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jueves, 4 de agosto de 2016

EL ÚLTIMO CAPÍTULO DE LA “RESTAURACIÓN …” DE SENIOR


   Había dejado en el tintero este último capítulo, que a mi ver, es el que tiene la mayor importancia en el “mensaje” de Senior. Cultura, Culto y Culto Mariano (o “cultura mariana”), sería su derrotero.




  ¿Qué es la cultura? Nos dice el autor acertadamente que son aquellos aspectos de la vida del hombre que tenemos sujetos, dominados, bajo nuestro yugo, “subyugados” - y agrego - en suma, aquellos aspectos en que hemos cumplido el mandato de Dios sobre la creación: “dominad la tierra”. Son fundamentalmente el arte y la moral (y la política, por supuesto).


   Yo he recibido un “paisaje”, y debo hacer mío ese paisaje. Darle una forma. Una forma que exprese al “hombre”. Son, quieras que no, el “humanismo”. El orden de bondad y de belleza que se debe imprimir a la creación, que aunque buena y bella, la tenemos que hacer “nuestra”, es decir, “humana”,  y que se nos entrega por Dios en el mismo Paraíso en una manera, por decirlo así, salvaje. Salvaje pero dócil. Dócil a nuestra inteligencia, como materia prima a la espera de su “artista” (vean la primera parte del film El Árbol de la Vida, y verán una visión de esa naturaleza que espera al hombre).

   De aquí deduzco que el hombre en estado de inocencia, tenía un “trabajo”, una tarea a realizar sobre las cosas creadas, que no habían sido dadas para poder holgar, sino para expresar con ellas la bondad y a belleza de lo “humano”. Sin duda alguna habría habido una agricultura, una ganadería, una arquitectura, una pintura, una literatura, una política y todo lo que hay ahora – pero mejor hecho - y a lo que llamamos “cultura”, cultura practicada con felicidad y pericia. Por supuesto también habría habido religión, moral, filosofía y todas las cosas del espíritu, que habríamos ido “dominando” con felicidad. En suma, Dios nos daba una tarea “constructiva”.

  El autor nos previene contra ese “ismo” que contiene el “humanismo”, ese fanatismo de lo humano que surgirá primordialmente de esta tarea llevada a la exageración del propio envanecimiento; cuando lo cierto es que esta “materia prima”,  es una enormidad maravillosa que debemos contemplar y ver en ella la inteligencia divina, y nuestra tarea que es un poquito que nos permiten agregar en la medida que somos la expresión más egregia de esa creación - de esa inteligencia divina - que somos “a su imagen y semejanza”; como si fuera un gran poema al que nos llaman a ponerle un “toque”, un toque humano. La pena del pecado, más allá de la principal que es el alejamiento de Dios, es que esta tarea ahora (como la de parir hijos) se nos haría sufriente, esquiva, chapucera. Y todo por habernos hechos nosotros esquivos con Dios.

  Senior nos convoca a experimentar esta tarea del dominio y el cultivo de la realidad, y, un poco ingenuamente y como palotes para los niños, nos aconseja la vida rural, la del dominio de la tierra en la agricultura, a modo de experiencia primera e inmejorable analogado de que así como nosotros moldeamos el “humus” que se nos entrega mansamente, debemos ser “humus” que se deja moldear por Dios, mansamente. Señalaría yo un olvido del autor en este analogado, el de Caín, el agricultor y el Constructor de Ciudades. Caín el Culto. Ya que este mandato de dominio, parte como de primera premisa, en el dominio de Dios sobre uno mismo (no en el dominio de uno mismo, paradigma pagano), o te transforma en un monstruo de soberbia y al fin, homicida. A Dios no le agradaron los frutos que ofrecía Caín, porque eran frutos obtenidos por su voluntad de dominio a secas y no por su voluntad puesta a manos de Dios.

