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jueves, 16 de junio de 2016

LA RESTAURACIÓN DE LA CULTURA CRISTIANA. John Senior (Ed VÓRTICE 2016,PARTE II)


por Dardo Juan Calderón
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Capítulo I. La restauración de la cultura cristiana.

    Un hombre es el producto de una cultura, y la cultura que nos entorna es “moderna”. Si queremos formar hombres cristianos tenemos que entornarlos en una cultura cristiana, y en esta situación, supone aislarlos de la cultura que los entorna en la medida de lo posible. No existe en Senior la idea de un esfuerzo político que transforme la cultura del mundo o de la sociedad en que vive. Mucho menos en su Norteamérica. De lo que se habla es de un aislamiento espiritual, alejado de los medios masivos de influencia que son de uso de la incultura moderna, y fundamentalmente en el ámbito del Hogar.


    Un planteo político o social católico resulta impensable en su nación, la que posee una sólida estructura democratista y plurireligiosa desde su planteo fundacional y constitucional; no hay nada que “restaurar” en este plano, ya que nada hubo nunca. La restauración de lo social y lo político es una tentación nuestra, porque de alguna manera, somos una mayoría católica que no hace tanto tuvimos un orden católico y, no tan en el fondo – todos-  sabemos que las estructuras ideológicas del Imperio del norte, son un cuento del tío con el que tenemos que acordar por el momento, pero que podría ser disipado por el “líder” semimonarca que estas sociedades buscan atávicamente desde sus entrañas monárquicas.

   Este libro es para los “entristas” un baldazo de agua fría, pero no hay que aprovecharse, se debe aceptar que hay diferencias enormes entre esa sociedad y las nuestras. Aunque yo coincido que sólo queda por hacer lo que dice Senior (con sus acomodamientos) no puedo dejar de ver que esa estructura de la que debemos aislarnos, no es tan sólida aquí - ni mucho menos -  y no es tanto lo que debemos aislarnos. Con un poco de rascar, la cultura cristiana está allí, entre la mugre de los corazones y el cinismo de hacer creer que nos hemos tragado la píldora democratista. Nuestro diagnóstico se trata de saber si tanto tiempo llevado en la falsía y la traición, no nos ha convertido en moralmente inaptos para una reacción.

   Lo bueno de Senior hasta ahora, es no confundir “cultura” con “civilización”, que en nuestros intelectuales se confunde a menudo y se lanzan a restaurar la “cristiandad”, cuando no se percatan que ellos mismos han dejado de ser culturalmente católicos. Ser culturalmente católicos es una urgencia personal y familiar previa a todo otro intento de carácter social que nos suponga protagonistas, y en esto sirve la experiencia del autor.

     Salvado esto, pues vamos a lo que vale para todos en el capítulo. ¿Cuál es esa cultura cristiana? ¿Dónde está el hilo de Ariadna para reencontrarla?

     La respuesta puede parecer ingenua y de una devoción retórica:

“Yo creo, y este es el tema y la tesis de este libro, que la verdadera devoción a María es ahora nuestro único recurso”.

     Esto dicho en la primera página puede sonar a meapilas, pero… nada más lejos. Más adelante en el libro encontraremos un planteo, no muy evidenciado, que nos deja pensando en esos hallazgos que nos obligan a decir “claro, es lo que yo decía, pero nunca dije”. Está bien, desde el punto de vista religioso la cultura no es lo esencial, lo esencial es la revelación, el “traditum”, por el que Cristo se encargó de velar para su sostenimiento a través de las notas de su Iglesia invencible, como el padre de familia vela por el alimento y la seguridad.

     La cultura es una especie de adorno, de decorado de la casa del hombre. Son los “melindres” femeninos que hacen a la calidez y la ternura del hogar, ¡tan imprescindibles!; y estos “arreglos”, que son las “humanidades”, todos ellos, desde la arquitectura, la poesía, las bellas artes, han encontrado en María a su fuente primordial de inspiración. Lo grafica en las Catedrales medievales con una reflexión poética sobre Chartres que bien vale el libro. Es el vino que se termina y arruina la fiesta, amarga el ágape familiar,  y que a Cristo no le va nada en ello. Sin embargo María se avoca a engalanar la mesa, se preocupa con esmero y ternura.

