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jueves, 9 de junio de 2016

RECALCULANDO y CONCLUYENDO

Por Dardo Juan Calderón

Resultado de imagen para PADRE ALVARO CALDERON IMÁGENES   Para el estudio de todo instituto, es una correcta hermenéutica establecer primero el espíritu que anima su existencia. Hemos tratado de explicar qué es una enseñanza magisterial en general, y de cómo esta enseñanza se basa en la “autoridad” del maestro.  Ya habíamos visto el fenómeno de la “autoridad”, que fundamentalmente es una condición que da el “conocimiento”. Es autoridad en algo, el que conoce bien ese algo.


  Y hemos visto también, que la vida de los hombres se nutre principalmente de este tipo de enseñanza, en la que la “autoridad” la vierte sobre los demás, y estos la aceptan por las condiciones subjetivas del Maestro, ya que no pueden hacer juicio sobre el fondo.

  Hemos dicho que en el plano sobrenatural, esta es la forma exclusiva de transmisión, ya que nuestra inteligencia no puede captar lo que llamamos “misterios”. Misterios que aceptamos como tales porque nos son revelados por el Maestro (Dios, Cristo y los Apóstoles). Estos misterios no son un total enigma para la inteligencia (pueden serlo), pues una vez aceptados, la inteligencia y la voluntad dispuestas con humildad a disponerse a esas verdades, encuentran que ese saber, nos explica y nos aporta una luz para todos los otros saberes, produciendo de esta manera una aceptación inteligente y una conformación de la razón a la verdad revelada.

   Vimos también que ese núcleo de verdades reveladas, de carácter sobrenatural, debe hacer luz sobre la existencia histórica del hombre con sus avatares. Es decir que el hombre enfrenta nuevos tiempos y nuevos embates que exigen nuevas soluciones, extraídas de ese núcleo en forma directa, o bien indirecta. Para ello Cristo funda una Iglesia, visible, con una jerarquía, en la que deposita la tarea de explicitar ese núcleo de verdades, interpretarlas, responder a los embates de la historia y enseñarla a los fieles. Para ello Él, dota a esta jerarquía de un “carisma” especial – y a nadie más- a fin de que no puedan errar. Establece un Pastor, Pedro, que guiará a su rebaño y lo dota de ese carisma de infalibilidad.

  Este carisma reside en el Papa. Igualmente en los Concilios presididos por el Papa.  Los órganos del Magisterio son el Papa y los Obispos diocesanos, aunque sólo el Papa goza de infalibilidad personal, mientras que los Obispos en la medida en que enseñan con el Papa. Por eso no está mal decir de los Obispos que “participan”, porque tienen la función de magisterio en dependencia del Papa, pero no es bueno poner su modo de participación en paralelo con los simples sacerdotes.
 
  Nosotros dijimos que los sacerdotes y aun los padres de familia, pueden participar de esta “infalibilidad”, y aquí me pueden decir : “Sí, preguntale a tu mujer si sos infalible en tu magisterio”. No es que esté mal lo expresado, sino que está expresado en “versión extrema” y con gusto de provocar (la atención, se entiende). No puede ser magisterio si no es cierto.  Pero convendría aclarar que se da por supuesto que el Papa es infalible “por propia cátedra”, mientras que el sacerdote y el papá es infalible “por cátedra ajena”, en la medida en que transmite una enseñanza que él sabe que es infalible: la del Magisterio.

    Aquí debemos cerrar el tema del “espíritu” del instituto. Es un espíritu generoso, abierto, pródigo. Pero… todos nosotros tenemos que saber cuándo se expresó de esta manera, para estar seguros de que estamos transmitiendo una doctrina segura. El Concilio Vaticano I, nos da estas notas para que estemos seguros; no es que invente el instituto, sino que lo aclara en tiempos que hacen falta, y porque hubo tiempos anteriores en que no hacía falta; el cristiano era dócil. Entonces me dice el P. Calderón: “El hecho que la enseñanza infalible del Magisterio tenga notas que la hagan reconocible, hace que todos puedan transmitir esa enseñanza con la certeza de su infalibilidad”. No son notas restrictivas, sino que hacen a su evidenciación, y providencialmente, en estos tiempos de malos Papas, nos vienen de perillas.

