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jueves, 17 de noviembre de 2016

ACLARARÉ AUNQUE OSCUREZCA

Resultado de imagen para fotos seminario de La RejaPor Dardo Juan Calderón.

Nunca son buenas las aclaraciones sobre un “brulote”, según Baudelaire este sólo exige que sea valiente y directo, como para un reto a duelo. Pero romperé la regla a favor de muchos inavisados que no entienden los rodeos y se escandalizan por los sopapos.


 En primer lugar no tengo relación personal con nadie que escriba en el blog tilingo, ni tuve contra este ninguna objeción (por aquello de Anzoátegui de que ser tilingo no es pecado, salvo que se sea solamente tilingo); es más, salvo los dimes y diretes, no sé a ciencia cierta ni quiénes son y de los nombres mentados, jamás he tenido trato con ninguno de ellos. No se trata de nada personal. En general los artículos de seudónimos son buenos y los anónimos – además de por el hecho de ser tal cosa- son innobles. Punto. Durante años he escrito en estos lares y jamás me he metido con ellos hasta hace un tiempo.

 Soy un bicho raro, un animal de lealtades, odio el espíritu crítico por el sólo hecho de serlo. Cuando tomo partido por un amigo, por una mujer o por una institución; pues la sigo hasta el final y cagüentodos. Si un tipo a mi lado se pone objetivamente a ver los defectos de lo que amo, lo mando a la misma mierda. Mi padre me enseñó que ser “objetivo” es una condición plebeya del hombre moderno, lo que siempre escribió lo definió como una “apología” de la Iglesia Católica, y siempre enseñó que no hay otra forma de ser católico.

Con respecto a los mencionados, sólo he respondido a los ataques y les hago una pequeña memoria. Comenzó contra un artículo que decía que luego de una Misa en calle Venezuela, el susodicho salió defraudado del lamentable sermoncito del curita. Y de buena manera le contesté que era un lamentable boludo. Siguió por un artículo que criticaba todos los seminarios tradi y conservadores, peligrosos por los abusos y de lamentables formaciones. Contesté de igual modo cortés, de que era un lamentable hideputa, lo que provocó una necesaria disculpa con respecto a uno de ellos. Luego vino lo de Louis Bouyer, de lo que no iba a ofenderme porque afirmen la tilinga monserga del “más importante teólogo del siglo XX”, ni de que fuera “propia tropa” (de ellos), pues es normal que la petulancia se vea impresionada por un francés exquisito y decadente. Podría haberles dicho que sólo en Argentina hubo por lo menos tres o cuatro teólogos a los que Bouyer no les llega al tobillo (para empezar Meinvielle), pero bueno, calculo que para la revista Telva, Bouyer era más conocido. Y que sea propia tropa tradi; ¡este alcahuete de Bugnini! que era el peor traidor y modernista de aquellos tiempos, pública y notoriamente masón, que bien lo embromó después de ser lamido, pues… es como decir que el secretario de Badoglio era en el fondo un fascista. Pero podía pasar. Ya el publicitar de él, justo la obra que escribió marcando como blanco al “lefebrismo”, contra el que lanzó su tímida pero ponzoñosa acusación no sólo de cismático, sino también de hereje (cosa esta última que no hizo nadie) ya me daba bastante en el centro. Claro, esto no es evidente para cualquiera, la obra es maestra en el arte de lanzar una piedra retorcida, indirecta; pero tampoco hay que ser un genio para darse cuenta que el gran culpable que se señala es el “integrismo”, y que el “integrismo” era Lefebvre. El argumento es más o menos como echarle la culpa a Cristo por la traición de Judas, después de todo… parece cierto. 
  Así que el modernismo era la reacción contra la fidelidad llevada al extremo. Acá ya si me pongo nervioso, los muchachos pueden confundirse (los viejos no). Y por último citar justo el párrafo en que les dice eunucos y esquizofrénicos a los curas que son ordenados jóvenes, pues… a la mierda… ¡mendigo ingrato!, debería tener bien sabido quién es y darle varias patadas en el culo. 
 Para coronar, andar repartiendo pescado podrido con el asunto de una “pronta firma” de un acuerdo con Roma – lo que es una mentira insidiosa para desestabilizar – y planear una “movida” laica para que la FSSPX recoja todos los que andan sueltos como si fuera una bolsa de desempleo; que más allá de una idea estúpida, es una velada acusación infame de supuestas negativas que ronda los corrillos miserables.

