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sábado, 18 de junio de 2016

LA RESTAURACIÓN DE LA CULTURA CRISTIANA. John Senior (Ed VÓRTICE 2016,PARTE III)

      
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Por Dardo Juan Calderón.


 CAPÍTULO 2 EL HOLOCAUSTO
CLIMATIZADO.

  El hombre moderno está “encantado” por los avances tecnológicos, las ciencias médicas nos permiten muchos años placenteros, los avances en agricultura aseguran  comida en abundancia y cada vez más exquisita, viajes por el planeta por pocos pesos, información instantánea, etc. El mundo se hace cada vez más placentero y una molicie epicurista lo va ganando. El hombre hace del mundo “su casa” y de allí no quiere irse. Senior nos muestra este mundo y estas vidas baldías en la que el único aguafiestas es, la muerte.


    Frente a ella queda un pesimismo de final de fiesta sin sentido, o un optimismo tecnológico que pospone el asunto hasta que se logre sortear este “detalle” del que no hay que hablar. Hasta tanto la muerte sea solucionada tecnológicamente, lo recomendable es una buena eutanasia no bien merman las posibilidades de ser llevada la vida con cierto placer, y si en el medio del gozo sexual nos aparece el cargo de un embrión fecundado, pues para eso está el aborto. Y esto, digo yo, no es sólo una pendiente existencial de un vivir cómodamente, sino que es la conclusión de toda la filosofía moderna, que finalmente, desde la revolución social, recala toda en la esperanza tecnológica a la que sólo corresponde ponerle frenos ecológicos.

    La descripción de este tipo de vida, cobra en el autor un valor literario que va desde lo dramático hasta lo ridículo, con hallazgos realmente gloriosos.

    Ahora que vivimos en Argentina una propuesta política que promete este tipo de vida, todos sienten un poco de curiosidad por experimentarla y, de allí, recurrir a los medios que sugiere Senior para no caer víctima de este “holocausto climatizado”. (Hay que leer a los dos enanos filosóficos que inspiran a Macri - Rozichtner y Durán Barba – con sus alabanzas al placer y sus cantos a la emoción bajo la promesa de pobreza cero).

   La salida que da el libro, es la vida simple, frugal, que encuentra su sentido en la muerte, muy lejos de escamotearla. La vida familiar y de comunidad. Estados Unidos está perdido sin remedio en esta orgia y hay que volver por comunidades en barrios suburbanos.

   Con lo que voy a decir, no crean que desvaloro lo escrito, que está escrito para Estados Unidos y por un estadounidense y tiene razón a cada paso, sumado al hecho que está muy bien escrito.

    Pero el capítulo tiene el peso de ese “autismo” americano, para el que el mundo son los EEUU, Europa un lugar de vacaciones y cultivo y, el resto una tierra bárbara e incógnita que vaya a saber por qué razón viven en la miseria y a los tiros. El vivir este holocausto climatizado es un problema de no  más del dos por ciento de la población mundial. El resto está siendo sometido al más enorme y cruel holocausto de hambre y guerra del que se tenga memoria;  y miles o millones de católicos son martirizados en África y el Medio Oriente,  para sostener el costo del avance tecnológico de una camarilla que necesita pasar sus tubos de gas y petróleo, y que reposa sobre la más enorme usura que se expande por todo el orbe.

    No sé si me estoy volviendo medio zurdo, pero hay algo que no me cuadra en estos tipos que buscan un vivir frugal y digno, que sólo es posible en las afueras de esta banda de malditos. Porque no sólo se trata de que quieren ser un “bon vivant”, sino que para ello hay que tener una dosis de crueldad a prueba de balas. Molnar que los conocía, decía que no hay que olvidar que inventaron el pato Donald junto con la bomba atómica, y que de todos los horribles monstruos que la tenían y la tienen, soviéticos, coreanos, hindúes, chinos y paquistanos, para horror de la gente rubia, sólo ellos la tiraron sobre dos ciudades.

   Esa vida frugal y bucólica, sólo es posible en la zona rural de ese infierno placentero y depende de la existencia de ese infierno placentero, sino, si esa idea  la traen acá,  agreguen a la pintura de la “comarca” un buen foso con empalizada, fusileros en las torres y una educación más espartana para los jóvenes.  Recuerdo que al secretario de Mahatma Gandhi le decían lo admirable que era la pobreza de aquel hombre, a lo que contestó: “No saben lo caro que nos cuesta mantenerlo pobre”. Aquella vida frugal, es carísima.