   Dijimos que la infalibilidad es una regla general, en la medida que se pretende hacer magisterio, es decir, que se quiere enseñar la Verdad. Aclaremos, si el Papa nos quiere dar de comer pan, no le salen piedras. Si quiere decirnos la Verdad, está asistido. Si él tiene dudas, pues no. Pero además, no hay un “tajo” de infalibilidad o no infalibilidad, hay “grados”, porque Dios no le suelta la mano, sino que lo va llevando. Veamos que nos aclara el mismo Padre Calderón al respecto en nota privada:

  “Este es el asunto más complicado, donde – por más que no quieras – se han hecho distinciones”... (Corto un poco para explicarme, la pelea entre mi hermano el Cura y yo, es que yo creo que si tenés que enseñar a jóvenes y gente de acción, no podés hacer tantos remilgos y distinciones o se pierden; y a él, le da risa lo bestia que soy. Continua la cita)  … “Hay magisterio infalible y hay magisterio simplemente auténtico (dado con autoridad) de mayor o menor grado. No se puede escapar del todo a esto. Tu principio está bien: no hay magisterio sin certeza; la certeza excluye el temor a errar; implica entonces infalibilidad… vos dijiste: “infalibilidad en algún grado”. ¿Puede tener grados la infalibilidad? Normalmente se usa hablar de infalibilidad para el grado extremo de certeza, expresiones dogmáticas que se pueden tomar como dichas palabra por palabra por Cristo mismo. Luego hay enseñanzas ciertas, pero de una expresión mejorable, aunque exentas de error notable o substancial (la doctrina de las Encíclicas anteriores al Concilio, dadas para que sean reconocidas y aceptadas por todos: verdadero magisterio). Se puede hablar de grado de infalibilidad, porque el error posible está acotado, no puede ser importante. Muchos quieren entender que si no son absolutamente infalibles pueden equivocarse totalmente. Parece que aquí hay materia a aclarar, porque usás el término infalibilidad en un sentido más amplio, aunque legítimo, pero no es el usual. En este sentido hay que decir que todas las encíclicas anteriores eran «infalibles», pero no se usa decir. Aunque Pío XII en Humani generis dice que nadie las puede discutir, porque quien las oye, oye a Cristo, que es lo que vos aquí decís. Pero… tiene una certeza de grado cercano a la absoluta infalibilidad, lo que es una infalibilidad de grado…”.

      
       Ahora bien, ¿cuándo se expresa el magisterio Infalible sin duda alguna? ¿Hay alguna “formalidad” exigida? Si hablamos de formalidades litúrgicas o procesales (diríamos los abogados), pues no las hay. Hay formalidad en el sentido filosófico, es decir, cuando se cumple la FORMA del enseñar magisterialmente con certeza. Vamos a otra nota privada de mi guía:

    “Lo de las formalidades se te puede tomar a mal. Es cierto que no depende de formalidades exteriores, como de cierta solemnidad especial; pero vos estás de acuerdo en que debe analizarse la manera de hablar para saber si se expresa con intención de enseñar o de simplemente dialogar. Esta es la formalidad bien formal que el discípulo debe atender, pues a veces el maestro plantea opiniones, dudas, etc., y otras veces responde y enseña. Las notas del magisterio ex catedra que da el Vaticano I se refieren a la formalidad formal fundamental para saber de qué manera enseña, y no hay que entenderlas como solemnidades externas”.

