...

...

jueves, 15 de septiembre de 2016

¿QUÉ ES EL PERONISMO?

Resultado de imagen para perón y evita imágenesPor Dardo Juan Calderón.

Esta es una pregunta que me fuera planteada por un francés y es a él a quien contesto. Jamás se haría un argentino tal pregunta, en primer lugar porque de una manera “cogitativa” todos sabemos la respuesta, y en segundo lugar porque sería una fuente de enormes discusiones sin sentido. Pero el asunto toma vigencia toda vez que nos preguntan ¿cómo se entiende al Papa Francisco? Y uno simplemente contesta: "Es peronista". Ante ello la pregunta obligada es la del título.


No pretendemos en estas pocas líneas poder agotar una respuesta y quizás, no eran los signos de interrogación los que correspondían al título que se quiso poner, sino que podría haber sido más adecuado poner “¡¡¿Qué es el peronismo?!!”.

Si lo que si intentara es poder responder lisa y llanamente a la pregunta, el camino sería el de una encuesta. Es decir, ¿qué es el peronismo? para distintas personas. Que es para mengano, que es para fulano y para perengano. La lista de respuestas sería inagotable; los de derecha, los de izquierda, los ladrones, los honestos, los sindicalistas, los gnósticos, los nacionalistas, los oportunistas, los católicos modernistas, los tradicionalistas, los cultos, los bárbaros, los ricos, los pobres, los buenos, los malos, los negros y los rubios; los que no saben por qué lo son - pero lo son – los que no saben que lo son – y lo son- los que creen serlo y no lo son, pero no lo saben, y miles de posibilidades más que ni siquiera podemos abarcar para la encuesta.

Dado la enorme tarea que esto significaría, y siendo que el “universo” estadístico sería inabarcable para incluir todas las modalidades, uno se puede plantear si no sería más útil proceder por la negativa. Es decir ¿Quiénes no son peronistas?, y a estos preguntarles por qué no lo son, a fin de ver si podemos obtener un resultado aproximado a la pregunta planteada a partir de descartar algunas formas de ser. Pero aquí enfrentamos una nueva problemática, y es que ante las millones de facetas que implica ser peronista, nunca hay una divergencia total que pueda definir una oposición. Y todo nos va alejando de lograr la definición.

 Obtener una idea por vía de una etiología aristotélica, es decir filosófica, es un proceso que encuentra su tope de inmediato. Si comenzáramos por distinguir la causa final, caeríamos de nuevo en la multitud de proyectos posibles que significan algunas de las categorías que hemos reseñado y nadie estaría de acuerdo con nadie y casi todos estarían de acuerdo con casi todos.

 Es decir, que la respuesta debe venir por vía de esa pseudo ciencia que es la sociología, que es el resultado de una encuesta que no se hace jamás, y que se supone efectuada en la experiencia y agudeza de quien la expresa. Es decir que algo hemos logrado; el peronismo no es un fenómeno doctrinal, no es político, no es religioso, no es filosófico, no es un partido, no es una devoción personal a un líder, y no seguimos porque sabemos que las respuestas por la negación, son infinitas.

 En este punto entonces, nos atendremos a analizar simplemente el fenómeno sociológico, y por ende, psicológico desde el punto de vista individual, sin que lo psicológico explique totalmente lo sociológico y viceversa.

 Ahora bien, ¿qué abarca este fenómeno? Sabemos y es un viejo chascarrillo de su líder, que el “peronismo” abarca “todo lo argentino”. De una manera u otra, todo argentino que se precia de serlo es un poco peronista por alguna parte, no puede prescindir de serlo en la medida en que es argentino, porque ese es su medio, a gusto o a disgusto. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que si repasamos a los que no son peronistas, la enorme mayoría de los que no se incluyen, tampoco tienen gran gusto en incluirse en “lo argentino”. Es decir, los gorilas, cipayos y todas esas formas re-conocidas. No ser peronista es casi la declaración de ser argentino a disgusto o con reservas. Los únicos que se sienten cómodos con ser argentinos, son los peronistas.

Pero volvamos al “ser” peronistas, ya que esa multitud y multiplicidad de gentes que se dicen peronistas, pareciera – y así lo expresan con vehemencia- que no tiene mucho que ver unos con los otros fuera del hecho de ser peronistas; es decir, ellos encuentran diferencias tan enormes entre ellos, que aunque usan el mismo término para definir su inclinación psicológica – todavía indefinible- pareciera que en nada coinciden, salvo el rótulo. Pero sin embargo, ninguno se atrevería a sacar los pies del plato (y aquí no hablamos de conductas por intereses, sino de sentido de pertenencia).

