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lunes, 18 de abril de 2016

LAS FUERZAS EN PUGNA

Por Dardo Luis Calderón (h)
Quizás por la prolongada orfandad de magisterio, el liberalismo que nos circunda y se nos pega, nuestras ínfulas y el sinnúmero de torpezas y pecados que a diario cometemos (probablemente sea un poco de todo), hemos ido perdiendo certezas fundamentales  que Dios, mediante la Fe, nos dio desde los primeros años de nuestra vida. El catecismo de primera comunión nos enseñó en escuetas sentencias que los enemigos del hombre son tres: el Demonio, el Mundo y la Carne, y empezamos a andar los años sin haber comprendido del todo que con esa simpleza y laconismo se nos había dado un dato fundamental: las características del enemigo que teníamos que enfrentar a lo largo de nuestra existencia para volver a la Casa del Padre cuando Él se decidiera a llamarnos. Y con ese dato fundamental, que nos revelaba con claridad la entidad del contendiente en la batalla,  se nos daba también la clave de los medios necesarios para encarar ese combate y sostenerlo el tiempo que Dios lo dispusiera: si nuestro enemigo es un ser sobrenatural -el Demonio- contra él solo podrá luchar quien tenga una fuerza sobrenatural: la Gracia.
Seguía el mismo Catecismo elemental diciendo que la Gracias nos viene a través de los Sacramentos y que esos Sacramentos sólo pueden ser administrados por los Sacerdotes Católicos, hombres que han recibido, junto con el de gobierno y magisterio, el poder de ser ministros de Cristo para la comunicación de esa fuerza sobrenatural (esos tres poderes –el triregnum- que Dios ha conferido al Papa y por medio de  él a todos los obispos y sacerdotes, están simbolizados en los tres niveles de la Tiara Papal, especie de corona que se le colocaba a los Papas el día que asumían sus funciones y que, como símbolo claro de su nueva actitud, dejó de usar Pablo VI, y de allí en más le siguieron sus sucesores).
“Es cosa evidentísima y casi banal que hoy, entre los mismos fieles se ha perdido el sentido vivo de ésta verdad de Fe: ser un aspecto esencial de la vida cristiana su desarrollo concreto como lucha continua contra Satanás y su satélites: como pugna dramática e ininterrumpida no sólo contra el mal abstracto e impersonal  y no sólo con nuestra pasiones y malas tendencias, sino precisamente, y en último término, contra el maligno y sus secuaces” El párrafo citado está tomado de un completo ensayo sobre Liturgia de D.C. Vagaggini O.S.B.publicado por la BAC en 1959.
La pérdida de ésta certeza, o más bien, como dice la cita, “del sentido vivo de ésta verdad de Fe” repercute necesariamente sobre nuestro juicio y es, quizás, una de las causas que nos lleva a transitar senderos oscuros e intrincados buscando falsas soluciones o persiguiendo vanas ilusiones en cuestiones tan vinculadas a la salvación de las almas como el quehacer político.
Toda la vida del cristiano, y por ende, la actividad política, está inserta en ésta lucha secular de dos ciudades. No se trata sola y principalmente de combatir malas tendencias, decisiones o pensamientos, sino de tomar parte en una lucha entre personas, entre el reino de Dios y el reino de Satanás. Como sigue diciendo el autor citado “Esta lucha es de proporciones cósmicas y envuelve a todos los seres personas y cosas”
Al parecer el Demonio no está tan preocupado por lograr que los hombres dejemos de creer en Dios como por esforzarse para que dejemos de creer en él, en su presencia real y efectiva en el mundo, en su acción concreta y directa. Al Demonio le place y le sirve que los hombres, y en especial los católicos, creamos que nuestra vida puede desarrollarse normalmente en una suerte de espacios “neutros”, permeables, si, a la influencia sobrenatural que cada uno quiera darle como iniciativa propia. Es fundamental para su estrategia convencernos de que no es de absoluta necesidad que todos los aspectos de nuestra vida humana cuenten con la presencia de Dios y la asistencia de la Gracia. Es necesario para él que perdamos de vista la tajante división en dos bandos que produjo la venida de Cristo, porque él tiene una certeza que los católicos hemos ido perdiendo: lo que no es de Dios es del Diablo, no hay espacios neutrales. Lo que no se emprende bajo el amparo y auspicio de Dios, por medio de su Gracia, es necesariamente, una obra que en mayor o menor medida pertenece y favorece al reino de Satanás, por más nobles y sinceras que sean las intenciones de los emprendedores. (Resulta impresionante el rito tradicional del Bautismo que empieza por un exorcismo para expulsar los Demonios que habitan en alguien tan inocente como un recién nacido, exorcismos que desaparecieron de la liturgia de este sacramento.)  
Nuestra gran tragedia es, quizás, haber perdido la Fe viva en Satanás, en sus  obras y en sus pompas, porque con esa pérdida nos hicimos blanco fácil, por dejar de acudir presurosos y desesperados, en todos los momentos y aspectos de nuestra vida, a la única defensa efectiva contra el ataque de un ser sobrenatural: la Gracia Sobrenatural. Hemos vivido construyendo sobre arena, muy seguros de nuestros cálculos, y no sabemos porqué las tempestades nos están derribando todo.
La Fe perdida en Satanás nos hizo contraer una suerte de sida espiritual y no advertimos que nos dejamos envenenar  el pozo de agua el día que permitimos que bastardearan la Liturgia de los Sacramentos, pues es a través de ella que la Iglesia nos asistía con aquella única fuerza efectiva para la lucha contra un ser sobrenatural, que ahora, frente a fuerzas solamente humanas, campea a sus anchas. Toda solución, personal, familiar, social y política principia por recuperar esa fuerza extraordinaria, única posibilidad de enfrentar al enemigo extraordinario que nos acecha. Sin Eso estamos perdidos desde el comienzo, con Eso estamos salvados cualquiera sea el final.

