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lunes, 7 de marzo de 2016

RESPONSO PARA UN CONDENADO.

Por Dardo Juan Calderón
¿Cómo se despide a un tipo que medio en joda y medio en serio, anuncia su propia condenación? ¿Creen que exagero? Escuchemos su propio comentario a su gran ópera prima El Nombre de la Rosa:

“¿Qué lector modelo quería yo mientras escribía? Un cómplice, por supuesto que siguiera mi juego. … pero al mismo tiempo quería que se diseñase una figura de lector que, superada la iniciación, se volviese mi presa…Tú crees querer seso y tramas criminales en las cuales al fin se descubre al culpable… y bien, yo te daré latín, y pocas mujeres, y teología a montones y litros de sangre como en el Gran Guiñol, de modo que tú digas ¡Pero es falso, no lo quiero! Pero en este punto deberás ser mío y probar la bebida de la infinita omnipotencia de Dios que hace vano el orden del mundo. Y luego si eres bueno, darte cuenta de la manera que te atrapé en la trampa, porque, al fin, te lo decía a cada paso, bien te lo advertía que te estaba trayendo a la condenación, pero lo lindo del pacto con el diablo es que se firma sabiendo bien con quién se trata. Si no, ¿por qué ser premiado con el infierno?"
                Nadie puede decir que Umberto Eco no era un tipo “divertido”, todo su andamiaje intelectual estaba dirigido a esta premisa, su tarea era, una vez depasada la “vanguardia” - que es una estafa con pretensiones de parecer seria - entrar a un posmodernismo que con visos de ser un entretenimiento de masas sobre la historia - deconstruya todo el andamiaje del pensamiento y la moral tradicional usando para ello el ridículo. Él debía sacar patente de “especialista”, y desde esta especialización (en su caso sobre la Edad Media) - sabido que una vez obtenido los galones que son fácilmente conseguibles en los pomposos y estúpidos medios universitarios, nadie se atreveria a ponerlo en duda. Especializaciones que regalan si eres la persona políticamente correcta y la monografía cumple con los requisitos formales indicados (de cuyos requisitos, Eco era un especialista, tanto que escribió un libro sobre esto).
Entre sus "jodas deconstructivas" de los rezagos morales de la tradición católica y medieval, estaba una que se llamó  "Embriones a la puerta de Paraíso" y consistió en un malabarismo de citas equívocas, palabras trocadas y bandos escolásticos supuestos (que nunca existieron), para demostrar que Santo Tomás (nada menos) desautorizaba esta fiebre antiabortista -  que eso era un "neofundamentalismo" - y no la posición de la Iglesia Eterna. Todo basado en su “autoridad” como medievalista (que como dije, se toma en joda). Lo más lindo es que traía en soporte unas citas sobre Cuestiones de las suma, y una de estas cuestiones ¡no existía! ¡Se la inventó! La redactó completamente en latín¡y nadie lo iba a notar! Estaban para eso sus apabullantes títulos. Y los que lo notaran, unos mínimos – la vanguardia-  se iban a reír con él de la trampa cazabobos dejada en el camino para confusión.                  Con una broma no se polemiza, se la entiende o no y te puede hacer gracia o no. Sin embargo y contra el bon gout, algunas personas me han impulsado a explicarla.
                  La estructura de sus chistes, repite el tipo de su famoso "melodrama bufo" -El Nombre de la Rosa -.
                   Lo de "melodrama bufo" es una definición de él y es exacto, aunque ciertos papanatas creyeron que era una novela histórica, y lo de "autoridad como medievalista", constituye una palabra inaceptable para el mismo autor y veremos que es sólo una pose teatral. Recordemos que la trama del libro transcurría en un convento Benedictino - que nada tenía que ver con un convento Benedictino y si con un cuento de Borges (de hecho el personaje clave es Jorge de Burgos, bibliotecario y ciego) - en el que aparecen varios jóvenes monjes envenenados. El detective es el franciscano  Guillermo de Baskerville (mezcla de los franciscanos Guillermo de Occam y Roger Bacon, herejes medievales que mezclados en intercalaciones textuales, encarna) quien finalmente descubre que todo es culpa de una desaparecida obra de Aristóteles sobre la Comedia - cuyo único ejemplar se encuentra en la laberíntica biblioteca - que se esconde celosamente (tema del Saber como Fuente de Poder) ya que este "discurso sobre la risa" tiene el efecto de destruir y socavar la estólida sabiduría tradicional. Es el poder de la mofa y de la ironía que envenena las mentes y al cual, el viejo bibliotecario - arraigado en el miedo obscurantista que asegura a la Iglesia el imperio de su ley -  le coloca entre sus páginas el veneno que mata el cuerpo como una moraleja ejemplar para la juventud. El que lo leyera debía morir.
