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jueves, 14 de abril de 2016

¿CUAL ES MI NACIÓN? (PARTE III)

Por Dardo Juan Calderón


Habíamos dicho que a los efectos de la restauración, se plantearon dos soluciones. La que proponía hacerla desde abajo, desde la familia y las instituciones intermedias en un proceso ascendente hasta llegar a la cima del poder, y los que entendían que había que hacerla desde arriba, tomando el poder y reconduciendo desde allí las instituciones menores.

Esta última es la que podríamos decir que intentó el Maurrasianismo en la Francia de principios del siglo XX. Retomar el poder (politique d’abord) a como dé lugar, reponer la monarquía, y desde ella – aun con carácter absolutista- rearmar el mosaico de las organizaciones intermedias y renovar a las familias y al hombre (no otra cosa intentó Franco). Este planteo se hacía por dos causas.
Una era que las organizaciones intermedias estaban en tal manera irradiadas por el efecto revolucionario burgués, y captadas por el poder central, que resultaba impensable modificarlas o enderezarlas sin un poder fuerte que lo imponga; era una tarea titánica y enormemente prolongada en el tiempo, combatiendo contra la perversión que tiene la ventaja de la naturaleza caída. Y dos, porque existía un sustrato católico en los pueblos que hacía posible pensar que esto iba a ser bien recibido una vez el hecho cumplido. Esta última es bien dudosa – por ser optimistas – hoy, y desde hace tiempo
 Esto suponía un “golpe de estado”, que podía hacerse aún por medio de la democracia. Quien impidió de mayor manera esta posibilidad fue la Iglesia, que pensó que el régimen republicano podía ser captado por las mayorías católicas y funcionar como tal, es decir, republicano, y descartaban el golpe de estado. (En esto hay que entender los remilgos morales de los curas, porque para un golpe, hay que entrar solapado y luego golpear (o matar un montón de gente), hay una necesaria estrategia oculta en la que los curas encuentran objeciones de conciencia y deberían haber dejado hacer a los laicos. Es como engañar al enemigo en una batalla. En el fondo, los curas quisieron ser verídicos y pacíficos, y la embromaron, debían poner las cosas en manos de buenos laicos católicos y hacerse a un lado). Ambos fracasaron. Pero esta idea de captar el poder que tenía la burguesía -por arriba - campó todo el siglo (y sigue como justificante en muchos casos), tanto desde la izquierda como desde la derecha; sobre todo por la idea de que cambiar las estructuras burguesas revolucionarias que formaban las bases sociales, era imposible sin la ayuda del poder central. Desde la derecha por los golpes militares y desde la izquierda por las revoluciones terroristas marxistas.
 Los golpes militares tuvieron grandes éxitos en muchos países, pero una vez tomado el poder,  entraban en las mismas estructuras mentales revolucionarias burguesas, se hacían ineficaces para producir los cambios espirituales, se aburguesaban, y sobre todo, no podían competir contra un poder mundial que se imponía con toda la fuerza del dinero y se los impedía. Sus cabezas estaban ya bastante perdidas entre las ideas de una política que se establecía mundialmente como “correcta”, y sus voluntades se doblegaban ante los intrincados manejos de las finanzas. Los fascismos habían dejado la triste enseñanza de hasta dónde llegaba el límite permitido y, cuándo, al traspasarlo,  se les aparecería un Núremberg; y temblaban. Para colmo,  la Iglesia ya no era la misma y no los acompañaba. España fue clara muestra, los años de Franco no pudieron torcer el curso de la revolución que operaba en las mentes; aun siendo que este dictador fue el más capaz de todos los de ese siglo, junto con Fidel Castro, porque golpearon y se quedaron hasta el final, sin caer en el susto de la tecnocracia financiera, pero más a la larga, ni el uno pudo restaurar una sociedad tradicional, ni el otro una marxista. Sólo mantenerlas exteriormente por la fuerza.
En estos pagos y en otros, los militares, aun cumpliendo prudencialmente la manda internacional, sin embargo – y por las dudas -  lo mismo fueron sometidos a un Núremberg.
La izquierda fracasaba en sus intentos subversivos bajo el tronar de las balas y se planteaba el gramscismo. Lo logró en muchos lados. La izquierda estaba mejor preparada moralmente (quiero decir: inmoralmente) para este juego electoral que la derecha. Manejando consignas populistas y no aristocráticas (conservadoras) que se acomodaban en parte a su credo y a la deriva socialista que le convenía al poder burgués para que se hicieran cargo de las pérdidas. Tomar el poder por las urnas y, luego de inculturar la lucha de clases por sobre el pensamiento burgués, provocar finalmente esa lucha y dar el golpe con una programada ciega de vidas para transformar el poder en un proyecto claramente marxista. Venezuela, Brasil y la Argentina, son casos bien cercanos de ese plan. Y fracasaron por lo mismo que los otros. Se hicieron ellos mismos burgueses, y la dependencia de las finanzas mundiales nunca les permitió dar el paso final, para terminar fundiendo biela y quedar entrampados en los procesos penales de la “mani-puliti”; procesos bien comandados por los poderes internacionales y que no en mucho difieren de los juicios a los militares (¡no salten! Piensen en frío).
