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miércoles, 10 de febrero de 2016

RESEÑA: POLITICA CRISTIANA. RP. GUILLAUME DEVILLERS. ED. ESTUDIOS. DICIEMBRE 2014.

“LA PRESENTACIÓN QUE MERECÍA Y LA PRESENTACIÓN QUE TUVO.”

Por DARDO JUAN CALDERÓN.

La que merecía:

   Para quienes tenemos además del gusto de la lectura, el gusto por los libros en sí; cuando encaramos uno comenzamos por pesarlo, ver sus tapas, el papel, la letra, las solapas, índices, datos de edición, datos del autor y presentaciones o prólogos. Luego comenzamos a leer.

  En este caso y bajo estos aspectos, el libro no era nada auspicioso. Adelanto: la edición se notaba desganada, destratante para con el autor, y ya insultante en su presentación. Con respecto a la primera imputación, podría ser salvada por la falta de presupuesto, malas tapas, pocos datos de edición, ningún dato del autor, poco papel, ni una página de sobra, el índice en letra ilegible para abreviar (siendo un índice con el método de la escuela tomista, debería tomar especial tratamiento).

La falta de presentación del autor ya implica un cierto destrato; no sabemos quién es, qué hace, cuáles son sus antecedentes, si hay ediciones anteriores, otras obras, una breve biografía, dónde se formó, etc. Pero el destrato llega al máximo cuando en la tapa leemos “GUILLERMO DEVILLERS” a secas, y resulta ser que es el “Reverendo Padre” Guillaume Devillers. Lo de “Guillermo” choca - no es común traducir los nombres de nacimiento - pero la falta de mención de la condición sacerdotal, para quienes creemos que tanto para bien como para mal, el que el autor sea un sacerdote marca una importante diferencia; pues lo es mucho más. Vendría a ser como decir, vale tanto que lo sea o no, pues a los efectos intelectuales, es lo mismo. Y uno cree que no. Ya sea para ponderar en sus aciertos el origen en la función magisterial que posee en virtud de sus gracias sacramentales, o ya sea para, en sus desaciertos o errores, ponderar la defección de su condición sagrada. Pero es común en las publicaciones españolas que tenemos recibidas que a los curas se los trate por el nombre y no se les añada la “paternidad” que tienen por gracia de Cristo. En fin, me molestó.

 Resulta normal que en la contratapa se recomiende el libro, pero en este caso, se ha espigado un comentario de Jean Madirán que resulta de lo más lacónico y hasta diríamos, negativo. No sé si porque ese era el espíritu del comentarista o del que espigó la frase. En suma se cuenta que es un libro que le llegó y lo tiró a un cajón (indudablemente no esperaba nada muy importante de él), lo tomó y lo dejó durante un año;no era  divertido, era austero (¿?) y concluye que al final le resultó apasionante. (Se nota que el comentarista es de pasiones bastante apagadas). La cuestión es que nos dice que el lector podrá “ejercitarse” útilmente.

Hasta aquí, podemos decir que no hubo “marketing”. Pero entrados al prólogo de Miguel Ayuso, claramente descalificante en términos insultantes, comenzamos a pensar de nuevo lo transcurrido y descubrimos una cierta animosidad editorial en todo lo expuesto. Como nos explayaremos de esto más abajo, explicamos el por qué hemos efectuado estas explicitaciones al principio.

El texto del libro molesta. Y mucho. Su editor ha creído conveniente alertarnos en contra de él. Lo ha publicado a desgano (vaya uno a saber por qué razones) y, tanto molesta, que no ha querido esperar una reseña para criticarlo, sino que ha entendido conveniente denostarlo en su misma confección. ¡Que todos queden advertidos!.