Puestos ya en la tarea de sociólogo (que me perdonen mis ancestros) y consciente de que no puedo ser muy apto para ella por razón de no ser judío, tengo que partir de un hecho palmario. Todas esas gentes - aunque pareciendo tan disímiles - se identifican con un mismo rótulo, el de “peronistas”, y en todos los casos, lo hacen con orgullo de pertenecer (acá corresponde una aclaración, algunos lo expresan como una fatalidad, una tara genética que se sufre, pero no por ello dejan de serlo ni se lo permitirían jamás).

Recapitulando, todas esas gentes que en muchos casos dicen no tener nada en común con los otros “compañeros”,  que también reconocen profesar la tendencia que recibe una misma denominación en todos, pues, a la fuerza,  “tienen algo en común”, todos ellos son peronistas. Y esto no se experimenta como una tara o una desgracia, sino todo lo contrario, esta es la gran bondad de ser peronistas, es la bondad de que muchas personas con diferencias se encuentren aunadas en… un equívoco. ¡Pero es algo!

  Que la misma “palabra” (peronismo) los convoque, es algo. Y ese “algo” – no quiero entrar en las corrientes filosóficas que analizan el fenómeno lingüístico para no aturdirlos – no es poco, porque es una palabra y la palabra es mucho, y mucho más cuando indica una pertenencia. Y para decir que no es poco, debo derribar una objeción muy típica de estos fenómenos psicológicos, que es que a veces se piensa que cada uno cree que el otro dice serlo en forma fraudulenta. Me explico: hay sociólogos que al analizar el fenómeno, entienden que todos quieren pertenecer a algo que define esa palabra y dicen que el otro la falsea o dice pertenecer sin pertenecer verdaderamente. El viejo argumento de “dice ser” pero no lo es “realmente” o “cabalmente”, porque el verdadero “peronismo”, es el mío.  Pero no se oculta al sagaz sociólogo que esto no es tan así, ya que interrogando a cada uno de ellos por separado, aun acusando al otro de desviaciones, sienten en su interior una cierta camaradería de pertenencia común, que como ya dije, puede ser solamente la identificación emotiva con los “imputs” que implica la palabra “peronismo” y que debe tener consonancias comunes que son suficientes para no sentirse separados completamente ni dejar de esperar una unidad posible, y fundamentalmente, sienten siempre una cierta legitimidad de pertenencia en todos. Es decir que aún diferentes, y muy diferentes, reconocen una coincidencia y una mutua pertenencia.

Cada uno cree que el que distorsiona la designación, es el otro, y cada uno siente encarnar la puridad del término “peronista”, sin que esto alcance para “desafiliar” a los otros. Ninguno de ellos llega a la casa y dice en privado: “le hice creer a los otros que soy peronista, pero en realidad, no lo soy”. Cada uno cree sinceramente que lo es. (Por supuesto que hay excepciones que, repito, por lo escasas no se tienen en cuenta para el tipo de análisis que hacemos). Pero tampoco y terminantemente dicen, “aquel otro no es peronista”, sino que siempre saben que el otro también lo es, por más diferencias que existan.

El hecho de sentirse incluido en el significado de una palabra que designa pertenencia a un grupo humano, más allá de las dificultades de establecer una significación unívoca, implica el tener algo en común. Por lo menos, se tiene en común el aprecio por pertenecer a una categoría sociológica “equívoca”. Y aquí logramos la primera conclusión en cuanto a la existencia de rasgos comunes.

  La primer conclusión sociológica de lo que nos hemos planteado, es que todos los que se dicen pertenecer al grupo que denominamos “peronismo”, se sienten incluidos – con comodidad, aceptación y plena consciencia- en una denominación “equívoca”. Y esto nos lleva a una segunda reflexión psicológica – que no haremos filosófica para no enredar – sobre,  ¿qué implica el sentirse parte y estar cómodamente instalado en una pertenencia equívoca?

  Quizá algunos objeten esta primera conclusión sobre la nota de equivocidad esencial, objeción que para ser fundada, debería establecer la univocidad de la designación “peronista” y de esta manera, erradicar de la misma a los que no responden a las consignas determinadas; pero no nos engañemos ni engañemos, tal definición no sólo es imposible, sino que contradiría la esencia “equívoca” que implica el término y que constituye el eje aglutinante de pertenencia al grupo.