     No ha sido poca la influencia de esta joda deconstructiva de Eco en el entendimiento de la Edad Media aún en medios católicos y mucho más aún, con respecto a que este ridículo medieval, se curaba con aristotelismo. No hace mucho nos encontramos con un texto que hablaba de los “pecados” en la Edad Media - que por supuesto que los hubo - pero que en buen romance esos diez siglos no deben registrar más tropelías que unos pocos meses en la actual Las Vegas,  quizás sumados a dos o tres carnavales cariocas.  Es por estas “bromas” que cuando uno dice que tiene un muchacho en un seminario, le preguntan si este tuvo algún fracaso, o una tendencia contranatura; pues, como se entiende que lo “natural” debe ser respetado como perfección, el que un muchacho de veinte años se confine en un convento suena a antinatural. Cuesta aceptar que lo sobrenatural constituya un salto transformador de lo natural y no su continuidad en otro plano, todo porque es una gran verdad que la vocación sacerdotal no es nada “natural”, como muchas otras cosas de nuestra religión, que son bien sobrenaturales. En fin.
                    Ese texto perdido - la comedia aristotélica - es también su novela. Lo que estamos leyendo nos está ocurriendo; la ridiculización de lo medieval que hace en su novela, está deconstruyendo en nosotros lo medieval, que la leemos sin darnos cuenta de que es “comedia”. El arte de la irrisión ridiculiza y hace caer la armazón del saber tradicional hecho de fórmulas vacuas que se imponen por la fuerza de la repetición (la tradición). El mecanismo es descripto por el personaje Guillermo: "Jorge temía el segundo libro de Aristóteles porque quizá enseñaba de veras a deformar el rostro de cada verdad, a fin de que no nos volvamos esclavos de nuestros fantasmas. Quizá la misión del que ama a los hombres es hacer reír de la verdad, hacer reír la verdad, porque la única verdad es conseguir liberarnos de la pasión insana de la verdad." Sentado que la verdad es inexistente, es soberbia humana pretender no sólo tener la verdad, sino por sobre todo buscarla. En  "Apostillas" declara que se trata de fabricar una obra de "ruptura y de contestación" al estilo del arte vanguardista, pero luego superarla (como dijimos más arriba). Veamos: " La vanguardia destruye el pasado, lo desfigura …(por ejemplo Picasso) … después va más lejos, destruida la figura, la anula, llega a lo abstracto, a lo informe, a la tela blanca, a la tela rota, a la tela quemada…y en literatura, tras destruir el flujo del discurso, se llega al silencio, o a la página en blanco … Llega el momento en que la vanguardia no puede ir más allá … (¿entonces? - superación-  Viene lo postmoderno)  la respuesta postmoderna consiste en reconocer que el pasado - o la realidad- puesto que no puede ser destruido (a menos de que no tengamos de que hablar) porque su destrucción lleva al silencio, debe ser revisado con ironía, de una manera no inocente…" Esta no inocencia consiste en la constante confrontación de las posturas, la risa, la mofa, "ironía, juego, enunciación al cuadrado", ridículo. (Esto es en lo que realmente consiste la famosa Hermenéutica de la Continuidad).
                 Frente a ello hay dos clases de lectores (y para los dos escribe); los que captan el juego y los que no lo captan. Estos últimos quedaban fuera de la obra de  vanguardia,  pero él los incluye: "con el postmoderno también es posible no entender el juego y tomar las cosas en serio … Siempre hay alguien que toma el discurso irónico como si fuese serio" y así tanto la famosa novela como el artículo comentado -que son una "manera no inocente" e irónica de jugar con elementos intertextuales y atemporales que constituyen un "pastiche" de temas medievales, bíblicos, litúrgicos, modernos y tutti cuanti, - puede sin embargo ser tomado como si fuera un retrato verídico del medioevo o en el caso, el dictamen de la autoridad de un estudioso. El producto (discurso)  no sólo gusta al perspicaz erudito, sino también al simplón. Unos y otros hallarán placer (no como con Picasso que claramente desagrada al lego, aunque a los efectos de no parecer imbécil suele esconderse el intrínseco rechazo que produce ver esos escrachos).