Como suele suceder con las estrategias de marketing, conmigo funcionó al revés. Si el texto venía desmerecido por Madirán e insultado por Ayuso, y provenía de un Sacerdote de la Fraternidad San Pio X, cuya condición se escondía, entonces,  prometía de verdad. Y, avisado en la contratapa de que iba a ser “pesado”, me dispuse con toda paciencia. El método de las cuestiones disputadas suele ser difícil para quienes no hemos sido formados en la escolástica y gozamos de estilos más libres y literarios.

El hecho es que en la primera tarde ya llevaba la mitad, y en la segunda lo había terminado. Y me había divertido mucho, resultándome ágil, para nada “austero”, sino más bien generoso. No pude marcarlo y rayarlo a mi gusto porque el ejemplar era prestado. Pero me prometí hacerlo en las próximas relecturas y cuando el texto sea mío.

Claro que el leerlo de un “tirón” exige estar formado en la sana doctrina tomista, porque todo el texto, del principio al fin, guarda una coherencia interna envidiable. De una lógica impecable que se va tirando desde los principios evidentes hasta las distinciones agudas y los juicios históricos, políticos y morales que se despachan sin florituras ni apasionamientos. Una erudición decantada y largamente meditada se hace evidente, sobre todo en cuanto al conocimiento de la obra del Aquinate que se maneja al dedillo,  y sin desmedro de una actualizada lectura de todo el ambiente de la reflexión política actual.

Pero nada sería esto si la obra no tuviera a cada paso la presencia del oficio sacerdotal. Es una obra “paternal”. De un Padre espiritual para sus hijos, a los que quiere llevar con una desbordante caridad hacia la Verdad y hacia la Salvación. Si quisiera destacar una característica, sería la “dulzura” con que aborda un tema en el que pareciera imposible tenerla. Pero esa dulzura no es con el “tema”, sino con el lector. Se trata de un hombre que puesto a hacer ciencia, no puede esconder su celo apostólico.

Me detengo aquí en las ponderaciones a fin de que mi entusiasmo por el libro no me haga caer en efusiones que conviertan el estilo de la reseña en una adulación sin más. No he tratado al autor jamás y tengo muy pocos datos de él, casi reducidos a la experiencia de mi mujer que lo tuvo como director de un retiro espiritual y cuyo femenino comentario se redujo a … “es un Santo”. Sin tanta facilidad como las mujeres para andar subiendo curas a los altares, de la lectura puedo decir sin rubores, que es la obra de un Santo Sacerdote.

Pongámonos austeros (como dice Madirán). La obra parte de la clara definición del fin de la política como un fin sobrenatural (el mismo fin sobrenatural del hombre), y por allí se despliega hacia cada detalle, destrozando con mansedumbre y perfecta distinción (llena de caridad), toda infección de naturalismo en el tratamiento de esta ciencia. En especial golpea al último neotomismo que a partir de los comentaristas modernos, ha tomado esta vertiente naturalista y casi que la ha convertido en la versión oficial del Tomismo. Por la vía de un razonamiento impecable desde los principios, llega a la conclusión de que la presente Democracia-Liberal, resumen mismo de todas las herejías y apostasías revolucionarias, no puede tenerse por gobierno legítimo y por tanto no puede“obedecerse”, sino cuanto más, tolerarse. Es especialmente útil el distingo que se hace de la “sociedad” (civil) en cuanto materia y forma. Esta sociedad que vivimos puede tener algo de la materia, pero carece de la forma que implica su fin sobrenatural, y por tanto, no tiene el derecho de llamarse propiamente sociedad.

Nos recuerda que Pio XII condenó como “intrínsecamente perversa” a la organización política comunista, mandando no colaborar ni dialogar con ella, y que existen idénticas razones para hacerlo hoy con la actual Democracia Liberal, pero, claro… ya no hay magisterio que haga tal cosa, y por lo tanto, lejos de usurpar la función anatematizante propia de la Jerarquía, nos lo deja como expresión  de su propio magisterio sacerdotal. Sus conclusiones cerrarán las puertas al entrismo, al colaboracionismo, al ralliement, y hasta un mal entendido nacionalismo. Centrará la necesidad de un cierto “retiro”, de una cierta primacía de lo familiar frente a lo social “deformado” y en cuanto es expresión de pequeña Iglesia junto a las parroquias que cultivan la Vieja Misa…  Pero no voy a contarles todo el libro, carece de desperdicio, cada frase y cada párrafo es de una sustancialidad nutritiva equilibrada y satisfactoria.

