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lunes, 23 de mayo de 2016

Semana de Mayo

Aportaremos esta semana una serie de artículos sobre el Mayo de 1810, que como en la vieja revista Billiken, están pensados para recortar y llevar a las aulas, cosa que las maestras se agarren los pelos y sus hijos aprendan a darse palos desde chiquitos. Comenzamos con este de Carlos Ferri que nos pareció muy apropiado para que los padres de niños católicos, los pongan al tanto de las buenas intenciones que animaban a los "padres de la patria". 

Por Carlos Ferri


 La hostilidad de los gobiernos revolucionarios a la Iglesia Católica entre 1810 y 1822

Crónica de la guerra de secesión en el Virreynato del Río de la Plata



"Es de todo punto injusto querer leer la historia a posteriori 

querer justificar decisiones que carecieron de suficiente 

fundamento o incluso estuvieron motivadas por errores[1]"



A partir de la Revolución de Mayo de 1810, la Iglesia Católica Apostólica Romana de los Reynos de las Indias  que, se enmarcaba en el Derecho de Patronato, fue sufriendo una hostil persecución. Los nuevos gobiernos, se arrogaron ese derecho exclusivo, colocando así a los nuevos estados por sobre la Iglesia, y tratando de utilizar a ésta como un medio de adoctrinamiento, propaganda y dominio de los pueblos.


Uno de los más importantes orígenes de la problemática entre los gobiernos ilegítimos posrevolucionarios y la Iglesia Católica, fue la incorrecta e ilegítima arrogación del derecho de Patronato, el cual fue exclusivamente otorgado a la Monarquía Española[2]. Vale aclarar que algunos Reynos Européos gozaron de derechos similares pero no iguales. Además, el Derecho de Patronato y las posteriores ampliaciones de facultades, eran exclusivas al Reyno Español y de los Reyes legítimos en ejercicio, con la finalidad de evangelizar las Indias y elevar a sus habitantes, a través de la evangelización,  a la dignidad de seres hechos a imagen y semejanza de Dios Nuestro Señor, y por medio de la <<gracia sacramental>> ser libres del pecado original.

Como consecuencia del sometimiento a la Iglesia por parte nuevas autoridades ilegítimas[3], que en muchos casos eran anticatólicos, se dejo a las Diócesis del Virreynato del Río de la Plata sin Obispos, con sus sedes vacantes y dicha situación tardó veinte años en regularizarse, con todas las gravedades y faltas de sacramentos episcopales que ello conlleva.

Esta situación de acefalia tanto política como eclesiástica, dejaba a la grey sin guarda, protección y guía, sobre todo en cuestiones trascendentes y de principios como los que se debatían en aquellos años.

Tales circunstancias gravísimas y funestas para el orden social cristiano y para la guía del vasallaje y los distintos estamentos no tenía antecedentes de esa magnitud en los Reynos de las Indias ni e otros territorios de España, ni tampoco en ninguno de los gobiernos de los Reyes Católicos. Los responsables de tal anomalía, fueron los sucesivos gobiernos ilegítimos que se instalaron tiránicamente en el poder del Virreynato del Río de la Plata, a partir de mayo de 1810, y en el resto de los territorios de las Indias.

La Iglesia Católica Apostólica Romana, se expidió desde su máxima autoridad el Papa[4], en dos[5] oportunidades sobre las revoluciones y las guerras de secesiones mal llamadas de <<independencia>>, condenando enérgicamente la sedición y la ruptura política con España, y al mismo tiempo exhortando a la sociedad a someterse prudentemente a su legítimo gobernante. No tanto por el interés de la preservación de un orden político establecido, sino más bien, porque los principios que sustentaron aquellos funestos hechos, fueron contrarios a los principios, doctrina y magisterio católico. Pero lo más preocupante para Los Papas, eran las consecuencias prácticas que estos vertiginosos cambios traían en el orden social cristiano y en la disposición de las cosas para que cada hombre alcance su finalidad última de la "Vida Eterna".  

Lo primero que hay que traer a colación son las Bulas del Papa Alejandro VI,  las cuales, éste les donó a los Reyes Católicos de España y a sus herederos "todas las Islas o tierras firmes, inventadas o por inventar situadas al Occidente y al Mediodía, por la autoridad del Todo Poderoso que nos fue concedida a Nos en el Bienaventurado Pedro y Vicario de Jesucristo, por la cual funcionamos en las tierras, -con todos los dominios y ciudades en ellas,- a Vos y a vuestros herederos y sucesores de Castilla y de León, con la plena potestad, autoridad, y jurisdicción consentimos y delegamos, bajo pena de excomunión amplia, si contradijeren, y prohibimos que (otros) presuman llegar a Islas y tierras firmes inventadas o por inventar"[6].  Estas Bulas, dejan claro que quienes contrarían la autoridad que le fue concedida de la Iglesia a la Corona Española y a sus legítimos herederos, caen pena de excomunión amplia.

Juan Bosco Amores Carredano dice sobre la posición de los Obispos en los Reynos de las Indias con respecto a las revoluciones que "La actuación de los Obispos, incluso los nacidos en América, fue abrumadoramente favorable a la causa realista". En un sentido similar es bueno recordar aquellas palabras de José Ingenieros que, como dice Abelardo Levaggi[7]:  reconoció lo "absurdo" que sería culpar a los curas por su resistencia, cuándo el ejército "se excedía en impiedad, ofendiendo al clero en sus personas y en sus intereses".  

Son muchas y sobradas las pruebas que atestiguan, la oposición de la Iglesia Católica Apostólica Romana a la Revolución, a las Guerras de Secesión y a la llamada "independencia Americana". Una de las primeras y más concretas pruebas es que para 1812, ninguna de las tres diócesis[8] del recientemente traicionado Virreynato del Río de la Plata, tenía Obispo y sus sedes estaban vacantes.

Persecución a los Obispos del Río de la Plata
A continuación se expondrá en forma muy breve y resumida algúnos de los aspectos más salientes de las tristes y funestas circunstancias que llevaron a la situación de "Sede Vacante" en las tres diócesis del Río de la Plata, situación que se prolongó por el lapso de veinte años, momento en que la Santa Sede tomó cartas directas en el asunto en bien del clero y de la feligresía, salvando a estas tierras de un inminente cisma.

Obispo de Santa María de los Buenos Aires

El Obispo Benito de Lué y Riega, sufrió una grandísima persecución por parte de las autoridades de los cabildos y por parte de los irreverentes sacerdotes del Cabildo Eclesiástico[9], que dificultaban constantemente a las directrices y actividades o normas disciplinares y pastorales que, éste disponía en pos del bien común. No hay que dejar de recordar aquello que dice Bernardo Lozier Almazán (2013), de que "También  debemos tener presente, que las doctrinas enciclopedistas ya habían invadido las mentes de la clerecía rioplatense".

El obispo que fue tratado con indiferencia y sometido por las autoridades ilegítimas revolucionarias, a injustas privaciones y castigos, incluso fue difamado en algunos periódicos de la época como la Gaceta de Buenos Aires  y El Censor[10], el primero, por entonces órgano de difusión oficial de la 1ra Junta de Gobierno, fundado por el liberal jansenista ilustrado de Mariano Moreno. Le fue suspendido su ejercicio de obispo y la posibilidad de oficiar Santa Misa en forma pública, como también realizar visitas pastorales.

Finalmente, luego de casi dos años de persecución y hostigamiento público y privado, fue asesinado la noche de su onomástico, el 21 de Marzo, donde algunas autoridades civiles y eclesiásticas, se habían acercado a su casa a ofrecerle un brindis. Varios testimonios, afirmaron haberlo visto en la mañana siguiente, hinchado y de color cárdeno en su lecho, siendo que hasta la noche anterior, se observaba al Prelado con su normal vitalidad y libre de signos de enfermedad. Con respecto a su homicidio concluye Bernardo Lozier Almazán (2013) que "las semipruebas existentes, en su conjunto, configuran evidencias suficientes para sostener que su triste fin se debió al veneno suministrado por, hasta la actualidad, manos anónimas[11]", quedando claro que la suya no fue una muerte natural[12].  Así mismo, se puede recordar también que el prestigioso historiador Enrique de Gandía afirma que "el gobierno, al no poder ejecutarlo, porque abría traído, quién sabe cuántos contratiempos, se resolvió envenenarlo, silenciosamente, y se le envenenó"[13].  