   La agricultura es una ciencia, como las de las otras artes, que tienen sus formas, sus técnicas, sus leyes. ¿Cuál es la ciencia que rige el “cultivo del hombre”? ¿Será la moral? ¿La política? Los sabios dicen que debemos aprender  a dominarnos y cultivarnos a nosotros mismos, y hacen extensos volúmenes de ética y política donde aprendemos a moldearnos “nosotros mismo”, aprendemos el “autodominio”, pero: ¿hay un lugar, una técnica, en que los cultivados seamos nosotros por otro?  De la misma forma en que se “subyuga” la tierra. ¿Bajo qué yugo debe ponerse el hombre para ser cultivado por Otro? Pues bien, me apuro,  esto es la Religión. En especial, el Culto religioso. Con el Culto religioso se cultivan los hombres. En el culto el hombre no busca conocimientos, sino la Gracia, esa fuerza de Dios que nos transforma, que nos moldea, y que nos hace útiles para lograr la cultura del mundo; para significar con Dios nuestra tarea. Allí todas las actividades del hombre se “religan” y se ofrecen a Él todos los frutos de la tarea de dominación de lo creado, toda nuestra “humanidad”. Y los frutos de Abel eran bien recibidos, y aún mínimos, eran suficientes. Abel era un hombre culto y Caín era un monstruo culto. Abel dominaba sus cabritos para el Señor, y Caín dominaba la tierra para sí mismo, y no vayan a creer que Caín no tenía “autodominio”, sino no hubiera hecho las enormes obras que hizo.

   Senior deja bien claro que la actividad de dominio sobre uno mismo, procede de la previa puesta a disposición para el dominio de Dios sobre nosotros, el acto de subyugación a Dios de esta realidad que es el hombre, ¡y esto se hace en el Culto! En el acto cultual. Y en esto hay un misterio, porque todos los palanganas del mundo entienden ética y moral, y casi nadie – yo incluido – entiende cómo cornos funciona el culto, que es un acto bastante aburrido – salvo para los santos- donde durante un par de horas trato de sujetar mi cabeza que se me escapa de los textos litúrgicos y de los “actos” (o actuaciones) litúrgicas. Pero esto es lo mismo que le ocurre a la tierra, a la bestia o a la materia del arte, no entienden qué están  haciendo con ellos el pastor o el agricultor, sus razones rebasan su naturaleza mineral, vegetal o animal – aún en estado de perfección y pureza -  tal como el hombre no entiende lo sobrenatural. Luego y por efecto del pecado, la cosa empeora.

   El acto de subyugación, es de subyugación, no de auto- dominio, es ponerse bajo “otro” dominio, bajo el dominio de Otro. No se trata de cultivar las virtudes naturales, sino de adquirir las sobrenaturales y de esta manera cumplir el fin del hombre, que es dar testimonio de la gloria de Dios, y que solito y su alma, no puede. De esa manera, podrá lograr que el resto de las cosas creadas “den testimonio de él”, sí de ÉL, del hombre (todo fue un regalo de Dios para el hombre), pero de un hombre ordenado por Dios. Dios no quería que los pájaros le canten a Él, y que lo bueyes le sirvan a Él, los quería para nosotros y los gozaba en la medida en que nosotros fuéramos de Él. Y desde esta perspectiva, podemos concebir un “humanismo”, o mejor dicho – para sacarle el ismo- “lo humano”, lo mejor de lo humano: La cultura.

  Nos “cultiva”  bajo leyes y formas que no comprendemos, que nos resultan misteriosas, y este culto, esta liturgia que es el entorno cultural y material de lo sacramental, no es factura del hombre, es una “invención” de Dios, que la hace con la Vida de su Hijo, Jesucristo, que muestra que la vida es esencialmente un acto de culto a Dios, de puesta a disposición con Dios, para que se haga Su voluntad “y no la mía”.   Y la verdad es que estoy hasta las amígdalas de que algo tan simple cueste tanto comprenderse. El acto de culto, el acto litúrgico, bajo el cual se formó la única cultura que valió la pena, y que era “obra de Dios” (porque el “libreto” de esa actuación es la Vida del Dios Hijo), fue cambiado para que no sea más esto, para que sea un acto de “cultura humana”, y no de “cultura divina”. Para que la ofrenda sea la de Caín y no la de Dios, su propio Hijo, y nosotros no seamos el humus (de dónde viene humano) que es cultivado. Y después de ello, después de someternos al yugo y ser arados, despampanados, roturados, sembrados, cosechados y conformados por Él, salgamos en ese espíritu a hacer “nuestra” cultura.

