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lunes, 31 de octubre de 2016

EL ANTICLERICALISMO (PARTE I)

Resultado de imagen para IMÁGENES DE CURAS Por Dardo Juan Calderón
A raíz de unos comentarios al anterior artículo, se nos hace necesario definir o delimitar de qué se trata esta “actitud”, la de ser “anticlerical”, fundamentalmente en el sentido en que suele ser usada por los mismos católicos para expresar la necesidad de un rango de libertad frente a la intromisión del “clero” en la vida personal y política de los pueblos y de las personas. Expresión que se ha hecho carne en los medios aún tradicionales, por efecto de tener que defenderse del abuso de una mala clerecía que ha pululado en la modernidad (y a la que no han entendido, ya que ella misma era anticlerical) pero que se ha convertido en una especie de eslogan y en una forma de ser que se proyecta sobre todo lo clerical, al punto de que sea un insulto designar a alguien como tal. “Epíteto” que me fuera lanzado con más el agregado de “beato”, todo con notable furia  e inmerecido elogio.


   No se nos escapa que en medios no católicos o claramente agnósticos, el término “anticlerical” importa mucho más que una delimitación de funciones de uno u otro estado, para pasar a ser la imputación de un abuso connatural a la Iglesia Católica , es decir, para pasar a ser un “anticatolicismo” y que fuera el caballito de batalla del protestantismo. Y este anticlericalismo-anticatolicismo, entiende que ambos términos son lo mismo porque no se chupa el dedo, sabe que la Iglesia se meterá en sus asuntos. Ya en la vieja Roma de los primeros tiempos del cristianismo, sus mejores cabezas destacaban el peligro que la novedad cristiana implicaba para el poder y las costumbres con su “forma eclesiástica”, y no se quedaban tranquilos frente al argumento de “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” que se esgrimía como prenda de equilibrio, puesto que, argumentaban, “¿quién dice lo que es de cada uno?”. Si es el Dios de los cristianos el que lo decide, y por tanto su Iglesia, la cosa ya no es tan inocente como parece y, el César – y el hombre - tendrá que contentarse con la parte que esa Iglesia le designe como campo libre.

  Parece que hay otro “anticlericalismo”, dentro del mismo catolicismo, que lo que pretende es que no se caiga en un “clericalismo”, es decir, en un abuso, en una intromisión indebida del clero en los asuntos seglares que están librados a la libertad, en la política, en la familia y en la intimidad de la persona. Lo que venimos a preguntarnos ahora es lo mismo que antes ¿quién decide estos límites? Y lo que también vamos a preguntarnos es si es legítima la palabra, es decir, si conviene hablar de “clericalismo” como una desviación y, entonces es legítimo rotular a la oposición con un, también legítimo rótulo, de “anticlericalismo”, o de si todo esto supone un mal entendido con funestas consecuencias. Pues, si corresponde a la Iglesia en sus órdenes clericales ser la que establece las delimitaciones de las funciones seglares y las sagradas, clericalismo y catolicismo serían análogos y el anticlericalismo, sería sin más, siempre un anticatolicismo.

    Pero comencemos por el principio. ¿Qué es el Clero? Cristo fundó su Iglesia y dentro de ella estableció un “orden”, de la misma manera que lo impuso en la naturaleza, es decir un orden de lo sagrado, un “Orden Sagrado”. Dice Santo Tomás en la Suma (Q XXXIV art I) “Debe decirse que Dios quiso producir sus obras a semejanza suya en cuanto fuera posible, para que fuesen perfectas, y por ellas pudiese ser conocido”… e “impuso a todas las cosas esta ley natural, de que las últimas sean dirigidas y perfeccionadas por las medias, y estas por las primeras. Y por ello, para que no faltase a la Iglesia esta belleza, estableció en ella un orden… a la manera como en el cuerpo natural…”. Es decir, que estableció un orden jerárquico.  En este orden jerárquico, Dios estableció funciones, para las que otorgó “poderes”. Este “conferimiento de poderes” se hace con un “signo visible” (sacramentum) y consiste en una “potestad transmitida”, que “se da a conocer a los demás por el uso, puesto que las potencias se revelan por los actos”.