Obispo de Córdoba del Tucumán    

El Obispo Rodrigo Antonio de Orellana, fue encarcelado y enjuiciado por su participación en la Contrarrevolución gestada en Córdoba por el Ilustre Virrey don Santiago de Liniers y por el Gobernador de dicha provincia don Gutiérrez de la Concha. A pesar que fue indultado de los asesinatos y ejecuciones en la posta de Cabeza de Tigre, fue obligado a presenciar este hecho atroz, despiadado y salvaje en contra de las legitimas autoridades civiles de su Diócesis y luego mantenido por largos meses en cautiverio y sometido a juicio.  Más tarde fue desterrado a la ciudad de Luján, hasta que por fin, fue temporalmente restituido a su Diócesis.

En 1815, luego de asumir como Director Supremo Carlos María Alvear, y a pesar de haber demostrado reconocimiento al nuevo gobierno, pidiendo la "Ciudadanía de las Provincias Unidas"[14], fue llamado a Buenos Aires, para comparecer ante él, y le fue dispuesto un nuevo destierro esta vez a Santa Fe, dejando por segunda vez desde la revolución, vacante la sede cordobesa. Atemorizado por los escarmientos de su antiguo presidio, luego de un nuevo llamado desde Buenos Aires, el Obispo decidió escapar a pié desde Santa Fé, pasando por misiones hasta llegar a Río de Janeiro desde donde informó al Gobierno de España y a la Santa Sede de las atroces consecuencias de los gobiernos revolucionarios[15], afirmando que lo que sucedía en las Indias, era una consecuencia y una continuación de la Revolución Francesa. Su informe a la Santa Sede, fue el primer informe oficial que recibió el Papa sobre la situación eclesiástica luego de las revoluciones e independencias en Los Reynos de las Indias.

Obispo de Salta del Tucumán

El Obispo Nicolás Videla del Pino fue destituido por el Manuel Belgrano, quién se arrogó una autoridad que no le era competente, ni siquiera aún si hubiese sido un general legítimo, pues la potestad para dejar una sede vacante era sólo del Rey. Como expuso magistralmente el sobrino del prelado en su defensa, podría caberle el derecho de Patronato al poder central de Buenos Aires, pero no al poder militar, que era, el que representaba Belgrano (Abelardo Levaggi, 2006).  

A pesar de haber mostrado no sólo un firme reconocimiento a las nuevas autoridades civiles del Cabildo, sino además, como él mismo declaró en su juicio "que igualmente ha contribuido generosamente por dos ocasiones para los gastos del Estado. Que por sus curas ha practicado lo mismo, a quienes, clero, y religiosos mandó con prontitud, cuando recibió el despacho del Superior Gobierno[16], explicasen la justicia de la causa en los pulpitos, y pidiesen por ella en misa; y sobre todo cree su mayor servicio haber atraído al sistema al Marqués de Yavi, cuyos auxilios facilitaron la famosa victoria de Suipacha" (Abelardo Lavaggi, 2006).

Belgrano, luego de tomarse la atribución violar la correspondencia personal de tan alta dignidad eclesiástica, y de haber recibido información sobre presuntas cartas al General Goyeneche del Real Ejército del Perú, dando beneficio a la duda, lo acusó de ser reo de alta traición a la "Patria" y lo conminó a abandonar su diócesis y a comparecer ante el ilegitimo gobierno de Buenos Aires,  para que éste lo juzgue.  El Obispo conociendo los procedimientos y predicas que ya habían utilizado Castelli y Balcarce en el norte, y la suerte que había corrido Monseñor Orellana, se escondió en la casa de un feligrés que lo mantuvo escondido en su entretecho durante 3 meses aproximadamente.  Luego fue desterrado, encarcelado, enjuiciado y jamás devuelto a su Diócesis, falleciendo en 1819 en el más triste deterioro personal, como consecuencia de tales padecimientos.   

En relación al juicio al que fue sometido el prelado, Abelardo Levaggi (2006) afirma que el mismo, ni siquiera cumplió con las normas legales dictadas y pregonadas por los gobiernos revolucionarios anunciadas desde 1810.

Como bien lo explica Levaggi (2006) en su ponencia "El Proceso a Monseñor Nicolás Videla del Pino", el juicio no sólo fue extraordinario y anormal, sino que además, en su investigación concluye:

1)      Las dudosas sospechas de traición a la causa americana, que desde 1812 recayeron en Mons. Videla del Pino, provocaron su desgracia por el resto de sus días.

2)      La primera desgracia fue su precipitado destierro de Salta, para presentarse en calidad de reo ante el gobierno de Buenos Aires, sin gozar de los beneficios del decreto de seguridad individual.

3)      Constituida en juez suyo la Asamblea General Constituyente, quedó privado de la garantía de ser juzgado por un tribunal independiente. La Cámara de Apelaciones sólo actuó como comisionada de aquélla.

4)      Sometido en el primer medio año de su detención a una prisión rigurosa, pese a sus setenta y dos años, es decir tratado como reo de delito atroz, le fue extendida de a poco la carcelería, mas sin haber logrado nunca la plena libertad.

5)      El proceso que se le siguió fue sumario y nunca salió de ese estado. Las únicas pruebas admitidas fueron las aportadas por la acusación. El prelado no tuvo oportunidad de ofrecer y producir contrapruebas.

6)      Dichas pruebas, como lo puso en evidencia el propio fiscal, fueron insuficientes para demostrar su culpabilidad, y debieron ser forzadas para mantener la sospecha.

7)      Pese al reconocimiento de la debilidad probatoria, de que el juicio estaba "imperfecto e insustanciado", el fiscal se basó en la supuesta sospecha para pedir que se le aplicase una pena extraordinaria.

8)      La causa se suspendió de hecho con traslado de la acusación y nunca más fue impulsada, no obstante lo cual el obispo fue tratado como reo, privado de la libertad de movimiento, impedido de regresar a su sede.

9)      El juicio adoptó, pues, las formas más estrictas del procedimiento inquisitivo de una monarquía absoluta, desconociendo los derechos y garantías liberales proclamados desde 1810.

No hacen falta muchas palabras para ilustrar las notas bárbaras que tuvo el juicio y los tormentos a los que fue sometido el Obispo de Salta del Tucumán. Padeciendo como consecuencia, una desgracia en vida terrible, sin tener piedad siquiera, de su avanzada edad y que, por último lo encontró en tan triste situación, la muerte misma. Estos hechos muestran el avasallamiento total y absoluto sobre los fueros eclesiásticos y sobre las normas del derecho vigentes y pregonadas por los gobiernos posrevolucionarios. Lo cual demuestra una hostilidad gravísima hacia la Iglesia Católica y hacia sus miembros.



Coerción de los gobiernos revolucionarios sobre el clero tradicional durante las guerras de secesiones y, el cambio de principios filosóficos y teológicos del clero en los Reynos de las Indias

Los gobiernos revolucionarios insurgentes, no sólo necesitaban legitimar sus nuevos estados, sino que a su vez era preciso tratar de demostrar a la sociedad que los nuevos principios filosóficos-políticos en que se sustentaban, no se contraponían a los mandatos y doctrina de la Religión.

