el estado de mayor justicia entre los hombres). Y entonces no hay más un llamado a la unidad de la humanidad en la Iglesia de Cristo; sino que hay dos “mundos”. Esto dos mundos pueden contradecirse, o pueden buscar una compenetración; pero siguen siendo dos. Y ya ninguno puede ser “totalizante”. Ya no hay nada totalizante y el hombre está divorciado y enajenado.
Lo más importante de esto, cuando de naturalismo “católico” hablamos, es cuál es el argumento que usó Santo Tomás para establecer esta separación de “funciones”. Porque de este argumento surgirá si siguen siendo UNA sociedad con funciones delegadas y autárquicas; o sin son DOS con autonomía, aunque venga con posterior “ensamblaje” o “compenetración”.
 Se sabrá si el poder político debe tender hacia un fin que le marca la Iglesia jerárquica y que es de orden sobrenatural, o si tiene un fin propio que maneja con criterios y leyes propias y de orden natural. (Acá lo peor, es que se conciben como dos órdenes separados, cuando en realidad es una distinción intelectual de un mismo orden que pisa ambos mundos. Nada hay en nosotros que sea sólo natural - ni siquiera ir al baño - todo lo que es natural lo es, en la medida que está envuelto de lo sobrenatural. Y si no, pues no es ni siquiera animal, es antinatural y contranatura. Lo natural en el hombre es tender a lo sobrenatural y alimentarse de ello).
El tradicionalismo sostiene la doctrina medieval, y entiende que Santo Tomás hace la delegación autárquica de funciones, en búsqueda de preservar la “AUTORIDAD” de los sacerdotes y la jerarquía. A fin de que estos mantengan una vida espiritual lo menos encharcada en los negocios mundanos, y de esa manera mantener el “saber” (que es la “autoridad”) con la libertad de verse lejos de los “intereses” bajos y humanos, y de poder de esa manera, sin colusiones ni parcialidades, fungir como autoridad de apelación ante los abusos del poder (abusos que son fundamentalmente el no perseguir el bien común trascendente del hombre, que es su salvación). Esta idea, reafirma la AUTORIDAD de la Iglesia ¡más aun que las prácticas anteriores en que se permitía intromisiones en el poder civil  que la ponían en riesgo!
El naturalismo católico (y aquí lo tenemos a Jougnet y a Ramírez que, junto con otros), entienden que esta división de funciones, se hace para preservar la LIBERTAD del hombre – no la AUTORIDAD de la Iglesia - valor que consideran esencial. Entonces se pasa de la autarquía a la autonomía (y dicen que esto surge de Santo Tomás, siendo que lo anterior se expresa sin lugar a dudas por el aquinate en la obra citada).
Ellos entienden que Dios quiso que el hombre lo obedeciera y adhiriera a Él, en “libertad”. Y ahí estaría el mérito. Por lo tanto hay que dejarlo libre para que se realice en la “virtud”, y haga esa opción libre por Dios, desde su autonomía.
Aquí ya entramos en un tema que nos excede a todos, que es el tema de la “gracia” jugando con la libertad. Pero intentemos una aproximación de catecismo. ¿Puede el hombre llegar a Dios desde un acto libérrimo? La respuesta es no. El que tiene lo menos no puede lo más. A la fe se llega desde un acto gratuito de donación, hecho por Dios. ¿Pero entonces no puedo llegar con mi inteligencia? Hasta cierto punto (o puntito), pero luego, el que se baja para recogerme y llevarme hasta Él, es Él. Y para mayor complicación ¿Puedo hacer un acto libre sin Dios? No; un acto verdaderamente libre, que sería esencialmente el que me llevara a la salvación, es decir al fin propio, no puedo hacerlo sin la gracia de Dios. ¿Puedo hacer un acto de virtud perfecta? Sin la gracia de Dios, NO. Puedo hacer algunas cosas mínimas, pero un acto de virtud que se haga en contemplación del fin último que es Dios, que es propiamente un acto de virtud; no lo puedo hacer sino por la gracia de Dios. Porque a Dios no puedo llegar sino es por Dios.
Entonces ¿Puedo gobernarme a mí mismo para llegar al fin propio? NO. Necesito la gracia de Dios, que es la vida de Cristo en mí mismo, que me mueve de dentro como a un instrumento (como mueve al cincel el Artista). ¿Y gobernar a los otros? Pues menos.
¿Puede haber una sociedad perfecta? (en el sentido de tener todo lo que se necesita para la realización finalística de sus componentes - no en el sentido de ser maravillosa-), ¡SI! La Iglesia. ¿Y la sociedad civil? Y si es parte de la Iglesia, SI. Y si no lo es, NO.Pero lo es.