 Pero terminemos la idea de su mano volviendo a la cita inicial que ahora se aclara "¿Qué lector modelo quería yo mientras escribía? Un cómplice, por supuesto que siguiera mi juego. … pero al mismo tiempo quería que se diseñase una figura de lector que, superada la iniciación, se volviese mi presa…Tú crees querer seso y tramas criminales en las cuales al fin se descubre al culpable… y bien, yo te daré latín, y pocas mujeres, y teología a montones y litros de sangre como en el Gran Guiñol, de modo que tú digas ¡Pero es falso, no lo quiero! Pero en este punto deberás ser mío y probar la bebida de la infinita omnipotencia de Dios que hace vano el orden del mundo (volvemos a Occam) Y luego si eres bueno, darte cuenta de la manera que te atrapé en la trampa, porque, al fin, te lo decía a cada paso, bien te lo advertía que te estaba trayendo a la condenación, pero lo lindo del pacto con el diablo es que se firma sabiendo bien con quién se trata. Si no, ¿por qué ser premiado con el infierno?"
                  Es ironía la obra y es ironía la explicación de su mecánica, como conviene a su estilo narrativo. Lejos estamos de esa amistad íntima del autor que busca el acuerdo con el lector (ya sea enseñando como Sto. Tomás o por lo emotivo como Saint - Exupery). Eco se nos burla en SU "discurso irónico",  como su Dios herético se nos burla desde una omnipotencia que no es orden, sino Todo Poder.
                   Se burla de los simplones… si…  pero más se burla de los eruditos que saben descubrir las citas y las intertextualidades no confesadas, aún más, ¡las inventadas ex profeso!… ya que al controlarlas adviertes que "desdicen", que ya no dicen lo que decían, sino que lo ponen en duda. Es un juego, combinatorio y subversivo. "Material desrealizado con el que realizar otra cosa". Por ejemplo: una escena de sexo en la cocina dentro de la novela "está toda construida con citas de textos religiosos, desde el Cantar de los Cantares, San Bernardo, Juan de Fecamp y Santa Hildergarda de Bingen". Con lo puro hace lo lúbrico y lleva a subvertir el texto dentro del lector, que quiera o no, se pregunta: ¿no habrán estas ideas surgido de lo lúbrico y se habrán disfrazado de pureza? Y la duda te gana ante la evidencia de nuestra sensibilidad moderna afectada por lo lúbrico. El efecto lo toma de la escuela "formalista rusa". Escuchemos a Bakthin: " Cualquier género, cualquier discurso directo puede y debe convertirse en objeto de representación, burla paródica, travestizante".
                   El artículo en que Eco hablaba del aborto trae una trampa con las citas de Santo Tomás y que se advierten al recurrir al texto. Igualmente dentro de la novela mencionada hay un sinnúmero de ellas,  por ejemplo una cita del Pseudo-Dionisio  Areopagita que hace Guillermo: "El areopagita enseña que Dios sólo puede ser nombrado a través de las cosas más deformes". Si buscas el texto del libro señalado ("Sobre los Nombres Divinos"), verás que el Pseudo -Dionisio dice todo lo contrario, que los nombres de Dios  son Luz, Paz, Fecundidad, etc. ¡Era una joda! 
                  Eco es ideología literaria. La literatura es instrumento de poder que se ejerce en la contestación y en la subversión del poder anterior. Es lucha. Y su enemigo es la tradición greco-latina-cristiana y con toda conciencia y expresamente, él, sus precursores y sus acólitos, aconsejan la parodia de la Antigüedad y de la Edad Media.
                 Como dije, esta tarea no ha sido en vano, todo el catolicismo en mayor o en menor medida está contagiado por esto – pruebas al canto en artículo anterior sobre la Cristiandad – y se nota especialmente esta influencia de la burla posmoderna en que los católicos ya no se atreven a hablar con referencias místicas y se circunscriben a lo filosófico o a lo histórico como único lenguaje serio y permitido, ¡siendo que caen en peor trampa! la trampa de un academicismo cuyas bases “universitarias” han sido socavadas en una ridiculización aún mayor y con fundamentos más reales y comprobables, es notoria la evidente parodia academicista de la universidades e institutos hodiernos. Cuando el católico se convierte en un “estudioso” o “académico”, y deja de ser un místico para escapar a la acusación de “neofundamentalismo” (como se nos ha hecho de medios católicos), se convierte en el más patético de los palanganas de la “inteligencia” moderna,  y hacen morir de risotadas a lo ingeniosos posmodernos. 