Fue así que, apoyando a los pregoneros de las ideologías políticas liberales dieciochescas, apareció una parte del clero, la cual se movía entre las ideas jansenistas, católicas liberales y mayormente en lo que se llamo el Catolicismo Ilustrado[17]. Esta porción del clero, que vio con ojos amigables las nuevas ideas políticas, comenzó a realizar toda clase de malabares filosóficos y teológicos, para intentar compatibilizar las nuevas doctrinas liberales políticas con la filosofía y teología tradicional de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Bien se podría traer a colación unas palabras del Padre Álvaro Calderón, dónde explica lo que sucede cuando se trata de conciliar doctrinas humanistas y/o modernistas con la tradicional de la Iglesia Católica:

 "Como hemos dicho, ante los excesos del humanismo que se vuelve inevitablemente contra la Iglesia, hubo siempre una reacción conservadora de <<línea media>> que trató de salvarlo del naufragio, reconciliándolo lo más posible con la doctrina católica. En el siglo XIV podemos ver representada la posición excesiva en el Defensor pacis de Marsilio de Padua y la posición atenuada del humanismo que quiere permanecer católico en la Monarchia de Dante Alighieri...Tanto Marsilio como Dante se han hartado de la intervención eclesiástica en los asuntos políticos, no siempre bien llevada. Aquel, entonces, declara la subordinación de la Iglesia al estado en el orden temporal. Mientras que Dante, como buen católico, reconoce la superioridad del orden eclesiástico sobre el político, pero como mejor humanista, los separa y le otorga cierta autonomía al segundo. El resultado, a la larga, será el mismo ¿o peor?. Porque los Papas tienen real poder sobre los estados en la medida que se mantiene viva la fe en Jesucristo Sacerdote y Rey, y los príncipes políticos se ven obligados a respetarlos. Pero si esta fe se apaga, el poder político no dejará de subyugar a la Iglesia. Y quizás la posición media sirvió más para apagar la fe que la posición extrema, porque ésta le duele al católico, pero aquella lo anestesia. Una fuerte llama se apaga mejor impidiendo la renovación del aire que soplando sobre ella[18].

Estableciendo una simple analogía entre el análisis que realiza el citado sacerdote y los sucedido con el clero que apoyó las revoluciones e independencias en los Reynos de las Indias, se podría decir que éste último, hizo las veces de una <<línea media>> y que, trataron de conciliar la revolución y los nuevos estados ilegítimos con la Religión Católica, obteniendo como resultado un estado anestésico de los católicos e impidiendo que se renueve el aire y así su llama se apagara.  En tanto el poder político fue subyugando a la Iglesia Católica, y así desde 1810, el nuevo estado de origen ilegítimo que más tarde se llamará República Argentina, comenzó una lenta peregrinación hacia la apostasía, la cual, en nuestros días es, prácticamente un hecho.

El clero revolucionario confundía al pueblo sobre los principios filosóficos y se alejaba de la doctrina tradicional de la Iglesia. Pues tergiversando así la doctrina, se aseguraba sembrar un mensaje en pos de la revolución desde el púlpito. En ese sentido Valentina Ayrolo citando a José Antonio Portero dice:

Como sabemos, el púlpito era un lugar privilegiado en el que el sacerdote, como intermediario e interlocutor entre Dios y los hombres, se constituía, en palabras de José Antonio Portero, en "un magnifico canal de ideologización". El Cabildo catedral de Córdoba reconocía esta función del sacerdote "principalmente en la campaña, [donde] los feligreses por su ignorancia y amilanamiento no conocen otro norte para sus ocupaciones que la voz de su Párroco, aun en los asuntos meramente políticos". Y entendía que la prédica era un elemento importante a la hora de lograr adhesiones. Durante los primeros años de la revolución, fueron muchos los sacerdotes cuestionados y separados de sus cargos de forma momentánea y en algunos casos de forma "definitiva"[19].

En las palabras de Portero citadas por Ayrolo, el autor concluye que el clero poseía un lugar de privilegio en el periodo colonial ya sea el temprano o el tardo, dónde su injerencia abarcaba desde lo espiritual en un plano formal, hasta lo judicial pasando por la educación y la política. Ese rol protagónico y articulador, se fue perdiendo lentamente una vez erigida la revolución, y su condición fue mutando de un protagonismo destacado a un rol secundario y auxiliar, separando irreconciliablemente los asuntos temporales de los espirituales[20].   

Natalio Botana en el prólogo de Nancy Calvo y otros (2002)[21], refiriéndose a los curas que participaron de un modo activo durante la Revolución de Mayo y los sucesivos gobiernos, afirma que:

"Calificar pues la visión de estos clérigos como tributaria de un catolicismo liberal o como una de las tantas versiones de la ilustración católica es indispensable para hacer inteligible las marchas y contramarchas de esos actores, mitad miembros de la iglesia y mitad ciudadanos constituyentes del nuevo orden. Más atinada suele ser tal vez la noción ilustración católica que la de catolicismo liberal"

El análisis de Portero, Ayrolo, Botana y de Ignacio Martínez en nota al pié, es claro y preciso, y muestra como el clero que participó activamente como constituyente de ese nuevo orden, debió resignar gran parte de su tiempo y actividades de su deber de estado sacramental, cuando no todo, para avocarse a esa otra nueva mitad y nuevo deber de estado que por motu propio asumían, la nueva mitad de ser "ciudadanos", la cual sin lugar a dudas, iba en detrimento de su misión divina.

En la misma línea de interprtación, Roberto Di Stéfano en Nancy Calvo y otros (2002)[22], al analizar las motivaciones y principios filosóficos y teológicos de los sacerdotes que apoyaron la revolución lo define de la siguiente manera:

"Figuras influidas por la protesta jansenista, por la prédica galicana o por la "Ilustración" de matriz dieciochesca habrán de apoyar la ruptura con España porque la consideraban capaz de abrir en el plano local una suerte de "laboratorio", de fase experimental para la implementación de sus ideas. Es el caso de algunos sacerdotes biografiados, a los que el historiador Américo Tonda consideraba <<réplica argentina de los clérigos constitucionalistas de las Cortes de Cádiz>>: Funes, Zabaleta, Gómez, Gorriti, los Agüero...Para ellos - y para tantos otros - la rebelión política fue también rebelión religiosa"

La conclusión expuesta por Di Stefano, muestra claramente que para poder conciliar el nuevo orden político y las nuevas ideas con la Santa Religión, el clero debía pregonar y sustentarse en ideas del catolicismo ilustrado, del jansenismo y del galicanismo, y no en la doctrina Tradicional Católica.

Uno de los casos más patentes, es el Deán Funes, quién hasta las vísperas de 1810, alzaba los estandartes de la Fidelidad a la Religión y al Rey, y al día siguiente traicionando sus principios y lealtades y aún peor, a sus superiores y a las autoridades legítimamente constituidas, pasó de ser un férreo defensor de los principios tradicionales católicos, a justificar su conducta pos Revolución de Mayo en sus <<apuntalamientos>>, con el ideario del iluminismo[23], fundamentando el nuevo orden político con la doctrina roussoneana. Este caso emblemático muestra claramente la incompatibilidad de la doctrina tradicional de la Iglesia con los fundamentos y constitución de los nuevos estados ilegítimos. A tal punto llega el alejamiento de Funes de la Iglesia y su Santa doctrina que, Juan C. Varetto dice sobre él "Era un hombre de tendencias algo liberales que le permitían vivir en buenas relaciones con los protestantes de buenos Aires, y llegó hasta recomendar, por medio de una carta, la propaganda que hacía, años más tarde,  don Lucas Matthews, agente de la Sociedad Bíblica, en estos países"[24].