Y como dice en la Q XXXV: “Debe decirse que las obras de Dios son perfectas. Y por tanto, a quien le es dado por Dios algún poder, le son dadas aquellas cosas por las cuales puede ejercer convenientemente ese poder”.  “No para remedio de una sola persona, sino de toda la Iglesia”. Como “ninguno puede ser idóneo receptor sino tiene caridad, la cual no puede existir sin la gracia santificante”… “en la recepción misma del orden se confiere un don de gracia más abundante, por el que se hacen idóneos para cosas mayores”.

  Estos órdenes jerárquicos, se dan principalmente para la función sacerdotal, (sacerdote - sacra dans, el que da las cosas sagradas), es decir impartir los sacramentos. Pero también “para manifestar la sabiduría de Dios, que brilla sobre todo en la distinción ordenada de las cosas, tanto en las naturales como en las espirituales”. Es decir, repito la frase, que este sacramento dispone gracias especiales para “manifestar la sabiduría de Dios –  en cuanto al orden de las cosas – “tanto en las naturales como en las espirituales”…  “diremos que los otros sacramentos se confieren para recibir algunos efectos, pero este sacramento se da principalmente para ejecutar algunos actos”.  En los demás, hay en el receptor una función pasiva, pero este habilita para una potencia activa, delegada de la potencia del mismo Dios.

     Dos son – según el Aquinate- los actos que se ejercen en las funciones del Clero. “…sobre el verdadero cuerpo de Cristo, y otro, el secundario, sobre el cuerpo místico de Cristo”.

      De lo dicho y leído guardemos una conclusión. Para las cosas de Dios – es decir su Iglesia – Dios mismo establece un orden y una jerarquía de poderes, este orden de lo sagrado, por el cual se gobierna su Iglesia, es designado por Él mismo mediante un Sacramento, (que se llama justamente así, Orden Sagrado), por el que se dan gracias especiales para las funciones delegadas por Dios mismo a esos hombres con gracias superabundantes. Estas funciones son principalmente dar los sacramentos (sacer-dote), y manifestar la sabiduría de Dios (ciencia) puesta en el “orden” de las cosas, tanto naturales como espirituales.

     De lo dicho y sin duda alguna, es el Clero quien recibe esta gracia especial en el Sacramento del ORDEN, para iluminar sobre el orden que Dios quiere de las cosas, TAMBIÉN EN LAS NATURALES. Con lo cual tenemos que quién debe definir cuáles son las cosas que competen a Dios y cuáles al César, es el Clero instituído por Dios para el ORDEN del mundo y por el ORDEN SAGRADO, es decir, la Iglesia.

    Los “criterios de orden” - sacral, político, familiar y personal - que debemos respetar para una mejor intelección de la voluntad y de la Belleza de Dios, pues es imprescindible que provengan de la Iglesia, en la expresión de sus jerarquías visibles que tiene gracias especiales y abundantes para “manifestar” esos órdenes al hombre.

    Veamos por experiencia que toda queja contra el “clericalismo” – desde el mismo catolicismo -  no se basa tanto en el entendimiento de “las cosas”, como en el entendimiento del “orden de las cosas”, de sus prioridades. Es en este punto donde surge la resistencia de los laicos en seguimiento de las urgencias y de las necesidades profanas.