Entonces, dirán ustedes, por qué se dice que la sociedad organizada es una “sociedad perfecta”, y… porque puede serlo al quedar conformada como Iglesia, por la Iglesia y dentro de la Iglesia. Porque no es otra cosa distinta, está llamada a ser una misma cosa.
Paremos un poco y volvamos. El naturalismo católico pone el acento en la LIBERTAD y el tradicionalismo en la AUTORIDAD. ¡Y AMBOS CON UN ARGUMENTO “TEOLÓGICO”! Pero en el caso del naturalismo, errado. Aunque ellos digan que los errados somos nosotros por acentuar la autoridad y dejar de lado la libertad.  Y aunque ya dijimos que no es posible la libertad sin un aporte de la gracia de Dios,  el tema en cuestión es primeramente ¿cuál usó Santo Tomás? Y lo digo sin más vuelta: el de AUTORIDAD. Y más fuerte que San Agustín, no en cuanto el ejercicio de una “potestad” más directa, sino de una autoridad más moral.
Ahora bien, si el hombre no necesita para hacer la sociedad política el ser parte de la Iglesia de Cristo, si puede buscar la “virtud” con independencia de la Iglesia, si tiene un fin propio… pues la legitimidad del orden político no puede ser juzgada por la Iglesia, ni puede depender de que sea parte de esa Iglesia. Y entonces ¿cuál es el criterio de legitimidad? Y debo confesarles que se hace muy difícil de definir; el “bien común”, la “virtud”, etc., pero ninguna de estas es posible en su totalidad y perfección sin la gracia de Dios. Entonces… con el argumento esgrimido por el naturalismo católico, en realidad, tenemos que concluir a la fuerza, nos guste o no, que el bien más grande del hombre, el que debe buscar la sociedad política, debe ser sin más, LA LIBERTAD.  Y aunque le dan mil vueltas, y salen con lo de libertinaje y otras piruetas, la conclusión es esta. Y esto se llama “liberalismo”, acá y en la china. Aunque no lo concluyan, dieron el paso.
Y “entraron”. El naturalismo es un entrismo filosófico. Llamado a discurrir sobre lo político desde el pensamiento natural y sin posibilidades de recurrir al argumento sobrenatural. Ya lo habían hecho en filosofía al independizarla de la teología. Y la conclusión lógica de todo esto es que Dios quiso que nuestro valor humano fundamental sea la libertad desde la cual lo elegimos, y no que sea la obediencia a su autoridad desde la cual Él nos ilumina.
Yo, pensador católico naturalista, voy a entrar a la mesa de diálogo con los demás naturalismos, buscando la “virtud” donde otros buscan lo “económico”, pero todos bajo el lema de que tenemos que tener libertad, principalmente libertad con respecto al criterio de “autoridad”, que se resume así: que la Iglesia “sabe”, por revelación y por asistencia del Espíritu Santo, cual es el Bien. Y los demás no lo saben, ni lo pueden llegar a saber nunca si Dios mismo no se los revela por un acto gratuito, sin merecimiento (y aquí no podemos decir sin más – sin libertad – porque este acto donado es el que permite ejercer la libertad) ¡Es un misterio!
Y más aún, que ese don gratuito, Dios no lo dispensa al hombre si no es por medio de su Iglesia. (Tomá pa vos y Lutero).
Por ello el naturalismo, es un entrismo. Entrismo filosófico. Que permite el entrismo político. Porque si los gobiernos del mundo, están en libertad buscando su bien propio, pues es legítimo que lo hagan de la forma que en buena fe entiendan, y yo debo ayudarlos y colaborar en mostrar a las inteligencias cuál es ese bien propio, que puede ser un “orden natural” o un orden de virtud (justicia, etc.). Porque si me ato al argumento de autoridad, estoy embromado, depongo la libertad (mejor dicho la subordino a un acto de gracia previo) y tengo que concluir que sin clara subordinación a la Verdad Revelada y a la Acción magisterial de la Iglesia (cosa que sólo puedo lograr por un acto gratuito de Dios), no hay legitimidad posible; y entonces tengo que juzgar a estos gobiernos, como se juzgaba a los gobiernos de infieles. Y a la sociedad que surge de ellos, como antisociedad, como anticristiana y como maligna. Sociedad y gobierno que tendré que “tolerar” en la medida que no puedo cambiar.
Esta es la línea divisoria que marca el libro del P. Devillers con el prólogo de Ayuso. Este es el “error” que se señala. Y este era el curso de desviación del artículo de Ullate Favo, que según él mismo dijo, apareció por casualidad en medio de una discusión, y alguien lo trajo como argumento en favor de Ayuso. En buen tino, ahora veo, Ullate lo retiró porque no quería ser parte de esa contienda. Probablemente porque él tiene sus diferencias tanto con uno como con otro, y no quería pasar a formar parte de un bando a la fuerza. Perfecto.
Espero haber aclarado algo.

