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viernes, 27 de mayo de 2016

TERMINA LA SEMANA DE MAYO.

    Por Dardo J. Calderón



    Recibí de mi padre el legado de la lectura anual obligatoria del Segundo Sombra, cosa que cumplo religiosamente y me cuesta dos días de una nostalgia indecible. Pero también el consejo, luego de un juvenil repaso de nuestra historia en épocas universitarias – y ya cuando largué casi una docena de hijos a este país y hube de pechar la cuesta –que citando al Padre Castellani  me decía:

   “Tener ahora afición a leer historia argentina es una enfermedad maldita – de cuyo nombre no quiero acordarme – que consiste en tener ganas de atormentarse por gusto”.


    Y por lo tanto, dejé de atormentarme.

     En casa, mi padre sufría una enorme nostalgia por un país que fue su tierra y por una historia que fue la historia de su familia, y en la que cada hecho tenía la resonancia personal de la intervención de los suyos y el desbarranque concreto de su casa; hasta la orfandad, el descreimiento, la total desposesión de todos los bienes y el olvido.  El pequeño cementerio de la estancia de Chivilcoy donde descansaban los cuerpos de sus abuelos, fue usurpado por ladrilleros que cocieron la tierra junto con los huesos.

    Esta historia era para él un asunto “personal”, y no es fácil condenar a un padre, o a un abuelo, ni tampoco perdonarlo. Manejando una idea de Jacques Perret, a fuerza de rosarios salió a buscarlos haciendo caso omiso del tiempo y poniendo las cosas en planos eternales. Combatió cada día la tristeza de esa suerte; asunto que dejó plasmado – como de paso y para los que saben leer entre líneas - en un artículo muy bello sobre el Martín Fierro; de hecho, la historia argentina fue un tema que casi ni se tocó en la mesa paterna, en la que se hablaba de todo.

    Soy consciente de la valoración de Don Juan Manuel que hizo Castellani, poniendo sus dudas en el asunto, pero recalcando que sin eso, entonces no hubo nada. Sólo el castigo interminable a un país desdichado. ¿Castigo por la traición revolucionaria? Algo más todavía que eso dice el Cura:

    “Castigo por qué? Para un varón religioso la respuesta es simple e indubitable: por la herejía. El filosofismo, iluminismo, ilustración, liberalismo, progresismo – y ahora democratismo – entró en España y la afrancesó y desespañizó. Donde no entraron ni Lutero ni Calvino, de quienes salieron estotros, peores si cabe. Ése fue el tósigo que paralizó y después fue hundiendo poco a poco el Imperio Español y a nosotros con él; peor aquí entre nosotros, donde la extraña, venenosa y empalagosa herejía hizo el efecto de un barril de aguardiente en una jaula de monos – que dijo Ramón Doll.”

    En estas épocas de victorias del mandinga uno comienza a tomar partido cada vez más inopinadamente por aquellos que fueron jodidos por el maldito. Y Don Juan Manuel se mereció quedar para siempre en la ignominia de los rastreros que redactaron una constitución inmunda, tomándose el trabajo de condenarlo expresamente para toda la historia en uno de sus artículos “sagrados”, con aquello de las “facultades extraordinarias” . Por contrario sensu (como se dice en mis labores) estoy dispuesto a rendirle honores eternos. Aunque mas no sea “pa joder”.

    De esta vieja costumbre de hacerme partisano de los embromados, hasta llego - a veces – a condolerme por los viejos enemigos que también fueron bien jodidos por las nuevas encarnaciones prometedoras del gran mentiroso. Y hasta he echado unos rezos por algunos montoneros que conocí en mi juventud y que quedaron bien fritos. Para colmo – no lo digan a nadie – hasta llego a condolerme de la pobre Kretina y su destino de infamia; y sólo lo hago por aquello de concentrarme en el último hideputa de la corrida que nos toca soportar, que a los anteriores ya idos, buen viento les sople.

