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miércoles, 31 de agosto de 2016

LAS IDEAS DE ALEKSANDR DUGUIN.

Por Dardo Juan Calderón.
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(Y sus repercusiones en nuestro medio)

Las cuestiones biográficas pueden consultarse en Wikipedia y hay un muy buen reportaje en TLV1 de Soaje Pinto junto a Adrián Salbuchi, cuando el ruso visitó la Argentina por el año 2014 y habló en la CGT por iniciativa de Alberto Buela y el “Momo” Benegas.


Hijo de un alto KGB, filósofo y politólogo, fundador de un movimiento político al que llaman “La Cuarta Teoría Política”, no parece de una “gran” erudición – aunque suficiente -  pero sí bastante despierto, y como buen ideólogo, enormemente vanidoso. Políglota impresionante, simpático y agudo. Sus raíces filosóficas son de lo más variadas y confusas, con grandes simpatías gnósticas (Évola, Guenon, de Benoist,  Nouvelle Droit – de dónde entendemos que se conecta con Buela), pero a pesar de esto, encuentra su fundamento antropológico en la filosofía moderna, de manos de Martín Heidegger (el de la foto del artículo “Filosofía para tontos”, que está más abajo) con su famoso “Dasein”. ¿Qué saldrá de esta ensalada? Trataremos de ver. Adelantando que trata de conjugar la crítica gnóstica a la modernidad, con una distinción que sería superadora en la posmodernidad (lo que sabemos que no es así, así que es un gnóstico, tradicionalista, posmoderno, de derecha y de izquierda. Más o menos como Buela, que además le suma lo de católico y peronista).

 Con respecto al reportaje recomendado, hay que tener cuidado, porque son más importantes que sus dichos, aquello que se reserva a fin de obtener una coincidencia con los reportadores, es decir que hay que escuchar sus silencios y gestos y buscar su rellenado en algunos de sus escritos (que no les recomiendo porque no es un pensador, sino un ideólogo).

Duguin y Putin. El aspecto político.

 Se le suele decir a Duguin: el Rasputín de Putin. No es para tanto, tiene barba, pero no es tan loco y tampoco tiene tanta influencia sobre el líder ruso. Él mismo lo deja aclarado, Putin es un pragmático, al que ubica como “líder natural” del pueblo ruso y sus satélites del viejo imperio, que usa a unos y a otros según las conveniencias, y este Duguin sería el ala más de derecha (o mejor, más antiliberal) que coquetea con el líder, o el líder con ella, en ese doble juego que es tan normal y sabido entre políticos e intelectuales. La vanidad de los “filósofos” para convertirse en los sabios detrás del poder, dictando el “camino” esclarecido por una lógica rotunda,  es vieja como el mundo y siempre termina aplastada por la contundencia ilógica de los hechos; ya su inspirador, Heidegger, lo había intentado con Hitler, y como el mismo Schmitt, tuvieron que pasar de fanáticos a traidores, asunto en que los intelectuales son campeones (a Heidegger, de ser cocinado en Núremberg lo salvó la Hannah Arednt, activista judía, y alumna del susodicho, que vivió con él un romance adulterino y discipular cuando Heidegger era discípulo del judío Husserl, al que de paso, después de recibir sus favores, hizo echar de Friburgo cuando llegó a rector con el nazismo. Los intelectuales, como bien los retrató Paul Johnson, son una mierda, lo que demuestra que la intelectualidad no debe ir reñida con la bragueta cuando de ideólogos se trata).

   Tanto para los entrevistadores como para cualquiera que escucha el reportaje, la comparación de Putin con Perón es evidente y causada y embocada por ambas partes (cosa que llena de entusiasmo a Salbuchi, viejo peronista), y la Cuarta Teoría es algo parecido a la Tercera posición de Perón. Todo es pragmatismo puro y rearmado de una teoría con elementos de lo más dispares para darle andamiaje intelectual y concitar la mayor cantidad de adhesiones, tocando una melodía en la que muchos adivinan o reconocen “temas” que les son caros, y pasan por alto los que no lo son.

