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martes, 24 de mayo de 2016

Semana de Mayo- 2º parte

por Carlos Ferri

¿Por qué hay una corriente historiográfica que sostiene, que el origen de los estados revolucionarios americanos es legítimo y compatible con la doctrina y principios de la Iglesia Católica Apostólica Romana?


Como dice Roberto Di Stefano[1], la Iglesia Católica en el Río de la Plata, hizo silencio en relación a su juicio sobre los fundamentos, motivaciones y principios en los que se sustentó la Revolución de Mayo por más de un siglo, y cuando se expidió sobre ella y sobre la Independencia, fue para asociarlas a la impiedad, al desorden y a la funesta Revolución Francesa.



A partir del centenario de la Revolución de Mayo, y a partir de una publicación de Monseñor Agustín Piaggio, dónde en realidad el Obispo trata de demostrar que parte del clero contribuyó a la Revolución y a la Independencia, una corriente historiográfica conservadora que, más tarde consolidaría parte de lo que se llamó el "Nacionalismo Católico", fuerza una reinterpretación de las ideas de Mayo,  de los principios filosóficos que rigieron aquellos acontecimientos  y del rol que cumplió la Iglesia y el clero como institución en los procesos de secesión americana. Según Di Stefano (2002), este giro del mencionado grupo conservador, obedece a que, relegada la Iglesia Católica del centro de la vida pública por los gobiernos liberales de fines del siglo XIX,  intenta, so pretexto de que habría tenido un rol protagónico y central en los sucesos de mayo, demostrar a la sociedad y a los gobernantes que ella podía ocupar un puesto significativo en la sociedad y en las cuestiones de gobierno del país y,  que ello era compatible y necesario en la política.


Como bien expone Di Stefano, esta reinterpretación de la Historia eclesiástica, responde más a un plan de inclusión a futuro en la vida política del país, que a la verdad histórica. Incluso el análisis que hace Di Stéfano, muestra que en realidad la Iglesia como Institución, no sólo no apoyó la Revolución de Mayo ni la Independencia, sino que además se opuso abiertamente. También queda claro que la mayoría del clero no apoyó la Revolución de Mayo ni sus principios políticos, sino que los reprobó. Y lo más triste, es que se ejerció una despiadada coerción sobre la Iglesia y el Clero para utilizarlos como medio propagandístico de las Ideas dieciochescas y liberales. Esto con la gravedad que conlleva el rol que la Iglesia y el Clero representaron durante todo el período Monárquico Católico, donde el pueblo buscaba siempre la aprobación de la Santa Religión en todos los órdenes de la vida.


Conclusiones


La Iglesia Católica Apostólica Romana como institución Divina sobre la tierra, y desde la Cátedra de Pedro, condenó en dos oportunidades por medio de dos Papas diferentes, las revoluciones e independencias en los Reynos de las Indias, como ya fue especificado más arriba. Incluso uno de los fundamentos más importantes son las Bulas del Papa Alejandro VI, quién otorgó el control y gobierno de esas tierras a los Reyes Católicos y a sus descendientes a perpetuidad, arrojando una excomunión amplia a quién contradijere dicha disposición.


La mayoría de los Obispos fueron contrarios a las revoluciones y a los nuevos gobiernos ilegítimos que se constituyeron en los Reynos de las Indias a partir de 1810.


La mayoría del clero de las Indias, y particularmente en el Virreynato del Río de la Plata, se opuso a la Revolución de Mayo, a sus principios liberales e ilustrados y a los gobiernos ilegítimos que se establecieron durante el proceso de escisión. Estos gobiernos, considerando que el clero dificultaba el adoctrinamiento y no adhería publica y activamente a las novedades filosóficas en que ellos se sustentaban, se determinaron a perseguir, castigar, desterrar e incluso fusilar, ahorcar y hasta envenenar a los religiosos que -según ellos- significaban una amenaza a la supuesta <<patria>>. 