En relación a la búsqueda por legitimar los nuevos estados, Bosco Amores Carredano en su trabajo de la Universidad del País Vasco titulado "En defensa del Rey, de la Patria y de la Verdadera Religión: El Clero en el proceso de independencia Hispanoamericana", observa la necesidad de los cabecillas insurgentes por buscar legitimar sus nuevos gobiernos, y sobre todo el apoyo que buscan en la Iglesia Católica ya que como institución que mediaba con el pueblo, constituía un apoyo vital para sus empresas que eran en realidad contrarias a los principios tradicionales católicos. Carredano lo expone así:

"En todo caso, los bando en pugna buscaran afanosamente el apoyo del clero para fundamentar sus encontradas posiciones, sobre todo en la primera fase del proceso entre 1810 y 1815, una fase de ensayos autonomistas o republicanos y de guerra civil. Pero también entre 1816 y 1821, cuando el conflicto se convierte - al menos en Sudamérica - en guerra de Independencia, los nuevos líderes republicanos, incluso desde posiciones personales poco afectas a la religión, como fue el caso de Bolívar, buscarán con ahínco ese apoyo. Y es que ellos lo necesitaban con más urgencia para legitimar una oposición que significaba la ruptura de un orden, el de la Monarquía Hispánica, sustentado en tres siglos de historia y con unos fundamentos teológicos-religiosos muy arraigados cuya expresión fáctica era la alianza del trono y el altar. Para que las nuevas repúblicas obtuvieran cuanto antes un prestigio análogo al alcanzado por la monarquía católica, debían contar ineludiblemente con la bendición de la Iglesia...La república se legitimó a través de sermones, y, como es bien conocido, el propio Bolívar entendió al final de su vida el papel esencial de la Iglesia para mantener un mínimo de cohesión interna en las nuevas repúblicas. Los ejemplos se podrían multiplicar por todo el continente". (El subrayado y negrita son del autor del presente trabajo).

En su análisis, Carredano, expone no sólo la necesidad de una institución superior a los estados que legitime su constitución u origen, sino además la necesidad imperiosa de conciliar las novedades políticas de fundamento dieciochesco con la doctrina tradicional católica.

A continuación se expondrán citas y casos que demuestran la coerción de los gobiernos ilegítimos revolucionarios sobre la Iglesia Católica, y la forma en que sistemáticamente pusieron al estado sobre la Iglesia y utilizaron a ésta como un medio propagandístico y de adoctrinamiento de ideas ilustradas, liberales y dieciochescas.

Gran parte de dicha coerción se ejercía a través de la prensa pública escrita, la cual era un instrumento más de adoctrinamiento y de difusión de temor sobre los disidentes del nuevo régimen.

En relación a la contrarrevolución de Córdoba en Mayo de 1810, y para mostrar la contrariedad de principios y doctrinas entre los novicios gobiernos y la Iglesia, Juan C. Varetto dice "La reacción de Córdoba no fue sino el fruto natural del espíritu católico tan contrario a la libertad de los pueblos y al desarrollo de toda idea de progreso. La idea de la emancipación no procedía de Roma sino que como lo sostiene Mitre al hablar de filiación de la revolución americana, se inspiraba en la independencia de los Estados Unidos proclamada en el año 1776, y en la revolución francesa, del año 1789"[25].    

Si bien es cierto, como dice Varetto, que la idea de independencia no procede de Roma sino de la filiación con Estados Unidos y con la Revolución Francesa; se equivoca cuando afirma que "el espíritu católico es y/o era contrario a la <<libertad>> de los pueblos y al desarrollo de toda idea de progreso". Claramente es una opinión del autor contraria a la realidad.

El 11 de Octubre de 1810, La Gaceta publicó un manifiesto sobre la contrarrevolución de Córdoba, donde se observa no sólo presión sobre el clero que emitiera opiniones contrarias a la represión tomada por el gobierno de Buenos Aires, sino que también se puede apreciar una seria amenaza, prácticamente de muerte, a quién no adhiera al nuevo orden establecido. La circular decía lo siguiente:

"Para desacreditar a la Junta se la llenó de imprecaciones y se le imputó el ignomioso carácter de insurgente y revolucionaria, se hizo un crimen de estado declararse por su causa, se interesó contra ella a la Religión misma, queriendo forzar a sus ministros a que profanasen los púlpitos y confesionarios". "Prelados eclesiasticos: haced vuestro ministerio de pacificación, y no os mezcléis en las turbulencias y sediciones de los malvados; todo el respeto del santuario ha sido preciso para substraer al de Córdoba del rigor del suplicio, de que su execrable crimen le hizo acreedor; pero nuestras religiosas consideraciones no darán un segundo ejemplo de piedad, si algún otro abusa de su magisterio con insolencia"[26].

En la publicación del gobierno, se manifiesta claramente la presión pública que éste realizaba sobre la Iglesia y peor aún, la explícita amenaza de que, el terror no se detendría ni ante los fueros eclesiásticos, ni ante el respeto humano, si su conducta era tenida -según el gobierno- contraria al nuevo orden. No hay lugar a dudas que esta coerción que se ejercía sobre la Iglesia, atemorizó a muchos clérigos y los obligó a callar y aceptar una ruptura de los principios y doctrina tradicional más por temor que por motu propio. 

Por otro lado, ese tipo de manifestaciones mediante la prensa pública y subyugando las potestades eclesiásticas, dejan entrever que probablemente la mayoría de los sacerdotes no adherían a las ideas y principios de los gobiernos revolucionarios. 

El 21 de Noviembre de 1810, la junta  le envió un oficio al Obispo de Santa María de los Buenos Aires, por el cual solicitaba "se sirva expedir circulares a los curas de las diócesis, para que en los días festivos, después de la misa, convoquen la feligresía y les lean la Gaceta de Buenos Aires"[27].

El 26 de noviembre de 1810, el Gobierno de Buenos Aires envió al Obispo un oficio donde le comunicaba que había resuelto que la Abadesa de las Capuchinas "sea removida del cargo, por no ser digna -según ellos- de continuar en él[28]", por haber mantenido correspondencia, supuestamente con <<enemigos de la patria>> que bloqueaban al gobierno establecido. Por considerar peligrosa la correspondencia que los religiosos mantenían con otros religiosos o con personas de la sociedad de las ciudades de Colonia del Sacramento o Montevideo, se violaba la privacidad y se trataba de traidores o de indignos a quiénes se comunicaban con sus seres queridos[29].

Bernardo Lozier Almazán (2013), comenta que en febrero de 1812, el gobierno revolucionario ordenó que "en todos los sermones, panegíricos y doctrinales se toque forzosamente un punto relativo a la libertad de los pueblos con sujeción al actual sistema adoptado, y que en la Oración de la Misa se incluya esta súplica <<Pro pia sancta nostrae libertatis causa>>. A esta última petición el Obispo se negó según cuenta Lozier, basándose  "en la Bula expedida por el Papa Pío V, en 1570, que vedaba a sus obispos que, en el misal por él aprobado, <<nada añadieran, quitaran ni cambiasen>>"[30]. Claro es que el gobierno intentaba no sólo presionar al clero para que adhiriese a la causa de la revolución, sino además en utilizar la Iglesia cómo medio propagandístico de el nuevo ideario liberal.

Varetto (1922), comenta que en mayo de 1812, el gobierno revolucionario ordenó que los días festivos  se lea "desde el púlpito" la Gaceta de Buenos Aires y se predicase en favor de la revolución. Así mismo, Varetto afirma que para 1815 se tuvo que renovar la orden, porque el clero ya se la había olvidado, y concluye el mencionado autor que, si el clero hubiese sido verdaderamente afecto a la causa, estas órdenes no hubieran sido necesarias. Por otro lado, dicha situación puede entenderse no como la disconformidad de los sacerdotes en sí para con los gobernantes - ilegítimos por cierto - sino a la incompatibilidad de los principios en los que éstos fundaban su pretendida autoridad, los cuales eran contrarios a los de la Iglesia Católica.

Un caso poco conocido, pero no por ello menos importante, es en relación los asesinatos  cometidos a causa de la conspiración de Martín de Álzaga en 1812. Como consecuencia de una secreta conspiración que nunca tuvo su inicio siquiera, y el Triunvirato, no dudó, como dice Bernardo Lozier Almazán, en iniciar "un verdadero baño de sangre que - en pocos días -  llevaría a la horca instalada en la Plaza de la Victoria a treinta y ocho inculpados, entre los que no faltó fray José de las Ánimas, el gran amigo e incondicional de Álzaga".  (Las negritas son del autor del presente trabajo).

