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miércoles, 1 de junio de 2016

DAR DE COMER

Por Dardo Juan Calderón. (artículo extraído de Argentinidad)


  Aún dentro de la sencillez de la experiencia, para un padre de familia no deja de ser una impresión reconfortante el ver tu familia en el acto brutal de engullirse las viandas que has procurado con el esfuerzo de tu trabajo. No hablo ya de las variadas formas espirituales que comienzan a darse en aquella situación, sino de simplemente “nutrirse”  como nobles animales. 



 El ruido de las mandíbulas triturando y los gorgoritos del beber. Ver sus cuerpos saludables creciendo al ritmo en que las vituallas van desapareciendo, en la confianza tranquila que mañana el viejo vuelve a llenar la mesa. Ver los machos con los brazos firmes desarmar de un manotazo una hogaza de pan y la hembras esplendentes rellenando sus cuerpos rebosantes de ternura y fertilidad, para luego ambos, recorrer su día. Así, en silencio, contemplar ese acto de vitalidad prehistórica que te otorga la primacía de aquel reino hecho de músculos tensados, de bocas engrasadas, de vientres satisfechos. Esa enorme satisfacción de faena cumplida al final de la jornada. La tarea del día.

   Quienes vamos por el camino de la vejez con la merma de la fuerza y la llegada de los achaques, junto con la patrona que supo ser un día fruto maduro del verano de la vida, recibimos confortados la visión de nuestros cuerpos replicados por ese torrente de energía que continúa el camino recorrido en una resurrección lograda a fuerza de trabajos , de penas y de besos. Que justifica y explica nuestra muerte que se anuncia en cada diente que se cae, en cada articulación que cruje y en cada tripa que grita. Esperando sentir junto al lecho final de la existencia esa misma satisfacción de haber terminado el día con la tarea cumplida.

  “He dado de comer”,  puede ser el mejor epitafio de un padre sobre su tumba.

    La imagen que nos viene a la mente es la de una larga mesa de madera, de veta gastada con cestas de mimbre, con panes blancos y carnes rojas, agua y vino. Nadie pondría en ella seis juegos de cubiertos con faisanes y peces exóticos, regada de distintas clases de vinos y postres adornados, pues ya la figura del padre se hace compleja frente a la enorme intermediación que la sofisticación supone. El ejemplo del cuadro, al ser traspuesto a esta mesa refinada estalla en mil circunstancias que desfiguran la función de los personajes; desde la incoherencia de la fatiga y el sacrificio del padre, pasando por  la innecesaria tensión  del músculo en la hartura, y terminando en la prescindible fertilidad en la abundancia.

  Pertenecemos a una religión en la que Dios es nuestro Padre. Un Padre que da de comer; que pone sobre la mesa Su sacrificio y que espera verse replicado. Que nos da pan, carne roja, agua y vino. Para ver tensas las almas en busca de una nutrición para una vida simple, hecha de trabajos, de penas y de besos. Esa es nuestra cultura, no de seis cubiertos, de faisanes y de postres. Nuestra doctrina es el rudo pan que amasa la madre Iglesia para nutrirnos. Para nutrirnos vitales y fértiles, en la sencillez, lejos de la hartura. El pan que se hace cada día, renovando cada día el sacrificio, y que alcanza sólo para ese día, porque la tarea se cumple en el día y no importa si hay otro.

  Cuando pensamos, pensamos como padres; para dar de comer. Para dar a nuestros hijos una vianda simple pero nutritiva. Con un pensamiento que cumple con su día. No somos chefs de algún caro restaurante para sibaritas, que expresan sus ideas entre eructos y rellenando bibliotecas como vomitorios. No somos tampoco los que mandan a los suyos a la cama con sus panzas vacías.    

  Nuestra sociedad es una sociedad de hijos, de hijos que se acercan a la mesa del Padre para simplemente nutrirse para enfrentar la tarea del día esperando la resurrección. Sin muchos planes ni retorcimientos; sin tantos proyectos; pues todo depende de que nuestro Padre tenga mañana la mesa servida, servida de ese pan, de esa carne, de esa agua y de ese vino que no hartan. Y nuestro Padre muere cada día por darnos alimento.