    La vieja costumbre de rebelarnos contra ese orden que lamás de las veces interpretamos como displicente, inidóneo o improcedente con nuestras prioridades del siglo, es muy común y normal en nuestras vidas. Pero resulta que muchas veces estos anticlericales, una vez perdida la debida sujeción, son llevados por fuerza de sus dislates a traspasar el límite claro y demarcado de las cosas “sagradas”, donde no habría ni razón de entrar para los seglares. Y de esta manera de anticlericales en lo profano, se convierten en profanadores de lo sagrado.  Dijimos que ciertos comentarios al artículo anterior inspiraban esta reflexión, y justamente en estos se expresaba un disenso con el orden dado a una Misa por un Sacerdote, a criterio de un seglar, por razones pedagógicas y aún más, con criterios litúrgicos. Es un caso claro de intromisión indebida en lo sacro, bastante peor que el de si un clérigo quisiera disponer del orden de los muebles en la casa del laico. Si uno es un anticlerical ponderado, comienza por lo menos en respetar la jurisdicción del clero para poner distancia en la propia.

    Ahora bien, esta mala costumbre de los laicos de reflexionar con propios criterios sobre el “orden de lo sagrado”, nos viene del desorden acaecido en el Concilio Vaticano II, desorden que recayó justamente sobre lo sagrado. Todos notamos un desorden y damos nuestras visiones de lo que debería corregirse, y justamente no nos percatamos de lo paradójico y hasta contradictorio de esta actitud, ya que este desorden acaecido sobre lo sagrado, provino de traer a la consideración las razones profanas, y muchas veces se quiere corregir con más razones profanas. Es decir, con una nueva intromisión de lo profano en el ámbito sagrado. Una intromisión de lo sociológico, de lo pedagógico y aún de lo artístico, sobre lo teológico. (Inversión que perfectamente expresara y justificara hace poco, el Papa actual, en infelices pensamientos).

    Resulta por tanto un verdadero dislate acrónico ponerse hoy día en guardia de un “clericalismo”, cuando justamente el mal proviene de una falta de clericalismo ¡justamente en los clérigos! Que se han hecho profanos y han abandonado la tarea de “manifestar a la Iglesia toda, el orden de las cosas querido por Dios” y se han puesto en la tarea de receptar los nuevos ordenes ensayados malamente por el hombre y adecuar la “ciencia sagrada” a estos nuevos órdenes. Es por esto que la reacción anticlerical resulta tan desajustada, pues si con algo debiéramos atacar al modernismo, es con clericalismo.

    ¿Entonces? ¿Dice Ud. que no debemos meternos los seglares en la crítica al Vaticano II, las modificaciones de la liturgia y etc.? Bueno, en principio eso digo,  no debemos meternos, aunque  a veces nos metemos con legitimidad porque estas reformas – en su naturalismo y profanísmo – dejan de ser temas sacros y toman el curso de dislates científicos antinaturales (y últimamente contranaturales). Pero en este curso crítico y dado la cercanía de lo sagrado, solemos cometer – aun en buena voluntad - graves falencias de orden en nuestras reflexiones. Porque ciertamente que es esta, la del orden, tarea de clérigos y no de profanos. Y hasta podemos asegurar con el mismo Santo Tomás, que dentro de los clérigos, de sus jerarquías y funciones, esta es tarea más propia de Obispos (y ahora entendemos el llamado urgente y casi desesperado del Padre Calmel a Mons. Lefebvre).  Digo de Obispos, porque el Aquinate al distinguir los oficios del clero, entiende que (Q XXXVI) “…a los sacerdotes superiores, esto es, a los Obispos, pertenece el saber todas las cosas que puedan ofrecer dificultades en la ley, y tanto más cuanto en mayor grado están colocados.” Con lo que venimos a afirmar que toda discusión sobre la Ciencia Sagrada, debe ser enfrentada por clérigos, y por clérigos dentro de un “orden” jerárquico correspondiente, pues de lo contrario, se oscurece el orden en las cosas sagradas.  Y los seglares, más abajo, y bajo la dirección de clérigos en cuanto al orden de las razones.