    Por lo dicho, soy bastante ignorante de los detalles y pretendo permanecer de esta manera, siendo que en la pintura del paisaje en general, veo que no ando mal rumbeado y no me hace falta mucho más que lo dicho por el Cura; sobra sabiendo que me tocó estar en la jaula de los monos borrachos. Si la historia argentina es “una larga lista de perjurios”, pues no quiero solazarme en su recuento; confío en que habrá algún cielo “argentino” donde espero reunirme con mis gauchos.

   En la reyerta carlista vs nacionalismo, el cerebro me tira para un lado y el corazón para el otro. Veo al carlismo destrozar - escrupulosa y minuciosamente -sin piedad una historia que no es suya, desligándose de las culpas de un destino que sufren por causas que entienden ajenas; y un nacionalismoque perdona – por suyo y propio - en el tiempo, lo que debe ser perdonado en la eternidad.

    De todas maneras y como señalara Andregnete Capurro (y mi padre resaltaba en una ocasión frente a Julián Marías) esa buena historia americana anterior a 1810, es la de “nuestros” abuelos y no la de los “suyos”, que rifaron por pindonga un Imperio milenario.

    No me caben dudas que los jueces deben tener junto a su serena objetividad un algo de misericordia. ¿Sería esto una falta en el historiador?  Si es así, entiendo entonces por qué a veces mi padre decía que él no lo era; lo entendí en François Villón, en Péguy, en José Antonio y en otros, que bien le valieron los retos de algunos implacables ortodoxos. Los personajes a veces se hacen vivos en la mente, y cuando uno ha dado unos galopes con el Gaucho de los Cerrillos en la inmensa pampa, combatiendo al cimarrón y convirtiendo al Mapuche, con lo que del duro Cafulcurá vendría el almita de Ceferino… pues las cosas se ven de otro modo. Y hay historias que muestran los documentos, pero hay otras que se sienten en las tripas y empañan los ojos.

    Cuando un tipo regala su sobretodo al soldado que va a fusilarlo y se encomienda a la Virgen…buehh…se me acaban los remilgos. Debe ser que no soy historiador.

    Para colmo de males estoy entrando en la idea de que el hombre está perdiendo su “condición histórica”, condición que cada vez gravita menos en su existencia, por períodos más cortos, y dependiendo de versiones oníricas fabricadas por las ideologías que se imponen a “diestra y siniestra”. (Debe ser la influencia de la película El Origen). Que ya casi lo único que hereda es un rezongo resentido que expresa con cara de bragueta; y no quiero que cuando Él venga, me encuentre en ese estado.

    Lucho por no engañarme, pero ya casi que lo prefiero un poco, y dudo frente a una línea histórica que se marca con un trazo que empieza a ser forzado, ya que esta comienza a difuminarse frente al misterio final, y el juicio se hace sobre el hombre concreto, con sus caídas y agachadas, con sus redenciones y glorias.

    Puede ser que me vuelvo viejo y debo desertar de la historia como de las cosas, y comenzar a perdonar a todos.

     Eso sí. A Fernando VII me va a costar. 

5 comentarios:

  1. Que le costará más Fernando VII o a los Próceres de a Primera Junta?

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  2. Siempre tiene más culpa que el chancho, el que les da de comer. Un buen ejército, cuelga los amotinados y fusila al Capitán, por boludo cuanto menos.

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  3. no soy un robot...28 de mayo de 2016, 8:46

    creo que lo entiendo....no estoy seguro. Seguiré leyéndolo en los futuros post para ver si es como yo pienso que ud piensa.

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  4. lerdo yo....pero, en muchas cosas estoy en sintonia (como dicen los chicos ahora), con los Carlistas (no mezquino mayùsculas para ellos), pero.....Malvinas y los Falconier, Cisneros, Etèvez, Poltronieli, Garcia Cuerva, Vazquez....etc, etc, etc, y mil etc mas....digo.....voluntad de Dios una Patria Argentina???. (Es al pedo; entre otras cosas, Malvinas me puede ( tambien como dicen ahora los chicos)
    Un abrazo en Cristo Rey.
    Yacaré del norte

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    1. Estimado Yacaré, uno no puede quedar colgado del pincel, siempre se siente la tierra bajo los pies.

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