   Por lo dicho, no sólo no me corrijo en nada sino que lamento haberme quedado corto, espero realmente no tener que meterme nunca más con estos tipejos y prometo que luego de estas aclaraciones, si vuelven, pasaré a las vías de hecho, que aunque viejo y un poco achacado, puedo dar trabajo.

AHORA CON PACIENCIA.

 Y para quienes puedan haber sido llevados a error. Me explico.

La tradición católica reaccionó de muchas formas a una apostasía de la Iglesia. Negándose a ser parte de ella. Escribiendo la Verdad. Sosteniendo obras pías. Rezando. Y todas fueron buenas.
Pero esta apostasía implicaba un movimiento “revolucionario” dentro de la Iglesia. Orquestado y organizado desde la misma masonería. Escuchemos a Calmel:  
¿Cómo hemos descendido hasta este punto y con esta rapidez? Me parece que sería una explicación insuficiente tener en cuenta únicamente a los teólogos heterodoxos o incluso el “savoir-faire” y la audacia de los novadores fanáticos. Fue necesaria, al mismo tiempo, la acción ininterrumpida de estos organismos ocultos que son expertos en el temible arte de orquestar las palabras ambiguas (o francamente heréticas), que las imponen poco a poco a los laicos o a los eclesiásticos, que hacen sufrir, sin parecerlo, una presión abrumadora sobre las autoridades oficiales.
-Así, tengamos cuidado de no olvidar a las masonerías de toda especie y su metódico funcionamiento cuando busquemos una explicación suficiente de esta novedad apocalíptica de los tiempos actuales: una iglesia aparente que se infiltra en la verdadera Iglesia y trata de suplantarla. Nosotros hablamos de infiltración. Se trata en efecto, en nuestros días, de una penetración poco visible bajo una mirada superficial, poco aparente, insidiosa, más que una persecución abierta. Siguiendo las sugerencias de Roca y de Saint-Ives d’Alveydre, las masonerías se preocupan menos de combatir la Iglesia violentamente que de remover poco a poco y bajo anestesia previa, lo que la constituye: la vida sobrenatural y la estructura jerárquica con la primacía pontifical. (P. Roger Thomas Calmel Itinéraires 105, Sociedades secretas y victoria de Jesucristo, pág. 9-10.)