 ¿Qué sería de nuestros hijos si mañana no está la mesa dispuesta? ¿Dónde sus planes y sus sueños partirían? ¿A que laberintos la orfandad los llevaría? ¿Qué oscuros brebajes y ponzoñosas confituras recibirían?.

  Sepan disculpar a un viejo padre que muere cada día sin mucho más que hacer que acercar un poco de comida. Que en su sencillez brutal no entiende de faisanes ni de variadas bebidas, que por todo alarde de cocina desconfía y, cuya peor traición es dejar la mesa vacía. Que gusta de mirar en el silencio el llantar de los suyos con sustancia lo que la mesa frugal dispone para el día. Que entre todas sus cosas lo apura la mesa, como apura al Cura entre las suyas, el no dejar de decir su  Misa.

  Tengan conmiseración de este simplón que no acepta cursos de cocina, ni alimenta a los suyos con la literatura de  gastronomía, y que a la hora de comer, gusta de sustancia nutritiva y no sabe apreciar los firuletes de la alta cocina. Que su mayor disgusto, sería no ver venir con hambre a sus hijos por haberse llenado de porquerías.

   Vamos viejo Cura, yo pongo la mesa tu pones la Misa; y se hará andando el día con sus coces y sus tropelías.            
  

9 comentarios:

  1. uno de los 7 enanitos1 de junio de 2016, 9:20

    Los demòcratas tienen su propia forma mentis que pone en comuniòn a unos con otros.
    Estos, en general, cuando se publicò este artìculo en el blog de Falcionelli, se razgaron las vestiduras por lo de "hembras", "fertilidad", etcètera.
    Les pareciò nada cristiano.
    A mì, como buen facho, todo lo contrario.
    Escriba màs de estas cosas y dèjese de pelear con la gente.

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  2. Muy bonito. Me hizo acordar a mi viejo, aunque él no es creyente (o practicante). Saludos!

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  3. Muy bueno estimado Dardo.
    Un artículo que deja la puerta abierta a muchos interrogantes:
    ¿Cómo era el momento y circunstancia de la comida hace 500 años, hace 1000 años y/o hace 2000 años?
    ¿Habrán comido hace mil años almuerzo y cena? ¿Cuántos menués habría por entonces?
    ¿Cuál es la finalidad principal de el almuerzo o la cena? ¿Cuáles son los fines secundarios y/o terciarios de la comida familia?

    Es interesante destacar que San Francisco de Sales en su libro introducción a la vida devota, hablando de el débito conyugal y su frecuencia o concepción, hace comparación con el modo de comer.
    Entonces debemos reflexionar que la satisfacción de los apetitos si no es mesurada y controlada, deviene en excesos y en el caso puntual de los hábitos del comer están íntimamente ligados con la concupiscencia.
    Es por ello que asombra y casí diría que escandaliza, ver a muchos feligreses tradicionales esclavos de tales afectos, de manera tal que se llega a caer, en el mejor de los casos, en el sibaritísmo (Uno de los tipos de Gula) y el epicureísmo. De manera tal que prácticamente convierten el "comer y la comida" en "religión y dioses".
    He aquí la cita a la que refiero:
    " "Es una señal indudable de un espíritu perverso, vil, abyecto e innoble, pensar en los manjares y en la comida antes de la hora, y todavía más deleitarse, después de comer, con el placer que se ha sentido durante la comida, entreteniéndose en ello con palabras y pensamientos, y revolcando el espíritu en el recuerdo del placer experimentado al tragar los manjares, como lo hacen aquellos que, antes de comer, tienen el ´animo en el asador y, después de comer, en los platos; personas dignas de ser galopines de cocina, que, como dice San Pablo, hacen de su vientre un Dios. Las personas honorables sólo piensan en la mesa cuando se sientan a ella, y, una vez han comido, se lavan las manos y la boca para no sentir más ni el sabor ni el olor de lo que han comido. El elefante no es sino una bestia enorme, pero es la más digna de cuantas viven en la tierra y la que tiene más juicio. Quiero referir un rasgo de su honestidad: nunca cambia de compañera, y ama tiernamente a la que ha escogido, con la cual, empero, no se junta más que de tres en tres años, por espacio de cinco días, y con tanto secreto que jamás nadie le ha visto en este acto; pero harto se conoce el sexto días, cuando, antes de hacer cualquier otra cosa, se va derechamente al río, donde lava todo su cuerpo, y no quiere volver a su grupo antes de haberse purificado. ¿No son estas cosas hermosos y honestos instintos de este animal, con los cuales invita a los casados a no permanecer encenagados en la sensualidad y en los placeres experimentados por razón de su estado, sino a lavar el corazón y el afecto, una vez pasados; y a purificarse lo antes posible, para practicar después otros actos más puros y elevados, con toda la libertad del espíritu?"