 Y acá volvemos al principio y la falta de mención de su condición sacerdotal en la tapa del libro. Esta condición de magisterio sacerdotal no es poca cosa ni implica una simple opiniónde perito (mal que les pese a los naturalistas); pues ejercida en el espíritu de su condición consagrada, con la intención de alimentar en la sana doctrina a sus fieles, doctrina que mantiene humildemente apegada a lo enseñado por las Santos Doctores y Santos Papas de la Iglesia; a fin de prevenirlos contra diabólicas insidias… pues cuenta con la garantía de las gracias sacramentales otorgadas a su persona por Cristo mismo al instituir el Sacerdocio.

Y todo esto que digo… repugna al naturalista; y amerita las burlas, los insultos y hasta las calumnias que se vierten…  ¡en el mismo contexto de su libro! Le escupen a la cara, le ponen un manto púrpura y le pegan con una caña. Ya, sin duda alguna, la mala fe se endereza en marca y señal providencial. No caben dudas. Es un Sacerdote Católico el que escribe.Es un Padre, y así debe recibirse su enseñanza.


La que tuvo:

El libro es presentado con un prólogo de Miguel Ayuso, cortito y desprolijo, con dos carillas de los capirotes que le conocemos y que resultan cien veces ensayados y repetidos en las conversaciones de café para dejar en claro que somos del mismo bando (que no lo somos) y que conforman su estrategia diplomática que apura para llegar al momento de, como buen pedantón al paño, aparecer tras el telón de la obra ajena y hacer algunas muecas para que al público le quede claro que él “está en todas” y se las “sabe todas”;  “en el escenario” y jamás en las gradas.

Pero claro, así como advertí que con el texto principal debía medir mis palabras para respetar el estilo y no caer en adulaciones, debo en este caso medirme con el prólogo y que la crítica no caiga en el insulto procaz (al que estoy íntima y justificadamente inclinado).

En la última carillita de su impertinencia (más allá de que haya sido invitado a cometerla - lo que puede ser - y no por ello deja de ser impertinencia), se despacha no sólo contra la obra, sino contra la persona del autor. Fundamentalmente porque se siente tocado y ni por un momento se le ocurre que debería estar pensando en corregirse.

Vamos por paso; esto comienza así por el prologuista: “Permítaseme finalmente, registrar algunas discrepancias. En primer término, resulta extremada (y creemos que errónea) la imputación de naturalismo que parece arrojar el autor sobre las opiniones de tomistas sesudos relativas al fin natural del hombre”.

Bueno… las imputaciones no “parece que las arroja”, sino que las arroja sin duda alguna, con fundamento y con nombre y apellido. La cuestión es que el buen Cura nos dice que el fin de la política es tan sobrenatural como el nuestro propio, y que andar separando los fines de una y otra cosa, es sin más, naturalismo y liberalismo. Y lamenta este equivoco en los “sesudos” tomistas (a los que agregaría yo otros “udos”…como porrudos…  y como el cornudo que les inspira esta doctrina), en especial el mismísimo RP SantiagoRamírez OP. La ofensa es horrible, porque Ramírez es todo lo que estos especialistas han visto de Santo Tomás. Les ha pasado con la Summa lo mismo que le pasó a Madirán con este libro; lo dejaron en un cajón (era austero y poco llamativo) y lo han ojeado durante diez años sin encararlo con sistema y con devoción; y cuando el cura les cita la fuente, se agarran al comentario. Pero en fin, el problema es que Ayuso no defiende a Ramírez, sino que se defiende él, que ya sabemos que es naturalista - lo hemos dicho cien veces - pero pueda que ahora le crean al Cura, o mueran naturalistas.