   Repitamos: “contra la vida sobrenatural y la estructura jerárquica”. Y justamente es para reforzar estos dos puntos que Mons Lefebvre inicia una “contrarevolución”, un movimiento organizado, jerárquico, que como cualquier movimiento debe enfrentar al “poder instalado”, poniendo a salvo la tropa, independizando sus pertrechos y enarbolando la defensa de una autoridad legítima. 
 Es igual en cualquiera de los movimientos contrarevolucionarios de la historia. Y justamente esto es lo que le criticaron, que sea una fuerza organizada que hacía frente denunciando la usurpación de la legitimidad. Los Bouyer no aceptaban esto, había que quedar dentro y digerir el proceso, ¡jamás enfrentar ¡Los pronósticos fueron de lo más pesimistas y los ataques furiosos. ¡Era un suicidio! (Ayuso lo escribía). Pero... no fue así. Se sentó plaza y aquí estamos, mucho mejor parados que cualquiera, aún dentro de una debilidad temeraria.
   No se hizo un nuevo “reglamento” para este ejército, no se escribió una “regla”. No se inventó una liturgia ni se ensayó otra legitimidad ni otra doctrina. Se hizo rígida en todo esto que reconocía su legitimidad en la Iglesia de siempre, pero elástica en la reacción, móvil y plástica en las formas de combate. Y resistió y resiste todavía.
   ¿Cuál era su simple regla? Una palabra. CARIDAD. ¿Cuál era su programa? Recuperar la vida sobrenatural, las fuentes de la gracia, es decir, El Sacerdocio y los sacramentos. Y mantener la estructura jerárquica para que vuelto el Buen Señor (como el Cid) los encuentre incólumes. No era una batalla intelectual, era una batalla sobrenatural. Había que echar a andar las “fuentes de la gracia” que la insidia masónica había secado y que no temía nada más que esto, temía como el demonio a los Sacramentos, y  se divertía con las discusiones intelectuales que envenenaba poco a poco con pequeños términos metidos a presión.
   Gracia, Gracia y Gracia.
   Hacer curas santos. Por ahora. Devolver la Misa y los sacramentos que habían sido viciados. 
  Muchas discusiones se dieron sobre la “formación” de esos curas. ¿Cuánto lleva hacer un cura? ¿Veinte años? Si, probablemente. ¡Pero tenemos que salir en cinco! Las almas mueren de inanición, las almas boquean como peces fuera del agua. Mañana es tarde. 
  ¿El programa? CARIDAD. Prioratos móviles y livianos para dar sacramentos. Vida en común de pequeñas células que imparten la gracia y, robando horas al sueño continúan la formación. Aprenden en la batalla.
   ¿Qué hace falta para correr este riesgo? Pureza y lealtad. ¿Una organización militarizada? No. Caridad y Humildad, la razón de la cohesión no puede ser la disciplina del orden cerrado, sino la camaradería, la hermandad. No tiene que hacer falta mandar, la obediencia debe nacer del corazón.
    Quiero que piensen en un civil alemán que veía sus niños de quince años atajando las huestes soviéticas en las calles de Berlín. ¿Habría dado una clase de la escuela de guerra? ¿Criticado la falta de formación de los soldados? ¿O llorado de emoción, de gratitud y de vergüenza?

¿Vais tomando la medida de la cosas?

  Quizá era un error, no era para tanto. ¿Una exageración? O por el contrario… Y que me digan ¿qué hace este niño empuñando su máuser? ¡Mandadlo a la Universidad! ¡Que gane experiencia! ¡Pero… los soviéticos están a las puertas! No importa, los entretendremos, les prestaremos nuestras mujeres, les daremos nuestro pan, y finalmente los convenceremos. ¡Pero es MI mujer, es MI pan!
  Ahora bien, esta tropa que aprende bajo el tronar de los cañones, bajo de unos cañones que nadie parece escuchar, donde nadie ve las explosiones ni las almas que mueren - porque es invisible a ojos que no sean puros - se va formando y tomando un modo de ser.
   ¿Cómo cayeron los viejos soldados? Impureza y criticismo. Pureza y lealtad comienza a ser la regla de este ejército de niños. Y aún sin regla, se comienza a perfilar una. Una característica. Es un ejército que canta canciones infantiles, inocentes, simples y que de a poco madura.
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Para quienes hemos sido testigos, emocionados, llorosos y avergonzados, no ha sido fácil comprenderlo. No ha sido fácil abrir al alma a esta urgencia que señala la caridad y atropella las estrategias que nuestros viejos corazones no comprenden y siguen ensayando razones y sentándonos en conciliábulos intelectuales.
  No logramos comprender el valor del disparo de una Misa o de una Hostia porque estamos aturdidos.
  Han sido nuestros “niños” los que nos han llamado desde una simpleza forjada en una pureza que no acepta ya ni el humor socarrón al que responde con el sonrojo. Niños combatiendo contra el pecado venial. 
  Debe estarme leyendo un viejo pirata al que una niña de ocho años - traída por la providencia-  le dijo muy seria y apremiante, “Hoy nos esperan en la Iglesia para consagrar la Familia a María Santísima” y salir tras ella como un penitente, para de allí en adelante con toda la sapiencia de sus mil libros leídos, plantarse frente al cura director de colegio, de apenas unos treinta crudos años, y decirle con toda parsimonia “¿Dónde está la podadora?”  .
  He tenido la increíble y vergonzosa experiencia de sentarme en una cocina con un viejo Cura que me señalaba un seminarista y llorando me decía “no he visto en él sino pureza”.  
   Sólo sé mostrar mi rabia, la de tantos años perdidos. ¡Imbécil! ¡Imbécil!
   No lefebristas ni tradicionalistas, alguno sabiamente los llamó “Marcelinos”, ¿qué pretendéis? ¿Traer viejos tallos rugosos y retorcidos como nosotros e injertarlos en las yemas? ¿No ven acaso la “novedad”?
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La FSSPX ha sido siempre generosa y de puertas abiertas, pero no pretendan comprender sin más su espíritu, ni pretendan adiciones sacerdotales ni aún como fieles si no habéis partido de niños. Hay en ella una inocencia que se nos hará siempre ajena a los que acarreamos la escoria de un tiempo confuso, y se está generando a su alrededor una nobleza inédita que clausura nuestros rangos y acalla nuestras razones. Una especie de escuela de hijos para padres dónde el mejor alumno, no es sino el que reconoce que no entiende.