 El peronismo es un grupo político que pretende aglutinar la mayor cantidad de gentes en una denominación partidista o movimientista, que sea apta para incluir muchas disidencias contradictorias, para lograr un efecto dentro de un sistema democrático, o por lo menos, un sistema en que el número de adherentes sea concluyente, es decir, un movimiento de masas o popular. Estas adhesiones no pueden implicar un convencimiento en una doctrina programática – por lo menos en todos los casos, aunque incluye la posibilidad de que sea de esta forma en muchos casos, y en ese caso puede mostrar una o varias doctrinas programáticas.

 Tampoco puede ceñirse al concepto nacionalista, es decir de pertenencia a una nación, ya que el sentido de su existencia es justamente el fracaso que ha tenido en esta nación – en concreto la Argentina – de que la idea aglutinante sea la pertenencia a una misma nación (las razones sociológicas e históricas de por qué no hay “una” idea de nación, y aún más, de que la idea de nación no sea aglutinante – salvo para el fútbol-   son enormes y hay que hacer un tratado para detallarlas, lo que no hacemos por espacio y porque por otra parte, ante la evidencia no se hace necesario. Luego explicaremos brevemente que el peronismo responde en su equivocidad, a un concepto de nación argentina que nace equívoco). Asunto este que no implica el descartar la idea de nacionalismo como un componente del peronismo, que puede estar incluida dentro, como así mismo la pertenencia racial, la continental, la hispánica cultural, la religiosa, la marxista y muchas otras, que vienen a formar estratos de mayor coincidencia dentro del grupo de divergencias y equívocos en la divergencia sumados a equívocos en la coincidencia.

  Esta última frase es la importante, la unidad que se pretende a partir de la pertenencia a este grupo, no es una unidad en aspectos coincidentes, - sin que por esto no afirmemos que no los hay - sino una unidad por equívocos en las disidencias y en las convergencias. La gran solución es que las razones por las que se coincide y se diside, son equívocas, y por tanto no son verdaderas coincidencias, ni verdaderas disidencias.

  La voluntad unitiva del grupo se basa primordialmente en que se “suponga” una unidad en puntos en los que no la hay, pero que puedan malinterpretarse sobre que sí las hay. En fin, se trata de la coincidencia en el equívoco y se trata del cultivo de ese equívoco para lograr la unidad.

  Cualquiera que use la denominación de pertenencia “peronista”, restringida y circunscripta  a cualquiera de los grupos que quedan incluidos dentro de esta denominación (por ejemplo, nacionalista o marxista) hace el efecto de romper la coincidencia; por el contrario, la denominación “peronista” produce una inmediata empatía entre una enorme cantidad de gentes que con esta denominación, establecen el acuerdo de mantener un equívoco sin desdecirse de sus puestas. Y nos guste o no, esta voluntad de mantener un equívoco – desde el punto de vista sociológico- es una enorme coincidencia.

  Me podrán decir que esta estrategia, que es política (el gatopardismo) pero también psicológica (se hace frecuentemente entre los “vendedores” para tener muchos amigos), es vieja como el mundo. Si. Pero lo que no es viejo como el mundo, es que esta estrategia sea sincera y pase a ser la forma mental adquirida por casi toda una nación (o toda, en términos sociológicos estadísticos). Es decir, que el peronismo – y Perón- han tenido la enorme virtud de conformar toda una nación a una idea de unidad en el equívoco, que por otra parte, no incluye el concepto de nación (sobre la cual hay un equívoco), aunque pueda, en un equívoco, entenderse que lo incluye. Es decir que el argentino se ha conformado a una forma mental, que no necesariamente es argentina, pero es denotativa de lo argentino. Lo típicamente argentino no es argentino, es peronista, que es muy argentino, pero no es argentino. ¿Se entiende?

   Entonces; ¿cuándo una persona deja de ser peronista? Cuando por razones de tendencias filosóficas o psicológicas – un tanto univocistas como diría Ayuso -  tiende a desentrañar un equívoco y rompe la armonía, estallando todo en facciones que comienzan a reconocerse distintas al romperse el hechizo del equívoco. (Néstor era peronista y podía tener ministros y secretarios de derecha que fueran a la vez católicos, unos progresistas y otros tradicionalistas. Pero Cristina no, cayó en un concepto de dialéctica, que no era de clases - aunque se prestaba para el equívoco de que lo fuera-  y produjo una “grieta” en el sólido entramado de la equivocidad).