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  Nos detenemos un poco en esto. El kirchnerismo no es una banda de ladrones. Es una banda de marxistas ya cascoteados, que ahora no asesinaban sino que robaban para hacerse del poder, y que al verse burlados, se hicieron ladrones. Ellos querían gobernar para siempre.
En un régimen mundial fundado en la fuerza y poder del dinero, no hay proyecto posible de toma de poder por un grupo – bueno o malo -  sin contar con grandes sumas del mismo, enormes; porque la gente tiene bien gravado que el poder es para el bienestar económico y no para empresas espirituales o patrióticas. Ningún ideal permite el sacrificio y la abnegación en el amor o en el odio (José Antonio y el Che Guevara). A otro con ese cuento, nadie quiere ese final. 
Estas sumas de dinero deben provenir de orígenes ocultos, fuera del sistema legal (o este sistema te las entrampa en los cursos burocráticos);  y para juntarlo, hay que hacer lugar a estas vías ilegales dentro del sistema que se ha ocupado y que en el fondo, son vías “patrióticas” (uno mismo tendría que utilizarlas si quisiera ese poder).  Es la vida misma del sistema en todo el mundo, lo hacen todos todo el tiempo, y crean todo un entramado de movimientos del dinero que pasa por líneas off sider u off shores, o como mejor quieran decirle. Los grandes poderes mundiales tienen bien armado este entramado y a veces, te hacen creer que es un entramado anónimo, independiente y delincuencial, y de pícaro entrás en él. Pero es de ellos, es un mundo paralelo organizado por ellos. Y ellos te dejan un rato para que la pongas en sus redes. Y luego pagan un grupo de limpios periodistas (Verbitsky podría llamarse alguno, por ejemplo) y te baten y te encanan (piensen que el muy zaino de Verbitsky sabía lo de Panamá Papers hace un año, y no se lo dio al FPV, lo que hubiera hecho ganar las elecciones. Primero estaba su obediencia a la Fundación Ford). Néstor sabía lo que hacía, había que guardarlos en una caja de zapatos (lo que es ridículo, pero no tanto como lo otro).  Pero claro, este dinero que es la base y fundamento del poder, son monedas de curso legal dominado por ellos y para que valgan, hay que volverlos al curso legal o ilegal de ellos. Y ahí te agarran de una u otra manera. Juntaste al cuete. No vale nada. Hay un entramado legal mundial que te lleva preso cuando quiere,  o te ordena lo que tenés que hacer bajo presión ¿o qué creen que fue lo de Macri? ¿Un error? (Ya le van acumulando favores y amenazas). Ya se lo van a hacer a Putin, ¡que tenía fondos en un estado de Estados Unidos como es Panamá…! Esperen... Medio estado de debilidad y le pasa lo de Noriega, o lo de los chicos de la FIFA, y se pudre en una cárcel de Arkansas.
La pobrecita Cristina es víctima del gramscismo. No hay manera de salir de la trampa. Tomas el poder, y con el poder no puedes hacer otra cosa que lo que ellos quieren, y cuando te salís del camino un minuto – para lo cual debes haber juntado mucha moneda -  tienen las pruebas – tú mismo se las diste- para ir en cana, y la moneda no te sirve para nada. Y todo el mundo sabe que si tenías el poder, tenías que obligadamente hacer esas trapisondas y los que te juzgan las están haciendo, con parecidos o iguales métodos,  en este mismo momento; sólo hay que conseguir las pruebas, que normalmente son fáciles porque están en el mismo cause que las suyas. Y entonces todo el plan termina en que sorpresivamente se despierta un viento moralizante en los jueces que estaban dormidos, y así como los milicos terminaron presos por asesinos, otros terminan presos por chorros. Con los mismos jueces.  No quiero quedarme en la moralina de que mientras se junta plata para el “proyecto”, se te queda un tanto en el bolsillo, y cuando el proyecto se fue al cuerno, te la querés quedar toda. No importa. El asunto es viejo. Miren el billete… ¿de quién es la cara? ¡Es del César! Claro estúpido. Sólo a él le sirve. Los judíos debían cambiar su dinero por el Romano para poder pagar y comprar lo de afuera.
 Hoy la derecha “ex nacionalista” ensaya tarde el gramscismo. ¿O no serán tan tontos? Quizá sólo quieren vivir bien.¡Porque no me vengan a decir que planean un golpe una vez que lleguen a jefes de mesa de entradas! El cuento que hacen es que van a invitar a comer a casa al intendente y lo van a convertir. Claro… que poray el intendente llega con la Xipolitatis, o con un buen  negocito, y terminamos convertidos.
Todos los intentos de tomar el poder por arriba tuvieron su final en Núremberg, donde una nación que se le ocurrió que no le importaba el dinero de ellos y hacían el suyo, evitando al cambista… ¡chof! ¡chof! Llovieron bombas. ¡Basta! no insistan, no se corrompan en este esfuerzo. Hoy el poder es dinero, y el dinero es de ellos. Todo. Hasta el que nos robamos se lo tenemos que mostrar al rato, o se lo comen los ratones en la caja.