   Recapitulemos. Tendemos a entender que la liturgia es una creación cultural del hombre. Los ornamentos, la arquitectura, la música, los mismos gestos de la actuación, y a veces, hasta la poesía. Pero esto es un error total. Cuando se pone en tablas una obra de Calderón de la Barca o de Shakespeare en el teatro Colón y con la gente del teatro, sabemos que no es una obra del elenco estable del Teatro Colón ¡es de Calderón de la Barca o de Shakespeare!, por más que sea en esa locación, con su vestuario y con un tono “argentino” en su dicción y aún con cambio del idioma. Salvo que sea una “adaptación de la obra”. Que sea el muy trolo de Pepe Cibrián. Y entonces es una obra de Cibrián.

   La liturgia católica es una obra de Dios (Opus Dei). Sus 

 textos son en su enorme mayoría “revelados”, su libreto es la Pasión de su Hijo que no sólo volvemos a actuar, a poner en tablas, sino que Él mismo la actúa cada vez, haciéndose presente en la Hostia. El Novus Ordo reformado desde el Concilio Vaticano II, es una adaptación de Pepito Cibrián – probablemente al marica le habría salido mejor- ya no es una obra del Autor original, y aún peor, es una adaptación del cura de turno (por eso a veces es peor y a veces mejor), y todavía más “pior”, es una adaptación del cura de turno a la sensibilidad de su público (y por eso los curitas dan un montón de misas diferentes, hasta a veces si encuentra tipos exquisitos ¡la original!). Es lo mismo que ha pasado con los profesores universitarios que ya no dan a los “autores”, y hacen adaptaciones para el público que les toca. (Una anécdota: Hace poco un viejo montonero me paró en un café para recordar a mi padre, “íbamos a sus clases en patota ¡era el único que nos explicaba a Marx como Marx había pensado! los demás hablaban de “su” marxismo… el “latinoamericano”, el “caviar francés”, el “marxismo de parroquia” o lo que corno fuera, ¡pero nunca Marx!”. 
  
   Es muy simple saber si estamos en condiciones de hacer una “cultura”, a partir de la clase de “culto” a la que no sometemos, y los cultos que nos someten – o no- dan debida cuenta de la cultura que hacemos. Todo el que quiera restaurar una cultura, debe comenzar por restaurar el culto, Así de simple. Y todo el que quiso destruir una cultura, pues comenzó por destruir el culto, así de vaticanista. Y eso y no otra cosa es la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, una inversión del culto, un culto que hacen los hombres y ya no hace Dios. Un culto sometido y no sometedor. Un culto subyugado y no subyugador ¡Y el que va a la Misa nueva se puede ir a  ….  considerarse inculto!; es decir, no cultivado. Y la Misa nueva pudo ser porque ya todos éramos unos burgueses de …. que queríamos ver las adaptaciones del muy retambufa de Cibrián. Y no podemos percibir esa diferencia.

   Para peor, una vez que el hombre “hace” una inmensa cultura, como la renacentista, una cultura sometida al hombre y un hombre que no está sometido a nada, se da cuenta que hizo un monstruo que termina en un racionalismo en que Caín vive moliendo a palos a Abel, el mundo es una porquería bien decorada, y le agarra el romanticismo de volver a lo salvaje, de abandonar toda cultura porque es mala, y se pone a cantar loas a la ecología, echándole la culpa a Dios porque nos pidió “dominar la creación”. Y los giles creen que la solución, es volver a lo “natural” que ese era el mensaje de Dios, y se olvidan que esa naturaleza era materia prima de primera calidad para que hagamos con ella algo “humano”, que se logra cuando nos sobrenaturalizamos.  Todo el arte y el pensamiento que dejó de someterse al culto, es creación humana y aleja de Dios y nos deja solos.

   Senior nos pone el ejemplo de la arquitectura en las Iglesia y en las viviendas de los hombres. “Palacios de la pizza” denomina a los templos modernos. (Y esto me trae a colación cierta Iglesia de Madrid, que como los españoles prefieren los fritos a los horneados, es un gran acto de adoración del Huevo Frito, y no sigo porque me caliento).