   El parecido de ambos políticos no va más allá del pragmatismo y cierta demagogia que apela a un sentido común que no se casa con ninguna ideología, ni idea, ni principios, y anda de novio con todos los que les pueden traer alguna sumatoria. La diferencia es que Putin no es un líder popular, surgido del ejército (Latinoamérica siempre adoró los generales), sino que es un líder de la burocracia soviética, que es lo único que quedó parado de aquel imperio comunista tras la debacle. Ni tan natural, ni tan ruso.

 Duguin no se engaña mucho, sabe que el personaje Putin es un tanto inasible, pero apuesta a que no le va a quedar otra que andar por la suya, ya que es un “traje a medida” pensado para el “líder”, asunto que creía también Hegel con Napoleón y otros cientos de ideólogos (traje que por lo común, siempre termina chingando). Él y su movimiento se proponen como ideólogos del líder, muy parecido a aquella derecha que entornaba al general argentino. Ya sabemos cómo les fue con Perón a todos los que creyeron lo mismo.

¿De qué se trata la Cuarta Teoría Política? Esta se entiende con la idea de la “Multipolaridad”. Existe un enemigo total de la humanidad que es el pensamiento “unipolar”, para el cual todo el mundo debe alinearse a la idea de la democracia liberal. Este liberalismo no acepta otras formas de “organización política”, aunque se presenta como muy tolerante a cualquier tipo de pensamiento. El pensamiento “liberal” busca la hegemonía imperial del mundo, la globalización bajo las ideas “modernas”. Su credo es el individualismo egoísta y en esto es el contrapunto de toda idea “religiosa” o  trascendente, o al menos fundada en las “tradiciones de los pueblos”, o por lo menos, holística. Por ello es el “anticristo” para los cristianos, o el nosequé para los musulmanes (que tienen una figura parecida al anticristo) o el no sé qué para los hindúes (el Kali Yuga) y etc. en cada tradición. Enemigo total. La mar de los hijos de puta.

 Frente a este enemigo poderoso que se encarna en los EEUU; pueblo y nación “creado en el laboratorio del liberalismo moderno”, surgen las reacciones. La “nacionalista-fascista” y la “marxista” (y van tres, digamos que el tercer mundo de Perón ya daba por muerto al fascismo, lo que era una verdad práctica, pero no ideológica, y este es un profesor que quiere tirar algunas puntas de este pensamiento), reacciones que se muestran impotentes para enfrentar al enemigo maldito. El nacionalismo porque, aunque bueno en sus concepciones filosóficas, se cierra en cada nación (o raza) y de esta manera angosta sus posibilidades de crecimiento hasta las propias fronteras. Presenta muchos frentes pequeños y nada puede contra el monstruo. Y el marxismo… (en esto es divertido ver el juego de escapes entre reporteros y reporteado, porque Salbuchi lo quiere al marxismo tan demonio como el liberalismo y Duguin se hace el tonto), en realidad Duguin lo ve como una buena reacción en muchas cosas, pero limitada al concepto de “clase” donde falla su holismo, es decir, nuevamente angostado. El mayor defecto del marxismo, para él,  es que el nexo que tiene el poder con los ciudadanos termina siendo sólo burocrático y esto le echa en cara a Putin, que sigue manteniendo por reflejo soviético esa enorme carga burocrática. Lo cierto es que esa burocracia ex KGB, es todo su sustento, no un reflejo, y nada hay de tan “natural”. No es un caudillo, es un burócrata.

    Duguin quiere salir de este encierro burocrático, que aunque mantuvo durante la época soviética la cohesión del viejo imperio zarista – y en eso es muy bueno y es “continuidad”-  resultó negativo ante la implosión de la perestroika, ya que cada sector de cierta autonomía burocrática entendió que era una Nación, lo que fue explotado por el enemigo (caso Ucrania), haciendo nacer posibles e insipientes Naciones que no responden a ninguna historia y tradición y haciendo tambalear el imperio por una posible fragmentación de típica política inglesa, a lo sudamericana o al modelo del medio oriente.