10 comentarios:

  1. En efecto. Parece un tema del pasado, pero denota cierta forma mentis de completa actualidad.

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  2. "El NATURALISMO o RACIONALISMO en la filosofía coincide con el LIBERALISMO en la moral y en la política, pues los seguidores del LIBERALISMO aplican a la moral y a la práctica de la vida los mismos principios que establecen los defensores del NATURALISMO".

    LEON XIII (Encíclica "LIBERTAS PRESTANTISSIMUM", 2-6-1888)

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  3. No sé si estoy hablando de la misma legitimidad a la que Vd. se refiere, pero tenía entendido, como dice la Enciclopedia Católica, que un gobierno es legítimo por "derecho de hecho consumado", ya que debe existir una autoridad en la Nación, y la suya es la única disponible.

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    1. Con este criterio sería legítimo Nerón, el criminal Sarmiento, Atila, Lenin, Stalin y será legítimo el Anticristo. Una cosa es el hecho y otra el derecho

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    2. Bueno, Cristo le dijo a Poncio que su autoridad venía de arriba....

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    3. Y no se debe haber equivocado. Pero a Herodes no le dirigió la palabra y al poder del Sanedrín lo declaró diabólico. A veces viene de abajo " Mira los reinos del mundo, si me adoras te los daré" le dijo el Diablo. Habría que indagar cuál era la providencia por la que Dios permite el mal, pero no sacar semejante conclusión de que todos los poderes por el hecho de serlo, son buenos y legítimos. Habría que condenar todas las guerras cristianas, desde las cruzadas hasta los cristeros. Sería declarar la pasividad absoluta, una especie de induísmo o budismo; un indiferentismo total y hasta un fatalismo. A Francisco lo puso Dios, no lo dudo, pero no por bueno ... ¿será para probar a los santos?

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    4. "No es elegí yo a vosotros, y uno de los doce es diablo?"

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    5. Creo que el malentendido está en que con "Legitimidad" el Anónimo y yo nos referimos a la Autoridad (que Dios da a todo superior, cristiano o no, y puede ser abusada), y Vds. a la bondad o capacidad del gobernante de colaborar con el fin último del hombre, que es la visión beatífica.

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  4. No tengo dudas de que hay unanimidad entre todos los teólogos de que un gobierno malo, como Vd. bien dice, se debe tolerar en la medida que no puede convertirse, aceptar las leyes que no vayan contra Dios, y resistir y atacar en la medida de los posible y de lo prudente, las que lo hagan.

    Por otro lado, la naturaleza del poder temporal de la Iglesia (el cual todos coinciden en que existe, so pena de caer en la condena 24 del Syllabus), es un tema opinable. Vd. defiende la Teoría del Poder Directo, pero existe también la Teoría del Poder Indirecto, defendida por Hugo de san Víctor, Alesius, Vitoria, Suárez, Bellarmino (el cual decía que esta era la opinión común entre los teólogos), e incluso parece ser esta la adoptada por León XIII en "Immortale Dei" y es perfectamente coherente con lo que explica en su libro el padre Devillers.

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    1. Agregue al Dante y saque a Suarez.Hgo de San Victor también derrapaba mal. Eso es perfectamente atendible en la medida que no se llegue al doble fin. El caso es que Ayuso indica "error" en el tema del fin, y ya eso es otra cosa.

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