El Gobierno no se detenía ni siquiera ante la Iglesia ni el Orden Sagrado a la hora de impartir la idea de justicia que, éste tenía y que, seguramente era muy diferente de aquellas nobles Leyes de Indias, y claramente estaban inspiradas en la Revolución Francesa. De sólo oír sus fundamentos causa escozor reproducir la arenga que Monteagudo hizo en la Sociedad Patriótica, la cual finaliza con éstas palabras "Quiero por el bien de la humanidad - decía refiriéndose a los conjurados - que se inmolen a la patria algunas víctimas, que se derrame la sangre de los opresores...los aniquilaría con un puñal, aunque mi sangre se mezclase después con la de ellos[31]"(Losier Almazán, 1998).  

"Don Damián Hudson nos recuerda al cura don José de Castro que en San Juan tuvo que ser desterrado por ser adicto a la monarquía y negarse a escuchar las instancias ardorosas que le hizo al gobernador para que se plegase a la causa americana"[32].

"Entre las solemnidades con que se celebraba el aniversario de la revolución de 1810, figuraba el panegírico que de ella hacía un sacerdote de renombre de la Iglesia Catedral. A ese acto asistían las autoridades  En el año 1815 no se encontró un sólo individuo del clero secular ni regular que quisiese pronunciar ese panegírico. Todos se excusaron alegando que Fernando VII ocupaba el trono de la Metrópoli y que, en semejante circunstancia, era imprudente provocar su enojo con esa especie de propaganda subversiva de la autoridad. El Cabildo de Buenos Aires acudió al P. Castañeda: este triunfó con su <<patriotismo>>".

Es importante destacar cual fue la excusa por la que ningún sacerdote quiso pronunciar el panegírico, la cual muestra que ya no había causa para que el gobierno del Río de la Plata no se sometiera al Gobierno de su legítimo Rey, pues en 1810 se autoadjudicó la potestad de gobernar y juró lealtad al Rey Fernando VII, luego ¿por qué ahora que éste había recuperado su trono, no se volvía a los causes naturales?. Claramente esto deja al descubierto que la Revolución de Mayo fue, la máscara de Fernando VII.

La opresión del gobierno contra el clero fue terrible y lo prueba muy claramente Juan C. Varetto cuando dice, por ejemplo que en 1816 "cuando el gobierno solicitó la suspensión de los eclesiásticos americanos enemigos de la libertad o indiferentes, y en cumplimiento de lo solicitado la curia de Buenos Aires, después de consultar con veinte consejeros, procedió a retirar licencia para confesar, a 17 sacerdotes y amonestó a 5 por parecerle sospechosos e indiferentes al sagrado sistema de nuestra libertad civil"[33]. El abuso del derecho de Patronato, que ya era de hecho una usurpación de prerrogativas, queda maniefiesto en los ejemplos citados en el presente trabajo. En el mismo sentido Ullate Fabo (2009) afirma también que, "los regímenes constitucionales reclamaron para sí todas las prerrogativas abusivas que significaron la decadencia de la Corona. Desde el derecho de presentación de  obispos (con aspiración de nombrarlos directamente y proveer las vacantes de los oficios eclesiásticos) hasta el adoctrinamiento ideológico de los pueblos: en todo se excedieron las nuevas repúblicas"[34]. Dicha situación generaba irremediables problemas en la comunidad religiosa, desde confusión,  hasta el impedimento del acceso a los sacramentos, siendo esto último, lo más grave para las almas católicas.

Dice Juan C. Varetto sobre el presbítero Sanjuanino José Manuel de Astorga, "Un 25 de Mayo después de mucha resistencia subió al púlpito  a predicar pero al nombrar Fernando VII se quitó el birrete y pronunció el <<Dios te guarde>> de ordenanza. Al bajar del púlpito fue conducido a la cárcel y luego desterrado a Mendoza. Como en esa ciudad continuaba su hostilidad a la revolución se le mandó prender de nuevo y como se resistese a caminar por sus propios pies hubo que conducirlo en unas parihuelas"[35].

"Mitre refiere cómo San Martín, en Mendoza, mandó a dos frailes franciscanos que permaneciesen recluidos en los claustros de sus conventos prohibiéndoseles confesar y predicar porque eran "contrarios a la regeneración política" y cómo notificó a los curas "que tomaría providencias más serias" sino predicaban en favor de la revolución"[36].

"Ya hemos visto que el gobierno obligó al obispado a suspender de sus funciones a 17 sacerdotes del clero secular. Idénticas medidas fue necesario tomar con los frailes, a tal punto que en Marzo de 1816 sólo en el convento de la Recoleta se prohibió a 12 sacerdotes ejercer el ministerio de la confesión. El guardián de la casase dirigió al gobierno pidiendo que les fuese levantada esa pena en vista de la falta de confesores, pero el gobierno contestó negativamente, diciendo que se había tomado esa seria medida por temor de que <<abusando del confesionario, extraviasen las conciencias>>"[37].

"El Americano, del 30 de abril de 1819 reproduce una carta que el Obispo Orellana escribió desde Rio de Janeiro y que había sido publicada en la Gaceta de Lima, en la que se queja amargamente de las autoridades argentinas, acusándolas de perseguidoras de la Iglesia. En ella dice que el Obispo Benito Lué murió envenenado; que al arzobispo de Charcas se le arrojó de su arzobispado y que, conducido preso a Buenos Aires, murió en Salta en 1816".

Con las citas expuestas, y los análisis realizados a ellas, las conclusiones no pueden ser otras que advertir y tomar conciencia de, la resistencia del clero y de la Iglesia a la aceptación de las revoluciones y de las independencias americanas, y la despiadada persecución sufrida por quienes se mantuvieron leales a los principios y doctrinas tradicionales católicas, y a Dios, a la Patria, a los Fueros y al Rey.