   Putin hizo un enorme esfuerzo por impedir este fenómeno apretando los tornillos de la burocracia soviética y con el efectivo y probado método de algunos asesinatos y misiones represivas, pero – y aquí Duguin y otros tienen algo que ver – buscando también razones espirituales para una cohesión, que ninguna mejor que esa vieja religión de dependencia política nacional que es la Ortodoxia y que le cae en las manos convirtiendo al KGB en “padrecito” (zar). Pero entendamos, lo que se quiere cohesionar es un imperio mucho más vasto que una nación, que una raza, que una religión y que un idioma, y que lo que tiene en común (fuera de una burocracia que sigue siendo lo único concreto) es una Historia bastante compleja. En esta dirección va Duguin, buscando rearmar este sustrato bajo un concepto de Civilización, que no puede ser exclusivamente europea por ciertos componentes y por la apetencia geopolítica sobre el Asia. Esta civilización sería la Euroasiática, el “eurasianismo”, que debe encontrar los puntos de coincidencia entre estos dos mundos. Asimilar la Ortodoxia, el Islam, lo moderno, lo nacional y lo marxista, y en ese sentido sincrético va su pensamiento.
  
   Ahora bien, ya de viejo sabemos que lo primero para cohesionar, es determinar el enemigo común. Esta coalición está determinada en primer lugar por este enemigo común, el democratismo liberal y moderno, y todos nos sentimos en casa cuando de hablar mal de él se trata. Y este debe ser enfrentado desde una posición ya no de naciones ni de clases, sino desde “civilizaciones”, con historia. Y entonces, hay que hacer renacer estas “civilizaciones tradicionales” en cada sector geopolítico donde la historia los ubicó varios siglos atrás. Y si no, inventarlas.

  ¿Cuáles son estas civilizaciones? Pues bien, es cuestión de hacer historia, pero para perplejidad y haciéndose los burros las dos partes de la entrevista, la  civilización católica, no está en el asunto. Está la Rusia ortodoxa, está el Islam, está la China y algunos más. ¿Cuál es el nexo unitivo entre ellas? La gnosis. Una prototradición que las surca y que han descubierto los grandes gnósticos de Europa. Pero este concepto de “tradición gnóstica” que maneja nuestro filósofo y que emparenta estas tradiciones que pueden conformar lo que da en llamar una “Eurasia”, en dónde la Ortodoxia y el Islam, junto a las ideas fascistas y el marxismo, se hacen parientes cercanos (acá le viene bien Guenón), y no muy lejanos de la tradición China (¿?).

  La Europa americanizada, anglosajona,  es el mundo “laico”, el mundo sin tradición, sin historia, sin futuro. Es el “fin del mundo”, fin del tiempo. Eso es la modernidad.

  Los dos reportadores son católicos, y les pesa esta ausencia y se vuelven a hacer los burros de una conclusión evidente y silenciada por Duguin: Europa, América y el liberalismo, son los hijos del Catolicismo (y muy lejos no está de la verdad en términos sociológicos), y en Duguin está claro que el gran enemigo, el anticristo,  es un producto católico. ¿Por qué?

  Porque el catolicismo es una teoría hegemónica y unipolar y no multipolar. Quiere imponer una forma “evangélica” a todo el mundo, y esta idea de ser una religión universal y única, es la herencia que el liberalismo recibe y traduce en términos laicizantes o ateos, en la democracia liberadora del hombre.

  La ortodoxia no es así, está adscripta a lo ruso, lo mismo cree del Islam (en sus versiones chiita o sunita, a las que “ama” profundamente – dice- así como “ama” a todas las religiones tradicionales). Es decir, que para el multipolarismo, que es una confluencia internacional de civilizaciones que no pretenden la unipolaridad, el catolicismo es mala cosa, y es más, para una visión gnóstica, no es “tradicional”, la Iglesia Católica es una ruptura con la gnosis tradicional, produciendo un esquema racional que dará lugar a la concepción del hombre como “individuo” – más otro montón de vicios que detalla Nietzsche y tras él, Heidegger – y que constituyen la herencia del liberalismo. Herencia que será cortada por una vuelta a una concepción “holística”, de conjunto histórico, que se da en el marxismo, en los fascismos y que encuentra su mejor expresión filosófica en el Dasein de Heidegger, es decir, en la posmodernidad.