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Y volvamos a lo que estábamos. El proyecto mundial es un proyecto interempresarial, de empresas internacionales o multinacionales, de intereses económicos que se despliegan en una doble faz, bifronte como las monedas, de legalidad y de ilegalidad controlada, que ya es otra legalidad que manejan ellos (¡todos los paraísos fiscales son ingleses o yanquis!). La legalidad que mantendrá las democracias, y la ilegalidad que mantendrá sus poderes por sobre las democracias. Y tienen claro que no van a dejar que a alguien se le ocurra una Nación, ni de derecha ni de izquierda, que ponga cortapisas a sus capitales especuladores y golondrinas que marchan de un lado a otro esperando la ocasión del negocio pingüe. Y por eso no hay naciones en ningún lado y, me atrevo a pronosticar: al intento ruso socialista, con utilización de la pseudo religión ortodoxa y toda la parafernalia, le queda poco tiempo. Lo van a aplastar a billetazos como a la Rusa Soviética.
¡Entonces es por abajo! Pero… ¡ya lo habíamos descartado antes!
 El poder central ya hace mucho que convirtió las organizaciones de base social en terminales de sus tentáculos. El municipio, la universidad, las ONG, las organizaciones profesionales... Y ¿cómo lo hizo? Porque las paga – se “profesionalizó” (recuerden a Max Weber) -  y todas dependen de su dinero y todos quieren ser burgueses acomodados y filántropos. Y les pagan para llegar a las bases con sus dictados. No son expresiones que de abajo tienden a llevar los intereses de sus gentes hacia arriba. Sino todo lo contrario. ¡Pero esta inversión fue hace muuucho!. Hace un siglo que esto es así. ¡No se hagan los burros! La gente de abajo, lo único que puede hacer es piar para que los de arriba les manden unas migas. Y esto porque el sistema impositivo le da toda la plata a los de arriba, y los que pagan son ellos a los supuestos “representantes” (porque además, somos avaros). ¡Ganaron los salvajes unitarios! Y los “representantes” trabajan para quienes les pagan,  o los echan.
Por fin, seamos claros. La lucha no es ni por arriba ni por abajo. La lucha es, en medio de este enmierdado sistema, permanecer como burgueses acomodados. ¿O será salvar el alma?
Esta es la condición coetánea hoy por hoy… lo que tenemos en el presente. ¿Y la histórica? ¿Es San Martín, es 1810, es Rosas?Pues lean a Évola y a Gambra, y al tema de la aceleración de la historia, y el cambio permanente.
Ya casi no hay condición histórica que tenga más de veinte años de antigüedad. La única historia que se conserva es la de aquellos hechos que pudieron ser fundamentos de ensayos nacionales y que se cultivan en el horror de sus espantosos resultados, bélicos, judiciales y económicos. El holocausto. Los desaparecidos. El default. Y poco más. Hace un tiempo la revolución francesa era el inicio de la historia. Pero ya no es más. Luego la segunda guerra. Pero ya es el 11/9.
¡El hombre por fin ha sido liberado de su historia! Y que venga uno con un rencor de 1810 o del 17 o del 30… ya es sólo un absurdo de cultivadores de anécdotas. No tiene nada que ver con hoy.
Y entendamos bien, la historia es historia si tiene algo que ver con el presente, si de alguna manera sigue siendo presente, si sigue obrando en los hombres; sino, no lo es. Y si todos perdiéramos la memoria, pues no habría más historia y hemos sacado este condicionamiento. Es el fin de la historia. ¿Les suena?
Y no vengan a decir que yo digo que la historia no sirve para nada, sino que, al hombre moderno no le sirve para nada, como no le sirve la religión, ni la moral, ni los cuentos medievales. Y de alguna manera, en efecto, finalmente no sirve para nada en esta tierra. A ver… los bienes materiales sirven, un campo, una heredad sirve, pero si toda una legislación lo convierte en una carga pesada e improductiva, deja de servir. Sólo sirve el dinero financiero. Cuando el mundo se da vuelta, los bienes se hacen males. Y de esa misma manera, la historia ya no sirve.
Cuando Calderón Bouchet trataba el tema de las condiciones materiales de lo político - coetánea e histórica - ponía unas flechitas en la hoja del libro, como una cruz. El palo vertical, largo, era la historia, y el corto horizontal, lo coetáneo. Pero la cruz se está desdibujando. Se hace corto el palo vertical y largo el horizontal. Se hace una línea. Como cuando apagábamos los viejos televisores a válvulas. Piiiiip… Y luego… el silencio.
 Porque el fin de la historia tiene varias aristas. Sí; puede que se trate del acabamiento de las líneas evolutivas biológicas y  “espirituales”,  y esté comenzando la expansión de lo propiamente humano; como lo entienden los filósofos modernos y lo anuncian como cumplido en los “hombres preclaros” desde Hegel, pasando por Escrivá de Balaguer y hasta los Papas Conciliares (que son los nuevos santos y ya pronto le toca a Lutero). Y puede que también significa que Dios está poniendo fin a la historia, como lo anunciaba San Pio X (lo dijo sin muchas vueltas). Y también significa, no en menor medida, que la incidencia de la historia se anula como materialidad de la realidad humana. Ya nadie tiene historia. Nace de repente y tiene “derechos humanos” en sí mismo. Nadie los ha ganado para él antes. Y si esto es así. Pues no se necesita historia, ni patria, ni región, ni padres, ni la mar en coche. Estado y derechos individuales.
