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miércoles, 15 de febrero de 2017

EXTRACTO DEL LIBRO "EL MOVIMIENTO LITÚRGICO"







CAPÍTULO V

LOS AÑOS 1950-1960

El movimiento se saca la máscara, reniega de Dom Guéranger y confiesas sus orígenes antilitúrgicos (R.P. Louis Bouyer).

Quien siembra viento recoge tempestades”. Este refrán bien conocido resume perfectamente este período de la historia de la liturgia que nos hemos puesto a estudiar. El viento, son los Beauduin, los Casel, los Parsch quienes lo sembraron… y la tempestad se alza, creciendo sin cesar, desde los años 1950… muy pronto llegará el huracán, el concilio, después la muerte, la Nueva Misa.


Para estudiar este lapso ocupado por el final del pontificado de Pío XII y por el inicio del de Juan XIII, mostraremos sucesivamente: las confesiones de los dirigentes del “Movimiento litúrgico”; la expansión del “Movimiento” por el mundo.

EL “MOVIMENTO” SE SACA LA MÁSCARA.

Nuestro lector recuerda esta frase de Dom Beauduin, escrita en 1945:

Si la Santa Sede está justamente preocupada por el mantenimiento integral  de las observancias litúrgicas y muy severa hacia toda empresa o iniciativa contraria a sus leyes, se muestra, por otra parte, muy comprensiva y muy acogedora de todos los esfuerzos hechos dentro del marco de las leyes actuales y alienta sin reserva los trabajos históricos que investigan el origen y la evolución de nuestros ritos La Santa Sede desea pues que su disciplina sea estudiada por todos los métodos históricos. El CPL  (Centro de Pastoral Litúrgica) puede pues realizar ampliamente ese punto de su programa”.

Influenciar a la Santa Sede por la publicación de obras de una pretendida erudición histórica, he allí el plan de acción del “Movimiento litúrgico” de posguerra, y, en particular, del CPL francés y de su colección “Lex Orandi”.

Una obra de esta colección retendrá particularmente nuestra atención, se trata de La Vie de la Liturgie por el R.P. Louis Bouyer del Oratorio. ¿Por qué este libro antes que otro? Porque marca una etapa decisiva dentro de la historia del “Movimiento Litúrgico”: inaugura la hora de las confesiones y de las negaciones.

- De las confesiones: porque el padre Bouyer afirma ahí claramente las simpatías del “descarriado Movimiento por los promotores de la herejía antilitúrgica”;
-  De las negaciones: porque el autor ridiculiza ahí sin reserva a Dom Guéranger y a todo el “Movimiento Litúrgico” ortodoxo. Los lobos están ahora en el aprisco, ya no tienen necesidad de esconderse bajo pieles de corderos.

Pero vayamos al detalle. Este libro, que es en realidad la traducción de las conferencias dadas por el padre Bouyer en los Estados Unidos, comienza por una afectuosa dedicatoria a Dom Lambert Beauduin:

D. Lamberto Beauduin Patri filius, Magistro discipulus pro tantis beneficiis hoc quamquam exiguum Semper Deo gratias referens dedicavit monumentum(“A Dom Lambert Beauduin por tan grandes beneficios el hijo dedica esta humilde obra al Padre, el discípulo al Maestro, dando gracias en todo momento a Dios” Es, en efecto, poco antes de la guerra cuando Dom Lambert había convertido del protestantismo luterano al Pastor Bouyer.)

Tal padre, tal hijo, esto es cierto, pero Dom Beauduin nunca había abandonado cierta prudencia, incluso de cierta moderación, últimos vestigios de su formación benedictina, mientras que el padre Bouyer da libre curso a sus teorías y a su pluma elegante pero acerada. El subtítulo de la obra es ya todo un programa: “Una crítica constructiva del Movimiento Litúrgico”.

Toda la primera parte del libro está consagrada a la crítica. No se critica bien sino lo que se ama bien”, escribe el padre Bouyer  en el prefacio. ¡Sea, pero de todos modos! Después de un juicio feroz sobre la liturgia tridentina y postridentina, a la que intencionalmente califica de “período barroco”, el oratoriano llega a la reacción romántica, a la obra de restauración operada por Dom Guéranger.

Primero estigmatizar a la liturgia del siglo XVII:

La liturgia, como lo dicen explícitamente muchos manuales de este período, era considerada como la etiqueta del Gran Rey. Las características más evidentes de ese ceremonial eran la pompa exterior, el decoro y la grandiosidad que convienen a un príncipe de tal majestad. La ausencia de toda significación inteligible en tantos ritos, y hasta en las palabras sagradas era entonces alabada como si realzara la impresión de reverencia que había que dar a una multitud deslumbrada (…). Naturalmente, dentro de tal concepción, el penacho de plumas en el casco de los guardias-nobles es por lo menos tan importante como los misterios sacramentales. Y es el momento de recordar que esta concepción general de una liturgia que consiste en un trascendente ceremonial de corte fue aceptada, sin ninguna objeción, por los primeros pioneros del movimiento litúrgico en el siglo XIX, tanto por Dom Guéranger como por Dom Gréa”.