Ahora sopesemos lo dicho. Ayuso dice que el cura, al tratar de la Política Cristiana (que calculo que para él la adición “cristiana” no tiene sentido, se debería decir “natural”), se equivoca (yerra… pifia ), y nada más ni nada menos que:  en su “causa final” - es decir - en todo. Es más, como es lógico, esta cuestión sobrevuela cada tema desde el principio al fin, así que Ayuso entiende que la obra no vale nada. Es todo un furcio. Y debe ser así. De lo contrario, la que pasaría a no valer nada es la suya (de lo cual no tengo la menor duda).

 Luego sigue con una burla que se convierte en “lapsus calami”. “Quizá esté en su fondo el univocismo que se cuela, aquí y allá, por entre los intersticios de su sólida estructura”. Esto es de palangana; si al Cura se le cuela por todos lados el univocismo, pues no tiene ninguna sólida estructura, sino que es mal filósofo y punto; lo que pasa es que a Ayuso se le cuela el equivocismo, no aquí y allá, sino en los principios evidentes, y a partir de esto, sí construye una sólida estructura lógica, es decir, su ideología.

Lo que viene después son borbotones de ira: “Se echa de menos también, una cuestión dedicada a las sociedades municipales y regionales, apenas mencionadas en el libro. Lo que no tiene nada de extraño en una obra venida del país vecino, cuna de un centralismo tan interiorizado – incluso por los defensores de la Francia tradicional – que ha borrado todo vestigio político de los antiguos reinos y comarcas.” Podría analizar lo dicho pero primero tomemos las cosas en la medida del exabrupto. Si eres francés, no puedes pensar la política. Tienes que ser español. Este infantil chauvinismo de petimetre madrileño es una pendejada. (¿Le molestó lo de Maurras? Eso que estuvo de lo más medido). El Cura tiene leídos y citados tanto a Vázquez de Mella como al Padre Lira, y está hablando de principios, no de anécdotas del folclore español con las que templa las cuerdas este showman del tradicionalismo del disfraz anacrónico. Y tiene lo poco de francés que tiene, pero mucho tiene de Iglesia que es donde centra, y no en lo político, dándole un palo al nacionalismo galo o del que sea. (pág. 60 punto 4)

El remate final del prejuicio y la calumnia me convencen de que ha seguido el consejo de Madirán. No lo ha leído. Lo ha ojeado y lo supone. Como supone mal de todos aquellos que no se han convertido en sus alcahuetes y aduladores, a la espera de figurar en las listas que conforma este “árbitro de la tradición”, que renta vanidades con publicaciones en revistas de las que ha escamoteado sus prestigios para convertirlas en “sesudas” demostraciones de pirotecnia académica.

Último esfuerzo: “En ese orden, como en otros, se podría acudir siempre con ventaja a los maestros del tradicionalismo español, mucho menos contaminados con la modernidad que los ultrapirenaicos” (Para Ayuso el tradicionalismo sólo es español y lo que tufe a Francés le repugna si no piden perdón cien veces por serlo. Hizo enormes piruetas para que mi padre fuera un tradicionalista hispano – porque se simpatizaban- y pudo lograrlo a fuerza de no leer nunca su obra, bastante tributaria de los “ultrapirenaicos”. Mi padre mantuvo una buena relación gracias a tampoco leer nunca la obra de Ayuso – era un sabio- que a medida que le llegaba me la pasaba impoluta, y vine yo a caer por este exceso de tiempo libre que solemos tener los abogados). Pero sigamos, “También finalmente, en línea con lo que acabamos de anotar, no es de extrañar, aunque sí de lamentar, el trato favorable en extremo que dispensa a las dictaduras o regímenes (con frecuencia militares) reactivos contra algunos de los vicios de la política moderna, pero no menos dependientes de ella.” Esto es una calumnia, lisa y llanamente. Largada ex profeso para espantar la caterva de imbéciles que constituyen su alelado auditorio y, de esta manera, alejarlos de una enseñanza paternal y segura. Porque la única evidencia de esa pobre España de la que el prologuista sólo conserva algunas perimidas formas y muchos de sus defectos, es que está seca y estéril de la más mínima reacción tradicionalista. Y en eso,  la sequedad y esterilidad del prologuista y sus pregonados hispanistas,  tienen mucho que ver en el asunto.