 Y entonces todo esto de lo que hablamos, patria, nación, Imperio, Iglesia como Imperio, Civilización y todas estas cosas? No son nada si se borra la historia. Y se borró. Se borró porque todo lo que necesitamos de la historia (si esta es un proceso natural, avisamos)  es la “herencia” de nuestros privilegios como personas y como nación, ganados por nuestros padres;  pero ahora nos lo da la declaración de los derechos del hombre y no la herencia. Y ¿a quién mierda le importa si mi tatarabuelo combatió por estas tierras? ¿¡Qué importa!? ¡Qué me agrega! ¿Que me digan petulante y que suene ridículo? Nada más. Porque tanto vale como yo, otro hombre sin historia. ¿O alguno de ustedes está dispuesto a decir que valgo más? Entonces no hay más aristocracia histórica.
La historia - en sí misma - contradice todos los principios modernos por el sólo hecho de acumular méritos a unos y deméritos a otros, y hacerlos hereditarios, sino ¿para qué se cultiva? Hoy se llama historiadores a quienes deshacen la historia, la desestructuran, la “designifican”, y buscan una “hermenéutica de continuidad” que no continúa nada y que lo hace todo presente y actual; ni siquiera en una síntesis, sino en una especie de licuado y pasteurizado de ingredientes atemporales que no constituyen un acervo hereditario, sino una especie de transmisión genética de la que no hay que agradecer a nadie (y este es Benedicto XVI).
Vean de dar clases de historia y verán bostezar los alumnos. Nadie se va a sentir parte de esa historia. Nadie tiene historia; se les habla de algo con lo que no tienen nada que ver; y… lo peor es;  que es verdad.
Así que no entiendo que nos agarremos a palos por unas diferencias que ya no son ni historia. La historia de la Iglesia comienza en el Concilio Vaticano II, y en breve, ya ni eso. Ni eso tendrá resonancia actual en pocos días del desbarranque francisquista.
Entenderán en esta paradoja por qué hablé de “Mi” Patria, y de “Mi” Nación. Porque ya no hay más “NUESTRA”.
 Entenderán la segunda paradoja-trampa, que les he tendido; ya todo lo pasado es nada y nada permite esgrimir privilegios, nada es bueno por hereditario. Se puede hablar de nobleza mientras está muy lejos en el tiempo y en cuadros de Velázquez, pero si este paparulo viene a esgrimir blasones hereditarios, le damos palos. Se puede ser devoto de santos muertos, pero que ni se me acerque un santo. Sin duda alguna con mis relatos de glorias pasadas - que bien me los debería haber callado para los momentos de piedad hogareña - no he templado la cuerda de los más pintados tradicionalistas. ¡Quizá si hubiera heredado un campo! Pero estas herencias no duran ni diez años. Las estancias se convierten en cinco departamentos en Miami a la segunda sucesión.
¿Y ENTONCES? ¿NI DE ARRIBA NI DE ABAJO? ¿QUÉ HACEMOS?
“Theologié d´abord”. Teología primero.
No digo que no cultiven la historia como si fuera literatura. Háganlo, para ustedes mismos, para no olvidarse. Pero estos tiempos, que entiendo que son los que señalan el próximo juntarse la primera con la segunda Venida, sólo se explican con una teología de la historia y con una teología política. Y si no son esos tiempos, si me equivoco, pues tendrá razón De Mattei y está por comenzar la verdadera y nueva Civilización Cristiana tras un nuevo milagro (que él entiende Mariano), y recomenzar otra historia que clausura la presente. Un nuevo siclo. Pero yo voy por la mía.
¿Y por qué se me ocurre tal locura? Por lo que decía antes en el artículo “El Oficio de Historiar”. La historia ocurre en Cristo y se cierra en Cristo. En Su instante. Y ante Él desaparece. Y uno de los signos del fin de la historia, es precisamente este, que la historia humana comienza a desaparecer como realidad. Y lo que queda, para el que sabe mirar,  es esa historia de fondo, que ahora sale a la luz y que demuestra la futilidad de la otra; que es la historia de nuestra salvación o condenación.
Repasemos a San Agustín y su visión teológica de la historia. Él decía, en ese momento, que la historia de los imperios enormes e importantes de su pasado inmediato, ya no eran nada (Persas, Egipcios y los mismos Romanos), se iba a imponer la historia casi mítica de un pueblito de pastores y de ella iba a venir todo el significado de una nueva era. ¡Y fue así!La Cristiandad era influida por la historia sobrenatural de ese pueblo miserable y la historia de los imperios desaparecía en la niebla del olvido, porque ya no era parte del presente.
Estoy convencido que estamos ante una nueva era que clausura la historia, como lo están convencidos los filósofos modernos, los Papas conciliares y los santones contemporáneos. En que una historia se está cerrando como se cerró la antigua frente a Cristo. El interrogante es… ¿Para una nueva era del hombre? ¿O de nuevo frente a Cristo?