    Les pido mil disculpas, pero la propuesta de Senior exige que Norteamérica exista como es, y sólo es posible en el primer mundo. No es que uno le eche en cara que no se vaya a vivir a una favela brasilera o un barrio de Sri Lanka, y lave las pústulas de los leprosos o cure las adicciones de los niños mulatos que se las pescaron viendo las publicidades de la tecnología americana, y de esa manera hacerse perdonar el ser norteamericano. No, no se lo pido. Pero si una propuesta comunitaria no tiene en cuenta que debemos ser, en la medida de lo posible, ayuda y consuelo de las miserias incontables que asolan a los pobres – no frugales, sino miserables – que tenemos en nuestro derredor, pues es todo falso. Y es insostenible. Hagan la prueba en las afueras de Buenos Aires, y si no tiene un trato misericordioso – y a la vez firme y valiente - con las barriadas colindantes, que creen una relación de justificación de nuestra posición con aportes caritativos concretos, los barrerán como moscas.

    Claro, me podrán decir que Estados Unidos trabajó para merecerlo, pero  ¿ha producido la riqueza para que los pobres allí no existan? ¿Es el sistema capitalista un productor de bienestar? No,  con la dureza protestante que los impregna, ha sido el mayor exportador de miseria en la historia sobre todos los rincones del mundo, miseria exportada con la guerra, el soborno y la usura. Senior no se engaña, nos dice que el capitalismo es “una simonía secular; es la venta de aquello que, en razón de la caridad, pertenece a los demás”.

    Vuelvo a repetir que son buenos consejos, pero deben traducirse con urgencia, porque los pobres siempre existirán y la vida cristiana es fundamentalmente asistirlos, más que hogares de leños, guitarras y canciones. Una comunidad que no tiene su acción en este mundo para los más pobres, con algo material, pero principalmente con no olvidarse que existen, con prestar nuestra inteligencia, nuestros conocimientos y más que todo, con “prestarles la oreja”, que suele ser lo más difícil, no puede reclamar el título de católica.

    Nuestras comunidades tradicionales insipientes, sobre todo las que tienen colegios, no pueden sustraerse a este elemento de los pobres en nuestra vida; sin ello no somos católicos, Cristo fue bastante tajante. Y no pocas quejas se ven cuando aparecen morochitos junto a nuestros rubios y los “niveles académicos” no se logran. La reacción de Francisco contra la propuesta epicúrea del macrismo, no por zurda y guaranga, deja de tener bases católicas. La opción cristinga por el macrismo, es simplemente alcanzar el atalaya de algunos que ven la miseria desde lejos, justificados en que una buena administración capitalista terminará con esos sufrimientos. Sólo una rotunda y maliciosa ignorancia puede suponer que el problema es tecnológico (incluyo la tecnocracia), cuando todos sabemos que Dios no hizo un mundo para el lujo y el placer, y que la existencia de esto, por simple ley de entropía, implica un mundo periférico miserable, ahogado en el resentimiento homicida. Quizá piensen que esto se pueda dar en Argentina, sin importar mucho qué pasa en otros lados;  pero deben saber que en un sistema capitalista que supone costos muy por encima de la rentabilidad, la única solución es la exportación de pobreza. De las ciudades a los cinturones urbanos, de un país a otros, de un continente a otro; y para eso se necesitan poderes de influencia mundial, fierros, bombas, aviones, monedas de curso universal y finanzas devoradoras del mundo. Nosotros sólo podremos hacer lo primero, es decir, embromar a nuestros prójimos. La “honestidad” capitalista es un timo para aliviar conciencias, como Dolina pienso que es más humana la cleptocracia cínica.
  
     Senior busca en un mundo artificial una solución por lo “real”, pero si vives en una película, lo real sigue siendo artificial. Las gallinas y los chanchos de la granja son doble pechuga y comen maíz transgénico que se transporta en una Ford. Nadie sabe “realmente” lo que es criar un chancho o cultivar una huerta hasta que no debes comprarte una escopeta para defenderlos, o buscarle la vuelta con los vecinos dando cada tanto un jamón, o un atado de remolachas; curándoles un hijo, solucionándoles sus problemas legales, en fin; prestándoles la oreja.

    No se trata de ser frugal en un mundo de ricos, se trata de ser frugal  en un mundo de pobres. Si por una casualidad de la historia estás sentado en una sociedad que no los tiene, no por sus virtudes sino por su crueldad, crueldad que nace desde la podrida raíz de su protestantismo (como bien lo vio Max Weber) resulta imposible restaurar una vida cristiana sin cargar con la parte de culpa que implica el autismo y el desprecio.

     Si bien vemos con estos datos frescos aquella literatura protestante, a la que el autor destaca en su belleza y bondad - quizás incompleta, nos dice -, en sus dulces novelas y sus bucólicas poesías que no son otra cosa que parte del canto al gran Leviatán que erigieron y que ahora se los engulle, pues la muestra más patética de su intrínseca maldad sólo la he visto bien retratada en Edgar Alan Poe. Siempre la opción americana es por el Ismael de Moby Dick, y en esa opción delatan su parentesco con la crueldad musulmana.