[1] José Antonio Ullate Fabo. Españoles que no pudieron serlo. Libros Libres. Madrid. P 148.
[2] El 28 de julio de 1508, Julio II (1504-1508) concedió, a través de la bula Universalis Ecclesiae regiminis, el Patronato Universal a Fernando el Católico y a sus sucesores, con lo que logró la “[...] concesión perpetua del patronato para la erección y provisión perpetuas [sic] de todos los beneficios eclesiásticos; orden de que los obispos y beneficiados no percibirían más que aquella parte de los diezmos que constaran en la donación de ellos que los reyes les hicieren; poder de que el rey pudiera precisar los límites de las diócesis”. Eso tendría vigencia en la isla Española, otras islas, tierra firme existente o futura y no se admitirían componendas. De J. León Lopetegui, S.I. profesor de Historia Eclesiástica en la Fac. Teológica de Oña y Félix Zubillaga, S.I. profesor de Historia Eclesiástica Hispanoamericana en la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma), Historia de la Iglesia en la América Española desde el Descubrimiento hasta comienzos del siglo XIX, Madrid, BAC, MCMLXV p. 29. Citado en Cecilia del Socorro Landa Fonseca."LAS COFRADÍAS EN QUERÉTARO DE LA SECULARIZACIÓN PARROQUIAL A LA SECULARIZACIÓN DE BIENES (1750-1870)". México, 2008. p. 16.
[3] Ricardo Zorraquín Becú. Historia del Derecho Argentino. Tomo I. Primera Edición. Ed Perrot. Buenos Aires 1996. P 161. "Los cabildos Abiertos y provinciales, esporádicamente se realizaban, en las ciudades, otras reuniones más numerosas para deliberar sobre problemas de interés general...y funcionaban con arreglo a tres normas principales: era necesaria la autorización del gobernante político (Virrey, gobernador o teniente)...en realidad, la celebración de un cabildo abierto nunca era legalmente necesaria...Muy distintosaparecen en nuestra historia los cabildos abiertos revolucionarios de la primera década del siglo XIX, porque en estos se trataron problemas políticos fundamentales y se tomaron decisiones contrarias al orden legal imperante. En ellos, además, aparece una nueva fuerza política -el pueblo- que ejerce una presión sobre el ánimo de los asistentes. (El subrayado y negritas es del autor del presente trabajo). La categórica afirmación de Zorraquín Becú, deja a las claras que, la constitución del nuevo gobierno es ilegítima y contrario a derecho vigente. Por otro lado cuando él afirma que <<aparece una nueva fuera política - el pueblo>> no sería correcto porque de los más de sesenta mil habitantes -así lo afirma Roberto Marfany de la provincia de Santa María de los Buenos Aires, sólo hubo cerca de 400 firmantes del acta del Cabildo Abierto del 24 de Mayo; y además de los firmantes aproximadamente el 75% eran militares.
[4] "En la Biblioteca del Museo Mitre se halla un ejemplar de ésta pastoral que perteneció al General San Martín". Citado en Juan C. Varetto. Hostilidad del Clero a la Independencia Americana. Imprenta Metodista. Buenos Aires, 1922. P 93. Encíclica Papal "Etsi Longissimo Terrarum" condenando las Independencias en América.
[5] Encíclica del Papa León XII, "Esti iam diu", del 24 de Septiembre de 1824, condenando las revoluciones en Hispanoamérica y llamando a los Católicos a la sumisión de su legítimo gobernante.
[6] Bula del Papa Alejandro VI del 4 de Mayo de 1493. Citado en Juan C. Varetto. Hostilidad del Clero a la Independencia Americana. Imprenta Metodista. Buenos Aires, 1922. Pp 18-19.
[7] Abelardo Levaggi. "El Proceso a Mons. Nicolás Videla del Pino". Épocas - Revista de la Escuela de Historia USAL. Núm 1, Dic 2007.  P 40.
[8] La diócesis de Salta incluía a las provincias de Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero, Salta, donde residía la sede, y posteriormente Jujuy; la de Córdoba comprendía a San Juan, San Luis, Mendoza, La Rioja y Córdoba, que alojaba a la catedral; y la de Buenos Aires abarcaba los territorios de Corrientes, Entre Ríos, la Banda Oriental, Santa Fe y Buenos Aires, donde residían sus autoridades.
[9] Bernardo Lozier Almazán. "Monseñor Benito de Lué y Riega, A Dios rogando y con el mazo dando". El Autor. San Isidro 2013. Pp 24 y siguientes.
[10] Ídem. P 47.
[11] Ídem. P 55.
[12] "El Jesuita Rafael Pérez dice que <<si bien no murió fusilado como el obispo de la Paz, fué víctima de los padecimientos que la persecución le originó". Citado en Juan C. Varetto. Hostilidad del clero a la Independencia Americana. Imprenta Metodista. Buenos Aires, 1922. P 25.
[13] Enrique de Gandía. Vida y Muerte de Francisco de Paula Cudina, emisario de Goyeneche, revista de Historia, Buenos Aires, 1956, Nro 6, P 158. Citado en Bernardo Lozier Almazán. "Benito de Lué y Riega, a Dios rogando y con el mazo dando". El autor. San Isidro, 2013. Pp - 50-51. 
[14] Ignacio Martínez. "El Obispo Universal y sus Tenientes. Ingreso de la autoridad Papal a las Iglesias Rioplatenses. 1820-1853". Instituto "Dr Emilio Ravignani" UBA - CONICET. P 3.
[15] Ignacio Martínez. "El Obispo Universal y sus Tenientes. Ingreso de la Autoridad Papal a las Iglesias Rioplatenses. 1820-1853". UNR "Instituto Dr. Emilio Ravingani" UBA - CONICET. P 4.
[16] El obispo se refería al oficio emitido por la junta a las tres diócesis del Río de la Plata, donde ordenaban que se leyera
[17] Nancy Calvo, Roberto Di Stéfano, Klaus Gallo y Otros. "Los Curas de la Revolución". EMECÉ. Buenos Aires, 2002. P 22.
[18] R.P. Álvaro Calderón. Prometeo: La Religión del Hombre. Pp 166-167. Ed Moreno; El autor, 2010.
[19] Citado en: Valentina Ayrolo. "Argumentos y prácticas patronales durante la experiencia de la centralidad política en las Provincias Unidas, 1810-1821".  CONICET - UNMDP
[20] Ignacio Martínez. "El Obispo Universal y sus Tenientes. Ingreso de la Autoridad Papal a las Iglesias Rioplatenses. 1820-1853". UNR "Instituto Dr. Emilio Ravingani" UBA - CONICET. P 2. "Los sacerdotes de la colonia, particularmente los párrocos, no sólo guiaban espiritualmente a su rebaño, también los instruían en materias prácticas de este mundo, los juzgaban y, en muchos casos, los representaban en sus reclamos frente a autoridades superiores. Ese lugar prominente en la sociedad, combinado con el conocimiento de las herramientas de gobierno (teorías y doctrinas jurídicas y políticas) otorgó al clero un rol protagónico en la vida política rioplatense luego de la revolución. Por otro lado, a mediano y largo plazo la revolución aceleró un proceso que tendió a disolver los lazos que ubicaban al sacerdote tardocolonial como un articulador de primer orden en la mecánica social. En su lugar, se fue perfilando muy lentamente la figura del especialista religioso, diferenciado del mundo temporal".
[21] Nancy Calvo, Roberto Di Stefano, Klaus Gallo y otros. Los curas de la Revolución. Emecé. Buenos Aires, 2002. P 9.
[22] Ídem. P 23.
[23] Esteban F. Llamosas. Revista de Historia del Derecho. "Vos das los imperios, vos los quitas: el Deán Funes y su Oración Fúnebre a Carlos III (1789) P 22. Obtenido en: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1853-17842010000100005.
[24] Juan C. Varetto. Hostilidad del Clero a la Independencia Americana. Imprenta Metodísta. Buenos Aires, 1922. P 37.
[25] Ibdem. P 44
[26] Ibdem, Pp 40-41.
[27] Registro Oficial de la República Argentina, 1810-1821, Nro 178, Oficio de la Junta Gubernativa al Obispo Lué. Buenos Aires, 21 de Noviembre de 1810. Citado en Bernardo Lozier Almazán. "Monseñor Lué y Riega, A Dios rogando y con el mazo dando". El Autor. San Isidro, 2013. P 43.
[28] Archivo de Gobierno. Año 1810. Núm 85. Citado en Juan C. Varetto. Hostilidad del Clero a la Independencia Americana. Imprenta Metodista. Buenos Aires, 1922. P 28.
[29] Idem. P  33.
[30] Bernardo Lozier Almazán. "Monseñor Lué y Riega, A Dios rogando y con el mazo dando". El Autor. San Isidro, 2013. P 46.
[31] Bernardo Lozier Almazán. "Martín de Alzaga. Historia de una trágica ambición". Ciudad Argentina. Buenos Aires, 1998. Pp 239-240.
[32] Juan C. Varetto. Hostilidad del Clero a la Independencia Americana. Imprenta Metodísta. Buenos Aires. 1922. Pp 51.
[33] Idem. Pp 33.
[34] José Antonio Ullate Fabo. "Españoles que no pudieron serlo". Libros Libres. Madrid. 2009. P 131.
[35] Ibdem. P 52.
[36] Ibdem. Pp 52-53.
[37] Ibdem. P 36. 

25 comentarios:

  1. Granadero Francisco González23 de mayo de 2016, 14:29

    Pero, ¿de dónde salió este autor? ¿De dónde salieron todas estas citas? acá hay Gato encerrado, O Caponnetto y Díaz Araujo y toda la Guardia Nacionalista ignoraban estas cosas (Si lo hacían ahora ya no podrán decir que ésto no pasó o es mentira) o simplemente mentían u ocultaban pruebas. Cosa rara...me cacho en diez... Alguién puede confirmar si estas citas son ciertas. Yo trataré de hacerlo, pero si son ciertas, se me hace difícil que los Nacionalistas sigamos diciendo que Mayo fue bueno o Católico.