    Veamos este derrotero, saltando de una a otra heterodoxia, de seglares muy críticos de las reformas conciliares en, por ejemplo, un artículo  que publica el blog diletante y tilingo “The Wanderer”. En la entrada del 31 de octubre de 2016,  reiterando lo antes dicho por boca de ganso anónimo, y hoy expresado en citas del profanado Louis Bouyer, con las que pretenden enseñar “cómo se deben formar los sacerdotes”. Leamos: Ordenar hoy a mozuelos de veinticinco años, que se apresuran a hacerse llamar "padre" por hombres que habrían podido traerlos al mundo, es una absurdidad que no tiene nombre. No debería permitirse que se confieran órdenes mayores a hombres de menos de treinta años, y nadie debería ser admitido en el seminario sin haber hecho estudios superiores completos y ejercido la respectiva profesión por lo menos un año, o haber recibido una formación laboral igualmente completa, en la industria o en el campo, y haberse ganado el pan algún tiempo en esos menesteres. Mientras no se llegue a eso, mucho me temo que no haya en el sacerdocio más que eunucos o, lo que es casi lo mismo, adolescentes perpetuos, incapaces de salir nunca de un estado esquizofrénico”. Louis Voyeur, La descomposición del catolicismo, Iota, Buenos Aires, 2016, p. 122-23; 126. Así resulta que estos anticlericales, quieren enseñar a los clérigos  sobre las cosas sagradas, en una intromisión francamente detestable. Ya habían robado esta  idea y la expresaron como propia en anteriores artículos, pero llegada la hora del insulto (eunucos), delatan la fuente por cobardía; la autoridad nace del infame resucitado por el polimorfo Rubén Peretó Rivas (editor, prologuista y publicista del teólogo modernista camuflado) cuyos enemigos acérrimos son justamente los Sacerdotes “integristas”. Es notable que justamente usen dicho término insultante y nombren ellos mismos la soga en casa del ahorcado, pues apostaría mis honorarios mensuales a que el anónimo publicista del injuriador, posee paradigmáticamente la forma física y psíquica de un castrati de opereta. El hecho es que profanan e insultan (difundir un insulto ajeno es tan grave como el que lo comete, por otra parte, seguramente se justificarán en que esbozaron ciertas aprehensiones para con el teólogo que hace semanas divulgan, lo que no es porque las tengan, sino porque no es propio del ser innoble el compromiso cordial con nadie).

        Concluyamos en este punto que muy poca autoridad cabe al que se aqueja contra el clericalismo, cuando comete él peor tropelía. Es la expresión de una soberbia intelectual imbécil la que los hace concluir que son aptos para solucionar todo; la típica actitud de la tia solterona que enseña a criar los hijos.
     
       Pero volviendo con calma al curso de mi reflexión que apunta – ya lo habrá presentido el lector avisado y mucho más el prevenido -  a una apología de las formas “ordenadas” - y aún más, “clericalmente ordenadas” - de oposición y resistencia a las reformas modernistas (que son específicamente anticlericales). Y todo para evitar correr el riesgo casi seguro de desbarrar hacia razones desordenadas que oculten la belleza del orden querido por Dios en las cosas Sagradas, que es justamente ¡un orden clerical! (y más adelante veremos, también en las naturales). Y el no respetar estas reglas tan sencillas y claras, traen innumerables errores que se contraen aun en la defensa celosa de la Verdad, y de los cuales son víctimas muchos seglares doctos en teología y clérigos fuera de orden (el buen lector sabrá poner nombres en estos sitios, que la más de la veces no son tanto victimarios de la doctrina, como víctimas de los desórdenes).

  Una grey, por más preclara que fuera, que no tenga un Obispo que la guíe, debe quedar muda en estas cuestiones o se convertirá en una secta, acumulará errores, parcializará sus soluciones por no tener la visión acabada del “orden” y mil voces ensayarán mil posturas. Y si Dios dispone que no tengamos Obispos, pues habrá impuesto aquel silencio que por media hora se hace en el Apocalipsis antes de la Parusía.