    Bien, cuando el Magisterio eclesiástico se expresa en esta “forma” magisterial, con certeza, está asistido por el carisma de infalibilidad. Cuando Obispos, sacerdotes y padres de familia enseñan esto, pues participan de esta infalibilidad, pero… otra nota aclaratoria privada:

“¡Aquí hay que distinguir!” (Me reta)  “Si el Papa, si los Obispos con el Papa, si los sacerdotes y nuestros padres repitiendo lo que dijeron el Papa y los Obispos con el Papa, enseñan con certeza, son infalibles en grado absoluto. Si cada uno habla según su sabiduría, es cierto que todos están de una manera u otra asistidos por el Espíritu Santo: el Papa y Obispos como órganos del Magisterio infalible; los simples sacerdotes en función de su sacramento, y los padres de familia en razón de su sacramento propio, por el que también tienen asistencia para enseñar. Pero estos últimos tienen un tipo de asistencia a la que se puede faltar, de modo que pretendan enseñar con certeza lo que malamente creen”.

    Pero si el Papa habla con esa certeza absoluta ¡No puede fallar! Y este es el dogma.

    Ahora bien, nos dicen que el Papa no puede revelar cosas nuevas, sólo puede transmitir, explicar, aplicar y proteger el depósito de la fe, cuya revelación terminó con la muerte del último Apóstol. Es decir que su función sería determinar con precisión tal verdad contenida explícitamente o implícitamente en la Revelación, que podría estar en discusión entre teólogos.

    Esta postura, que en el libro que proponemos es tildada de “voluntarista”, es refutada. No voy a transcribir todo su tratamiento, pues corresponde ir al libro y esto no es un tratado. “El magisterio puede enseñarnos infaliblemente muchas novedades cuando ve los problemas actuales a la luz del Evangelio, y no se debe poner división entre Cristo ayer y Cristo hoy porque el magisterio conciliar no repita lo mismo que el magisterio tradicional”.  Y recuerda que en el canon de San Vicente de Lerins, se explica cómo el cristiano debe apoyarse en la tradición – sólo- en la hipótesis de que no hubiera definición por parte del magisterio ordinario o extraordinario. Es decir, sólo en momentos de perturbación, pues la regla es el magisterio actual del Papa de hoy con los Obispos de hoy. Sólo si estos no se pronuncian, pues se puede ir a la tradición.

    Tampoco puedo juzgar sobre la fe del Papa, ya que “el principio formal de la infalibilidad no es la virtud de la fe sino el “carisma” del magisterio eclesiástico”.
   Y concluyo es este punto con la tesis sostenida en el libro “…para quebrar el dilema actual no debe prejuzgarse la credibilidad del magisterio con algún criterio distinto que el que ofrece de sí misma la legítima autoridad, porque entonces se atenta contra la docilidad católica que tiene como única regla próxima de la fe, al magisterio “vivo” – actual- de la Iglesia”.
  
   En crestiano; si vamos a juzgar al magisterio de Francisco, de Bendicto, de Juan Pablo, de Juan XXIII y del Concilio, no podemos juzgarlo con criterios externos a sí mismos, erigiéndonos en autoridad superior que interpreta la revelación. Tenemos que juzgarlos por lo que ellos mismos dicen de sí mismos. Por la “formalidad” de su decir. Si ellos dicen, “no estoy hablando con certeza”, “no estoy definiendo ni dogmatizando”, “no sé bien de qué se trata”, pues busco en la tradición.

    El tema de fondo es saber juzgar esa “formalidad formal” de la expresión de este nuevo magisterio, que no es magisterio sino diálogo, y a eso atiende la obra del P. Calderón, que con minucioso y escolástico método, contesta todas las objeciones. Y con ella los dejo y vayan para él los palos, que yo sólo estoy encargado del Foso y las distinciones me aburren (lo mío es claro y simple, al que toca el agua lo tengo que morder y que Dios distinga los suyos).    




23 comentarios:

  1. Me alegra esta entrada.
    Hay temas de los que hay que abrirse si no se van a hacer las mil distinciones que requieren.

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    1. No sea mal arriado, después de todo el café lo pagué yo. No todos tenemos su nivel.