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  2. El Criollo de las Pampas23 de mayo de 2016, 14:35

    Sr Cocodrilo, si le doy esto a mis hijos la maestra me va a denunciar por extremista mesiánico...a Ud le parece? ahora, dónde quedó aquella historia que nos enseñaban en la escuela secundaria?
    Yo leí hace unos años a Hugo Wast Año X, me había convencido de que la Revolución de Mayo era Católica. Esto me tira la estantería abajo. Quién es este Don Ferri? algún novohistoriador?

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  3. Argentino Hasta la Muerte23 de mayo de 2016, 14:43

    Carlos Ferri, anda a leer a Díaz Araujo, todo lo que decís acá es mentira. Que se fumó este autor????
    O Miente Díaz Araujo en Mayo Revisado, o miente este chango en este artículo. Aprecien y elijan. Díaz Araujo tiene una trayectoria y una reputación de gran trayectoria, a Ferri quién lo conoce?, cuántos libros escribió? seguro es un simple lector de billiken, cuanto mucho estará en primer año del profesorado, y este debe ser un trabajo de historia argentina que seguro no aprobó y lo publican en este blog que escribe cualquiera.

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    1. Este tipo de comentarios me encantan. Y lo que más me sorprende es que hay más rosca por la historia que por la actualidad. Es una buena señal de los lectores del blog. Esperen que hay más...

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    2. Amigo Argentino hasta la muerte, usted ni se imagina hasta qué punto el autor es amigo de la Verdad. Ha dejado mucho por seguirla, y en algún sentido, todo lo que había trabajado y lo que era, hasta el momento que la descubrió. Si algo puede decirse del autor, es que ama la verdad, tanto, que se ha jugado por seguirla. Mi amigo Carlos Ferri no miente, ni es merecedor de sus insultos. Revise la primera opción.
      Y con valentía pone su nombre para dar testimonio, no como usted.
      Mario Bianchetti

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  4. El autor es un hombre jóven de Buenos Aires y dentro de la escuela de Don Bernardo Lozier Almazán, las citas son ciertas y revisadas. Hay un revisionismo del revisionismo. Yo no soy especialista, pero tengo gran confianza en estos jóvenes y muchas cosas las venía viendo de tiempo atrás.

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  5. Si ésta es la escuela de Bernardo Lozier, cómo es que hace un año más o menos a Lozier lo nombraron académico de número en la "Academia Nacional de la Historia"? estos tipos van contra la corriente nacionalista revisionista.

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    1. Como historiador ha hecho aportes formidables al período revolucionario, de su talla, realmente hay muy pocos, pero además con sus principios, me atrevo a decir ninguno. Ha estudiado en las fuentes los documentos aquí, en la península, en Francia y en Inglaterra. Es lógico que por su prestigio y aportes fuese invitado a la ANH.
      Si le parece criticable su entrada, lea el discurso de ingreso a la academia, sobre Don Santiago de Liniers, y verá sobre quién está hablando.
      Y fue incorporado como miembro correspondiente y no de número, como dice usted.
      Mario

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  6. El Pilar de la Reja23 de mayo de 2016, 16:35

    Pero muy bien Carancho!!! Por fin alguién que dice si si, no no en Mayo liberal. A ver que dicen los Tradis nacionalistas ahora. QUE INCOHERENTES ESTOS TRADIS NACIONALISTAS, COSA LOCA. MUY BIEN DON FERRI.

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  7. Me sumo a lo que dice Mario B: Argentino, sus denuestos están muy de sobra, y más que nada doy por cierta la honestidad y el brío del estimado Carlos Ferri. El busca desinteresadamente la verdad, y me ha ayudado a encontrarla.

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  8. aviso publicitario24 de mayo de 2016, 5:11

    Hay un librito de Rómulo Carbia (para el que busque más autores probados), que también trata sobre la situación de la Iglesia en los tiempos de Mayo.
    Veo que Ferri no lo uso, pero va en la misma línea.
    Se consigue en Editorial Nueva Hispanidad.

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  9. uno de los 7 enanitos24 de mayo de 2016, 5:33

    Pilar, tradis habrá siempre de todos los colores.
    Los hay hasta peronistas... El que busca encuentra.
    Busque y vea.

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  10. Todo bien, pero la cosa es que finalmente parió la hija bastarda de la revolución, y nosotros somos herederos bastardos. Asumida la condición, algo nos tenemos que hacer con eso. Ahí es que veo a Rosas, por ejemplo, tratando de redimirla.

    ""¡Qué grande, señores, y qué plausible debe ser para todo argentino este día consagrado por la Nación para festejar el primer acto de soberanía popular, que ejerció este gran pueblo en mayo del célebre año mil ochocientos diez! ¡Y cuán glorioso es para los hijos de Buenos Aires haber sido los primeros en levantar la voz con un orden y una dignidad sin ejemplo! No para sublevarnos contra las autoridades legítimamente constituídas, sino para suplir la falta de las que, acéfala la Nación, habían caducado de hecho y de derecho. No para rebelarnos contra nuestro soberano, sino para conservarle la poseción de su autoridad, de que había sido despojado por un acto de perfidia. No para romper los vínculos que nos ligaban a los españoles, sino para fortalecerlos más por el amor y la gratitud poniéndonos en disposición de auxiliarlos con mejor éxito en su desgracia. No para introducir la anarquía, sino para preservarnos de ella, y no ser arrastrados al abismo de males en que se hallaba sumida España." (Rosas)

    Nick.

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  11. Bueno...entonces redimamos la traición de Judas y de los sumos sacerdotes contra Jesús. Judas y los sumos Sacerdotes, fueron Deicidas, y nada lo puede cambiar más que la conversión, ellos no se convirtieron. Sólo los judíos conversos como San Longino o los mismos apóstoles. Pero no se puede redimir algo condenado. Fíjense que Rosas en el discurso aquí planteado habla de soberanía popular, nefasto concepto.
    Rosas sin lugar a dudas fue alguién de gran carácter, justamente declaraciones como ésta que se transcribe arriba son las que nos deben hacer pensar. Rosas fue una luz en las tinieblas cuando se lo compara con la bosta que hubo a partir de 1810 y luego de 1852. Pero si se lo compara con los gobernantes de antes de 1810, pues queda bastante pequeño, tanto él mismo como sus obras. Comparece cualquier dicho de Rosas con el testamento político de Liniers.
    Simplemente, si las intensiones y los protagonistas de Mayo de 1810 fueron malos, y contrarios a los principios Católicos, ¿Por qué mentir sobre ellos? ¿Se puede redimirlos? no lo creo. Justamente es interesante pensar ¿Por qué dijo eso Rosas? él fue el primero que mandó a realizar festejos oficiales por el 9 de Julio. ¿O ignoraba muchas cosas de aquellos años y no tenía la suficiente capacidad para comprender los hechos? ¿O a sabiendas de las malas intensiones de los revolucionarios de Mayo quiso igual "Redimir=Mentir" sobre las intensiones y principios de Mayo.

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    1. Algo de esto digo en el comentario al artículo de arriba. Lo que está claro en la intención del texto, es que el político trata de llevar un montón de giles a los que la consigna mentirosa se les ha hecho carne, y no dar pié al pataleo de un montón de vivos que explotan esas consignas ya introducidas, hacia el bien, y de a poquito, ir limpiando la sentina. El texto es el de un prudente y en el mismo texto establece una interpretación de orden. No se trata de una discusión histórica, filosófica o semántica; se trata de hacer política. El que no nota la diferencia con lo de hoy, es un bobo. Hoy mentimos para ser furgón de cola de un masón, ayer Don Juan Manuel se permitía ciertos equívocos para hacer una empresa que era de él y que tenía enormes posibilidades de triunfar y de a poco desanudar estos equívocos. No era un declarador de principios ni tenía una cátedra de filosofía política (y eso que sabía más de lo que creen). Lénin invocó la Santa Rusia para mandar tropas a la batalla, y en sí misma, la declaración era devota, pero era un hijo de ... Rosas se permitió un juego semántico que se desarma en el mismo texto y que busca la rectificación, pausada, de una manera de pensar. Hay que tener cintura. Si uno como padre, una hija le trae un novio que es una bosta por definición, no le dice que es una bosta, hace un caminito demostrativo de esa bosta, previo invitarlo a cenar y abrir el mejor vino, y a los tres meses, le dice que es una bosta (cosa que sabía el primer día).
      Hoy no tenemos el poder ni de cerca, sólo nos quedan los principios, no los negocio por un puesto en obras sanitarias. Ahora bien, si me dan el poder, no puedo decirles el primer día que hay que ir a Misa Tradicional o se van al infierno, y hasta me como un par de misas truchas. Ustedes dirán que de estas actitudes se perdieron los principios, si y no, la genialidad del político es lograr el balance, y el que no lo logra, pues no es un buen político. El texto de Rosas es como si yo dijera antes de ir a Misa con Bergoglio: "celebremos con devoción este Domingo con Bergoglio el Sacrificio Incruento de Nuestro Señor - y no la cena del Señor- esperando que prontamente podamos hacerlo con la pompa que tenía la liturgia romana". Y ya te lo vas abrochando.