   Por ejemplo: usted puede encontrarse coincidiendo con un peronista en muchísimas cosas, en la religión, en el nacionalismo, en el marxismo, en el continentalismo y etc. Pero debe quedarse en la constatación de la coincidencia y ser feliz. Si por mala costumbre usted solicita las razones y los razonamientos que llevan al peronista para haber llegado a esa convicción, usted notará que llegó por un equívoco ¡pero llegó! Y que ese equívoco si fuera ordenado en un razonamiento correcto, le haría romper al peronista con los otros peronistas que no están de acuerdo con la conclusión, pero que si están de acuerdo con muchas de las vías equívocas que han llevado a ella. Supongamos que Ud. es fascista, y que le dice al peronista que es bueno un gobierno fuerte, autocrático, anti oligárquico y un pueblo unido en la idea de pertenencia a una Nación, en contra del liberalismo globalizante. Él coincidirá con usted y será fascista. Y si se queda en este plano, Ud. podrá ser peronista. Ahora bien, Ud. es un maldito univocista y sale conque esta unidad de pueblo en una Nación, contraria a las oligarquías burguesas, es producto de un espíritu estoico, de una idea de sacrificio e inmolación de lo personal basado en el concepto del honor personal y del honor de un pueblo o raza históricos. Allí notará que el peronista ha llegado a la misma conclusión desde una idea epicurista, de placer en conjunto y partiendo desde un concepto de la plebeyez personal y deshacimiento histórico. Y Ud se volverá loco, y a los gritos le dirá que con estos elementos no se puede llegar a ser fascista. Pero el otro lo es, y está muy bien dispuesto con Ud. para instalar un fascismo, se equivocó en el camino, pero lo mismo llegó ¿cómo? No se sabe.

 Pero esto tiene una enorme ventaja, vendrá al rato un liberal que no coincide con la idea fascista y cuando le pregunte al peronista por qué sostiene tal idea, se dará cuenta que no es fascista sino que hizo la conclusión equivocada desde donde partía, y que hay una enorme coincidencia en el medio, que asegura que apoyará una gesta liberal. Es más, el liberal verá muy contento que también puede ser peronista. Lo mismo pasará con el marxista y con todos los otros. El católico progresista peronista, tendrá esta adhesión modernista por conductos tradicionalistas, y el tradicionalista, por conductos modernistas, y se producirá un parecido y feliz efecto. Estará acertado en la conclusión aunque equivoque el proceso, o estará acertado en el proceso aunque equivoque la conclusión; en cualquier caso, hay enormes razones para estar de acuerdo desde diferentes ángulos de ataque.

    Lo dicho y ejemplificado pareciera una acusación de falta de inteligencia; pero no es así para nada, hay un enorme esfuerzo para lograr que la inteligencia de saltos causales que no se noten y que no produzcan una desintegración en la personalidad, que aparece siempre salvada en una armonía átona, pero no discordante, que le hace ver a uno que tal señor no es un loco enajenado, sino que “es” un “peronista”, y se puede hablar perfectamente con él y advertir en él una forma de ser integrada en una conceptualización desintegrada.

  Tampoco crean que esto constituye una acusación de falsía o maquiavelismo, no, este descubrimiento de la virtualidad que posee el equívoco para lograr una coincidencia, se hace de virtualidad, a virtud moral para la cohesión (usamos virtud moral en el sentido sociológico).

   Otro ejemplo. Un peronista ladrón, se hace ladrón por razones éticas, con las que un hombre honesto puede coincidir (“hay que embromar la oligarquía”, por ejemplo). Y los peronistas honestos, son honestos por razones a-éticas, lo que hace que no signifiquen una sanción para el ladrón. Un peronista es bueno por malas razones y malo por buenas razones.

   La nota de equivocidad es tan unitiva y consustancial al argentino, porque responde a una tradición (y en esto el peronismo es tradicionalista), es una tradición no muy larga y que hace pensar que no es una tradición, pero puede resistirse el equívoco y ser atendible. La historia argentina parte de una serie de malentendidos que se cultivarán para no estallar en mil pedazos y que constituirá las razones de una larga guerra civil en la medida en que pretendieron ser aclaradas. El peronismo rescata estos malentendidos  y los convierte en razón de la coincidencia.