    En esta advertencia consiste la practica perfecta de la excelente doctrina que San Pablo da a los corintios: <>. Ya que, según San Gregorio, tiene esposa como si no la tuviese, aquel que, de tal manera recibe los deleites corporales, que no impide con ellos las aspiraciones espirituales: ahora bien, lo que se dice del marido se entiende recíprocamente de la esposa. <>. Que todos, pues, usen del mundo, cada uno según su vocación, pero de manera que, no esclavizando sus afectos, queden libres y est´en prontos para el servicio de Dios, como si no usasen de ´el. <>. Nosotros hemos de gozar de las cosas espirituales y solamente usar de las corporales, de las cuales, cuando el uso se convierte en gozo, nuestra alma racional se convierte también en alma brutal y bestial." (San Francisco de Sales - Introducción a la Vida Devota).

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  4. Los refinamientos gastronómicos, son de grasas.

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  5. Y los refinamientos intelectuales, de snobs.

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  6. No confundir refinamiento gastronómico con buena mesa (y dado que no menciona a esta última, deduzco que cae en la confusión). Una vieja receta de la abuela, generalmente consistente en cómo hacer con lo escaso, magro o insulso (una gallina, por ejemplo, sesos, o un riñon) algo suculento y rico, es tradición, cuanto menos.
    Si a Ud. le gusta comerse el seso simplemente hervido, pues le aseguro que comprobará que en el propio pecado está el castigo.

    Nick

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  7. ¡Totalmente de acuerdo con Nick! Los platos que se preparan en una casa llevan, como pocas cosas, es sello de los ancestros de esa familia. Es como un culto inconsciente que dispone bien el espíritu para amar lo propio en los años que vendrán. Y es también escuela: ese budín de sesos que del recetario de la familia, no se tragaba fácil en la niñez; pero mejor era de zafar tragando al menos un poco porque si no, ¡venía un bife!

    No se trata del híper refinamiento sibarita, que es medio maricón (y hasta pecado de gula, según leí). Se trata de participar, sin darse cuenta siquiera, de que hay cosas que son aceptadas por el simple hecho de que vienen de nuestros padres.

    Igual Dardo hablaba de otra cosa…

    -¿Qué hay de comer?
    -Carne al horno con papas.
    -Ehhh…!!!.¿Con papas a la qué..!??

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  8. A ustedes lo que les pasa se llama: Hambre. En casa de niño teníamos una muchacha que le decía a Mamá que hacía encargos para la comida: "No se preocupe Blanquita, yo les voy a hacer algo que amojone". De eso se trata.

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  9. y de un poco de buen gusto, Dardo, no jodas. Los platos tradicionales de las diferentes regiones de cualquier país -pongamos, la España-, no son refinamiento gastronómico. Ahora, si usté se come el mondongo por un lado, los porotos echados arriba sin respetar la receta (y ni le digo si le pone patitas de cerdo, con barro en las pezuñas, así como salieron del chiquero), pues, macho, que además de tener mal gusto, es usté un bruto.

    Nick.

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