    

     

3 comentarios:

  1. Impecable y sin malas palabras, un esfuerzo sobrehumano!!!
    Pero cuanta razón, no se porque veo tanta similitud con los 3 monjes rebeldes.
    Abrazo

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  2. un católico, para mí, debe aspirar a volver a la Misa de siempre. Por ahora sólo lo puede lograr en la Fraternidad y en muy pocos lugares donde los curas están tratando de aprender la Misa.La fraternidad, supongo yo, no tiene como objetivo que todos vayan a sus capillas por la sencilla razón de que no cabría la gente. Pero también supongo que se alegran los lefes de que OTROS celebren según el vetus ordo y no van a andar poniendo palos en la rueda de nadie y criticando a los que recién vamos descubriendo lo que el Concilio nos robó.

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  3. Entiendo y comparto los brulotes que, aún a riesgo de dar publicidad a quien no la merece, propina el Cocodrilo a los wanderer y algunos otros que andan tramando brillantes estrategias laicas para aprovechar la estructura de la Fraternidad. Creo que tales intentos son más malos de lo que parecen aún cuando sean hechos con las mejores intenciones, porque tergiversan y ensucian la única actitud espiritual capaz de sostener obras como la de la Fraternidad: la absoluta confianza y santo abandono en manos de Cristo y María, con total desprecio de la parafernalia humana y material de que se va rodeando la obra. El día que los fieles y sacerdotes empiecen a creer que hay que defender los edificios o la organización administrativa como valor fundamental va a ser el día en que todo empezará a crujir y estará pronto a caer. Quienes, como yo, por oficio estamos acostumbrados a pensar mal de las intenciones del contrario empezamos a ver venir al que se encarga de elogiar los magníficos edificios antes que la Misa y los Sacramentos y creemos que nunca le vendrá mal una buena puteada. Si la ponderación fue hecha con caridad y buena intención sabrá digerir la puteada y perdonarla, si no, que vaya sabiendo que la va a costar, y como dice el P. Ramirez, veremos quien saca más cinturones de este cuero.
    Créanme que todos los bienes materiales que la Fraternidad tiene (seminarios, colegios, prioratos, centros de Misa) se pueden perder de la noche a la mañana, porque, por lo menos en el ordenamiento jurídico argentino, sobran elementos. Lo único que los mantiene allí es la Gracia de Dios que los sostiene, y nuestro única preocupación debe ser la de sostener esa Gracia con sacrificio y oración . Por desgracia, en ámbitos cercanos a la Fraternidad y desgraciadamente vinculados con la formación de la juventud, se está poblando de personajes aleves animados por ese nefasto espíritu que aprovechan la bondad y paciencia de los Curas para mantenerse en el medio y meter cuchara; es bueno que sepan que hay gente "mala" y aguerrida sin ganas de dejarse embaucar. Coco.

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