   Repasemos brevemente la historia. La nación argentina comienza con un grupo revolucionario de ideas ilustradas (libertad, independencia y unitarismo), que enfrenta a un grupo de pensamiento tradicional (restauración, federación) que se supone fiel a la tradición hispano católica. Pero los revolucionarios, tenían que revolucionar un estado de libertad y centralismo (no era una colonia, eran parte de un reino que aunque centralista, estaba muy lejos y dejaba gran libertad), y luchaban por ser colonias de otra dependencia y en los hechos, federalizarse en colonias pequeñas. Es decir que a pesar de los rótulos, eran todo lo contrario a independentistas y libertarios. Los que realmente eran independentistas eran los tradicionalistas, que lo eran porque el reino español estaba dejando de ser de ideas tradicionales y su restauración implicaba en los hechos una necesaria independencia. Así que de esta manera la Argentina nacía en un equívoco y a este se sumaban otros. La burguesía culta, hacía las veces de una aristocracia y el tradicionalismo era popular. En fin, de todos estos equívocos que llevaban a la guerra civil, el peronismo hace una forma mentis equívoca.

 Pero pasemos a otras notas comunes del “ser peronista”. Dijimos que el concepto “aristocracia”, se aplicó en la argentina para una clase oligárquica que buscaba la dependencia inglesa, que quería ser colonia (a pesar que desplegaba eslóganes anticolonialistas e independentistas) por lo que – como sucede en todo país en que los mejores se hacen peores- el sistema tradicional se convierte en autocracias populares. Los líderes naturales y el pueblo raso, se tienen que sacar de encima la aristocracia que ha pasado a defender los intereses burgueses. Lo que se llaman las sociedades intermedias, están copadas por la necesaria burocracia de origen universitario que forman parte de las oligarquías por afinidad intelectual y dependencia económica. Así que el pensamiento tradicional tiene que sacarse de encima todo esto y queda el pueblo y el Rey (o Dictador), y nada por el medio (esto es el absolutismo de Luis XIV que tanto se critica y vean lo que le pasó a Luis XVI cuando aflojó. Es también el proceso de Nicolás I de Rusia).
        
   Es decir que cada bando queda profesando ideas que no coinciden con sus prácticas, son todos equívocos que sólo entienden los implicados y que se acostumbran a vivir con ellos. De estos equívocos quedan dos ideas fundamentales, una derecha aristófoba y popular, y una izquierda oligárquica; ambas ideas contradictorias. Tendremos luego que las reacciones subversivas marxistas del siglo XX, serán encarnadas por los hijos de “familia” (oligarcas) y contrariadas desde los “proletarios” (sindicatos).

   Pero a lo que queremos llegar, es que, como las oligarquías eran dependentistas y procolonialistas (las oligarquías francesas eran francesas, y las argentinas eran… ¡inglesas!,  por ejemplo), toda tendencia nacionalista independentista, se teñía de aristofobia y plebeyismo (o populismo) que era su base de sustento. Con lo que se llegó a un nacionalismo anti aristocrático y que confiaba en el funcionamiento visceral de las masas. Los líderes no eran al estilo nacionalista que se ponían a la cabeza de las masas para ejemplificarlas en el sacrificio estoico y en el reclamo de las tradiciones nacionales, en el esfuerzo y en el trabajo. Aquí los líderes se ponían al servicio de las masas para que estas les indiquen el camino y de ellas surgiera la idea y el ejemplo, pero por efecto de un equívoco.

   El análisis sociológico del peronismo encuentra en estas notas las dos claves comunes que hacen a todo peronista y que por más diferencias que entre ellos se encuentren, en estas coinciden: una confianza optimista en el movimiento visceral de las masas y una aristofobia que se expresa por los liderazgos de los hombres de baja condición, asesorados a veces por una aristócrata avergonzado de su propia condición y culposo.  Por supuesto que hay aristócratas peronistas (hay de todo), pero estos necesitan estar “detrás” de un hombre de pueblo, nunca encarnar la reacción ni ser el ejemplo, porque las masas son reactivas a los buenos ejemplos y las solicitudes de sacrificio. Es impensable un Gabrielle D Anunzzio, o un Mussolinni, o un José Antonio, o un Hitler, o un Degrelle; la masa no será guiada por un líder aristocrático, sino que ella misma, el espíritu de esa masa, se encarnará en uno de sus hombres, y ese hombre es al que hay que entornar con una aristocracia que lo guíe. Esto significa que el mismo aristócrata se reconoce inconducente en su conformación espiritual para ser guía y ejemplo, ya no se trata de un “pueblo”, sino de “masas”, y ningún Ortega y Gasset les hará perder la confianza en que esa masa un día reaccionará para bien. Y ¿por qué reaccionará para bien? Si todos sabemos que las masas reaccionan para mal. Porque habrá funcionado el “equívoco” peronista y desde una vía errónea, se llegará a una conclusión verdadera.