  ¿Cómo se salva esta Sudamérica? Posible aliada en la cruzada de las civilizaciones contra la anti-civilización moderna (los reporteros sino, quedan off side, asidos a un catolicismo y que no quieren escuchar del entrevistado esta sanción que revuela patética).  Con un “catolicismo iberoamericano”, este sí podría ser llamado al concierto. Es nuestra tradición, cierto que muy cortita y apenas aceptable, pero con posibilidades y sobre todo, en una resonancia “justicialista” y con cierta dosis marxista que acarrea (dale fuelle a la mística peronista). Este catolicismo tiene un tono diferente. (Resulta gracioso ver a los dos periodistas perdiéndose entre el entusiasmo de ver a alguien que ataca al enemigo común, que propone una civilización iberoamericana, que les parece tan parecido al planteo peronista, rescatando ciertos valores nacionalistas, que ataca al espíritu laico,  pero que no se pueden bajar del todo de la crítica al marxismo y al sostenimiento del catolicismo. El ruso los mira con paciencia, tarde o temprano tendrán que reconocer que esa dosis de marxismo es imprescindible, que es una dosis que viene por vía del catolicismo sudamericano que en esto se redime de liberalismo, y creo que Alberto Buela ya lo está entendiendo).

 ¿Cómo se salva Europa? Entrando al juego del Imperio Ruso con sus tradiciones gnósticas propias, con sus paganismos fascistas y nazis, algo teñidas de católicas en la medida que este catolicismo se tiña un poco de marxismo a lo Juan Pablo II, pero reconociendo en todo ello su parentesco con las asiáticas. Pero por sobre todo, Europa es la posmodernidad y la premodernidad, es el Dasein, este es su fruto mejor. Debe solamente abjurar de la modernidad, que es típicamente anglosajona.

 ¿Y EEUU y el mundo anglosajón? Ese no se puede salvar, es el demonio. Hay que hacerlos chala. (Los reporteros tratan de salvar el concepto de Pueblo americano, que sufre bajo un gobierno títere de la judeomasonería. El Ruso dice algo y calla más, pero no da lugar de buena gana a esta distinción, ni tampoco acepta estas acusaciones a la judeomasonería que en sus versiones gnósticas, son posibles aliados).

  Lo importante es que las que jueguen sean “civilizaciones” que se entiendan constreñidas a un “sector” geopolítico del mundo, y no llamadas a una misión universal, a  todo el mundo, y que se entiendan a partir de una concepción “trascendente” y “tradicional” (cualquiera sea, mientras este sentido sea entre gnóstico y heideggeriano), coincidiendo todas en que el enemigo común, es el mundo liberal, negador de cualquier proyección anímica y de toda tradición, y que ha heredado esa proyección universalista, unipolar y hegemónica de la Iglesia Católica medieval con la que el ruso se contiene a la espera de una madurez de los otros.

Duguin y Heidegger.

Recurrir a la concepción heideggeriana del hombre es una verdadera maravilla, porque da para todo. El que quiera saber un poco de Heidegger para entrar en calor, que lea a Gambra. Pero todo es tan confuso en estos alemanes que cada uno saca lo que lo gusta y agarra para donde le conviene. Duguin quiere salir del individualismo liberal y egoísta a una concepción del hombre que lo ponga en situación de “parte de una civilización histórica”, en la que el hombre no puede individualizarse pero tampoco, masificarse. Debe ser un “ser entre seres”. Parece que no le sirven las categorías realistas, metafísicas y ontológicas del tomismo – que no conoce - con respecto a la “politicidad” natural, y mucho menos a establecer la existencia de un Dios creador que llama a la unidad, y de la cual desconfía por su evidente deriva “personalista” que sustenta al democratismo. Lo que le sirve es el Dasein, el ser que está ahí, que se encuentra arrojado en libertad pero dentro de una condición histórica y con una proyección histórica. Esa es su trascendencia y su tradición, es decir, su condición previa y su proyecto en el contacto con el mundo y no en su conversación con Dios. No existe por tanto algo que podamos llamar individuo, tal cosa no se da en la experiencia ni en la existencia, hay un… (no se puede decir “ser”) Dasein - un hombre, que joder- que “es” en ese todo de sus circunstancias y por tanto es con las cosas (tecnológico) y con los otros, con el mundo. Que viene de la nada y va a la nada y que se autoconstruye a partir de sus posibilidades (tampoco se puede usar “potencia”). ¿Entendieron?  Claro que no.