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La política tiene un fin trascendente que es sobrenatural: Dios mismo en la contemplación beatífica de la vida eterna. Y tiene un fin inmanente que…¡también tiene un dimensión sobrenatural! (más bronca para que trinen), que es contemplar a Dios “en esta vida” con la luz de la fe, la caridad y la esperanza. No otra cosa quiso decir Aristóteles cuando dijo que el fin del hombre es la contemplación de la verdad. Él lo decía por la contemplación filosófica para algunos pocos. Nosotros la sabemos posible para todos por la contemplación del Misterio de Cristo, del Ecce Homo, en el sacrificio de la Misa.
 El político debe ordenar las cosas de este mundo, de lunes a sábado, para que podamos el domingo contemplar - con cierta tranquilidad material y de espíritu - la Verdad (no para ir al shopping), la Verdad que Cristo puso al alcance de todos y no sólo de los intelectuales. Y ya no molesten más con bienes comunes que nunca son comunes y que nunca podrán serlo.
El fin próximo de lo político es hacer posible que los ciudadanos vayan a Misa, y tengan fruto de ello, para que ese fruto, construya la polis. Desde Arriba y desde abajo.
Y tómenlo como una definición. (Siento el coro de barbaridades que me lanzan).
 Dice Santo Tomás: “De la misma manera que el bien de uno solo consiste en la acción para  la contemplación, de la misma manera el bien de la multitud, por tanto, es que ella llegue a obtener la contemplación”
“la felicidad contemplativa de la ciudad toda entera es más deseable que el bienestar político o civil, y la felicidad contemplativa de la ciudad toda entera es más deseable que la de uno sólo.”
 Y el Padre Jean- Dominique, OP., cuando comenta estas sentencias tomistas que tomo de su libro “Siete lecciones de política” (Ed du Saint Nom-2015), dice:
 “A esto se ajusta la dimensión litúrgica de la vida humana. El estudio de la historia de las civilizaciones muestra que la orientación de la vida social y política hacia la contemplación, consiste en la participación de todos en el culto público.” Pero claro, me dirán despectivamente… es un monje.
 Por ello decíamos la locura de que la solución política, es LITÚRGICA. (Mal que le pese a Ayuso).
Ahora bien, en la liturgia es donde recuperamos y nos reencontramos con la verdadera historia, donde se reconstruye el palo vertical de la cruz que viene del sacrificio cruento en el Gólgota, y su palo horizontal de lo coetáneo en la renovación del misterio incruento de la Eucaristía. Esa es nuestra historia, y la de Pérez y la de Mangiafico. Y esa es nuestra tradición. Y esa es nuestra aristocracia. Y ese es nuestro fin. Allí recuperamos el sentido de todo esto que se ha perdido a lo largo de este escrito de despojos y esta es la verdadera medida de los méritos y deméritos, y no los de mi tatarabuelo y su herida en la guerra contra el Brasil, que no me sirve ni para descontar de impuestos (Hace muchos años, siendo joven, el que mi tatarabuelo haya sido combatiente de la independencia, me permitía entrar al Colegio Militar sin examen de ingreso; hoy, me consta, si tu viejo fue milico, tienes historia y pocas chances tienes de entrar, pero… si eres nadie y de la retambufa, e invocas los derechos humanos… en breve puedes ser general).
Ahora,  si tenemos que hablar de NUESTRA PATRIA y de NUESTRA NACIÓN,  pues allí está, en la liturgia. Lo anterior es sólo mío o de los pocos que las conservan en su corazón y que, más vale nos vayamos olvidando y abriendo los puños dejando caer las cosas de esta tierra para estar más livianos.
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Y termino con un homenaje a un hijo de italianos que ha aportado grandes claridades a esta Patria, con el aviso de que el homenaje parte de un loco que en estas páginas se ha desatado sin disciplina alguna y puede que avergüence más de lo que lauda.
Don Antonio Caponnetto. Que de su sentido católico de lo aristocrático, y de su dimensión litúrgica - y por ello poética - de la vida,  hizo comenzar nuestra patria en una Misa - como hito y mito fundante (en el mejor sentido de la palabra) - y puso una Misa que supo ubicar en la certera cronología y en el espacio territorial. Haciendo con esto teología de la historia. Con lo que todo se salva y se hace eterno - lo hispánico,  lo criollo y lo inmigrante - que penetra por toda la historia verdadera y nos hace herederos desde el año cero de la estirpe cristiana.  Y que es la renovación de esa Misa la restauración de la Patria y su único remedio.
Que mientras ha vivido no ha permitido que nos anclemos a una aventura de poder ni militar ni democrático -ni a un movimientismo populista -denunciando a viva voz la trampa fatal que espera a la salida. Que nunca ha buscado ser un burgués acomodado, y que más allá de cualquier anecdótica diferencia que tengamos sobre esta historia que se difuma como pasa una tormenta y se comienza a ver el Sol;  espera – y yo con él- que esta Patria termine donde empezó, en una Misa, y donde todos los que permanezcamos fieles, seremos camaradas bajo un mismo Rey sin tacha. Que ya todo lo demás está cayendo.
 (Eso sí… ojo…  Vetus Ordo… como esa primera).  