   El peronismo es juego de equívocos, confianza en la masa y aristofobia. Pero como fundamentalmente es equívoco, las otras dos notas son equívocas. La confianza en las masas parte de una desconfianza, es una confianza en que las masas van a hacer el bien, no por tendencia al bien, sino por error, y la aristofobia saben que es mala pero al ocultarse ante las masas y ejercer desde la trastienda,  va a ser un bien, ya que la función de los aristócratas, no es dar el ejemplo y encabezar la reacción de las masas, sino inducir al error a las masas para llevarlas a su bien. Con lo cual los aristócratas no lo son tales, porque son solapados y mendaces (que es todo lo contrario de un aristócrata), pero a partir de razones aristocráticas. Como los ladrones lo son a partir de razones honestas.

   El peronismo es y no es democrático. Porque la democracia es presentida como una buena maniobra para romper la democracia. Así que defiende la democracia para salir de ella.

    Hay por último en el peronismo un condimento vitalista, parecido al fascista, pero de muy distinto tenor. El vitalismo fascista hace un canto a la vida que cobra sentido en el sacrificio mismo de la vida. La muerte da sentido a la vida (ver Heidegger), y en eso, tiene algo de cristiano sino fuera que en cristiano, el sacrificio no es por la muerte misma, sino por “otra” vida a la que se accede en el sentido de la muerte. Pero el peronismo hace un canto a la vida en la supervivencia, no quiere morir, quiere una vida mejor, y en eso también es cristiano, pero en su caso, muy carnal. Y para la supervivencia, contiene al enemigo que lo quiere matar y le impide la victoria haciendo morir en sí mismo las razones por las que lo persiguen. Es decir que de alguna manera se suicida para permanecer, y en esa permanencia en la vida, se compromete a renacer. El peronista es una persona que defiende a ultranza unos principios, hasta el punto heroico de hacer el sacrificio mayor de tener que renunciar a ellos para subsistir y que con él subsistan esos principios a los que renunció.

                         -------------------------------------------------

  Todo esto que creo que para un argentino no es nada confuso, es lo que hace confusa la personalidad del Papa Francisco para muchos europeos, para los cuales la supervivencia trae aparejada la contradicción intelectual y la desintegración de la personalidad individual, al punto de que el Papa anterior renunció antes de volverse loco. En tiempos en que la Iglesia pierde su fe y su esperanza y se convierte en un grupo que lucha por la supervivencia, el “ser peronista” es una salida maravillosa, porque esencialmente, es una doctrina para sobrevivir en la esperanza humana de renacer, y como verán, los símbolos cristianos con alguna clave equívoca, son aptos para ser expresados como valores peronistas.

  Con Francisco la Iglesia permanecerá en el mundo como un equívoco y gracias a muchos equívocos que sostendrán aun lo tradicional, mientras muchos puedan pensar que es lo que no es, y los propios tradicionalistas permanecer fieles en ese equívoco, que no es propio – y por lo tal, no es imputable – sino que es ajeno, y que no viene como resultado de una mentira o un engaño, sino de un malentendido que no hay por qué desentrañar.

  Y me podrán decir que estoy equivocado, pero no importa, es más, esto sería bueno y muy bueno para solicitar una afiliación al peronismo.
     

       

12 comentarios:

  1. qué mareo!!! mi ecuación es: Perón admiraba a Musolini, Musolini era bien mirado por Castellani,entonces Perón no debe haber sido tan malo,por lo menos no siempre (enrevesado igual que el post)...jeje.