    Dirán que soy un poco cruel con una persona tan buena y que en este capítulo da señas claras de poseer una gran pureza en un mundo lascivo (sin ser puritano, ya que hay un chiste - sobre que proponer cambios en los planes de estudio para mejorar la enseñanza, es como tratar de arreglar el matrimonio ensayando una nueva posición sexual – que me hizo desternillar de risa), pero Senior tiene un lastre protestante en su conformación, que creo que comparte con todo el catolicismo americano. De aquella cultura anglosajona, posterior a Enrique VII, hay que desertar, mal que les pese, salvo el escogido y minúsculo entorno de sus conversos y sus Santos martirizados. Más tarde nos traerá Senior el contradictorio caso de la Reina Bess, culta y homicida, que para nosotros no debe ser tan contradictorio. Ese norte se formó en torno a una religión de una crueldad indecible, disfrazada de buenos modales.


   Me costaron digerir ciertas alusiones a la esclavitud en América del sud (¿?) y por efecto de Colón que trajo los males europeos (¿?), las que intuyo provienen de malos datos sobre la España que vienen en los “mil libros que hay que leer” en inglés, ya que los males europeos - como la esclavitud - vinieron de manos de los protestantes y no de los católicos. Se me frunció un poco más con la loa a Jefferson. Pero son excusables, nadie me podría impugnar malamente si no sé historia de Norteamérica y si hago algunas loas a San Martín como lugar común del sentir patrio. Sin embargo, habrá algunas ausencias hasta el final del libro que son más importantes y que no las adelanto para producir un poco de suspenso. 

7 comentarios:

  1. No me interesa ese libro.
    No leo autores anglosajones. No me gusta perder mi tiempo.
    Pero tus comentarios son movedores y eso es bueno para mi. Así que gracias.

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  2. Gracias por tus salidas entretenidas.

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  3. No hinches las p...que vos esto lo escribis sentado en la galeria, tomando un mate y oteando el horizonte. Hay que rajar de esta ciudad de m....y con los pobres, que se yo! Mas pobre soy yo!

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    1. Si sos pobres no rajés!!! Los mendigos sólo viven en las ciudades (o viste un mendigo en el campo). Por eso se arman los cinturones. Para rajar, hay que hacer alguna moneda

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  4. Perdone que le comete tan vieja entrada. Estoy releyendo este libro y voy mechando con sus apreciaciones. Sabe que con este capítulo me he llevado flor de susto (por no decir que casi me caigo de cola cuando leí tan grandes disparates). El yanqui dice:

    1) "Hace un siglo... había ESCLAVOS en América del Sur" (¡!) Está bien, Ud. dice que puede fallar, pero le digo: Si yo publico un libro, no pongo ni en joda algo tan delicado SI NO ESTOY SEGURO. Al hombre le faltó discreción.

    2) ESTA ES PEOR: "Pero obediente a la religión cristiana [por suerte no escribió católica] de los pioneros, Nueva York, Los Angeles, y Chicago serían tan bellas como Chartes, Asís o Salamanca." QUÉ???!!! Aquí queda patente que el hombre, por más que su libro es bello y meritorio, acusa (graves) deficiencias teológicas e históricas. Cómo puede sostenerse que unos tipos PROTESTANTES iban a dar fruto semejante al CATOLICISMO??

    Moraleja: hay que abrir DE PAR EN PAR los ojos cuando se lee a uno que parla en inglés, así nomás. Por más católico que sea, le tira ese complejo protestante, esa inquina vil contra el católico postrero, el no felón, el HISPANO. Y al contrario, se ensalza con algún malhadado hijo del heresiarca. Al único que no le encuentro merma en ese sentido, es al gran BELLOC; ya CHESTERTON mucho no me lo trago, pero no puedo opinar justamente por eso. Sus frasesitas igual son simpáticas.

    BRUNO ACOSTA

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    1. Bruno, le perdoné que no supiera un pomo de historia de estos pueblos y que tuviera un cierto entusiasmo por su patria. Pero como dices, lo inglés es siempre desconfiable. Hay una enorme ventaja en los mil libros que tenemos que leer fuera de la lengua inglesa.

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    2. Es tal cual, Dardo. Al margen del libro (1er cap) tmb, por ejemplo, he anotado su comentario: "en vez de canciones pueriles, que mis hijos escuchen CARA AL SOL". Muy cierto! Tenemos enorme ventaja en eso. Lo mismo con las Novelas de Cervantes (que me encantaría leer) y el bello folclore hispanoamericano. Un abrazo!

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