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    2. Sigo un poquito. Si toda una población había sido educada de chiquita en celebrar las "fechas patrias", pues hay que usar el día y los símbolos que ya están impuestos, y de a poco trocarlo. La Iglesia lo hizo siempre así, tomando símbolos paganos y rellenándolos de sentido cristiano, de hecho, el mismo símbolo de la cruz, de ignominia pagana, termina siendo el de la gloria cristiana, y al 1 de enero, se le dió un sentido cristiano. Rosas aun podía hacerlo y de hecho en el texto denota claramente la intención y hasta habla de tender lazos hacia España y quizá se hubiera logrado que un 25 de mayo fuera el día del reencuentro con el Imperio, y sanseacabó.
      PERO NO FUE ASÍ. Y cada día mas toma el tono de mierda que tuvo y es más, lo supera.
      La estrategia de Rosas era la estrategia de un restaurador paciente; la de hoy, es la estrategia de un vencido que se entrega. Hoy corresponde morir con las botas puestas y me cago en el enemigo, la de Juan Facundo. La Iglesia no es que rompió sus principios y apostató con el Ralliement, sino que se propuso una empresa política para la que no tuvo voluntad (como le pasa a los radicales) y se convirtió en furgón de cola, y las concesiones nunca se detuvieron, y las derrotas políticas se pagan caras, salvo que estés dispuesto al martirio, de donde a veces, si Dios quiere, se recupera lo perdido.
      Hoy estamos, no en el punto de rebase del que no hay que pasar; sino que lo pasamos con creces. No se trata de que tenemos al enemigo apuntado y estamos dando tiempo a que se rinda, sino que estamos siendo requeridos de bajarnos los calzones; y ya está bueno...
      Entiendo que la verdad histórica está servida por autores como el de este artículo. También entiendo que la verdad hay que difundirla con paciencia y a partir de algunas puntas que hay que ir tirando de los esquemas establecidos, cuando ellos son equívocos. Pero veo que ya no se trata de un equívoco, se trata de algo diabólico. Pongo el último ejemplo con el gran Hernán Cortés. Los Aztecas tenían ídolos de una religión diabólica que hasta a ellos los tenía abrumados, y contra el consejo del cura que aconsejaba prudencia, el Capitán los agarró a palos, y lo cierto, es que Moctezuma en el fondo le agradeció la liberación. Creo que todos estos símbolos que ya se tornan diabólicos y que enferman y hartan, hay que tirarlos a la mierda sin reparos. La Democracia es un ídolo diabólico que se sigue adorando, pero con odio, como adoran a Satán los satanistas; y hay que derribarlo con todos sus antecedentes y pequeños idolillos.

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    3. El Cocodrilo pasa del angelismo al maquiavelismo. (Va también por el comentario al siguiente artículo). Si antes se criticó el entrismo y ahora dice estas cosas, la verdad quedo atónito.
      Antes que comerse misas truchas o justificar la masacre del paraguay, es mejor hacerse carlista.
      "Lénin invocó la Santa Rusia para mandar tropas a la batalla", sí, y San Martín la fe católica. Los enemigos se hacen marranos para destruir la fe. Pero eso no es una posibilidad moral para un católico. Y es una tentación, tal vez la principal del político cristiano. ("Todo esto te daré, si postrándote me adorares.", ¿les suena?)
      Yo veo acá un problema de exitismo. ¿Quién dijo que es necesario vencer? El P. Castellani decía que Dios nos pedirá las heridas del combate y no los trofeos de las victorias. LA VICTORIA LA DA DIOS. El que por cualquier medio busca la victoria, no la busca para Dios, sino para su gloria personal. Y eso es sencillamente maquiavélico.
      Mario

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    4. Mario, entiendo y alabo las extremaciones en los jóvenes. Por eso la política no es para ellos, sino la guerra. Ni tan calvo que se te vean los sesos. Pedro lo negó tres veces y no lo echaron a patadas. Es buena política decir simplemente "¿quo vadis?" y dar tiempo a la reflexión, (y eso que estaba rajando) .Tenés que misericordiarte un poco a lo Francisquito. (Yo con esto que lo jode a Macri y es atacado por la cucaracha de Durán Barba, lo estoy revalorando. No digo darle un pico a la Hebe, pero entre los muchachos de Quebracho y los de nordelta, hummm...) La historia no es un esquema, son hombres, y hubiera sido carlista de estar en aquellos tiempos y lares; pero soy un gaucho resabiau y el único "colectivo" que tomo es el Cristianismo, que los demás ya pincharon goma.

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  12. La Revolución de Mayo, dejó sin obispos el Virreynato del Río de la Plata por más de veinte años... qué Católica que fue. Encima lo mató al Obispo Benito Lue de Buenos Aires...insostenible el Mayo Católico.

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  13. La verdad hacía tiempo que no veía un artículo tan bien documentado, redactado y que concluya en un análisis casi irrefutable. Felicito al autor aunque no lo conozco, y también a los Cocodrilos.

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  14. sigan los comentarios en el primer artículo de Hotz.

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  15. los católicos del Mayo X lo que hacen es un esfuerzo de RESIGNIFICACIÓN de los sucesos, diría Lacleau. Esas cosas son cosas de zurdos. Los católicos debemos mirar los hechos de frente, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Si San Martín olía a masón, es porque seguramente era masón. Perfumarlo con incienso y colgarle un Santo Rosario, para resignificarlo y arrebatárselo a la masonería, no fue una buena idea. Por mi que se lo lleven las Logias. Viva le Roi.

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  16. Me llamo Marcos, no sé cómo se usa esto.

    Interpreto que debería sentir vergüenza de ser argentino por ser una nación ilegítima. Los patriotas que tuvimos no son tales entonces.
    En particular pienso que no se refuta la cuestión del yugo francés, teniendo en cuenta que España no existía. Me gustaría saber qué opinión le merece Saavedra al autor.
    Son dudas que me surgen, no voy a incriminar al autor, porque creo que lo ha hecho en pos de la verdad. Pero no me cierra sinceramente. No tengo duda que el clero fue atacado en la Revolución, pero me parece entendible, eran parte visible y fundamental del poder español en las indias.

    Otra cosa que me gustaría preguntarle al autor es qué piensa de la dinastía Austria y la casa Borbón ¿Hubo una diferencia o no a la hora de analizar las causas de la revolución?

    No soy de los que se inclina por un San Martín masón, como en el comentario precedente. Pero teniendo una corona con integrantes de la masonería, como en la etapa de Carlos III y me imagino que luego siguieron estos ministros ilustrados. ¿Cómo podemos decir que esta España de la cual cortamos lazos fue la España Católica? Yo creo que la España católica empieza su declive en el cambio de dinastía. Muy paulatinamente.

    Quizás en esto último divagué, pero son dudas que me surgen y que hacen que el artículo no me termine de cerrar. Lo tomo como una parte de la verdad. Pero no la veo como LA verdad de la revolución.

    Sin intención de polemizar.

    Saludos.

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