Los gobiernos revolucionarios establecidos a partir de 1810, se excedieron en las prerrogativas del derecho de Patronato, derecho que no les correspondía, alterando seriamente la vida de los religiosos en el Río de la Plata. Su coerción sobre la Iglesia y el clero, respondió más a una necesidad de obtener legitimidad de una Institución supranacional, que a principios católicos que establecen la unión del Estado y la Iglesia[2]. Además, en el exceso y abuso del derecho de Patronato, se dejó entrever claramente la utilización de la Institución Divina, como medio propagandístico y de adoctrinamiento político, de ideas jansenistas, liberales e ilustradas y contrarias a la doctrina Católica Tradicional Escolástica y tomista.


Los Sacerdotes que participaron activamente en apoyo a los gobiernos ilegítimos y revolucionarios luego de 1810, en la mayoría de los casos se alejaron de sus labores clericales y pastorales, para avocarse a labores más políticas y periodísticas que de vida religiosa.


Los sacerdotes que justificaron las ideas y la filosofía sostenida por la Revolución de Mayo, se alejaron de la doctrina Escolástica y tradicional católica, e incluso llegaron a sustentar su adhesión al nuevo orden sobre ideas netamente dieciochescas y roussoneanas, invocando en muchos casos "El Contrato Social". Como ya lo hemos citado más arriba, Bernardo Lozier Almazán afirma que "las doctrinas enciclopedistas ya habían invadido las mentes en la clerecía rioplatense".


Las teorías sobre el origen del poder, que muchos toman del Padre Francisco Suárez, donde afirman que el "poder viene de Dios y es de constitución mediata", tanto Ullate Fabo[3]como el Padre Álvaro Calderón[4], afirman que son doctrinas al menos, ambiguas y alejadas de la Doctrina Escolástica Tomista, la cual afirma que el  Poder viene de Dios. La doctrina escolástica sostiene que el poder lo otorga Dios mismo: non est potestas nisi a Deo (<<No hay poder que no venga de Dios>>)[5]. En el mismo sentido Jordán Bruno Genta[6], explica magistralmente que el pueblo no es sujeto de poder, pues no puede serlo quién no pueda ejercerlo por sí mismo, y cita a Santo Tomás de Aquino en lo siguiente: "el poder tiene horror al número. Creado para unificar, su perfección se proporciona a su unidad...Por esencia no puede ser ejercido por todos"(La Política, Santo Tomás).


Estos conceptos, muestran cómo es errónea la intención de muchos autores e intelectuales de ligar las teorías de constitución mediata del poder, y lo sucedido en la Revolución de Mayo, a los principios y doctrina tradicional del catolicismo. Si bien la teoría sobre el establecimiento mediato del poder, del Padre Francisco Suárez, es al menos ambigua, una cosa es su teoría sobre el poder, y otra muy distinta es la constitución de una sociedad ex novo o la constitución de una nueva comunidad política como lo demuestra Ullate Fabo[7]. Las teorías de trasmisión mediata del poder y de justificar una ruptura consuetudinaria tradicional política[8] son a la luz de los conceptos de la teología tradicional católica, ambiguos y heréticos.


Es conveniente recordar el juicio de Ullate Fabo (2009) cuando afirma que  "En América maduró primero no la idea de la independencia política, sino la de la independencia intelectual. Después de un siglo XVIII de mala teología y no mejor filosofía eclesiástica, un siglo de difusión patrocinada más que consentida de los pensadores disolventes enciclopedistas y escépticos, y tras el efecto destructor de la pedagogía perversa de unos gobernantes jansenistas políticos, las clases cultas americanas sencillamente no podían ser impermeables a una acumulación de estímulos que unánimemente trabajaban en la dirección opuesta de la filosofía y teología tradicionales" y más adelante afirma  "En grandes sectores criollos, en las clases más pujantes, el vacío intelectual y sobre todo emocional encontró un bálsamo en la mísma propaganda independentista que, hasta ayer, había sido vista con displicencia y desinterés".


El acercamiento de la Iglesia Católica Apostólica Romana a los estados de origen ilegítimo, fue por una necesidad de preservar la evangelización y la pastoral para la sociedad de estas tierras. Bien se podría decir que se aplicó un tipo de política muy similar a lo que más tarde se llamó "Ralliement", la cual está probado que sus consecuencias prácticas para el orden social cristiano, fueron funestas. Pues la Iglesia mostrando una aceptación en la separación de Iglesia-Estado y, de un orden cívico fundado en la razón escéptica iluminista y humanista, y no en la teología, confundió a los fieles y, las filosofías que trataron de justificar estas situaciones, se perdieron en el racionalismo, contribuyendo a separar definitivamente la autoridad temporal de la espiritual.