17 comentarios:

  1. ...." pues tendrá razón De Mattei y está por comenzar la verdadera y nueva Civilización Cristiana tras un nuevo milagro (que él entiende Mariano), y recomenzar otra historia que clausura la presente. Un nuevo siclo. Pero yo voy por la mía." no sé si puso siclo por siglo o quiso poner ciclo. No importa. Sólo recuerdo que Castellani decía: "la historia es cíclica,pero alguna vez va a ser la última". Creo que De Mattei analiza bien pero concluye mal..... no soy un robot.

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    1. De Mattei o la Virgen de Fátima? O será que en Fátima la BVM nos macaneó?

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  2. Absolutamente de acuerdo en el fondo de la cuestión, y de hecho eso traté de transmitir, aunque mucho más humildemente por falta de pericia literaria a comparación de los Calderón a los que sigo y admiro.
    Sin lugar a dudas la lucha hoy es del ser contra el no ser. Ya no se habla de malas naciones, sino de no naciones, no patrias, absorbidas por las tecnocracias trilateralistas del globalismo masónico; ya no promueven los enemigos de la fe una mala religiosidad tanto como una no religiosidad a través de la atea nueva era. Y así se pretende anular el sentido de la Historia al despojarla de su Señor, y predicando un aleatorio devenir se busca anular su fin, referido éste tanto a su finalidad como a su culminación. Y esto es sintomático de la cercanía de la fin de la Historia, de la Parusía.
    Y la conclusión del escrito me parece que implica una necesaria jerarquización de la cuestión; el poner las cosas en su lugar y darle a cada una la importancia y privilegio que les corresponde.
    Ahora, y como para cortar la dulzura como la propaganda del flaco Squiavi; en el merecido homenaje a Antonio, y coincidiendo en terminar la Patria donde empezó, con una Misa; tanto en el caso de Antonio como en el mío, no siempre tiene que ver con el Vetus Ordo. Espero tranquilo los cachetazos.

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    1. "....no siempre tiene que ver con el Vetus Ordo."... Eso será,Augusto, porque no padecés las misas del novus ordo que se celebran en mendoza ciudad.

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    2. Querido Augusto: al que quiere se la da. Usando sus mismos razonamientos, el novus ordo es la no-misa. Esa no religiosidad, tiene su culto. Y es ese. El culto humanista, el del no dios, que creó el Concilio. Sé que no es fácil verlo, pero si anda por donde anda, tarde o temprano lo va a ver como está viendo todo lo otro, porque es lo mismo.

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    3. Estimado Augusto, aquí no es cuestión de gusto ,se lo aseguro, es cuestión de teología. De la cual sale la liturgia. Para los que,aunque tarde, lo vamos viendo,se trata del Tesoro encontrado en el campo por el cual dejamos todo para obtenerlo....no soy un robot.

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    4. El tema es arduo y sinceramente no era mi intención generar una polémica al respecto (aunque así lo parezca).
      Sin desconocer lo válidamente cuestionable en el Novus Ordo, también se que no todos (o siempre) podemos asistir a una buena Misa Tridentina. Antes había un excelente fraile que la celebraba en mi provincia y después, con el arribo de Bergoglio a Roma, pusieron un chanta mal trasado y progre en reemplazo y con instrucciones de identificar a los asistentes (especialmente a los nacionalistas) y hubo que dejar de asistir.
      No tengo vehículo y la Misa de la Fraternidad queda lejos y no siempre tenemos la oportunidad de asistir, sin embargo cuando nos llevan asistimos.
      Pero así como Antonio, mucha gente más que respetable y con más méritos intelectuales y hasta más virtudes de las que yo pudiera tener, asistían a la Misa Nueva, y estoy seguro que ellos podrían justificar mejor que yo porqué lo hicieron. Y son seguramente grandes nacionalistas católicos que tenemos como referentes en común.
      De cualquier manera, entiendo el punto, sin dejar de considerar que a veces las posibilidades no son las mismas. No pretendo tirar la piedra y esconder la mano (ni considerarlo un tema menor) pero lo importante para mí es encontrar un lugar (virtual en este caso) con quienes me siento completamente identificado. Así, éste y otros temas, si Dios concede la gracia, serían interesantes charlarlos mate mediante (tampoco se despreciaría un buen par de tintos) ya que en lo escueto de un comentario se hace difícil desarrollar argumentos con sus debidas contextualizaciones.
      Hasta entonces, me voy a seguir deleitando con su trabajo (defensa del Vetus Ordo incluida) por lo que hasta aquí, sigo ganando yo. Y más que elogio lo digo egoístamente.
      Saludos en Cristo y la Patria.

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  3. Augusto, lo importante es no estar tranquilo. "El que busca, encuentra". Es una promesa. Si comenzamos a pensar en la importancia de la liturgia, la mayor parte del camino está andada. San Benito la llamó "Opus Dei", la "obra de Dios en el mundo". El Opus cambió el sentido, hizo que la Opus Dei, fuera el "trabajo", es decir, la obra del hombre. Vació la palabra y tergiversó el sentido. El Concilio nació de los grupos de renovación litúrgica. Cuando el enemigo apunta a un flanco, por algo debe ser. El naturalismo se burla de esta preocupación como asunto de frailones, pero si realmente creyéramos que la Liturgia es la Obra de Dios en nuestro mundo, el momento en que Dios viene y hace algo totalmente divino por nosotros; pues no lo tomaríamos tan en solfa, tendríamos que pensar que si Él lo considera primordial, por algo será. Ya con comenzar a captar esto, es decir, el lugar y el momento en que Dios considera que debe intervenir como causa directa, pues ya estamos de acuerdo. El resto es ir considerando con prudencia. Le saludo cordialmente.