    Duguin lo que quiere decir es que el liberalismo, al hablar de individuo (maldita herencia católica), lo saca de su entorno histórico y lo piensa en abstracto como categoría metafísica, descastándolo, desproyectándolo, deshistorificándolo y privándolo de todo sentido (vida “inauténtica” en Heidegger). Algo parecido decíamos nosotros cuando hablábamos de que el hombre moderno pierde su condición histórica, ellos también hablan de que esto es el fin de la historia, es el fin del mundo, es el apocalipsis. Apocalipsis y anticristo, están sucediendo en la sociedad liberal.

  Resulta que el hombre es mundo e historia, y por tanto venir con una idea que lo saque de ese mundo e historia en el que se inserta, es un proceso destructivo. En clarito: si naciste en la civilización islámica, allí encuentras tu sentido, y si ruso ortodoxo, pues lo mismo y así con todo. Nada es malo en la medida que no se corta el gajo de la planta. ¿Qué hay en común? Esta experiencia que es una experiencia algo mística y que nos emparenta, la experiencia de existir para lograr un sentido desde la nada. En la última etapa de Heidegger – etapa nietzscheana -  hay algo gnóstico, pero dejemos este bicho.

   Es lo mismo que dice el modernismo católico. Venimos de la nada (creados “ex nihilo”, y si sacamos por el momento al Creador, estamos en la misma; no al cuete Heidegger fue seminarista católico), “arrojados” a la libertad, pero a una libertad que se proyecta dentro de una historia y en acción con el mundo, es decir con los otros. Estamos para hacernos con los otros. No pueden decir que somos sociales o políticos, sino que “no somos” – de ser- nos estamos haciendo en el conjunto mundo histórico, con los otros, pero los otros de una historia concreta con un proyecto común, no la “masa” que es la sumatoria de los individuos inauténticos o sin sentido proyectivo (esto es nazi de aquí a la China, es el vitalismo fatal).

  En fin, el hombre debe “ser dentro” de lo que le toca y proyectarse en su mundo. Esta proyección es el factor trascendente, es lo eterno. Si quieren llamarle Dios, está bien, no hay problema. El liberalismo es inmanente porque no hay proyección, hay egoísmo, es para sí y para hoy.

  Es nuestro ecumenismo pero con una nota más política. El liberalismo te deja creer lo que quieras, pero te cambia la historia por efecto de la organización política, y en el fondo, no te deja ser nada ni creer en nada (y eso es la pura verdad que deben comprender los católicos democratistas o que se permiten el juego democratista). Es un totalitarismo. En esto otro hay que respetar las tradiciones políticas y los modos de organización que han decantado las civilizaciones (imperios, paternalismos, califatos, monarquías, etc.). Pero por sobre todo, no hay Verdad posible, ni sentido posible de la existencia fuera del proyecto humano concreto que me realiza frente a la nada de la muerte. Dios es la civilización, cualquiera fuera ella, y esto se garantiza con Heidegger y lo posmoderno, frente a los fanatismos que hacen desbarrar a las religiones como el Islam.

Algunas curiosidades en nuestros ambientes.

El entusiasmo por esta fuerza política que se está armando desde los restos del imperio soviético ruso en nuestros pagos, es producto principalmente de que muchos compartimos la enemistad con el mundo liberal democratista. Y este proyecto realiza un esfuerzo por aunar voluntades en el orbe para dar esta batalla, adaptándose en cada lado, a la prédica antiamericana prexistente. Aquí es una tentación “peronista” movimientista,  sin duda alguna. Para estos, la propuesta es tentadora y entusiasmante; el lenguaje es parecido, y hasta ahora, todos los peronistas que conozco, están cayendo en el entusiasmo.