En este sentido el R. P. Álvaro Calderón explica: "se llama <<política de ralliement>> - que podría taducirse como <<política de acuerdísmo>> - a la estrategia prudencial que sostuvieron los Papas frente a los gobiernos nacidos de la Revolución, por la que prefirieron no enfrentarse, sino reconocer su más que discutible legitimidad, creyendo mejor para el bien de la Iglesia la actitud de diplomática amistad que la franca guerra. Hubo dos momentos en que pudo apreciarse claramente que la estrategia fue catastrófica, con el ralliement de León XIII a la República de Francia y la condenación de Pío XI a la Acción Francesa".


De la misma forma, Monseñor Marcel Lefebvre afirma que el Ralliement "o sea <<aceptación leal>>, participación, propiciada por León XIII al régimen republicano francés, significó la quiebra del monarquismo francés y el ahogamiento de la resistencia más puramente católica"[9].


Se puede observar claramente, que tanto Monseñor Marcel Lefebvre como el R. P. Álvaro Calderón, señalan que la política del ralliement tuvo consecuencias prácticas contrarias a lo que se pretendía y, que contribuyeron al fortalecimiento de la secularización de los estados y las sociedades. Del mismo modo, el reconocimiento de los ilegítimos estados hispanoamericanos por parte de la Iglesia, trajo consecuencias prácticas funestas para la Iglesia Católica y para las corrientes de pensamiento tradicionales en estas tierras.


Quién diga sostener las banderas de la Tradición Católica, no puede adherir ni honrar los hombres, ideas y hechos de la Revolución de Mayo ni de las Independencias Americanas, pues aquellos, como está probado, son contrarios a los principios, magisterio y doctrina tradicional de la Religión Católica Apostólica Romana.





[1] Roberto Di Stefano. "De la Teología a la Historia: un siglo de lecturas retrospectivas del catolicismo argentino". Prohistoria 6, 2002. UBA-CONICET. P 2.
[2] En Octubre de 1302, El Papa Bonifacio VIII publicó la Bula Unam Sanctam, decía allí: "Hay dos espadas, la espiritual y la temporal. Una y otra espada, pues, está en potestad de la Iglesia, la espiritual y la material. Mas ésta ha de esgrimirse a favor de la Iglesia; aquélla por la Iglesia misma. Una por la mano del sacerdote, otra por mano del Rey y de los soldados, si bien a indicación y consentimiento del sacerdote. Pero es menester que la espada esté bajo la espada y que la autoridad temporal se someta a la espiritual. Dz. 469. Citado en R. P. Álvaro Calderón. "Prometeo: La Religión del Hombre". El Autor. Morón 2010. Pp 165 -166.
[3] José Antonio Ullate Fabo. Españoles que no pudieron serlo. Libros Libres. Madrid, 2009. P 117.
[4] R.P. Álvaro Calderón. Prometeo, la religión del hombre. Morón, 2010. P 171.
[5] José Antonio Ullate Fabo. Españoles que no pudieron serlo. Libros Libres. Madrid, 2009. P 117
[6] Jordan Bruno Genta. El Nacionalismo Argentino. Editorial Cultura Argentina. Buenos Aires, 1975. P 37.
[7] José Antonio Ullate Fabo. Españoles que no pudieron serlo. Libros Libres. Madrid, 2009. Pag. 177 Segunda Parte, Capítulo III "La influencia imposible de Francisco Suárez".
[8] "el poder político es una especie de <<sacramento natural>> instituido por Dios para la consecución ordenada y efectiva del bien común temporal y de los bienes particulares de los miembros de la sociedad. Interferir ilegítimamente en este <<sacramento natural>> puede comprometer la viabilidad misma de la comunidad y la consecución de los bienes particulares de sus miembros"..."porque actuando así no sólo se atenta civilmente contra quién tiene la espada con legitimidad para reprimir a los que atentan contra el bien común, sino que de igual forma, pecan contra la virtud de la justicia y la de la piedad". Juan Antonio Ullate Fabo. "Españoles que no pudieron serlo". Libros Libres. Madrid, 2009. Pp 118-119. 

