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viernes, 11 de marzo de 2016

CUANDO LA RESISTENCIA SE ENTIBIA

Por Dardo Juan Calderón

 No vayan a creer que porque cada tanto me llamo a silencio esto significa que no voy a dar el gusto de ser siempre el “malo de la película” (en este caso soy el Coronel Kurtz ¡me encanta! ¡el Corazón de las Tinieblas! ¡espero no pasar a ser el de El último Tango en Paris! Aunque…).
  No se me había escapado que el artículo de Panorama 
Cuando la resistencia se quema” iba dirigido a los malditos cocodrilos y como respuesta del asunto del Juez Scalia y de su vástago pastelero, que expresan la misericordia del buen Dios en las obras imperfectas de la tierra (meloso). 

 ¡Pobrecitos estos hermanitos! que aunque con defectos – y
 amasando un fangote de guita inter tanto - después de todo son “defensores de la fe”, claro que de una fe de mierda (debo dar el gusto de insultar, sino YO no sería YO, el siempre YO), porque como bien se explica: hoy la fe no puede ser más que eso, una fe de mierda de unos tipejos endebles entre la bruma de no sé qué cornos de confusiones inculpadas y que no se sabe de dónde viene. A los que hay que acariciar en las nalgas para que no terminen de tirar la chancleta y agradecer a todos los ángeles que aún existan;  cuando bien sabemos que estos bichos están hasta las verijas en el negocio de la confusión y hacen andar las máquinas de bruma como en las fiestas electrónicas para que no se vean volar sus chanclas. La bruma viene de ellos y han montado en pingue negocio sobre ella, para que estos angelicales misericordiosos anden a los tumbos babeando lisonjas a los súcubos.

    Para colmo de males, debo recibir estas monsergas de monjas laicas de tiro elíptico, no vaya a ser que por darnos unos palos, un montón de tibios se asusten y caiga el “desaliento en sus almas” . Si no están para esto, pues que se vayan a la quinta del ñato a pintar aguamaniles y bordar mercerías. ¡A ver si recuperamos algo de Bernanos y de Bloy y nos recagamos soberanamente en estos babosos del cristianismo reculante y nebuloso, y le volvemos a gritar en la jeta a los vivillos, que ya sabemos como se las traen ! ¡Por Dios, Esteban, despierta de tu pesadilla y regálanos una de esas puteadas redondas y frondosas que forman parte de lo mejor de tu herencia! (mientras escribo he puesto a todo volumen “Erica”, ¡oh! Viejo Adolfo, querido Benito ¡Qué pasó con los hombres! ¡Que iban a la guerra y le cantaban a una mina bien provista! ¡Prometiendo tantas proezas a la ida como a la vuelta!). ¡Pero nada de vitalidad! ¡Hay que hacer rodar gordos y lamentables lagrimones por los heridos! ¡Huyyy! ¡Qué espanto! ¡Demos gracias que estos pescados todavía no nos sugieren entre la bruma que nos hagamos de la retambufa, y sólo nos piden que seamos solidarios hermanos tres puntos!  

    En homenaje a todos los culosrotos y alcahuetes del 
mundo moderno, los que tiemblan y buscan empeñosos en el “camino de sangre” - de Jerusalén a Jericó - una buena excusa para detenerse, fingiendo de buenos samaritanos, pero sin tener ni una moneda para la hostería ni cojones para llegar a destino, sino quedándose al borde del camino compartiendo la mala suerte del débil (¿o su negocio de cagón?);  debería dedicarles algún sermón nietszchiano, pero… para no perder la fama bien ganada y seguir alimentando el mito, vayan estas estrofas de Espronceda que suelo recitar en el jardín cuando estoy medio machado mientras hago sonar en la vitrola “Avenida de las Camelias”,  anhelando desastres para la torpe humanidad. 

(En la escena, mi mujer me persigue con una escoba y los 
muchachos fuman socarrones, mientras desencajado les grito: “¡Edificaos juventud en la buena poesía o idos al carajo polimorfos pendejos!”.   YO – “personaje principal” en calzoncillos - soporto estoico los golpes de la conyugal y aleve sevicia, sin perder el hilo del recitado.)

Me gusta ver el cielo

con negros nubarrones

y oír los aquilones

horrísonos bramar,

me gusta ver la noche

sin luna y sin estrellas,

y sólo las centellas

la tierra iluminar.



Me agrada un cementerio

de muertos bien relleno,

manando sangre y cieno

que impida el respirar,

y allí un sepulturero

de tétrica mirada

con mano despiadada

los cráneos machacar.



Me alegra ver la bomba

caer mansa del cielo,

e inmóvil en el suelo,

sin mecha al parecer,

y luego embravecida

que estalla y que se agita

y rayos mil vomita

y muertos por doquier.



Que el trueno me despierte

con su ronco estampido,

y al mundo adormecido

le haga estremecer,

que rayos cada insta
nte

caigan sobre él sin cuento,

que se hunda el firmamento

me agrada mucho ver.



La llama de un incendio

que corra devorando

y muertos apilando

quisiera yo encender;

tostarse allí un anciano,

volverse todo tea,

y oír como chirrea

¡qué gusto!, ¡qué placer!



Me gusta una campiña

de nieve tapizada,

de flores despojada,

sin fruto, sin verdor,

ni pájaros que canten,

ni sol haya que alumbre

y sólo se vislumbre

la muerte en derredor.



Allá, en sombrío monte,

solar desmantelado,

me place en sumo grado

la luna al reflejar,

moverse las veletas

con áspero chirrido

igual al alarido

que anuncia el expirar.



Me gusta que al Averno

lleven a los mortales

y allí todos los males

les hagan padecer;

les abran las entrañas,

les rasguen los tendones,

rompan los corazones

sin de ayes caso hacer.





Insólita avenida

que inunda fértil vega,

de cumbre en cumbre llega,

y arrasa por doquier;

se lleva los ganados

y las vides sin pausa,

y estragos miles causa,

¡qué gusto!, ¡qué placer!

2 comentarios:

  1. No me parece mal que desde PCI se le hayan enojado. Lo que no está bien es que PCI no haya hecho ningún tipo de mea culpa por lo que publicó sobre el juez fallecido y el sermón del hijo cuando aquí se le dijo y demostró que el finado no era un magistrado católico tan modélico como se lo propinía y así subsanar algo de la confusión que seguramente sin buscarlo se había propagado.

    Digo, no sé, me parece.

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  2. Si bien el desconocimiento de determinadas circunstancias me impiden opinar sobre algunas cuestiones aquí planteadas, no puedo dejar de reconocer la meritoria falta de elípticas argumentaciones a la hora de recoger el guante.
    Rara virtud en estos tiempos la de la sinceridad (aunque sea brutal a veces), y no estoy hablando del sincericidio de los torpes, sino de los que se bancan lo que dicen. Y hace poco me decía cierto jugador (player nos gusta decir en el rrioba) si hay algo que define a este último siglo es la hipocresía, y por lo tanto y pa' no desentonar y no "sacar los pies fuera del plato"; él era hipócrita. Esto a modo de ejemplo de sincericidio, aunque se describa con toda claridad las características del tiempo que nos toca aguantar.
    Otra cosa que me permito ponderar es el recurso al tio Fito y a Benito que bien hace el papel de exocrcismo p'al demonio de la "prudencia" en los "sedicentes mesurados".
    En una expresión que tal vez sólo los tucumanos entendamos, me alegro que existan blogues que tengan la filosofía de "¡que se haga agua el picolé!"
    Cheers

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