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  4. Acá parece que hay varias cosas que no están muy claras...
    Por un lado se ataca el naturalismo, pero en cuanto a sus conceptos de Patria y Nación, parece que Ud cae en un naturalismo y en un protestantismo casi.
    Dice Rafael Gambra en "La Unidad Religiosa y el Derrotismo Católico - Estudio sobre el principio religioso de las sociedades históricas, y en particular sobre el catolicismo en la nacionalidad española":
    "El catolicismo verá el Derecho y el Estado revestidos de una relativa significación religiosa. El Derecho positivo aparecerá como un esfuerzo aclaratorio y concrettador de un Derecho natural que se asienta en la suprema ley divina"
    Y sigue..
    "Para el protestantismo, en cambio, la vida debe ser una <>, <> y es necesaria toda la mala fe de los liberales para relegarla al oscurantismo de una época pasada.
    Según ellos, valía para las "monarquías sacras" de la Edad Media, pero ya no vale para los "Estados democráticos constitucionales" modernos. Necedad en verdad, pues nuestra doctrina, deducida de la revelación y de los principios del orden natural, es tan inmutable e intemporal como la naturaleza del bien común y la divina constitución de la Iglesia" (Le Destronaron - pág 119)
    "La Iglesia sin el Estado es un alma sin cuerpo. El Estado sin la Iglesia es un Cuerpo sin alma" León XIII, Libertas.
    No caiga Ud en eso que decía Monseñor Lefebvre "Reconciliar la Iglesia con la Revolución: Tal es la empresa de los liberales que se dicen católicos".
    Déjese de dar vueltas, y reconozca a las claras en un artículo, que la Revolución de Mayo fue Liberal, y que además fue contraria al derecho de Indias, y que además fue contraria a los principios políticos tradicionales católicos, y reconozca al fin que la Patria de un tradicionalista Hispanoamericano, no puede ser otra que España, porque nuestra cultura, nuestra religión, nuestras costumbres, nuestras tradiciones, nos la dio España.
    Todo esto independientemente, de el crisol y de las corrientes inmigratorias o de la genealogía, no es la cuestión de fondo, y no caiga en esas ridiculeces.
    Por cierto, toda mis ascendencia, siglos más siglos menos proviene de España. El apellido Ferri, probablemente tenga un origen en Italia, y probablemente como parte del Imperio Español, pero toda mi ascendencia Ferri es de Valencia España. Y aquí en el continente, soy descendiente de familias santafecinas de antaño, los Rodriguéz Cardona, y los Pérez Campos, éstos últimos descendientes de Juan de Garay.
    Como diría alguna vez Ricardo Fraga:
    " La fractura de América sólo podrá superarse alguna vez por la voz convocante de aquella Corona que le dio ser y vida."

    Y agrega a continuación: "sin Rey legítimo no habrá verdadera restauración".

    "Sin la legitimidad, que brota del orden divino y natural, jamás España recuperará su vocación evangélica: ser instrumento providencial en la edificación de la Cristiandad temporal."

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  5. Digo algo más, si los nacionalistas hispanistas, si los católicos (incluso los línea media, un cuarto y tres cuartos), mantienen aún un estilo de vida conservador, mantienen ciertas costumbres y tradiciones, es como dice Ullate Fabo parte de ese "bien común acumulado por las generaciones pretéritas que nos es legado, que nos conforma en cierta medida (bien del pasado que llega hasta el presente)". Entonces lo que conservamos se lo debemos a Nuestros Padres, a España desde su origen.
    TODO LO BUENO QUE SE CONSERVA, NO SE LO DEBEMOS A LOS QUE VINIERON LUEGO DE 1810, SINO QUE DEBEMOS SER CONSCIENTES, QUE TODO LO BUENO, AISLADO, QUE AÚN PERSISTE ES A PESAR DE LA REVOLUCIÓN Y DE LA SEPARACIÓN DEL ESTADO DE LA IGLESIA QUE VINO LUEGO DE 1810.
    Es bueno traer a colación una nota publicada en el Blog el Brigante el 5 de octubre próximo pasado, dónde reflexiona que probablemente España Estado Sacro que alguna vez fue, ya no existe, pero que muchas de sus partes constitutivas aún existen:
    continúa...