     Claro, ahora que está dicho no parece muy original, pero es maravilloso cuando un hombre dedicado a las humanidades, descubre lleno de gratitud este Patronato en su metiér.

   La “cultura” es Mariana, y sólo desde María se puede recuperar. Soberbio.

   Ahora bien, como todas las cosas agregadas – no quiero decir superfluas-  estas salen de un núcleo esencial y primordial: La actividad y los intereses del Padre de familia. ¿Esta actividad, de la que las humanidades son su adorno,  será la filosofía o la teología?

  “Algunos de los mejores de la generación anterior se equivocaron pensando que la filosofía y la teología podrían ser los instrumentos de la restauración de la cultura”.

    “Nuestra acción, cualquier cosa que hagamos en el orden político y social, debe tener su fundamento indispensable en la oración, el corazón de la cual es el Santo Sacrificio de la Misa, plegaria perfecta de Cristo mismo, sacerdote y víctima… ¿Qué es la cultura cristiana? ESENCIALEMENTE LA MISA.”

   Ya esto, vale todo el libro. No porque no lo sabíamos, sino porque un humanista de primer rango lo establece como principio de su ciencia. Lo hemos dicho en tono devoto mil veces; pero no lo habíamos escuchado desde la Cátedra y como dictamen científico, efectuando el desarrollo y demostración de lo afirmado. Guste o no a tirios y a troyanos, no por efecto misterioso (que también se contempla); en un frío análisis de la cultura occidental, estas dos son sus fuentes primordiales, María y la Misa. Y la banalización y trastocamiento de estos “fenómenos” culturales en su devoción católica moderna, pues impiden su restauración. Un marianismo sentimental y vulgar, y la misa nueva, son errores fatales y diluyentes de nuestra cultura. Punto.

    Encontramos en esto una coincidencia con una reflexión de Calmel sobre la política; considerada esta como uno de esos asuntos menores – ministerios de lo religioso – encuentra que su jurisdicción y patronazgo es de María, y esto lo dice con fundamentos históricos y filosóficos (nos recuerda aquella imagen de María con el mundo en sus manos). Más aún, los verdaderos tomistas entienden que el fin de la política, sin caer en devociones y dentro de una definición científica- es permitir al hombre llegar a la Misa.

    Dos hombres profundos que encuentran las raíces sobrenaturales de sus ámbitos científicos.

   Nos avisa el autor que la “cultura” de habla inglesa – por su tradición protestante -  tendrá en estas dos ausencias – María y la Misa - un grave baldón, una deficiencia cultural que hay que rellenar para que cobre una dimensión verdaderamente humana. Y este es el planteo del profesor de literatura a sus alumnos. Todo es muy lindo, pero… no podemos decirnos “cultos” sin apreciar estos dos “fenómenos culturales” que le faltan a lo inglés y de dónde reciben la mayor parte de su cultura que por un escamoteo ideológico, no logra explicar sus raíces. Y por allí los lleva con argumentos no devotos, sino científicos.

  Pero, ¿cómo darles a estos alumnos de artes una idea que no sea un simpe análisis temático de estas dos cosas? ¿Cómo hacer que se impregnen de los significados de estos fenómenos y capten la simbología profunda que inspiró una cultura? Pues:

  “El peor defecto de la literatura inglesa es la omisión; María Santísima, nuestra madre, y el Santísimo Sacramento, están ausentes” “… no hay duda que es una carencia grave y debe ser compensada por el uso cotidiano de los tesoros de la piedad católica y el recurso constante a la liturgia latina.”