Parece cosa de locos, y posiblemente lo estemos para la moderna psiquiatría, pero la vida del Cristiano vista desde la Fe, en cualquier tiempo que sea, es una aventura digna del relato de un Tolkien (que, a mi humilde entender y nula pericia literaria, algo de esto quiso decir con su obra), plagada de seres y fuerzas sobrenaturales que luchan a su lado y en su contra, y lo peor de todo es que sumidos en el fango de nuestro orgullo intelectual nos la estamos perdiendo y llegamos al punto de aburrirnos o deprimirnos. Días atrás mi hijo de apenas 5 años, recién salido de la clase de Catecismo, me preguntó si cuando andábamos en auto nuestros Angeles de la Guarda iban parados o sentados, y me sentí bastante avergonzado de casi haber olvidado que esos seres estaban realmente allí. Creo que en ese momento entendí en qué consistía el hacerse como niños para entrar en el Reino de los Cielos. 

6 comentarios:

  1. Excelente el artículo.
    Y aclaro: en mi opinión, va sentado.

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  2. "La Fe perdida en Satanás nos hizo contraer una suerte de sida espiritual y no advertimos que nos dejamos envenenar el pozo de agua el día que permitimos que bastardearan la Liturgia de los Sacramentos, pues es a través de ella que la Iglesia nos asistía con aquella única fuerza efectiva para la lucha contra un ser sobrenatural, que ahora, frente a fuerzas solamente humanas, campea a sus anchas. Toda solución, personal, familiar, social y política principia por recuperar esa fuerza extraordinaria, única posibilidad de enfrentar al enemigo extraordinario que nos acecha. Sin Eso estamos perdidos desde el comienzo, con Eso estamos salvados cualquiera sea el final".

    Esa primera regeneración desde lo sacramental tiene un problema y es que hoy no parece ser el camino que emprenderá la sociedad como comunidad política, de donde, por seguir esta postura, surge un desprecio o al menos un desentenderse de la actividad política posible.

    Y por qué no hacer las dos cosas a las vez?

    Recibimos los sacramentos, aunque seamos veinte tipos, y además nos metemos en política?

    Ya sé, me va a decir que con veinte en estado de gracia nada se puede.

    Pero si no tengo otra cosa mejor que hacer? Si no nací para un trabajo formal? Si la lógica de comité me agrada y me hace ver al pueblo mientras otros allí mismo ven la masa?

    Vea que en materia de "seguridad" se dice que el problema de fondo es la educación, pero "mientras tanto", hasta que no estén todos educaditos mejor meterlos presos sin garantismos penales, que para el día que estén todos educados nosotros estaríamos todos muertos.
    Con el meterse el política es lo mismo, nada demasiado bueno podrá salir de un pueblo que apostató, pero unos cuantos remiendos sociales son mejores cuando están que cuando faltan.

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    1. Esto ya lo respondió el Cocodrilo Germán. Para esa tarea hay muchos liberales correctos y capacitados que la hacen bien. Es más, están muchos muchachos de la línea media que rujen por ser funcionarios. Déjelos a ellos. Somos muy pocos para una tarea titánica y egregia, la más importante de la historia presente, mantener las fuentes de la gracia. Si se pone a apoyar estos emprendimientos sagrados verá que no le sobra tiempo, hay que hacer colegios, capillas, ayudar a los que están hechos y mantener a los curas. Para eso estamos estos veinte gatos locos.

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  3. El problema está en qué pensamos cuando rezamos.
    En el Credo afirmamos los visibilia e invisibilia Dei, pero al final de cuenta sólo creemos en los visibilia y no en los más importantes.

    Y ni locos van sentados. Nos quieren hacer creer que los ángeles de la guarda son unos burgueses prolijitos, cuando de seguro que son apenas menos bárbaros que los niños que tutelan.

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  4. "... (Resulta impresionante el rito tradicional del Bautismo que empieza por un exorcismo para expulsar los Demonios que habitan en alguien tan inocente como un recién nacido, exorcismos que desaparecieron de la liturgia de este sacramento.) ..." ES DE LAS COSAS MÁS IMPRESIONANTE QUE VI. CUÁNTO SE HA PERDIDO. ME ALEGRÓ MUCHO DARME CUENTA QUE A MÍ ME BAUTIZARON CON ESE ANTIGUO RITO PORQUE EL DESPIOLE RECIÉN COMENZABA. ASÍ QUE TODAVÍA PESQUÉ LA COLA DE LA TRADICIÓN. GRACIAS LEFEVBRE POR HACER QUE ESTO NO SE PIERDA. ...no soy un robot. P.D. no sé si van sentados o parados,pero de seguro van temblando por cómo manejan los padres!!!

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  5. Yo he descubierto que van en el paragolpes delantero, sobre todo cuando manejo medio en pedo.

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