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lunes, 14 de noviembre de 2016

FILOSOFÍA ENTRE BURROS.


Resultado de imagen para Bouyer Louis imágenesPor Dardo Juan Calderón.
DE BOUYER, DE CONTRADICCIONES UNIVOCISMOS, ANALOGÍAS E INTEGRISMOS.

No vayan  comentar estos barruntos entre gente que cultiva las cumbres filosóficas; entre jumentos como nosotros y previo a las distinciones de la ciencia, resulta urgente mantener la clara diferencia entre lo que es mierda y lo que es dulce de leche, que si bien vemos y tras un análisis físico químico - aún a pesar del proceso digestivo - pues, son mayores las coincidencias de lo que nos imaginamos a partir del dato simple del olfato:  son casi idénticos los elementos químicos que comparten ambas sustancias y muy parecidas  las apariencias físicas. Parece que no hay que caer en maniqueísmos y andar con eso de que una y otra cosa son polos opuestos.


Así nos avisan – Bouyer por ejemplo- con respecto al mundo moderno y sus engendros. Vean el “mundo”; aunque  anda despidiendo un olor nauseabundo los elementos son los mismos que antes. En realidad nos puede estar pasando como con el coliflor – o chucrut, si lo prefiere nazi-  o el camembert si uno es afrancesado;   hay que sobreponerse a ese olor para apreciar los muchos placeres y elementos nutricionales que se ocultan tras esa primera impresión. Había lugar para una reforma entre Trento y el Modernismo que expresa el Concilio Vaticano II y que se fue al tacho por culpa de interpretaciones reaccionarias tanto de modernistas como de integristas.

  Lo que en realidad nos está matando – nos dicen - es esa reacción tan primaria de que el tufo de la mierda nos hace dar arcadas, producto de una educación impartida por las viejas madres que se quedaban en casa, limpiaban baños, friendo desde temprano cebollitas de verdeo en la cocina y poniendo lavandas en los roperos,  ¡y la casa olía que es un primor! con las debidas distinciones. Pero si bien la nostalgia de los buenos tiempos no es mala, hay que ver que sus vicios tenían y estos nuevos traen sus cosas y no hay que tirar todo por un simple olor a caca, y comenzar a ver que ese olor a caca anuncia nuevas formas a las que hay que adaptarse.

El drama actual – nos repiten – es que había que seguir en un mundo con un cierto olor a cacona producto de los ritmos de la transición necesaria, que no da tiempo para tanta higiene como la que practicaban las viejas madres integristas del hogar, y no andar provocando un choque dialéctico innecesario entre los que no quieren ni una pizca de mierda y,  los que para producir el cambio necesario y estúpidamente resistido por los nostálgicos ultra higiénicos, tiran mierda hasta por las paredes del living ( hasta en el templo).

 Una verdadera lástima que no haya cundido este mix; Bouyer tenía la dosis justa de mierda que necesitaba este mundo para enfrentar su adecuación, y tras él, se encolumnan una serie de tipos que poseen esta composición físico química para lograr demostrar que la mierda y el dulce de leche son “análogos”, es decir - traduciendo al jumento - parecidos ¡Y bien que lo son!

 Mis queridos burritos, entre nosotros, el mundo moderno contradice sin más al mundo “cristiano”, no es una cuestión de grados ni de matices. Se parecen como la mierda al dulce de leche, es decir que son tan disímiles como estos con casi los mismos elementos y características. Nos podrán decir que no seamos maniqueos, que hay que distinguir un “mundo” que es del demonio (príncipe de este mundo), pero que hay un mundo que fue  creado por Dios y sobre el que Reina, y que por último hay un mundo neutral, del hombre, donde este realiza su existencia. Pero claro - nos recuerda Calmel - se olvidan que en este mundo supuestamente neutral, combaten las Dos Ciudades Agustinas, y estos mundos y estas ciudades, son enemigas totales. ¡Ya está! El burrote nombró a San Agustín ¡Maniqueo!
      
Ellos son “tomistas” y gustan de las distinciones finas, de las analogías, del tipo de las que hacen concluir que hay una pequeña diferencia entre estos elementos que vengo nombrando, y que no es muy grande la distancia entre un zorete y un panqueque con dulce de leche (debo decir un “crep”).