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  2. Jacques Cathelineau9 de junio de 2016, 12:30

    Bueno, una más y no jorobo más. Por el momento no puedo leer el libro, así que he opinado en base a lo que he visto escrito en los posts. Me gusta más lo que dice el cura. "Usás el término infalibilidad en un sentido más amplio, aunque legítimo, pero no es el usual". Aclaración fundamental en la materia. De todas formas, y sin negar que pueda encontrarse algún antecedente teórico previo (como en casi cualquier tema), que las Escrituras y la Tradición son "reglas remotas" de la Fe y el Magisterio, una "regla próxima", es una idea más bien surgida en el siglo XIX. Eso conduce -lo digo descriptivamente, sin hacer juicios de valor- a una suerte de "clericalización" del catolicismo. Así, todos parecemos estar pendientes de que el Papa se expida sobre tal o cual asunto; pero debe tenerse en cuenta que no fue esa la concepción católica durante, por decir algo, unos quince siglos. The end.

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  3. No joroba para nada, estamos rumiando juntos. Usted piensa que el catolicismo fue diferente - menos clerical- durante unos quince años. No es así, esta doctrina es la que el catolicismo tuvo siempre pero no se dió la necesidad de expresarla, pero pongamos que no, o que no estaba clara y7 había distintas concepciones. Lo que vale es lo que dijo último el magisterio, que entonces aclaró, rectificó o lo que fuera.
    Le aclaro que mis "provocaciones" tienen por objeto hacer leer el libro y olvidarse de mi, espero lograrlo y ha sido un gusto.

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  4. Jacques Cathelineau9 de junio de 2016, 16:49

    Ay, don Dardo. "Lo que vale es lo que dijo último el magisterio". Uno que era medio liberal, racionalista y buscador de obstáculos al poder, y ahora nos desayunamos que Ud. es un progre defensor de la cronolatría. Lo que son las cosas... No; acá ya me meto en camisa de once varas, porque no soy teólogo, pero tengo para mí que esta hipertrofia magisterial es una tendencia práctica. NO es que lo haya dicho el Magisterio. Al contrario, desde el mismo Magisterio es posible arribar a la noción recta de Tradición como norma objetiva de referencia para el Magisterio.

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    1. Muchas veces escapando de un error uno se encuentra con sus talones. Olvídese de los malos Papas, piense en los buenos, que el error de ellos y el horror nuestro no nos lleve por fuera. Después veamos como enfrentamos esto. No tenga en la cabeza a Francisco, piense en San Pio X. Que los malos Papas no destruyan al Papado.

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  5. Resumiendo ¿Quien soy yo para juzgar? Bueno, me voy a buscar donde fue que dijo Francisco “no estoy hablando con certeza” o “no estoy definiendo ni dogmatizando” o “no sé bien de qué se trata” y vuelvo, si me dejan XD.

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    1. Precisamente eso debe hacer, y si quiere que se lo faciliten, lea el libro recomendado y verá que lo dicen expresamente un millón de veces.

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  6. Es que esa es la paradoja. Los buenos Papas hacen que se vaya adquiriendo una errónea concepción del Papado. Si hay una seguidilla de varios San Pío X, es bastante probable que uno se haga la idea de que la asistencia del Espíritu Santo es más abarcadora de lo que en realidad es. Por eso, al venir un mamarracho la lógica indica hacerse sedevacantista; o recapacitar, y darse cuenta de que la indefectibilidad de la Iglesia no es como la planteaba el ultramontanismo (no sé si molesta el término, pero no encuentro otro más sintético). Está mal ser papólatra, y está mal ser papólatra de cualquier Papa.

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    1. Eso se llama "falacia" lógica. Los buenos Papas dan una idea errónea del papado y los malos la verdadera. Entiendo que el pesimismo nos vaya ganando, pero es mucho. Conviene a los hijos tener malos padres así se hacen desconfiados, me hace acordar a ese chiste judío en que el padre le dice al hijo que se tire de la mesa que él lo va a agarrar, y lo deja pasar y se hace bosta. Moraleja: "¡No confíes ni en tu padre hijo mio!". Más que paradoja es una parajoda. Dios hace el bien con bien, no con mal; y a veces cuando hacemos mal nosotros, el lo troca en bien. Entiendo que el tema autoridad resulta incomprensible si jamás se ha experimentado la suerte de conocer una, que es lo que pasa hoy con todos nosotros y nos hacemos gauchos matreros. No crea que esto que digo no me ha costado poco entenderlo y he pensado como usted gran parte de mi vida, he crujido para aceptarlo y me ha pasado que lo acepté por argumento de autoridad (era mi hermano mayor y no me quedaba otra), pero de a poco, bien de a poco, le encuentro el sentido y me deja más calmo. Y no crea que lo de Jorge Rodriguez no me tienta y lo resisto haciéndome fuerza, para mí, sería más fácil y cagüentodos. No digo que para ellos, pero para mí, sería más fácil. Pero ¿a quién le encargo los nietos? Si me dan garantías de pronta parusía, agarro viaje; pero si se alarga... En fin, no crean que a uno no le dan vueltas todas estas cosas, pero el libro del Padre, me dejó convencido.