[9] Monseñor Marcel Lefebvre. "Le Destronaron. Del liberalismo a la Apostasía. La Tragedia Conciliar". Voz en el Desierto. Mexico D. F., 2002. P 68 (Nota al pié Nro 60).  

10 comentarios:

  1. En esta última parte, nuestro articulista arriesga (con Di Stéfano) una teoría bastante verosímil sobre las razones de la tergiversación de la historia. Política e Historia chocan en sus motivos y objetivos, lo que es muy natural, los bandos reescriben la historia, porque una función es una y la otra la otra. Pasó lo mismo con la guerra del Paraguay, en la que el sector Mansillista (federal y católico) entendió necesario tomar parte, o de lo contrario quedar fuera de la escena política. Mi bisabuelo Bernardo fue parte de ese grupo y en unos años, se hizo masón (al punto de ni bautizar sus hijos). Pero entiendo que si bien cuando se hace historia corresponde ser lo más objetivo que se pueda, cuando se hace política es necesario un poco de "bosta" ( mi padre decía que la política es como un adobe, buena arcilla y un poco de bosta para que ligue. Pero no hay que excederse en la bosta). El tema es principismo contra prudencialismo y los principios de una ciencia contra la otra. El tema es si estamos haciendo política o historia, y cuales son los límites de la verdad y de la prudencia. Una buena madre suele salvar la familia ocultando lo imbécil que es el padre, y fabricando un mito para los hijos, el problema existe cuando la verdad aparece y derriba el mito. Para ese entonces la buena madre ya lo debió haber previsto y haber tenido el analogado superior bien preparado para el reemplazo.
    No creo que el nacionalismo se engañe con nada de esto, sino que hace política -y está bien - , pero que en ello hay límites que respetar. De todas maneras reconozco que el nacionalismo tenía bien previsto el analogado superior y nunca dejó de ser hispanista ni católico. De todas maneras, ha llegado el momento en que los hijos ya saben que el padre fue un imbécil y la deriva de la Iglesia y de España, han desdibujado al analogado superior. El problema que se enfrenta es quedar admirando al imbécil, o quedar huérfanos. El problema es si queda algún espacio político para maniobrar que justifica la existencia o manipulación del mito.
    Si le hacíamos un poco de fuerza, tras esa falluteada de Mayo estaba la España Católica para volver, y había que decir que esa había sido la intención para reconducir. Pero ¿ahora? sin España y sin Catolicismo a dónde volver, ¿qué sentido tiene?.

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  2. El problema es que está demostrado que no se ha podido construir nada desde hace 200 años. Porque una cosa hubiera sido tratar de construir desde la verdad, Mi madre es una ramera (La Revolución) no la puedo cambiar, pero yo no puedo decir que fue una ramera piadosa y buena, y tratar de conciliarme con ella, o deja de ser ramera y se arrepiente, o no me concilio con ella.
    Como dice el autor, los nacionalistas son los línea media (en lo religioso también) y línea media en lo histórico, y si bien no han dejado de ser "hispanistas", han tratado de inventar una doctrina política nueva que sea hispana y católica. No lo han logrado y no han tenido éxito. Cuando mejor les fue, les apareció el populista de Perón que terminó siendo un seudo comunista.
    Hay que decir la verdad en el plano histórico, y si es dura y cruel hay que aceptarla. Lo que devino después de esas épocas nunca fue mejor que lo que hubo antes, salvo algunos personalísmos que no fueron más que meros chispasos de buenas intensiones.

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    1. Se podía ser un poco más cauto, no tan ramera... tuvo un tropiezo ... pero podía levantarse. El nacionalismo fué el intento de este levantarse. No hay que echarle en cara que no triunfó, eso es exitismo. Hizo el esfuerzo, y sólo Dios sabe su mérito. Hoy gran parte de él (del nacionalismo), propugna seguirla al cabarute y se terminó el intento restaurador.