     No quiero abundar sobre los males que implica un clérigo “fuera de orden”, lo que comienza a ser una flagrante contradicción con respecto a la naturaleza de su función y hasta una negación de su Sacramento, “Sacramento de Orden”. El cual, entiendo, de pensar que no existe posibilidad de encuadrarse en un orden clerical que exprese la Belleza de Dios y su Iglesia en el orden de las cosas y de las potestades sagradas, y sea su vida la entrega a  la solitud de la pieza desencajada que testimonia el fracaso de la Iglesia y la victoria del mal, debería permanecer callado hasta encontrarlo, o hasta que “Cristo Vuelva”.

       Luego la seguimos con otro tipo de anticlericalismo, más “clásico”, que no ataca todo lo católico, ni se inmiscuye en lo sacro, pero que delimita en lo natural.  

     

27 comentarios:

  1. Wanderer a esta altura se identifica, como alguna vez el Nacionalismo Católico, con el ser nacional.
    Es el modo de ser de derecha y católico en la Argentina de hoy. Como lo fue Cabildo y antes La Nación. Si no sos católico tomatelás.

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  2. Clero y sacerdote no es lo mismo.
    Clérigo es el tonsurado. Por ejemplo Lope de Vega era clérigo. Sacerdote es quien recibió la Orden Mayor del Presbiterado. Obvio que el sacerdote es clérigo.
    Sobre el sacerdote hablemos otro día. Pero es en definitiva lo que vos decís con "sacerdote - sacra dans, el que da las cosas sagradas".
    El tema clerical es sobre el "estado" clerical o la "casta" clerical o sobre ciertos privilegios que pretende el clero por el hecho de ser clérigo. Y eso no tiene nada que ver con el Concilio Vat II.
    Es un poco como la distinción entre militar y soldado en nuestro actual contexto. Incluso se llegó a decir que Seineldín no era militar (porque había sido degradado) pero que era soldado porque había peleado.
    Te aclaro que me juego los honorarios que todas las veces que vos citás a Santo Tomás explicando las funciones del "clero", no dice clero sino sacerdotes u ordenados. Habla de clero sólo referido al estado clerical como opuesto a seglar o laico.
    Concluyendo: hay todo tipo de anticlericales. Aquellos de quienes vos te quejás están en contra del clericalismo, no del sacerdocio.

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    1. En la Q XXXVII verás la distinción de los órdenes, y que estos son siete órdenes con siete funciones, Obispo (sabiduría), sacerdote (ciencia), diácono (fe), subdiácono (obras de las virtudes), acólito (interpretación), exorcista (cura de enfermedades), salmista (don de lenguas) y ostiario (discernimiento de espíritu). Vamos a Trento, que dice que es de fe que deben distinguirse muchos ordenes "Si alguno dijere que además del sacerdocio no hay en la Iglesia católica otros órdenes mayores y menores por los cuales, como por grados, se asciende al sacerdocio, sea excomulgado" . El mismo San Pablo menciona por lo menos tres ordenes, episcopado, sacerdocio y diaconado. Todos estos ordenes constituyen el orden clerical.

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    2. Dígame el monto de los honorarios apostados para mandar a cobrarle.

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    3. Santo Tomás entendía que todos los ordenes clericales participaban de la condición sacramental, pero este asunto quedó limitado por Pio XII en la Sacramentum Ordinis (1947) al episcopàdo, sacerdocio y diaconado (los grados paulianos). Como verás, es un mosaico de funciones que hacen a la vida de la Iglesia.

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    4. Viste la apuesta que yo te planteé y tu respuesta? No tienen nada que ver. Te dije que no es jueves y vos respondiste que salió el sol y querés el botín.
      Así que los honorarios siguen en mi bolsillo.

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  3. Comparto plenamente la cita de Wanderer. A los curas y religiosos en general les falta "mundo" viejo, un poco de calle no viene mal... un mozuelo que nunca ha tocado un traste no puede recomendarme nada sobre el noviazgo o el matrimonio, sin terminar lanzando sandeces.