   Ayuso - como la mayoría de los católicos conservadores y folcloristas-  quiere esconder la evidencia que marca el Padre Devillers: han hecho apostasía de Cristo en su Ciencia (como hace poco marcamos de un católico médico), más allá que luego se muestren como los mejor meapilas del templo. Quiere un fin natural en la política para sacarse de encima a Cristo de este asunto. Al que le permite permanecer como eslogan (¡Cristo Rey!) “pour la gallerie” (disculpen la ultrapirenaicada; en argentino se diría “para el zonzaje”) en la medida que no se concrete en realidades palpables, como Su Iglesia y sus Sacerdotes.

   Nos ha venido muy bien la insidia del editor al solicitar su pluma, Ayuso se evidencia aquí ante todos y planta basa de sus diferencias irreconciliables con el Tomismo. ¡Es que tanto Santo Tomás como Pio X no eran españoles ¡hombre!  ¡Qué podían ver! ¡Pensad que no veían el mundo desde el ventanuco paisano de su cuarto de soltero! ¡Desde el que se ven municipios y comarcas que serían la envidia de la frondosa imaginación de Tolkien! (A mí me gustaría ver el de Ibiza con sus playas).

  Es fácil insultar un Cura que tiene por regla perdonar; pero en el foso de nuestras ciudadelas hay cocodrilos, y tanto el oculto editor como el expreso ofensor, nos deben una. No la de ser naturalistas, que la han pagado aquí con su paladina confesión… sino la de la villanía. 

9 comentarios:

  1. No hay que dejar de señalar la dificultad que la posición aquí llamada naturalista tiene carta de ciudadanía en la doctrina común posterior al siglo XVI y ha sido casi en su totalidad asumida por el magisterio pontificio. Basta ver la centralidad del concepto de sociedad perfecta aplicado tanto a la Iglesia como al Estado, la que supone - salvada la superioridad del orden sobrenatural - un fin propio específico de la sociedad política sobre el que la Iglesia solo tiene una potestad indirecta. Negar esto es negar el magisterio de Pío VI a Pío XII, especialmente el de León XIII. Ojo al Cristo

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    1. Esta mala doctrina tiene antigua data en la Iglesia, es verdad.
      Pero no hablaría del magisterio de Pío VI a Pío XII.
      Pío XI, con todos sus errores prácticos, fue impecable en lo doctrinal relativo a estas cuestiones, a diferencia de sus predecesores.

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    2. Le pido al quejoso que lea con detenimiento Immortale Dei de León XIII, y vea las características de las dos sociedades perfectas. O bien puede revisar al resumen de la doctrina católica al tiempo del pre concilio en el schema que hizo el Cardenal Ottaviani sobre las relaciones Iglesia y Estado. Mons. Lefébvre incluyó este último trabajo en su libro Ils l'ont découronné con una nota introductoria muy laudatoria.

      Es evidente que don Dardo sigue en este tema a su hermano el P. Álvaro, en especial a la tesis que esboza en Prometeo, libro en el que reconoce las dificultades que implica la asunción magisterial de algunas nociones, como la de sociedad perfecta, que dan sustento a lo que aquí llaman naturalismo político.