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  3. http://debatime.com.ar/antonio-caponnetto-25-de-mayo/

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  4. En definitiva, para estas posturas, ¿cuál sería la "Patria" para un hispano-criollo? ¿Argentina,Chile,Paraguay, Uruguay,Perú,etc? ¿España? ¿El Reino de Castilla (si se tiene ascendencia castellana? ¿El Reino de Aragón (si se tiene ascendencia aragonesa o catalana)? ¿El Reino de Navarra (si se tiene ascendencia vasca)? ¿el fenecido "Imperio español"?

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    1. LE COMPARTO UNA ENTRADA DE MI BLOG, QUE CREO RESPONDE SU PREGUNTA:

      "La verdad, la intervención de DOBLE AGUILA me parece fantástica: aclara una de las pocas interrogantes con las que quedaba tras mi reconciliación. Porque: acaso no aprecio yo mis costumbres, mis tradiciones? Acaso no aprecio yo el asado, la torta frita, el folklore? Pues bien, eso es el patriotismo, y hasta "los españoles antiguos estaban muy orgullosos de sus viejos reinos de procedencia como Castilla, Aragón, Navarra, etc; sin ser por ello menos españoles al reconocerse como hermanos de sangre, con una cultura común, una fe común, y un rey para todos". Así, yo, como nativo de la Banda Oriental, estoy orgulloso de mi "Reyno", a pesar de que nunca dejo de reconocerme hermano de sangre, de fe, de Rey, con el resto los los Reynos que conforman la Hispania. De esa forma, pueden perfectamente armonizarse ambas cuestiones; y esa podría ser mi respuesta a juan vergara: yo no dejo de querer a mi patria, de ninguna manera: pero no la venero de manera egoísta ni exclusiva, ni me sumo a la pantomima del republicanismo (porque queramos o no, lo que se instituyeron fueron Repúblicas, y ahí es indudable la influencia liberal y masónica): estoy orgulloso de ella, pero sin dejar de considerar lo principal: el legado hispano-católico."

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    2. Yo sostengo que la Patria, es la mínima población (pueblo o ciudad) en la que uno creció y se formó; cuyo bien, que debemos procurar, en nuestro caso, depende del bien del Estado al cual esta subordinada. En el caso de los griegos, Ciudad y Estado eran la misma cosa.

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  5. No puedo negar la fundamentación de ambos post sobre mayo, las citas son elocuentes y conozco a alguno de los historiadores citados y doy fe de su buena voluntad.

    Una pregunta que debemos hacernos es ¿qué festejamos cuando hablamos de Revolución de Mayo? Respondiendo a esta pregunta podremos recién ahí juzgar este hecho.

    Hay que hacer justicia: Díaz Araujo nunca reivindicó el camino que tomó la Revolución, de hecho él habla de un golpe interno de Moreno a la Junta (personaje que en el Cabildo del 22 de Mayo Vicente López lo pinta temblando en un rincón por miedo a los “godos”) y, a mi entender, deja ver la pusilanimidad de Saavedra en el manejo de los asuntos de gobierno. No creo que la actitud de Saavedra fuera la de la instalación de un nuevo orden liberal masónico pues sino no se hubiese pedido su cabeza en diciembre de 1810.

    Por eso es muy difícil juzgar la Revolución; primero hay que definir qué fue: o fueron los hechos que se suscitaron desde el 13 de mayo de 1810 en adelante o fue el proceso que comenzó con las invasiones inglesas. Si consideramos que fue lo primero, no podemos negar la necesidad de dejar de depender del Consejo de Regencia, sospechado de infiltración británica, posición de Saavedra en el Cabildo del 22. Si consideramos que fue un golpe maestro de los grupos liberales masónicos germinados durante las invasiones inglesas no hay dudas que debemos rechazarlo. ¿Y si fueron las dos cosas? ¿Y si se encontraron los diversos grupos políticos porteños y frente a un mismo hecho se unieron con un mismo objetivo y luego de lograrlo estalló el conflicto entre ellos? Hay ejemplos en nuestra historia de ello. Va, ahora no se si decir “nuestra” historia por miedo a que alguien se ofenda. Igual no creo que la Argentina sea “ilegítima” como dice el autor, sería un duro golpe para los que dieron la vida para defender el territorio nacional, especialmente aquellos héroes que fueron a Malvinas.