Para quienes - como el mismo Hegel – estamos convencidos de haber entrado al Viernes Santo de la Historia, Umberto Eco  es el símbolo de quienes pusieron el manto púrpura de los locos sobre los hombros de Nuestro Señor e hicieron befa de Él. Y con una buena meditación sobre el asunto de aquellos días de la Pasión, uno comienza a percibir que puede haber sido aún mayor que el terror de ser perseguidos con el Maestro (que pueden haber tenido los más simples), este miedo al ridículo de recurrir a lo sobrenatural - y ser acusados de neofundamentalistas - entre las gentes “como uno”. Cuando toda esa mística aparentemente se derrumba y se esfuma como una fábula de niños ante la crudeza de la caducidad y de la muerte, que hoy se patentiza en la defección de la Iglesia, como antaño en Cristo muerto y previo a la resurrección. 
                    ¿Habrá sido Umberto Eco premiado con el infierno como él mismo en sorna reclamaba? Porque el academicismo católico vergonzante del misterio ya ha sido premiado con la burla de la desestructurada inteligencia posmoderna, y con fundamentos verdaderos, reales y atinados, que sólo pueden salvados con el Misterio. 





2 comentarios:

  1. Maravillosa entrada.
    Casualmente (o no) escribí en mi blog sobre la literatura subversiva disfrazada a veces de denuncia pero que termina pretendiendo, la complicidad y el hacer presa al lector. Habiendo sido mi análisis mucho más superficial; ésta lectura me lleva a replantearme la cuestión para profundizar en las técnicas que al decir de Huxley es capaz de llevar al adoctrinamiento a convertir a todo el mundo a lo que sea. En el caso de los torpes, sin mayor esfuerzo; y en el de los eruditos jactanciosos, es precisamente en donde descubre su punto flaco por donde los ataca: su vanidad.
    Hace muchos años leí "En que creen los que no creen" de Eco con el Cardenal Martini. En esa época estaba completamente alejado de la fe, sin embargo, aun como católico dormido, sentí como una mojada de oreja la intencionalidad que intuía en el libro de dejar mal parado al catolicismo con un defensor tan débil de la Iglesia. Ahora, puedo hacer el mismo análisis de éste artículo a dicha obra en donde las víctimas caen por ambos lados.
    No pocas voces son las que sostienen la filiación masónica de Eco, y sabiendo de la cercanía, cuando no la pertenencia de Martini a la Sinagoga de Satanás, se aclara un poco más el panorama.
    Felicitaciones por tan esclarecedora publicación.

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  2. Y siempre llego tarde. O los blogs van demasiado rápido… Muy buena la entrada sobre Eco; pero yo me había quedado masticando el tema del entrismo...

    Y vine a dar en Stat Veritas, con un artículo de Calderón Bouchet sobre nada menos que el Opus Dei (publicado por esa página en el año 2012). En seguida la correspondencia con el tema de la participación política me pareció evidente; aunque en ese artículo, se trata más bien sobre el proselitismo de la Obra sobre las clases gobernantes (políticos y financieros; y en general, personas de poder), y no tanto en la participación directa del católico en política.

    Van las citas por párrafos sucesivos: dos argumentos.

    El primero: "Es verdad que los bienes (a mi entender aquí por bienes se refiere a aquellas personas con capacidad para influir en la sociedad) de este mundo deben ser usados para ganar la vida eterna, pero si nos preparamos demasiado para obtenerlos ¿no corremos el riesgo de invertir el orden de las preferencias? Una excesiva preocupación por las añadiduras ¿no nos hará perder de vista el Reino de los Cielos? Y si todavía debemos cuidar la santa presentación de nuestras fisonomías para obtener más éxito en la empresa ¿no terminaremos presas de una farisaica hipocresía que es uno de los mayores pecados que se pueden cometer?"

    El segundo: las virtudes o los hábitos, no siempre virtuosos, de esta clase dirigente la hace bastante impermeable al influjo de la fe y ¿ en qué medida una conversión verdadera conservaría sus aptitudes para el comando en la sociedad actual ? Porque una cosa es una conversión auténtica, a la manera de San Roderico de Finchala que abandonó su comercio de cabotaje para dedicarse a hacer penitencia, y otra, bastante diferente, poner cara de santo para afilar mejor el anzuelo conque se pesca a río revuelto.

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