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miércoles, 22 de junio de 2016

LA RESTAURACIÓN DE LA CULTURA CRISTIANA. John Senior (Ed VÓRTICE) IV parte)


Capítulo 3. La agenda católica.-

  Trabajo, oración y sacrificio; o mejor, oración, sacrificio y trabajo, es la agenda católica.

    Senior hace buenas y necesarias distinciones que hoy, ante la prédica del Opus Dei con respecto al trabajo, se han visto malamente confundidas. El asunto de que el trabajo es oración puede ser bien entendido en una vida teresiana, pero no es tan así en la nuestra. La oración es oración, y es necesario distinguir esta actividad del espíritu. 


La oración es rezar, es ir a Misa, es hacer novenas, procesiones y todas esas beaterías que tan desvalorizadas están. (Recuerdo el librito de Estado e Iglesia, en que Dumont, con un dejo de desprecio, habla de las comunidades que se dedican a esto, que para él no está mal, pero…). Para Senior esto es indispensable y no sólo en el plano personal, sino como ingrediente esencial e indispensable de toda acción social y cultural. El católico que no reza, que no participa del culto público, pues no es católico ni su acción puede serlo nunca. La sociedad que no se centra hacia el culto público, no puede ser nunca una sociedad. Esto lo entendían también los paganos.

   Y ¿el trabajo? El Opus trata de que no nos volvamos muy locos con este tema en la modernidad. Nos pide que trabajemos bien y honestamente. Porque todos sabemos que los trabajos del hombre moderno, cada vez más, quedan inmersos en una dinámica general que, si nos preguntamos a quién estamos sirviendo y para qué estamos sirviendo, el asunto se pone mucho más pielagoso que sí sólo nos atenemos a la “eficacia” (que en eso se resuma la honestidad que se propugna allí).

   Senior entiende que no sólo nosotros, sino el trabajo mismo, debe ser honesto. Debe servir al bien común. Y en esto lo más importante no es valorar una acción social o política, sino fundamentalmente “la elección moral que cada uno de nosotros debe tomar” al realizar o encarar un trabajo. No se trata de “hacer” dentro de un sistema al que no queremos juzgar, porque nos excede, y al que hacemos ojos ciegos y oídos sordos, sino todo lo contrario. El sistema impuesto no es el que manda, mandamos nosotros desde un repudio o aceptación de ese sistema, y en ello jugamos nuestra opción moral, opción que nos conformará como personas: “La cuestión no es reformar el orden social y económico, aunque esto sea importante, sino la elección moral…”. Y aquí nace el nudo de la cuestión, porque al enfrentar este medio moderno de vida, completamente anticristiano, nuestro sacrificio pasa por pagar el precio de mantenerse católicos. La pregunta es “¿Cuánto has invertido en la fe? ¿Cuánto has abandonado por tu fe en tus negocios, en tu matrimonio, en tu colegio o en tu Iglesia?”. Es decir, ¿cuántos NO has dicho al entorno moderno? Y es aquí que las tres vías de la agenda católica se unen de verdad. Se paga el precio de ser católico con todas las oportunidades perdidas de negocio, de diversión, de trato social, de preeminencia social y política, que se hacen necesarias para poder seguir siendo católico. Y entonces este trabajo es sacrificio y es oración. Esa pretensión opusdeana (y a la que se suma el entrismo) de que se puede estar en lo moderno y seguir siendo católico, con sólo cuidar el “bon gout”, es una enorme falsía.

   Hay momentos muy bien observados por el autor; Dios nos quiere orando, hablando con Él, no sólo hablando “DE” Él, y llena la vida del que lo sigue, de momentos de oración. Lo problemas en el trabajo, los económicos, los de salud, son siempre una especie de excusa que nos da para que recemos. Hay una frase para los padres de familia (que esconde un cierto humor) y que experimentamos a diario los que lo somos: “El fin inmediato del matrimonio es la procreación y la alimentación de los hijos; pero el fin próximo es que los hijos sean ocasión de oración”. Lo cierto es que si esos malditos no anduvieran por el mundo haciendo las macanas que hacen, los padres jamás rezaríamos. Y puede decirse que esta deriva anti procreativa moderna, es una manera de tratar de no depender de Dios ni necesitar su ayuda y conversación. El hombre moderno, no quiere orar, ni ponerse en situación de tener que hacerlo.