    Así que, alumnos, vayamos a estudiar estas fuentes, pero a estudiarlas vivas, a experimentarlas y profundizarlas. Y de enseñar literatura, estás yendo a un proceso de conversión, recomendando el practicar una devoción mariana y asistir al Sacrificio de la Misa con las disposiciones de encontrar en ellas la fuente de la cultura. Genial. Y me podrán decir que esto no es más que una “curiosidad” arqueológica y hasta una especie de pedantería para cultivo de exquisitos, pero luego viene la confianza en que Dios no dejará pasar las buenas ocasiones, y vendrá su gracia a completar este periplo, agregando las “verdaderas disposiciones” que se deben tener para estas “experiencias”. Para que esto no sea una simple pedantería quién transmite este conocimiento, debe testimoniar en su existencia esa luz que emana de la gracia y que corona el aprecio de lo humano en su justa y esplendorosa medida. Y él lo tenía. Y si no se tiene… no pasa de pedantería.

   Digamos que el proceso propuesto es el de que si alguien ama verdaderamente un sector del conocimiento y del obrar humano, si quiere obtener resultados buenos y permanentes, al buscar su fuente encontrará al Dios cristiano, pero siempre antes, a la Madre de los Católicos. Y descubrirá así mismo que cualquier ámbito de la cultura occidental, tiene como fuente y fin al “acto cultual”.

   Deja el capítulo con un consejo a los educadores – padres y maestros – a fin de no coartar en los adolescentes el “ardor” propio de sus edades en una exageración jansenista o en un aislamiento que los infantilice. Y propone ciertas lecturas que (por ejemplo Jane Austen) – aunque en algo peligrosas y necesitadas de correcciones y agregados - resultan necesarias para mantener vivo el fuego. Propone también la música ante el hogar familiar en un encuentro amoroso y los deportes “ingleses” con cierto riesgo. Nos recuerda que sin leer “los clásicos” seremos incultos, pero ¡ojo! “un clásico es una obra de la cual todo el mundo conoce el nombre”. Son lo que él llama esos “mil libros que deben leerse”, no lo que entendemos en las universidades por “clásicos”.

   Detengámonos en esto último. Es un excelente consejo para católicos norteamericanos e  ingleses. Pero exige una “traducción” al castellano. Los mil libros que hay que leer en castellano son otros, y hay mil libros buenos en nuestra lengua a los que no cabe hacer ningún reparo. Nuestras niñas han leído a Jane Austen y Romeo y Julieta, pero no han leído las Novelas Ejemplares de Cervantes, que son mucho mejores, que tienen “ardores y amores” en el tono justo, y los otros mil españoles e hispanoamericanos (¡qué desgracia no conocer a Castellani!).

   Nuestros muchachos no sólo deben cantar junto al fuego canciones de amor y nostalgias en un aislamiento social frente a una sociedad que se perdió irremediablemente en un pasado lejano ( mis nietos cantan “cara al sol”), sino que debemos cultivar el “ardor” de un espíritu combativo, porque hace un tiempo fuimos españoles y católicos y, no tanto tiempo que nuestros abuelos eran fascistas, y todavía podemos decir un montón de cosas en un tono inaceptable para aquel mundo de ostracismo y silencio de la verdad y del coraje. Nuestros hijos pueden y deben decirle a sus maestros y compañeros un montón de verdades políticamente incorrectas, cagarse en el INADI, y revolear algunos sopapos. Nosotros estamos todavía en aquella obligación que cantaba el famoso poeta norteamericano (para estar a tono) Walt Whitman: 
“No dejes venir mansamente la noche – rabia, rabia, contra el día que termina”.

    No es la bucólica Virgiliana la que los tiempos precisan en estos lares, sino el relato Herodotiano de Leónidas y sus trescientos espartanos. No somos aquella inmunda américa del norte - nuestras pestes son otras - más allá de que muchos prefieran entrar mansamente en la deriva democratista para imitar ese tono nostálgico de un derrotado que acepta una prisión de oro en la repugnante libertad de los derechos humanos. Y tampoco piensen que esa cómoda situación de aislado bien comido nos tocará a nosotros.