  A pesar de la anti-catolicidad evidente en este proyecto, hay una catolicidad que se hace aceptable, siempre que esta, esté restringida a una “civilización” ubicable en el espacio geográfico, y que no tenga una vocación universalista; que sancione como “falsa civilización” – al igual que lo hace la democracia liberal-  a la que no responde a su Credo ni se sujeta a su Dios, es decir, al Reinado de Cristo y su Iglesia. Es decir, que sea “civilización” y no Iglesia. Ser católicos en el lugar equivocado es una alteración del Dasein, es una vida inauténtica, inyectada por un imperialismo espiritual, y si no, pregunten cómo les va yendo a los Uniatas rusos y a los católicos del medio oriente. ¡Que se jodan! ¿Qué hacen allí? Pudiendo ser lo que deben ser según su historia y hacia los proyectos de su civilización, ¡vienen a intentar algo tan diverso! Francisco, el muy querido, pactó con los ortodoxos esta razzia de los uñitas y está dejando – con lágrimas de cocodrilo – que sean exterminados los católicos desubicados en el África y Medio Oriente. Ya el Vaticano desde el Concilio, ha aceptado esta repartija del mundo sabiendo los daños colaterales.

   Sin embargo los acercamientos de Duguin y del mismo Putin a grupos católicos son públicos y evidentes. Desde el hispanismo de Don Sixto y Ayuso,  hasta el “sudamericanismo” de Buela (no sé cómo llamarlo). Pero siempre que estos catolicismos respondan a los límites de una “civilización” (existente o reinventada) y se abran a la existencia de otras civilizaciones. Ojo, siempre que acepten la posibilidad de un mundo político legítimo fuera de la órbita de la Iglesia Católica y de Cristo mismo. ¿Les suena? Es lo que llamamos en nuestro lenguaje viciado, un orden natural autónomo unido por el derecho Internacional del preclaro Schmitt.

   Ese catolicismo no debe ser más concebido como el Reino de Dios para el Mundo, sino restringido a una “civilización”. A un mundo cultural distinguido en pueblos geográficamente diferenciados. Y allí debe quedarse, con su tono propio según la región y la historia particular.

   Esta es la “civilización” de De Mattei. Esta es la Hispanidad de Ayuso. Esta es la Sudamérica de Buela. Y los pongo en ese orden porque responden a un orden de angostamientos de lo católico, en ese orden. Todos saliéndose de la Iglesia, en lo político, se entiende; y trayéndola luego como invitada.

   La catolicidad es para ellos un componente civilizador, y salvando esas civilizaciones, la salvaremos en una componenda de civilizaciones, cuyo proyecto más avanzado, parece ser Putin. Componente de lo Europeo para De Mattei, de lo Hispano para Ayuso, y más o menos sudamericano para Buela.

  ¡Ojo con el Hispanismo!, que es una melodía que nos gusta que nos toquen, y hasta estamos más o menos inclinados a pensar que es la catolicidad misma, por lo menos desde hace unos siglos. ¿O es un reduccionismo de lo católico? ¿Por qué me está tufando mal este juego? ¿Y el Indoamericanismo, o Hispanoamericanismo? ¿Qué clase de catolicismo implica? Así de sopetón y solito, tiene que tener un componente marxista, es su historieta.

  La civilización europea, entendida así como esfuerzo humano civilizador, puede contener lo anglosajón, lo anglicano , lo protestante germano y lo posmoderno (De Mattei, Benedicto XVI), y hasta en un esfuerzo lo Ortodoxo,  pero es bastante reacia a aceptar el Islam en el concierto - Guenón de por medio se hace posible – siempre que se haga una criba con los fanáticos (que es verdad lo que dice Duguin, que son financiados por el dinero democrático liberal) y si se tiene en cuenta el islamismo “civilizado” (si es que existe).

   Pero esta civilización europea, ¿puede ya retener un catolicismo sin la filosofía alemana? ¿Sin la influencia de lo anglosajón? ¿Por lo menos un chorrito? (La “hermenéutica de la continuidad” de Ratzinger era Gadamer, discípulo de Heidegger en Friburgo). ¿Es Francisco un intento delineador de una catolicidad restringida a lo sudamericano? Como lo fuera el anterior a lo Europeo. Tal vez. ¿Es el Hispanismo una tendencia a circunscribir lo “tradicional Católico” a lo Hispano? ¿A ramificarse en América del Sur y nada más? Son todas preguntas.
  