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    1. Bruno, una persona que de mozuela acostumbraba a tocar trastes, no digo que sea imposible, pero es muy poco probable que llegue a ser un gran sacerdote.
      Ojo con el anticlericalismo y sus tantas variantes, que puede llevar a afirmaciones la mar de bobas.
      Le digo más: no es imposible, pero no creo que un hombre que haya conocido mujer, en el sentido de "conocerla", esté luego para cura, por más que la Iglesia lo permita y sea cual sea la experiencia (nada transpolable a Occidente) de los curas orientales casados.

      Andar con minas, como el bautismo y el orden sagrado, "imprime carácter". La Teología Sacramental no lo enseña, pero el sentido común sí.

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    2. Bruno, su objeción es tan común como equivocada. ¿Acaso se ha precavido Ud., cada vez que va al médico, de averiguar si el Dr. tuvo o tiene la enfermedad que ud, está padeciendo y por la cual recurre a él??? Me imagino que nunca se le pasó por la cabeza. Con su forma de pensar no podría ser oncólogo quien nunca tuvo cáncer, diabetólogo quien nunca tuvo diabetes, etc... (¡¡que pensará ud de un ginecólogo¡¡ maldito impostor, de que está hablando si nunca tuvo vagina???). Entiendo que puestas las cosas en estos términos, siendo Ud. un hombre razonable, me dirá que los médicos han estudiado sobre cada una de esas cosas, y por eso no es necesario haberlas padecido para poder tratarlas y eventualmente curarlas. Y ahí está justamente la solución, con el agregado para nada menor de que en el caso de los sacerdotes el estudio de la Teología (moral, para el caso en cuestión de las tocadas de nalgas) se da en el ámbito de una vida espiritual en cuyo cultivo es de suma importancia la pureza. No se olvide que esos muchachos que han renunciado a tocar los traseros que a ud. tanto le apetecen pueden obtener a cambio una especial asistencia del Espíritu Santo (con el Don de Consejo incluido) que los tocanalgas como nosotros nunca tendremos.
      No hay que equivocarse, no es la experiencia del hombre de mundo la que se requiere para formar un buen hombre de Dios.
      Coco

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    3. Anónimo, no será buen sacerdote; pero sí quizás buen ginecólogo. No se puedo confundir el objeto formal de una ciencia con su materia. Hay que ver de qué se está hablando. No es lo mismo la gimnasia que la medicina, aunque ambos traten sobre el cuerpo. Y eso aun teniendo en cuenta que una pueda estar subordinada a la otra en sus principios. Si se confunden los órdenes, para saber gimnasia bastaría con saber medicina; y para saberlo todo sobre todo, basta ordenarse sacerdote.

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    4. Anónimo del 1 de noviembre 8:06:

      Con su comentario se llevó puesto a San Agustín.

      Ramiro

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    5. Bruno Acosta: me parece que no entendiste. No se puede argumentar sobre el ejemplo, sino sobre aquello que el ejemplo revela, quizás con otro ejemplo. Es obvio que yo no estaba hablando de medicina; pero qué le vachacher.

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    6. Brufuganya, tenís razón pero no. El sacerdocio, el Orden Sagrado, no es un oficio, es un sacramento, y Cristo hace por él, cosas que él no pude hacer de ninguna manera. Es un misterio.

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    7. Como Bergoglio, que tiene mucho " boliche", que diría Mujica

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  4. No puede lanzar anatemas aquel que nunca a principiado en los hechos que juzga. No me diga Ud. que los médicos son completamente infalibles, por más mamotretos materialistas que se hayan leído a lo largo de su carrera. Contrariamente, más de uno es auténticamente pésimo en lo que hace, y no titubea a la hora de largar el clásico "Podría ser peor, doña..." Y claro! Si él nunca ha padecido lo que la jamona sufre... sabrá mucho de la arteria tal y la bacteria cual, pero si no "la vivió", nunca va a conocer LA COSA en plenitud...