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  6. "En ese sentido, a falta de muchas reflexiones que podremos compartir en el futuro, si Dios lo permite, no debemos vacilar: España, como comunidad política (sentido primario de la palabra patria) no existe hoy. Nuestras leyes no sólo no persiguen el bien común temporal, sino que persiguen un estado de imposibilidad, de obstaculización de la vida virtuosa colectiva. En términos de De Corte, no tenemos una sociedad política sino una “di-sociedad”.
    Ahora bien, la constatación de que no existe la comunidad política no es idéntica a la destrucción de todos los elementos constitutivos de ella. Por eso la paradoja: no existe España como comunidad política, pero todavía sigue habiendo españoles: los receptores de una traditio (aproximativamente, porque la traditio exige un donante y un receptor que preexiste, lo cual no se da en la herencia patria, pues los receptores, si bien no reciben el ser ontológico de la patria, reciben la específica actualización de muchos aspectos de su personalidad, privada y política. Podemos decir que Dios, a través de los padres nos da la naturaleza humana y que Dios, a través de la patria, nos dio la específica concreción de la inclinación natural política).
    Me parece a mí que el bien común específicamente político es algo a realizar (presente-futuro), pero el ámbito y las exigencias de ese bien se derivan de lo que llamo el bien común acumulado por las generaciones pretéritas que nos es legado, que nos conforma en cierta medida (bien del pasado que llega hasta el presente). No todo bien común del pasado tiene la virtud de tocarnos con esa exigencia: la hermosa realización política hispánica en el Franco Condado, admirable, no parece que obligue políticamente a los franc-comtoises de hoy, franceses desde hace tres siglos; ni el recuerdo de las realizaciones romanas en Hispania nos reclama recomponer el Imperio romano (bien común puramente pasado).
    Nada de lo anterior satisfará tus inquietudes. Son preámbulos. Pero me parece que son necesarios para hacer algo de luz en tanta confusión, la que tú señalas, entre los que nos decimos españoles todavía. Sin aclararlos podemos seguir persiguiendo ideales que históricamente han sido causantes de la degradación de la comunidad hispánica (por ejemplo, la idea liberal revolucionaria de una España centralizada y jacobinamente uniformada).
    Yo no soy más que uno de tantos desterrados en lo que fue nuestra patria que no renuncia a servir a esa patria española, porque lo que soy, en la mejor parte, si alguna lo es, se lo debo a lo heredado de la realización política de nuestros antepasados. Todo se lo debemos a Dios, sí, pero Dios se ha querido servir de causas segundas que veneramos como lo que son: instrumentos celestes. Como estoy agradecido de lo que no me he ganado, sé que siempre estaré obligado y quiero transmitir ese amor y esa veneración, lo más operativa posible, a mis hijos.
    Te ruego disculpes lo enmarañado de mi pensamiento. Tengo prisa por escribirte porque, si lo dejo, no sé cuándo lo haré. En mi descargo cuento con tus padecimientos, que son los míos y que sabrán entenderme.
    […]
    P.s. Hagamos lo que esté en nuestra mano por cumplir con nuestros deberes políticos, pero sepamos siempre que el bien común temporal al que aspiramos, máximo entre los naturales, no es fin último. Por eso, si al final de la jornada los adorables designios de la Trinidad no nos permiten gozar de ese premio, que al menos nos permitan disfrutar de las delicias inmarchitables".
    http://www.elbrigante.com/2013/10/espanoles-sin-espana.html

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  7. Estimado Carlos: Le propongo lo mismo que a Marito, ya que evidentemente tiene los conocimientos y la capacidad, escriba uno o dos artículos, sereno y tranquilo, y yo se los publico sin duda alguna ni merma. Le aseguro que soy un escéptico que desea ser convertido. Todo este asunto no lo doy por concluído en mi cabeza y le sigo dando vueltas, es como que tengo dos amores repartidos. Por otra parte, los comentarios te dejan en mal lugar. Atrévase. Si le parece le paso mi correo y cuando se sienta en condiciones lo hacemos. Va en serio y sería para mi un gran gusto. Saludos

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  8. Sepa Ud disculpar mi enojo y prepotencia en las respuestas de más arriba. A veces uno responde sin pensar tanto las cosas. Hay que ser más sereno y tranquilo como Ud dice. Es un poco la pasión por llegar al fondo de la cuestión.
    Le pido sepa entender que no hubo una mala intención.

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    1. Un poco de pasión es buena, lo que pasa es que la primera parte no entiendo bien las objeciones y no quiero contestar una burrada. Le reitero la oferta de ponerlo en forma de artículo. La cuestión más gruesa es: ¿soy español? Y mi respuesta visceral es "ni", soy astilla de ese palo, pero soy otra cosa. Puedo ser una "Maritornes" como dijo Antonio, yo me inclino por hijo legítimo de Isabel y no me encaja ser sin más, español de España. Establezco una diferencia entre pertenecer a una Nación y pertenecer a un Imperio, y las razones que pueden producir el quiebre de un Imperio, y estaba a punto de escribir algo sobre esa diferencia. Vaya rumeando. Saludos y no se mosquee, que no ofende para nada, sino todo lo contrario, me hace el honor de tomarme en serio. Saludos

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    2. No somos españoles. Ellos nos desprecian. El argentino no comprende este mecanismo hasta que vive en el extranjero. Yo amo el tango porque era musica de emigrados. Yo en Europa soy eso. Por eso lo amo y lo entiendo. Ustedes que son ya arraigados no lo comprenden mas y no lo aman. De acuerdo con el jocoso reptil. Un falso desencantado. Un post tradicionalista. Un modernista de lo único moderno. Cristo. Pero no pierda tanto tiempo a escribir. Tenga cuidado. Este preparado y limpio para la venida, no sea que se me quede atrapado en el foso. Saluti

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  9. Terrible este párrafo, de una profundidad sinigual:

    "La historia ocurre en Cristo y se cierra en Cristo. En Su instante. Y ante Él desaparece. Y uno de los signos del fin de la historia, es precisamente este, que la historia humana comienza a desaparecer como realidad. Y lo que queda, para el que sabe mirar, es esa historia de fondo, que ahora sale a la luz y que demuestra la futilidad de la otra; que es la historia de nuestra salvación o condenación."

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  10. Este lucido texto me recuerdo a la tremenda frase de Nietzche en su "Mas alla del bien y del mal"

    "Sacrificar a Dios en aras de la Nada. Ese paradójico misterio de una extrema crueldad, será la obra de la próxima generación y todos estamos en el secreto" (Nietzsche: "Más allá del Bien y del Mal").

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