  Todo angostamiento de lo católico, por propia definición y sentido literal, lo deforma. Y el planteo que viene del oriente europeo, es un planteo de angostamiento a “su” civilización propia; y da cierto resultado mientras sigamos creyendo que lo Católico es “una civilización”. Y que entendamos que nuestra tabla de salvación es reducirnos a ella y abandonar la misión universal. En esto, claramente estamos muchos, a veces, sin darnos cuenta.

   Y otros, (aquí notarán el palo para mis normales contendientes de Info), entienden que esta misión primordial universal de lo católico, se mantiene en la permanencia con el polo liberal democratista, hijo pródigo -¿o descarriado?-  del catolicismo, que en esto puede volver un día a “la casa de su Padre”. Y tan tontos no son. Se reconocen parientes en sus vicios. No hay melodías que nos llenen de recuerdos en este concierto, pero el concierto en general deja una apertura. Que el otro la cierra a un mundo indefectiblemente multipolar que debe aceptarse.

  ¿Quién rumbea mejor? Ambos deben someter su catolicismo a mutaciones, a estrategias de supervivencia. Y ninguna de ellas está dentro de la línea de los consejos evangélicos.

   ¡Ahhh! ¡Los consejos evangélicos! ¡Eso es justamente lo que no podemos aceptar ninguno! ¿Buscar el Reino de Dios...?
    
 
         
    
      
                 



13 comentarios:

  1. Ver sus anticatólicas y neopaganas posiciones religiosas y sus vínculos intelectuales con R.Guenon y A. Crowley en un detallado reporte de cismáticos rusos, traducido al portugués:
    “A doutrina de Aleksandr DUGIN: Novas associações religiosas da Rússia de caráter destrutivo e oculto: um guia".
    Departamento Missionário do Patriarcado de Moscou da Igreja Ortodoxa Russa. Belgorod, 2002” que lo colocan "fuera de la Iglesia" (sic):
    http://www.midiasemmascara.org/artigos/globalismo/15283-a-doutrina-de-aleksandr-dugin.html

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  2. Dugin dans un centre kabbaliste, 2011:
    http://parousia-parousia.blogspot.com.ar/2011/01/alexandre-douguine-loriental.html

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  3. Excelente, no tiene desperdicio. Y de paso garrotazo para los que quieren usar el catolicismo para hacer política

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  4. O cuando "la academia" se politiza y otorga títulos honoríficos "politizados" pasa esto:
    Laureati honoris causa i giuristi Miguel Ayuso Torres ed Eugenio Raúl Zaffaroni:
    http://qui.uniud.it/notizieEventi/ateneo/articolo.2009-07-16.1555936249
    Foto: http://qui.uniud.it/notizieEventi/ateneo/articolo.2009-07-16.1555936249/foto

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  5. Ta bueno el artículo, me aclara bastante sobre Putin y Rasputin, pero en cuanto a los nazis, yo tiendo a creer a lo que dice Adolfo en Mein Kampf. Alemania estaba hecha merda, desmembrada, en la miseria, expoliada por la usura, culturalmente postrada, los obreros tentados de caer en el comunismo en masa, y el tipo se propuso ponerla de pie, cosa que hizo de manera notable, bajo el amparo de Dios y de valores básios tradicionales que todo el Occidente Cristiano, la Iglesia incluída, ya había abandonado.

    Primo de Rivera me salga de testigo: "Nos dicen que somos imitadores. Onésimo Redondo ya ha contestado a eso. Nos dicen que somos imitadores porque este movimiento nuestro, este movimiento de vuelta hacia las entrañas genuinas de España, es un movimiento que se ha producido antes en otros sitios. Italia, Alemania, se han vuelto hacia sí mismas en una actitud de desesperación para los mitos con que trataron de esterilizarlas; pero porque Italia y Alemania. se hayan vuelto hacia sí mismas y se hayan encontrado enteramente a sí mismas, ¿diremos que las imita España al buscarse a sí propia? Estos países dieron la vuelta sobre su propia autenticidad, y al hacerlo nosotros, también la autenticidad que encontraremos será la nuestra, no será la de Alemania ni la de Italia, y, por tanto, al reproducir lo hecho por los italianos o los alemanes seremos más españoles que lo hemos sido nunca"