    ResponderEliminar
  2. Si se mareó es que va entendiendo y el silogismo que efectúa es válido, en peronista. Si uno quiere arruinar esta feliz conclusión, puede pensar ¿en qué y por qué admiraba Perón a Mussolinni y en qué y por qué Castellani? y descubrirá los equívocos que hacen que Castellani coincida en parte con Perón. ¡Pero no hay que mirar los equívocos! ¡la coincidencia en y por el equívoco, lo deja a uno feliz! -

    ResponderEliminar
  3. pero ¿el peronismo "junta" o "desparrama"?....uhhh...que lío..., mejor sigo con mi correspondecia....saludos, J.W.Cooke

    ResponderEliminar
  4. Espero sepa disculparme pero esto que ud. dice ya lo había visto alguien antes: https://youtu.be/oObdHY2T1QE

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Debo reconocer que Bombita es fuente de inspiración permanente

      Eliminar
    2. Tomado de un sermón del Padre Calderón, en donde hablaba de la perversidad del samrtphone, pero también de internet y los blogs. De manera genial lo desmembraba en 8 desventuranzas, he aquí la 7º "Desventuranza de la charlatanería. Hay quienes quieren tener vida intelectual y descubren el ambiente universitario virtual. Pero a la irrealidad que padece se le suma un pecado: desconoce la autoridad. Todo el mundo sabe de todo, todo el mundo tiene derecho a enseñar, todo el mundo opina. Es como una inmensa plaza, el Ágora de la nueva Atenas, donde cualquiera pone su cátedra. Cientos de miles hablan y millones escuchan (porque no hay blog que no tenga visitas), pero no se enseña ni se aprende nada".
      Es sabido su respeto y adhesión a tan gran sacerdote, no se como justifica este blog ni cualquier otro. Le dejo también la 8°: "Desventuranza de la libertad. Internet es el ilusorio triunfo de la libertad de expresión. Lo hemos escuchado hasta de un sacerdote: «Los diarios y la televisión están dominados, pero por Internet se puede hablar». ¡Qué falsa ilusión!".

      Eliminar
  5. Ese sermón es del padre Mestre Roc.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hubo una confusión en la publicación, el sermón es en efecto de mi hermanito, y podría haber comenzado con Gutemberg y la alfabetización masiva, que son la madre del borrego. Y seguir con Porta Latinae, donde escribe De Mattei que me gusta poco. Yo preferiría escribir una revista, pero es carísimo, me tendría que hacer amigo de Ayuso y aprender a corregir. En serio, a nadie se le ocurre que estaba dirigido contra Marcelo Gonzalez, ni otros que son gente buena, pero... debo confesar que algo, había para mi. Les cuento una infidencia: de niños, mi padre nos daba unos centavos por libro leído, poesía memorizada y pelea ganada (había que traer testigos). Mi hermano se quejaba de que nunca tenía una pelea porque entendió que debían ser justificadas; y yo, juntaba monedas a las piñas, pero claro, ¡no todas eran ganadas ni mucho menos justas!. Él fue cura y yo abogado.

      Eliminar
  6. No es mala la objeción anterior.
    Sin embargo, como todo medio, puede ser usado para bien.
    No obstante, no se me escapa que eso de la "inocuidad" de los meros medios es una patraña.
    Hay medios que tiran para la siniestra mucho más que para el otra, e Internet es uno de ellos.
    Lo mejor, obviamente, es usar el medio y hacerlo para bien; digo, es aún mejor que no usarlo por el peligro de hacer el mal.
    Para lograr esto último es fundamental no confiarse demasiado en uno mismo y apelar siempre a maestros probados, que por otro lado es el modo de no terminar afirmando tonterías.
    Distinto, en todo caso, serán las cuestiones de suyo menos peligrosas, como las más literarias o de opinión, como puede ser el artículo actual que, acertado o no, no causa bien ni mal.
    ¿O acaso alguien sabe, exactamente, qué es el peronismo?
    ¿Un movimiento? O sea ¿se mueve de sus puestas?
    ¿Es movimiento en el sentido de conglomerado?
    ¿O tiene una doctrina pétrea y clara?
    ¿Y qué doctrina sería? ¿La que se predicó con hechos o con palabras?
    ¿Cuáles hechos y cuáles palabras?
    Porque difieren en el primer gobierno, en el segundo, en el exilio y en lo que duró el tercero...
    Sea lo que sea, algo es seguro: es garante de cierto éxito. Ese es un dato duro y como enseñan los filósofos, hay que empezar de lo más claro para avanzar en la comprensión de lo menos evidente.

    ResponderEliminar
  7. Como decía un viejo tío nazi, Perón es a Adolfo lo que Gardel es a Wagner...

    ResponderEliminar

Comentarios con buena intención no serán publicados.