   Nunca seremos una minoría tolerada, no son los persas quienes gobiernan aquí, es Efialtes, el deforme, el traidor y resentido. Un latino que deje de ser católico, nunca dejará de ser un traidor y un apóstata. Por lo menos en muchos años. Nuestro protestantismo recién inicia en el Concilio Vaticano II y tiene tono marxista, no creo que jamás sea este sueño que nos vende Macri en tono de amplitud de criterios, ese “Holocausto climatizado” que nos describe en el segundo capítulo nuestro autor. Nuestro holocausto será sin aire acondicionado y nuestra actitud debe ser la del aquel soldado de Malvinas - al que supo cantar en inspirados versos Juan Luis Gallardo – que se planta con un corte de manga. Mi padre era un docente hispano, de los buenos, y lo que nos gravó en la memoria para enfrentar la derrota, fue aquel grito de Cambronne cuando en Waterloo lo intimaron los ingleses a la rendición: “¡¡¡Mérde!!!”. Y nada de “buenos modales”. (Tema de Senior sobre el cual, como verán, tengo mis reparos).

   Mi consejo para la juventud es muy otro que hacer “peñas” y cultivar las artes bellas de manos de ángeles de paz. Junto al fuego sí. Pero canciones de guerra, argumentos de batalla, afilando sables de arcángeles iracundos. ¿Deportes ingleses? ¿En “clubes” y tenida elegante? La cultura católica, mal que les pese a los argumentos publicitarios del catolicismo americano pro-vida, no es una exaltación de la vida, es una cultura para la muerte, para el momento de la muerte. Como lo veremos en el próximo capítulo. 
     

     

18 comentarios:

  1. Senior usa para el título la palabra restauración, pero no propone restaurar nada, ni tiene qué restaurar en los EEUU.
    Lo que propone es vivir como católicos a pesar de la realidad religiosa y social de su tiempo y lugar. Es lo que también sucede con la Srta. Prim (zafar que no queda otra).
    Esta postura solo resulta aceptable para Hispanoamérica si la consideramos definitivente perdida. Como yo lo hago, acomodando en detalles las recetas a nuestro mundo, encuentro el libro adecuado para la Argentina. Las pruebas del estilo hasta ahora intentadas han dado buenos frutos (al menos las que conozco), en el sentido que no dieron perjuicios y dieron más de un beneficio (tampoco es que se puede lograr lo de la novela de Prim, que la vida no es literatura, pero...).

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    1. Un hombre de la literatura no usa palabras al cuete. Propone una restauración de la cultura, que comienza por lo personal y se proyecta en pequeños grupos. Yo pienso como usted y hago mis acomodos, creo que todavía nos cabe una reacción más combativa.

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  2. Este año acabó de leer las fuentes de la cultura del Dr. Carlos Disandro....una verdadera maravilla ....que por lo que dice la primera parte de este artículo, va en la linea del autor comentado( al menos, insisto, en lo que se comenta al inicio porque desde el otro lado de la cordillera es difícil conseguir a Senior...)

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    1. Busque Vortice (la editorial) y escríbale a su titular, seguro que se lo manda, y tiene otros muy buenos.

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  3. Estimado chileno.
    Es como Ud. dice.
    Disandro le dedicó un libro completo (el libro que más se conoce de él) a ese tema: sin culto, no hay cultura. El culto (tradicional) es su "fuente".

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  4. P.s: lo la razón q puse entre paréntesis se agrade el articulo de Don Dardo,
    Firma, parafraseando a Gomez Dávila
    Un pagano que quiere creer en Cristo.

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  6. Cuando trabajamos para sostenernos a nosotros mismos y nuestra familia, vivimos el comunitario, porque convivimos con otras personas.
    Y conviviendo, creamos, destruimos, abandonamos. Me resulta difícil escribir recuperamos, porque nada se recupera dado que todo esta bajo el poder de la muerte.
    Cuando vamos a misa tradicional hoy, no estamos recuperando nada, estamos manifestando un post-progresismo, porque es algo nuevo que nunca se manifestó en el pasado.
    Charly García tenia chispa de genio cuando decía con atavismo cristiano que ir por la derecha o la izquierda da igual... si hay un poquitito de amor...
    No es el cambio al cual debemos temer mas a la muerte sin gloria, que a la muerte gloriosa la espero y ansio.