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    1. Diferimos en el supuesto. Que Hitler sacara Alemania "vuelta sobre sí misma" es verdad, pero que eso sea "bajo el amparo de Dios y de valores tradicionales" no es tan así. Alemania se encontró a sí misma en el nazismo, sobre valores modernos (Heidegger fue uno de sus ideólogos), sobre valores paganos, sobre un cristianismo protestantizado y sobre un pizca de catolicismo bastante derivado. ¿qué era mejor que lo otro? Sin duda alguna, porque de alguna manera había más "realidad" en esa Alemania que en lo otro, pero había mucho de idealismo. José Antonio sabía que España vuelta sobre sí misma, sólo se encontraba el catolicismo de la mejor cepa y no otra cosa. El problema reside en qué encuentro, cuando me vuelvo sobre mi. Porque a lo que hay que volverse es a Cristo, no a mi mismo. La historia debe ser depurada en Cristo, la personal y la nacional. ¿Qué sería de una Argentina vuelta sobre sí misma? Flor de ensalada. Uno busca una Argentina vuelta a Dios, necesariamente penitente de sus culpas. El defectillo de José Antonio fue el confiar demasiado en España, es cierto que había mucho en qué confiar, España había sido la cristiandad por varios siglos y se había conformado católica, pero el resultado final lo dice todo. España debía volverse a Dios, y en eso el Carlismo era mucho más certero. La gran gloria de España fue su vocación "imperial", la de no ser sólo España, la de ser para "lo católico", para la Iglesia, y es esto lo que echan en cara al imperio muchos nacionalistas españoles (y véalo en Perez Reverte muy patente). España dió su mejor fruto no siendo para ella misma, y esto fue el espíritu Austria, no el Borbón.

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    2. Aclarando: la crítica al Borbón hay que matizarla, los hubo buenos y muy buenos, pero históricamente hay un declive.

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  6. Hay que ver con Gambra, cómo el Carlismo, no es otra cosa que el espíritu de los austrias encarnado en sangre borbónica. Y de allí lo "certero"!

    Desde luego que no tuvo otro Carlos I, Dios no se repite. Pero el Carlismo no creó doctrina, sólo intentó restaurar y luego puso por escrito, aquello que fue vida en el Imperio. Y que no es otra cosa que el espíritu de la Cristiandad.
    MF

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    1. El católico que quiere "hacer doctrina" está al horno, el que quiere innovar, peor. Vea las derivas de estos hispanistas que se pasan del "derecho cristiano" al "iusnaturalismo", sólo han logrado el desalojo final del cristianismo en el derecho y después reciben premios al lado de Zafaroni ¡Claro que los van a premiar! Y sobre todo el zorro melonero de Danilo Castellano.

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    2. Totalmente de acuerdo, a eso me refiero con: "no creó doctrina".

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  7. Algunas sirenas nos cantan contra el democratismo liberal o contra el liberalismo a secas.
    Otras nos cantan contra el marxismo o el vetusto comunismo.
    También están las que cantan contra el Islam, sobre todo contra los excesos, por cierto.
    Muy fuerte cantan las que nos inducen a participar en política (partidaria, que parece que es la única que existe). Es que sino, los espacios los ocupan los malos.
    Sin embargo, todas las sirenas tienen algo en común: Nos dicen que tenemos que dejar de lado “algo”, “un poquito” de las palabras de Cristo.
    Es que el diablo ya va por todo y algunas almas confusas, “de adentro”, le resultan muy apetitosas.

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    1. Es la "dificultad de creer". Esto se ha hecho problemático, mira el nuevo artículo y la cita de Piepper.

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  8. Interesante tema. Lo de "anti-catolicidad" es mucho más claro en Alain de Benoist. Me da la impresión de que lo de Duguin es lo mismo pero no tan "evidente", o al menos puede confundir a la gilada. Anticatolicismo soft en contraposición a la versión hard de de Benoist. Saludos.

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