Ellos toman, por ejemplo, una sabia distinción filosófica hecha por el Dr. Félix Lamas sobre la significación analógica del término “dignidad” – humana- (que recomiendo escuchar) pero… que alguien debería agregar a esa charla circunscripta – y bien-  a la distinción; que cuando el hombre moderno se refiere a “dignidad humana”, no está haciendo una analogía ni le está faltando una analogía, sino que ha sometido el término a un proceso de corrupción y lo que está queriendo significar es justamente lo contrario de lo que encierra el término en toda su riqueza analógica. Traduzco: cuando el modernismo habla de “dignidad”, la hace mierda. Y que cuando nosotros conversamos con ellos no es una confusión de analogados la que hay que desbaratar con buena filosofía, sino que se trata de un equívoco, y de un equívoco que se cultiva con toda la mala intención, porque a ellos no les falta filosofía, sino que les sobra malicia.  Alguien debe agregar que esta corrupción de los términos, que este paso designificante por el tubo intestinal de la modernidad, hace necesario muchas veces abandonar los términos ya colonizados e infectados por la “escherichia coli”,  para no alimentar  los equívocos en una conversación de sobremesa en las que nos han servido mierda entre la comida, y que muy cortésmente hemos ido separando con el tenedor y engullendo el resto del plato contaminado, mientras discurrimos los disensos amables con el muy hideputa del anfitrión y enviamos gratitudes al chef. No vayan a creer que este buen hombre moderno tiene una confusión de planos entre lo axiológico y lo ontológico, sino que lo que quiere designar con “dignidad”, es la “indignidad”, y ha logrado imponer este significado para esa palabra. Lo mismo con “democracia”.  Y Bouyer viene con palabras conciliares como “ecumenismo”, a las que hay que rescatar de estos dos polos de mal entendimiento (¡¿?!).

Al pan pan, al vino vino, y a la mierda mierda. Bouyer es un especialista en mantener los equívocos con el modernismo, en mantenerse crítico pero no distante, en que su prédica tenga dos lecturas, o tres, o cuatro. En que su lenguaje despida un cierto olor del viejo hogar, pero que no esté desprovisto de una cuota de tufo a cloaca.

No por el hecho de que nuestra condición carnal suponga tener que convivir con estos elementos, esto supone que debemos andar con el trasero sucio o haciendo nuestras necesidades en cualquier lado. Trigo y cizaña conviven hasta el fin, en nosotros mismos, pero trigo es trigo y cizaña cizaña. Esta hibridación entre ambos y que reniega de ambos por igual,  no es el consejo evangélico.

Hijitos asnitos, como bien distinguió Santa Teresa cuando fue reprendida por el demonio de rezar mientras evacuaba la miseria, “Lo que rezo es para Dios, y lo que hago es para vos”, sepamos distinguir igual nosotros.  El tufo de la pretendida reforma que intentó Bouyer y que “se le hizo mierda” de manos de Bugnini – según él mismo denuncia- fue porque esa reforma incluía mierda en la receta, y la defensa de la prédica de este pescado se hace hoy por la necesidad que existe de que para ser alguien en este mundo, hay que tener un cierto halo de cloaca.

 Una última anécdota: en el apogeo del Palacio de Versalles (Luis XIV)  y cuando a este concurría el grueso de la sociedad parisina, la falta de baños hacía que los visitantes orinaran contra sus paredes, siendo que este olor se convirtió en significado del éxito social de una casa. Por ello es que muchos señores de provincia, para no resultar acusados de falta de vida social y dar una buena impresión a las visitas, obligaban a la servidumbre que durante la semana mearan sobre el muro de la fachada a fin de mantener el olor a pis que tan bien adornaba sus palacios. Hay un cierto tradicionalismo snob que para evitar la acusación de anacronismo y rudeza social que implica el craso tridentismo, se hacen mear las cabezas por Bouyer.
             


2 comentarios:

  1. Son los estetas aún a algunos pasos para llegar al tradicionalismo que gustan tanto del yosapa de Vortex, que dice que la SSPX está en cisma:

    https://www.youtube.com/watch?v=eFhhXrJRAHs

    Michael Voris se llama el tipo que enamora a quienes no logran distiguir entre conservadores y tradicionalistas y que cuando tienen que optar no dudan en ponerse del lado de los conservadores que gustan de la misa tradicional.

    No es Bouyer la única falencia que tienen.

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  2. A ese Voris bastante más le convendría hacerse lefe (y cortarse el flequillito pavo que lo asemeja tanto a Trump y al inglés del Brexit):

    http://www.fsspx-sudamerica.org/es/news-events/news/bendici%C3%B3n-del-seminario-de-virginia-eeuu-18802

    Antes se decía que ellos tenían los edificios y nosotros la fe, pero ahora tenemos los edificios también.

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