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  7. La de Jacques es una tentación muy común (quien no la ha tenido ante una contrariedad que no logra explicarse y que intranquiliza la conciencia), la de hacer doctrina a partir de la coyuntura o la excepción. Como el capitán que está al mando maneja como el culo hagamos mierda a hachazos el timón y que cada marinero, con remos, a nado o como pueda, use sus conocimientos de navegación para ver como carajo llegamos al puerto; después de todo, hay una brújula, están las estrellas y un par de faros que todos podemos ver e interpretar,no es tan necesario tener un capitán. Haga la prueba y vea cuanto dura ese viaje.
    Ante la coyuntura del mal jefe, el reflejo es tratar de limitar al mínimo las facultades de la jefatura y dar poder de control a los subordinados, y el problema surge cuando sobre esta actitud coyuntural, que puede haber resultado necesaria en alguna circunstancia, se monta una doctrina que pretende limitar de allí en más la jefatura, y con eso se debilita la institución. Cuando llegue el bueno nada podrá hacer porque habrá sido despojado de las facultades inherentes a su jefatura (es el verso moderno del Estado de Derecho), y entonces la solución viene a ser peor que el remedio. Si, como yo creo, es posible que Satanás está conspirando constantemente y tiene una astucia privilegiada, he llegado a pensar que quizás su mayor victoria en este momento no sea tanto la de que hayan llegado malos Papas como la de haber logrado que los católicos aceptemos la reducción al mínimo de la autoridad del Magisterio, porque con esto último produce una herida profunda y permanente a la institución, quitándole el arma más poderosa que tiene para salir de la crisis.
    Séneca, con la sabiduría propia de los antiguos, decía en uno de sus conocidos aforismos que al padre hay que amarlo si es bueno y sufrirlo si es malo. Nunca se le ocurrió que había que sacárselo de encima o quitarle autoridad, porque con buen tino sabía que de esa forma se aniquilaba la función y el sentido de la paternidad y con ello los hijos perdían un bien mayor.
    Con estas actitudes y reacciones le damos al mal una entidad que no tiene y pretendemos construir sobre él, que es lo mismo que construir sobre el vacio.

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    1. Efectivamente es así. Pero sumemos a ello que nosotros nos encontramos en el punto final de esa encrucijada. El catolicismo mejor, el neotomismo, nosotros mismos, hemos ido produciendo esa deriva de los principios y lo peor ya ha ocurrido, el barco ha encallado. Cuando aparecen los buenos principios, parecen heterodoxos y novedosos. Cuando agarramos Santo Tomás y tiramos todos los "buenos" comentaristas posteriores, nos sorprendemos y no lo reconocemos (pasa por ejemplo con el "naturalismo" político), nos damos cuenta que se decía otra cosa y que se ha ido derivando lentamente hasta hacerse irreconocible para los mismos tomistas. Estoy leyendo a Senior y me encuentro con esto mismo dicho por él, es muy bueno. Esto nos pone en la perspectiva de tener que "re-formarnos" y rehacernos como católicos.

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  8. Bueno, crean lo que quieran. La indefectibilidad de la Iglesia o la infalibilidad pontificia no hay que reducirla ni que expandirla. Hay que poder detectar la "justa medida" (sí, es pésima la expresión, pero no tengo tiempo de pensar ni de escribir). Y no sé qué tiene de escandaloso o novedoso el reconocer bienes per accidens de males.