   De la cultura al salvajismo. De la belleza exagerada a la inmundicia. El hombre resaltando la belleza de los senos femeninos y terminando acostado con un travesti operado. Templos trasvestidos.

      Pero dejemos las broncas y aquilatemos el concepto. Yo me conformo, me “formo” en el culto, o mejor, Dios me conforma y me forma en el culto – que no soy yo- y de esta forma, salgo a hacer mi cultura ¡y recién es mía! Esta sí que mía, es “humana”.  Sí, una cultura humana, un humanismo, si quieren – aunque la palabreja la terminó de hacer asquerosa Maritain - con espíritu festivo también. Previo lo otro.

      Ahora bien, Cristo, crucificado y sufriente, conforma ese culto. La total entrega, la prescindencia de todo. La aniquilación. El camino del desprendimiento. La adoración del Patíbulo. ¿Y de allí sacaremos poesías de amor? ¿Aires de conquista? ¿Una sinfonía pastoral? ¿la ejecución de un jardín florido? ¡Claro que no!.

      Claro que no. Cambiemos el culto, “no eres tu mi cantar, no quiero cantar ni puedo a ese que sube al madero, sino al que anduvo en la mar”. Ya sabemos que a Cristo le importa poco si nos falta vino en la fiesta. ¿Quién mira estos detalles? Toc, toc. A María.

      Y Senior nos dice, la “cultura humana” es Mariana. Calmel decía, la política cristiana: es Mariana. Yo me atrevo a agregar, dejen de molestar con sus nimiedades a Cristo, para estas mimoserías está María. Y hacia el fin de los tiempos, cerca de la Pasión de la Iglesia, María hará silencio y acompañará la Pasión. Y no habrá cultura, ni política, ni nada agradable en este mundo. Y esto porque – disculpen el exabrupto – Cristo no está para nuestras mariconerías, como el llanto por la “cultura perdida”, la historia derramada, la civilización abandonada, la política desperdiciada, y que no se puede terminar la fiesta sin vino. ¿Quieren vino? Ahí tienen mi sangre.

    ¡Ayyyy!, ¡se ha pedido Chaquespeare! ¡Uyyy! ¡Y la bella España con sus olé, sus peinetones y sus puntillas! Dejen de embromar. Creo que Fátima significa el último intento de la Virgen por darnos bolilla con fruslerías. Arremangarse que llegó la Hora. Usen el Rosario para que no nos muelan los hijos. Viene el momento en que el vino será vinagre, en la punta de una lanza. Nuestra ofrenda cultural, es la ofrenda de Caín. Nuestra política, es la política de Caín.

    Pero el tarado soy yo. Senior nos dice que la “cultura” es fruto de un “culto” especial, que no es de “latría” (adoración), sino de “hiperdulía” (ser en extremo veneradores de), el Culto a la Virgen María. Y eso, es un acierto total. El culto de latría, el culto a Dios, es para ser movidos a la salvación por vía del calvario. El de María, para hacer más llevadero el camino y, para hacer más llevadero el camino, están todas estas “añadiduras”, como la política. Y el camino, o mejor, El Camino, es por la Cruz, y despidiéndose de todas las añadiduras. En suma, hablar de una “cultura cristiana” no es totalmente exacto. Lo exacto es hablar de una “cultura mariana”. La verdadera cultura “cristiana”, es saber andar los calvarios.

   Fátima es un mensaje político, con una enorme y tremenda enseñanza. “Se han quedado sin vino” (a los pastorcitos, que son santos, les da el Calvario, así sin más), … “¿Y a Mí en que me va?, el asunto es hacer como los pastorcitos”…  “Buehh, pero estos otros son mantequitas…” “Haced lo que os dice”…  ¡Haced lo que os dice! ¡¡¡Haced lo que os diceeee!!! … ¡Pero puede ser que seáis tan brutos! En el Vaticano se enteran que se han quedado sin cultura – sin vino- y hay una monjita que dice que hay que hacer un acto de culto, un acto litúrgico de consagración, traer las vasijas con agua y esperar que Cristo – sacerdote- las transforme. ¡Estas monjas! Se dicen. ¡No entienden nada! ¡Lo que hay que hacer es vino! ¡Y rápido! Con buena tecnología. Estuvimos lentos con la enología. Adaptémonos. Contratemos enólogos del primer mundo, no importa en lo que crean, lo que importa es que sepan hacer vino. ¡Cien años van a cumplirse en esto!