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  2. La Iglesia siempre entendió la cosa como la señala Devillers, y con Gregorio VII se define de manera expresa. Piensen que esta distinción pasó a ser clave para la política que comenzaba a formar el absolutismo. La política reclamando autonomía (luego lo harán todas las ciencias) y la Iglesia poniéndole coto. La defensa de esta "distinción", que es mucho más que eso, la hace expresa Aegidio Romano, para uso de los reyes de Francia. Luego de la querella de Bonifacio VIII, y dado el costo político, la Iglesia no cambia la doctrina, pero calla por razones de prudencia. Es un silencio largo que tiene momentos de de casi defección con Pio VI frente a Napoleón. Entre medio Santo Tomás la recepta como doctrina pacífica de la Iglesia en el Gobierno de los Príncipes. Es la clave de esa batalla entre política e Iglesia. Recién será vuelta a expresar a viva voz, por Pio X y tratada con rigor docttrinario y defenida por Pio XI.
    Ya en nuestra época no tiene la importancia política de otras épocas, por cuanto todos los poderes de la tierra se ciscan en la Iglesia y les importa un comino sus definiciones, por eso también se puede definir sin que pase nada. Ahora es una cuestión interna que sólo serviría para saber definir la "legitimidad" de los poderes a los que está sometido el cristiano; si hay obligación de obediencia y si puede haber obligación de resistencia moral. Si está permitido colaborar y dialogar con los mismos. En el caso del coomunismo Pio XII, a base de esta doctrina, lo condenó y prohibió todo trato y colaboración. Pero ahora, sin magisterio, donde ya no sólo hay silencio diplomático, sino confusión y aceptación, el cristiano debe decidir este punto a base de la doctrina tradicional y su conciencia. Hoy la discusión sólo tiene sentido para saber si podemos considerar gobiernos legítimos a las democracias liberales y participar o no en ellas, sin asistencia del magisterio, y a base de dilucidar la verdadera doctrina y aplicarla. Esto hace Devillers a base de un consejo de varios Papas santos y del propio Lefebvre. Vayan a Santo Tomás, en las materias que definió y, pues aténganse a eso. En este tema Santo Tomás es claro y contundente, como en todos los temas que trató (el problema se presenta con los que no trató), pero en los posteriores tomistas, se suele confundir ¿por qué? Por lo de siempre, el poder político, aún cristiano, se resiste a entregar su autonomía y a veces con razones prácticas e históricas que tienen fuerza en ese momento, y recurre a los estudiosos paara obtener justificaciones y los fuerza, o los adorna, o los convence (no el principio, sino de la conveniencia). En este tema la fuerza de los naturalistas de tipo Ayuso es lógica, con una Iglesia como la que tenemos, más vale hacer política sin ella, pero se corre el riesgo de haber abandonado un principio claro, de orden sobrenatural, y no sabemos a dónde iremos a parar. La conclusión del hombre de fe, es que si no hay Iglesia, más vale no hacer política, porque las construcciones políticas que surgen, surgen como nuevas Iglesias, tienen que suplantarla, y probablemente, estemos trabajaando para las instalación de un gobierno anticristiano. Si la Iglesia se debilita, hay que reforzarla, pero no dejarla de lado por razones prácticas. Si no, se marcha a un desastre mayor.

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  3. No he leído ese prólogo, pero si dice lo que aqui se dice que dice putearlo al prologuista es poco.
    Aunque pensándolo bien, y una vez pasada la primera reacción de energúmeno que tuve, lo de Ayuso me da un gran alivio: por fin pone a las claras la diferencia profunda que existe entre él y las "cabezas" de la FSSPX. Podrán después discutir, como parece querer el amigo Jornada, cuál es la auténtica expresión de la doctrina tradicional del Magisterio de la Iglesia (a mi no me cabe duda que es la del P. Deviller), pero queda claro que existe una diferencia sustancial en un tema central del que derivan conclusiones de suma importancia. Me late que alguien con capacidad debería analizar, si es que hay algo escrito (no lo sé) como concibe Ayuso la idea de Cristo Rey y su reinado social.