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  7. Gracias cocodrilos porel dato.... Por su comentario me ha llamado mucho la atención ellibro.
    Don Pepe acá en Chile las obras de Disandro literalmente no existen.....despues de años de buscarlo tuve que fotocopiarlo en la PUCV..... única biblioteca que lo tiene .....al igual que la obra de Don Ruben Calderón .... Salva la excepcion de este último pues encontré en el priorato de la fsspx en Santiago,un par de bellos volúmenes.
    Unn pagano que quiere creer en Cristo.

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    1. oiga, pagano, que no se le alargue mucho. Es hora de creer.

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    2. Por mis influencias intelectuales previas, entre muchas otras cosas, se me ha alargado .......pero cuando uno acaba de descubrir un testamento de un lejano ancestro criollo del siglo XVIIIque principia así:

      Encomiendo mi alma a Dios, escogiendo por mi intercesora y especial abogada a la serenísima reina de los angeles para que cuando Dios sea servido de sacarme de esta presente vida a la eterna interceda por mi con su precioso hijo......
      .........

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    3. Recuerde el misterio de la comunión de los santos y póngase en contacto con su pariente. Usted no tiene que convertirse, tiene, como dice Senior, que "volver a su casa", regresar a la fe. Lea el artículo de Argentinidad (pinche al costado y ponga buscar que está al fondo) "Pequeña biografía de Calderón Bouchet" - no porque sea mío el artículo - y verá un proceso de conversión por reencuentro con la vieja familia. El medio de ponerse en contacto es la oración. No afloje.

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    4. Gracias Don Dardo, hace tiempo leí el artículo, creo q fue el primero de su autoria que leí....creame que lo he meditado junto a la tesis que me plantea, y uno titulado los Papas santos, que de hecho lo tengo impreso (maldito teclado y los acentos),
      No lo abrumo mas. tampoco este es el medio para contarle mi especial situación, que solo me incumbe a mi finalmente,solo agregar que gracias a este estiercolero que es internet he podido conocer cosas que de otro modo, me habría llevado el doble de tiempo.....paradojas de la modernidad....
      Y siga escribiendo porque sin saber, puede ayudar a mas de una persona....
      P.s: como sugerencia trate de ver como carajo uno se puede suscribir a la pagina, cosa que las nuevas entradas le lleguen al mail.

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    5. Tengo que tener su mail. Contáctese con dardocalderon@yahoo.com.ar

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    6. Le mandé un correo. Saludos.

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  8. Acabo de agarrar el libro y quiero, mientras venga desde atrás con la lectura, seguirlo con estas entradas de los Cocodrilos.

    Y leyendo la entrada de nuevo me di cuenta que había algo que me había llamado la atención en el libro y que creo que no encuentro en los Cocodrilos, del mismo modo que está en el libro.

    En el Capítulo I se marca la necesidad de restaurar una cultura doméstica, como condición para el crecimiento en el alma del amor de Cristo. Usa en ese sentido la Parábola del Sembrador. El ve que sin la restauración de esa pequeña cultura doméstica, sin los cantos, la chimenea, la lectura en voz alta, etc., sin éso, el alma difícilmente llegará a ser tierra fértil para que crezca en ella el amor de Cristo. Como si una cosa requiriera de la otra para nacer. Ahí la idea.

    “Lo que yo propongo, no como respuesta a todos nuestros problemas, sino como condición de la respuesta... y que (creciendo) con música en sus corazones,... cantando las viejas canciones durante toda su vida, se dispongan a escuchar un día el cántico del Bienamadao.” (pg. 38)

    Sé que esto que marco está en el post; pero no lo veo al modo del libro, esto es, como condición; y creo que en eso hay miga.

    El de Brufaganya

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    1. Yo entiendo que eso es un tanto artificial. La vida jamás es así, la vida es combate. Esa artificialidad es la que critico.

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