    In Domino

    Jacques

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  9. Ah, y otra cosa. "Cuando llegue el bueno nada podrá hacer porque habrá sido despojado de las facultades inherentes a su jefatura(...)", "(...) quitándole el arma más poderosa que tiene para salir de la crisis". Aquí hay problemas para discutir sobre la verdad, sobre la realidad de las cosas. Matémonos buscando la verdad sobre la infalibilidad, indefectibilidad, asistencia del Espíritu Santo, etcétera; empero, por favor, sobre LA VERDAD. Esto de que es malo para cuando venga el bueno, y armas, y tácticas y estrategias, me resulta de un maquiavelismo religioso inaceptable.

    Jacques

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  10. Hace unos años teníamos una guía más simple: "Hasta un niño con su catecismo podría refutar al Papa"

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  11. Jacques Cathelineau10 de junio de 2016, 18:06

    Del comentario del comentarista anónimo...

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  12. no soy un robot...11 de junio de 2016, 7:33

    TENGO LA MISMA TENTACIÓN DE JACQUES. PERO NO HAY QUE CEDER.

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  13. Jacques "El Tentador" Cathelineau11 de junio de 2016, 20:59

    Yo también tuve la misma tentación que los cocodrilos. Pero no hay que ceder.

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  14. Que los parió!!!!. Mucho se aprende de las publicaciónes y de los comentarios. Lindo sería el libro en PDF (...y fue nomas el mangaso), pasa que pa estas "periferias", no llega nada, y se hace difícil conseguir. No se me enoje el pagre cura, con gusto le comprariamos el libro si fuese posible. Un abrazo
    Yacaré del norte

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    1. Sale la segunda edición y pensamos ponerla en Amazon, para adquisición virtual.

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  15. La descomposición de la autoridad es doble: de abajo hacia arriba (no es necesario ni conveniente conocer la docencia francisquista); y de arriba hacia abajo. Lo primero afecta más a los tradis; y a los no tradis, les afecta más lo segundo.

    Lo segundo es lo más grave, la descomposición del papado desde el papado. El gobierno de Francisco, desde sus mismos inicios, en su formato de docencia informal y mediática, y tal como dice Federico Mihura Seeber, ha renunciado a su vocación de mando y dirección. Se ha vuelto anómico: “prohibido prohibir”, vía perdonarlo todo. No se enseña en el orden moral que las faltas acareen consecuencias. Ya no hay sanción. O cuál fue si no, la consecuencia del Sínodo de la Familia; cómo habrá bajado toda esa confusión a la vida parroquial.

    Más allá de las consecuencias que la prédica francisquista provoque en aquellos que necesitan de su dirección para salvar sus almas (todos), también habrá consecuencias al modo de preparación para lo que vendrá. Y cuando venga lo que haya de venir, cómo se lo va a resistir sin aquella fuerza de mando, más necesaria quizás entonces, que en cualquier otro momento en la historia.

    ¿La prudencia no tiene nada que decir en esto? “Hay un problema con la autoridad”, decía el comentario al post anterior. ¡Obviamente que hay un problema! ¡Un gran problema! La misma FSSPX se funda sobre la base de que hay un problema con la autoridad.

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  16. El esclavo es veleta y espera su momento, no se manifiesta. Espera la caída de la autoridad. Así esperaron los esclavos de Italia, que eran infinidad y han condicionado nuestra iglesia latina. La primer caída fue el cancelar el latino, lengua odiada del imperio y adoptada por el cristianismo. La siguiente fue esperar el fruto erótico del humanismo... esperan siglos, es eterna la paciencia que tienen en morir con tan poca gloria. Al papado no hay que defender. La fe en Cristo si. Porque Una es la autoridad, y no dos, o tres como ahora. Y no habrá tres sin cuatro ... El mamarracho actual del papado erótico multiplicado por dos es ineluctable consecuencia de la voluntad de los esclavos de no amar Cristo. No se iludan, pero no desesperen y sobre todo perseveren en la fe en nuestro Señor Jesús Cristo.

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