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  4. te comiste a tolkien11 de febrero de 2016, 13:44

    Me pregunto si estos dos puntos de vista son tan inocuos en sus consecuencias e inocentes en sus planteos.

    Por lo pronto, lo que aquí se llama Naturalismo, ayuda mucho al entrismo del hoy, pues si la sociedad sin Iglesia ni Gracia ya es perfecta las posibilidades se ven allanadas y los escrúpulos desaparecidos.

    Veo otra cuestión un tanto contradictoria con la condena al Pelagianismo, pues si bien no se defiende esa doctrina en forma directa, defender que la sociedad sin Iglesia y por ende sin Gracia puede llegar a su perfección es al menos una de sus conclusiones inevitables cuando se pasa de lo doctrinal a lo político práctico.

    Valdría la pena estudiar por qué la Iglesia recién con Pío VI pegó este volantazo. Pretenderían seguir "perteneciendo" ya consumada la Revolución? No pasará la cosa simplemente por ahí?

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    1. Creo que yerra en su concepción sobre lo qué es una sociedad perfecta. Insisto con la lectura de Immortale Dei. Podría copiar y pegar pero es engorroso. Billot, Ottaviani y toda la escuela clásica del derecho público eclesiástico es bastante clara al respecto.

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  5. A los lectores que conozcan la lengua francesa les dejamos algunas consideraciones del mundo tradi francés en torno al libro del abbé G. Devillers:

    https://www.stageirites.fr/2014/09/lheresie-paralyse-politiquement-les-catholiques-surnaturalisme/

    https://www.stageirites.fr/2013/02/etudes-des-rapports-entre-ordre-naturel-et-ordre-surnaturel-la-notion-de-nature/

    https://www.stageirites.fr/2013/06/defendre-l-ordre-naturel-contre-les-jansenistes-et-les-baianistes/

    https://www.stageirites.fr/2013/07/contre-baius-et-de-lubac-defendre-le-veritable-ordre-naturel/

    https://www.stageirites.fr/2013/03/les-habiletes-de-labbe-g-devillers/

    https://www.stageirites.fr/2013/01/recension-dune-recension/

    https://www.stageirites.fr/2013/02/laugustinisme-politique-a-la-une-du-courrier-de-rome/

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  6. Muy señores míos:
    A través de un amigo he sabido del artículo publicado en ese medio sobre el libro del padre Devillers y en el que se me alude con reiteración. Me he visto sorprendido por el tono que usa el autor, pues tuve gran amistad con su padre, a quien traté siempre con el respeto que merece la edad y la piedad debida al magisterio. Y de quien guardo recuerdo imborrable. Con gusto, pues, y para evitar polémicas que no me parecen constructivas, lo hubiera dejado pasar. Pero creo que debo recordar al menos unos datos objetivos:
    1. Me consta que el padre Devillers dirigió personalmente la edición: él eligió el diseño, tradujo su nombre al castellano, omitió la condición sacerdotal, redactó la cuarta de cubierta con cita de Madiran incluida y decidió la supresión del prólogo de la edición francesa (del obispo Tissier de Mallerais).
    2. El padre Devillers me pidió el prólogo con insistencia, aun tras sugerirle que tenía algunas discrepancias. Prólogo que, precisamente por eso, le hice llegar antes de que se publicara y que, honradamente, me pareció no sólo respetuoso sino elogioso. Así lo recibió él, pidiéndome únicamente al expresármelo un cambio de orden de algunos párrafos, a lo que accedí con mucho gusto. Siempre le he tenido estima desde su lejano destino en el Priorato de la Hermandad de San Pío X de Madrid, al que acudo desde su fundación, durante los años ochenta del siglo pasado.
    Atentamente,
    Miguel Ayuso

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