  Quedar atrapado en trabajos malos (dan risa los ejemplos,que parecen exagerados, pero para los que los conocemos dan una idea de que Senior no andaba tan en las nubes: “el negocio inmobiliario o la construcción para el estado”. Algunos lo sabíamos, pero dado los escándalos actuales dónde los empresarios tienen que exculparse de su participación en el soborno político y privado de los funcionarios “porque no les quedaba otra”, se evidencian muy ajustados los ejemplos del autor. Nosotros siempre buscábamos “el prostíbulo” como ejemplo. Senior va mucho más allá y descomedido.). El que no te quede otra es una culpa personal que no resiste las disculpas, ya que sinceramente, es que no te quedaba otra para ser rico. El entrismo debería considerar con más cuidado lo dicho por el autor ya que el eje de su problema es andar pensando excusas para participar en todas las horribles circunstancias en que quedarán metidos, sí o sí. “No agregues excusas a tus pecados” reza el canon romano.

   El capítulo es muy bueno en todas estas consideraciones, pero, como nos hemos propuesto no dejar pasar ciertas sombras, a ellas vamos. El autor entiende que la restauración de una cultura cristiana pasa esencialmente por la vida contemplativa. Que la vida católica se da por excelencia en los monasterios y conventos. El ideal cristiano es el “monje orante” (no va con mala intención, pero tampoco es mera coincidencia). Aconseja que antes que nada hay que llevar a los jóvenes al intento de abrazar esa vocación. Y si no se logra, pues bien, habría que acomodarse a las vías menos perfectas del matrimonio o el “sacerdocio seglar”, que se ven arrojados a la vida activa.

   Senior no alcanza a valorar la función magisterial y degobierno del sacerdote seglar. Las comunidades de fieles que él describe están rodeando una capilla o una Iglesia donde se ora, pero no delatan la presencia rectora y docente del Sacerdote consagrado. Hay una especie de subvaloración de esta función, o como él mismo dice, la falta de experiencia de esta “realidad” en su vida, no lo ha hecho apto para percibirla. Cristo Sacerdote fue un Hombre bien activo sin dejar de ser contemplativo, y en su imitación, las vocaciones religiosas marchan hacia uno u otro aspecto de su Vida, sin que ninguno sea preminente (salvo el del sacrificio, que debe estar en todos). Como el apostolado se da por imposible y muerto - lo que es una exageración literaria que él mismo refuta con su vida – sobrevalora la actividad del monje contemplativo y orante. No es que esté mal decir con el autor que en los monasterios se forjó la cultura cristiana, pero no hay que olvidarse que los Padres de esa cultura fueron cuatro Obispos medievales que llevaron una azarosa vida social, política, intelectual y religiosa a la vez.

  Esta es una de las ausencias notables de Senior, el Cura de infantería, el de a pie. Junto a una segunda y que es parte de la anterior: La Confesión. Tema que en medio de una reflexión sobre la “restauración” de una cultura católica que parte de lo personal, es esencial y primero. La restauración de nuestras vidas viene primordialmente por esta vía sacramental, y de manos del poco aureolado curita de parroquia, que corre día y noche limpiando las sentinas de los fieles, enderezando torcidos, acomodando entuertos, enseñando catecismos, construyendo obras y reparando las rencillas que toda comunidad que se precie de ser “humana” y no angélica, va a experimentar siempre.

   Siempre me acuerdo del cura de la película “La Hija de Ryan”, (era Trevor Howard, que para los jóvenes es como decir Matusalén) en medio de aquel pueblito irlandés que haría las delicias de Senior. Quienes no la han visto – sin pedir permiso al cura que fruncirá la nariz por algunas escenas – véanla. Consejos, tortazos, gobierno, misericordia, enseñanza… ¡Qué vidas! El Santo Cura de Ars, Don Bosco y mil otros más.