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    1. Bruno, lo mismo que ha Brufu. En cierto nivel natural, tienen razón. Pero Dios "todo lo vivió" (probablemente rezando en el monte de los olivos), y en el Sacerdocio está Cristo. Repito, es un misterio.

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    2. ¿Si ÉL todo lo vivió porque tenemos que completar con dolores lo que le faltó?

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    3. No hay nada que completar, la redención no necesita complementos, el problema del dolor es bastante más complejo para tratarlo en este espacio.

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  5. Ramiro, san Agustín es una excepción providencial.
    También la Providencia eligió a san Pablo y no por ello los mejores apóstoles son los que vayan a salir del judaismo criminal, ni las guerras en adelante se ganarán por las visiones de una doncella, a pesar de santa Juana de Arco. Si está en guerra, mejor contrate a uno que se parezca a Rommel.
    No sea pavo.

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    1. No dije que es mejor haber sido lujurioso o perseguidor religioso para ser sacerdote, estoy diciendo que tu frase "una persona que de mozuela acostumbraba a tocar trastes, no digo que sea imposible, pero es muy poco probable que llegue a ser un gran sacerdote", se lleva puesto a San Agustín y a tanto otros.

      Aquí no se trata de que yo contrate a alguien para ser sacerdote, sino a quién elige Dios. Pues como explica el comentario que está debajo, éstos fueron lo que fueron no por su experiencia pasada sino por Gracia de Dios.

      Ramiro

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    2. Dios saca bien de males como consecuencia de la gracia. Pero los hombres tenemos que atenernos a las leyes de sacar bien de bienes. Es mejor no tener pecados, que haberlos experimentado.

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    3. Dios no está obligado a sacar bien del mal, eso es un error.
      Esta es la verdadera Doctrina al respecto:
      Romanos 8:28
      Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio.

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    4. Por supus, no está obligado, no se dijo eso, pero suele hacerlo, y como bien dice usted, "pro electos".

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  6. Ni San Pablo ni San Agustín, fueron lo que fueron por su experiencia pasada, sino por la Gracia de Dios. El gran preferido de Cristo fue Juan, El Águila, jóven y virgen.

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  7. Para quien diga que no se puede llamar "Padre" a sacerdotes de menos de 30, algunos ejemplos a los que no se animaría a no llamarlos así:
    San Juan Maria Vianney, ordenado a los 29 años; San Luis María Grignion de Monfort, a los 27 años;
    Don Bosco, San Francisco de Sales y el Cardenal Ottaviani, a los 26 años; Santo Domingo de Guzman, a los 25 años, San Pío X a los 23 años y Mons Lefebvre a los 24 años. Wanderer machaca con la formación del clero. ¿Quienes podrían hoy enseñar en los seminarios de la FSSPX? Porque la formación no es solo intelectual/loide. Lo que es necesario para administrar sacramentos es la teología y filosofía tradicional, pero es primero espiritual y en el amor al Santo Sacrificio de la Misa y a la Sma Virgen María. El "Cura", "Padre", no se forma para ir al CONICET o para ser "obrero", esto es los dos desvíos por zurda o por liberal. El Padre es para salvar las almas de sus "hijos" espirituales. Lo otro es no entender que el catolicismo no es intelectualismo, tampoco espiritualismo. San Agustin enseña que ciertamente hay que entender, pero fundamentalmente Amar a Dios Trinitario y la Sma Virgen. Con la biblioteca sola uno no se salva. Se salva con el Rosario, los Sacramentos y las obras de caridad. Los libros, los escritos "eruditos", se los llevan las polillas y estas, no buscan ni van al Cielo. PD: ojo con los blogeros que siendo medio "curas frustados", porque no habiendo podido serlo, hacen de sus e-prosas "electrónicas", pseudosermones.

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  8. uno de los mas santos Sacerdote con mayúscula que he conocido, habia ingresado en el Seminario Menor con apenas 12 años. Ma que calle...!

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