    ¿Y cuál es la enseñanza?. Hablando mal y pronto, a Cristo le da un higo la política, y las artes y la cultura… son un ministerio – de “mínimo” – que ha dejado a su Madre. Y su Madre la única solución que nos tiene es lograr que hagamos lo que Él diga que hagamos, bajo su petición o advocación; porque si los que pedimos somos nosotros, ni bolilla, porque es “superfluo” y para mantequitas. Y si no lo hacemos… si llevamos cien años sin hacerlo… María dejará de ser protagonista y pasará a ser expectadora sufriente y Corrredentora, de la Pasión. Que ayer fue de Cristo, su hijo. Y hoy es de la Iglesia, Cuerpo Místico de su Hijo. Y a quienes dijo que tenían que hacer algo, fue a “los sirvientes”, a la jerarquía eclesiástica. De lo que saco otra conclusión (y aclaro que me estoy divirtiendo a la forma de Mihura Seeber).

   No sé por qué a uno le gustan los números redondos. Cien años es una buena cifra para la paciencia de Dios. Es una buena cifra para la contumacia del hombre. Un día. Para salvar la cultura “humana” a partir de la restauración del Culto Divino. Y no lo hemos hecho. Los que debían salvar “el vino” son, acortando, los Papas y los Obispos en conjunto, los sirvientes, los que manejan el tema del vino. Cuando estos no traigan en el tiempo fijado por la paciencia de Cristo, las vasijas, terminará el ciclo mariano y comenzará el ciclo exclusivamente crístico. El de la Pasión. Con las negaciones de Pedro y todo el resto que sabemos. Los esbirros mandados por el Sanhedrín irán a prenderlo.

    Hoy recibimos la noticia de que las escuelas y colegios católicos (verdaderos) en Francia, están amenazados por una ley que les impondría los programas de estudio bajo pena de intervención. Las Iglesias de la FSSPX están sufriendo “pintadas” insultantes.

    Muchos no saben que Senior escribió primero un libro que se llamó “La muerte de la cultura Cristiana” (tengo hace años su edición francesa), y se trata de una partida de defunción. La restauración de esta cultura no es un trabajo “docente”, ni “político”. Es la restauración del “culto”, cuya falsificación marcó su muerte. No hay otro camino. Jean Vaquié habló que no era “restauración” sino “resurrección”, y sería lo lógico ante una “muerte”. Lo grafica en el pasaje de Lázaro, “Haced lo que os digo, retirad las vendas”. Y no lo hacemos. Pedro niega y ríe nervioso con los esbirros, con una horrible sirvienta. Pedro tiembla y tiene miedo. Pero es Pedro. ¿Cantará el gallo? ¿Llorará Pedro?. Algunos dicen que ya no es Pedro, que no hay Pedro, pero… ¿dónde está anunciada esta “vacancia”? No la veo. Veo al final de la sexta iglesia y del sexto sello, que los ángeles harán cesar los cuatros vientos (¿de la historia? ¿de la cultura?) y se hará una media hora de silencio.

    La supuesta “cultura” cristiana  que se está pretendiendo restaurar desde muchos focos bien intencionados, con docencia, con actividades políticas, es una cultura falsificada, apenas las analizamos aparecen sus faltas, sus tergiversaciones. Son humanismos.  Y no son marianas. No lo son porque no parten del claro mandato mariano, “Haced lo que os diga”. No vendrá la cura de un nuevo planteo prudencial de la política, ni de un revisionismo histórico. En Fátima quedó claro, vendría de un acto litúrgico, de consagración, de una jerarquía que debía dejarse “subyugar”, y con ella, nosotros.    -      
    

             

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