   Estas ausencias pueden ser simplemente ausencias quetiene el autor por falta de experiencias, o, quizá, temas que al público de parla inglesa no les gusta escuchar. El cura que gobierna su parroquia y la confesión, son dos cosas que no tragan de buenas a primeras.

    Y esto sigue en el próximo capítulo, que para mí es el más inteligente y acertado, pero que sigue marcando estas ausencias.

Capítulo 4.- Teología y superstición.-

    En este tema hemos coincidido con el autor aun antes de conocerlo. La justa medida en que hay que valorar el tomismo y la falsificación que se ha hecho de él por los comentaristas intelectualizados y apartados de la fuente mística, y aún peor, su estudio desde los manuales y no de la fuente misma de sus textos.

¿Cuál es el valor de Tomás de Aquino? “…tal como ha sido repetidamente afirmado por muchos papas durante varios siglos y sin disidencias, es decir, como una enseñanza infalible del magisterio ordinario, la Summa Theologica es la medida de toda la teología católica.”

   La crítica al neotomismo que abreva de los manuales es lapidaria y muy acertada; no abundo.

    Pero se desliza hacia el final el mismo problema que veíamos más arriba. Reconoce que Santo Tomás habla de su obra, como una obra para principiantes, para simples. Sin embargo el considera que esto es una especie de pudor que oculta la grandeza de Tomás. No es así.

   Para Senior la formación del sacerdote y del católico es un cursus honoris de las humanidades. Ciencias libres, artes, música, matemáticas y filosofía; recién abren las puertas para la sabiduría teológica. Además hay que tener una existencia en contacto con la realidad y fuera de este mundo falso y “virtual”. Sin este “previo”, no se llega. Y a partir de eso, de ese requisito intelectual y existencial,  establece una especie de pesimismo finisecular con respecto a las posibilidades de un renacer de Dios en los hombres, y con estos argumentos, no él, pero sí sus admiradores vernáculos, se ceban en el desprecio de los incultos curas de a pie de los que  Cristo se sirve con enormes frutos. No es para tanto. Uno se encuentra almas católicas de verdad que vienen de escasas formaciones y de los lugares más incómodos para darse. Sí, si hablamos de un movimiento social, es necesario una élite que tenga estas condiciones, pero muchas veces esos hombres “complejos”, han sido atraídos por el ejemplo y testimonio de los simples.

    No es tanta ciencia, ni filosofía, ni teología la que hace falta para hacer un buen cura o un buen católico. La justa, nada más, en medio del ámbito propicio de santidad en los seminarios, en las parroquias y en las familias. Santo Tomás no fingía un falso pudor, decía la verdad; en ese ámbito, y con algunas herramientas, comienza a hacerse permeable a los más simples. La gracia no sólo suple, sino que es tomista, y el tomismo se hace fácil en ese estado. Lo que es muy difícil, es hacer de un intelectual soberbio, petulante y pagado de su propia inteligencia, un tomista, y lo vemos todos los días en que supuestos tomistas de elevado nivel catedrático, escapan fiero a principios que muchos curitas, apenas ilustrados, con un poco de memoria y mucha docilidad, aciertan de primera. Sí, con esos añitos de teología y filosofía bastante rudimentaria, que por supuesto, no deben haber sido pasados en la lectura de esos manuales preconciliares a los que el autor deshace con furia justificada.

   “Solamente un milagro podría producir un gran teólogo en la actualidad, y hay pocas razones para esperarlo”, nos dice “porque aunque los milagros obran más allá de la naturaleza, no ocurren sin una razón, y si un gran teólogo escribiera hoy, nadie lo entendería. Lo más parecido a un milagro que podemos esperar es la destrucción de Sodoma y Gomorra”. Es así, en parte, pero no es tan así. Grandes hombres de acción, como siempre, crean las condiciones todos los días para que se den, y se logra, poco, pero se logra, y se van entendiendo de a poco y por pocos, y nuevos hombres llegan, de a poco, de los más increíbles lugares y de las más impensadas condiciones, y llegan. Las flores no sólo nacen en los jardines, también nacen en el estiércol. Pregunten a María Goretti. Repasen los estudios de San José Cupertino. Y seguro hoy, a unas cuadras de nosotros, está naciendo o viviendo alguno de ellos.  

    

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