    El que decide la Revolución es Saavedra, eso no hay dudas, es quien tenía el poder de la fuerza. Y no lo hace antes porque, según él, no había un por qué. El por qué de la movilización de las tropas es no depender de cinco tipos puestos por los británicos en un gobierno en una isla.

    Ahora bien, ¿Saavedra quería terminar con el orden tradicional hispánico? Nada demuestra que sí (aunque tampoco nada demuestra que no). Tampoco esta probado que la conspiración liberal masónica (que existía, negarla sería necio y estúpido) tuviera como cabeza a Saavedra, ni que este jefe militar supiera de las intenciones jacobinas de los mismos. Pero Saavedra también es la llamada Revolución de Mayo.

    ¿Podemos reducir la Revolución a las intenciones de Saavedra? Por eso pregunto que festejamos cuando hablamos de Revolución de Mayo. ¿Festejamos que Saavedra no quería depender de cinco tipos puestos por los ingleses en el Consejo de Regencia o festejamos el jacobinismo morenista causa de la pusilanimidad saavedrista? Ambos son mayo.

    Por eso no creo que haya que festejar Mayo aunque tampoco denostarlo como un hecho calculado pues no fue así. Tener una actitud tan negativa frente a mayo también es hacer política, pero para el otro lado. Mayo fue lo que fue y hoy es otro cantar y en eso estoy con ud. Cocodrilo: “Pero ¿ahora? sin España y sin Catolicismo a dónde volver, ¿qué sentido tiene?”

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  6. Ahora lean a Hotz, en el artículo de arriba y sigamos allí, que después viene la ora versión.

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  7. Santiago y cierra España25 de mayo de 2016, 18:14

    Probablemente como alguien, sospecho el autor de éstos dos post, dijo que la Patria es España, pues ella nos legó el idioma, la Religión, el idioma y las tradiciones. Todo lo bueno, católico e hispánico que tenemos, lo tenemos gracias al "Fenecido Imperio Católico Español". Nada de lo grandioso que somos o tenemos aún hoy, fue forjado luego de 1810.
    Nuestra Patria debería ser la gran y verdadera España que existió y probablemente murió con la última derrota Carlista, y con el resabio Carlista que luchó en la Guerra Civil Española. Luego de esa guerra, España se inició su proceso de desfiguración final, ya hoy completamente irreconocible, sentenciada a morir definitivamente como aquello que alguna vez fue.
    Ahora bien, es justo reconocer que los nacionalistas con recta intención han tratado de construir y de mantener y restaurar todo lo posible de católico e hispánico (a excepción del orden político). Pero hay que reconocer que han hecho grandes sacrificios y esfuerzos por lograr redimir este país, han luchado para que no muera ni lo Católico, ni lo Hispano. Como tampoco lo logró la misma España Peninsular ni el Carlismo, ni el Falangismo, todos han sido derrotados por el Liberalismo y el relativismo y la herejía del modernismo (Eso sumado al complot judeomasónico).
    Claro que no podemos volver a reconstruir el Sacro Imperio Español, menos aún el más grande Sacro Imperio Romano. Pero entonces la solución no es volver a ningún lado. ¿A alguien se le ocurre que es posible restaurar algo en esta Argentina? ¿A alguien se le ocurre que es posible dar al orden político de Argentina un sentido Católico? Algunos Nacionalistas con muy buenas intenciones y con mucho optimismo responderán que sí, otros que se resisten a rendirse, dirán que hay que hacer lo que se pueda, que hay que morir peleado, o que hay que buscar el mal menor. Yo creo que todo eso se trató de hacer durante 200 años, y en momentos en que el Pueblo Argentino tenía mucha mejor educación y valores que los que hay hoy. Piénsese en el Congreso Eucarístico de 1934. ¿Alguien puede imaginar un escenario mejor para instaurar un orden político Católico Hispánico? Sin embargo no se logró.
    La solución probablemente es, no mentir en el plano histórico, no ser pastelero en el plano político (200 años de improvisación y buena voluntad muestran que contra éste orden establecido no se puede luchar), no doblegarse en el plano religioso y tratar de crecer bajo el amparo de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y de algunos otros nichos que mantienen viva la Tradición.

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