¡Pobre Dom Guéranger! Para empezar, como todos esos católicos ultramontanos y antiliberales, era un ignorante, a lo sumo un autodidacto.

La gran debilidad del renacimiento católico en el siglo XIX escribe el sabio P Bouyer- fue pues un defecto congénito de bases científicas, e incluso de toda sana crítica. Esta misma carencia aparece al comienzo de lo que podemos llamar el renacimiento moderno de la liturgia, bajo el aspecto de extrañas deficiencias de razonamiento y de argumentación, que llega a veces hasta la absurdidad, para justificar la práctica litúrgica que se creía buena”.

Dom Guéranger consideraba el período medieval

Como proporcionando la clave para entrar en la verdadera significación de la propia liturgia”.

De donde, agrega el padre Bouyer,

la manía de meter el gótico por todas partes: edificios góticos, vestimentas góticas, cantos góticos, poesías góticas, y así continuamente”.

Por cierto, esta voluntad de un retorno casi exclusivo a la Edad Media fue sin duda excesiva en el restaurador de Solesmes. ¿pero es por cierto inteligente agregar como lo hace el autor:
No podemos negar tampoco que ese culto fue una restauración de anticuarios  y una restauración de una autenticidad muy dudosa respecto de muchos puntos esenciales (…) la antigüedad que él recreaba no era lo que él se imaginaba ser más de lo que era verdaderamente gótica la arquitectura de apariencia engañosamente gótica de Viollet-le-Duc o de Pugin?

Para el padre Bouyer, la Edad Media, como tampoco el período barroco, no había comprendido nada de la verdadera naturaleza de la liturgia:
Dom Herwegenescribe- ha mostrado con más fuerza que nadie, que el período medieval, por más que su manera de practicar la liturgia tradicional haya sido superior a la práctica barroca, había comenzado ya a oscurecer la liturgia con interpretaciones fantasiosas y desarrollos extraños a su naturaleza. Por ello, muy lejos de producir una comprensión y una práctica ideal de la liturgia católica, el período medieval, en realidad, ha abierto el camino al abandono de la liturgia por el protestantismo, y al disfavor y a la negligencia de que finalmente iba a ser objeto en una parte tan grande del catolicismo postridentino”.

Santo Tomás de Aquino y Durand de Mende, responsables de los errores de Lutero: había que pensarlo…

La “crítica constructiva” del padre Bouyer nos conduce así a la era patrística, la edad de oro de la liturgia, la época privilegiada en que la Iglesia tenía aún el sentido del “Misterio cristiano”, según la expresión de Dom Casel. Así, para el padre Bouyer y el “Movimiento litúrgico” descarriado, la Iglesia ha perdido el sentido de la liturgia a medida que se sucedían los siglos. ¡Qué impiedad!

De ahí que la continuación de la obra ya no nos sorprende; habiendo sido la Iglesia infiel a su misión litúrgica, los buenos y verdaderos cristianos son sólo aquellos que han reaccionado contra la “momificación” de la liturgia. Pero dejemos hablar al oratoriano:

Después de lo que se ha dicho –escribe-, de la lenta pero continua desintegración de la liturgia que se produjo durante la Edad Media, no nos sorprenderá el comprobar que deban encontrarse los orígenes de un verdadero movimiento litúrgico en el siglo XVI”.

Erasmo y los primeros reformadores son los padres de ese movimiento.

Ciertamente, el padre Bouyer reprocha a estos últimos el haber abandonado la Iglesia, pero para agregar enseguida:
Se puede decir que en ese campo como en muchos otros, la Reforma ha fracasado no porque fuera demasiado audaz, por más que se lo haya creído con frecuencia, sino porque no criticaba suficientemente algunas de sus afirmaciones”.
Por esos motivos –escribe todavía el autor- los orígenes de un verdadero renacimiento litúrgico no deben ser buscados en la pretendida Reforma, sino más bien en la reacción que se produjo contra ella, una reacción que llegó a criticar a la vez a la propia Reforma y al estado de cosas que la Reforma había puesto en tela de juicio. Desgraciadamente, no fue así de entrada. La debilidad de la Contrarreforma se halla en su larga incapacidad de realizar con la crítica de la reforma la crítica de sus causas, y el resultado de esta incapacidad fue el catolicismo barroco

¡Qué insulto para la magnífica renovación católica surgida del Concilio de Trento!

Pero la “crítica constructiva” del oratorio no se detiene allí; vienen luego páginas y páginas de alabanzas para los teólogos anglicanos de la época de Carlos Estuardo, los “Caroline Divines”. Es finalmente una descripción idílica de los trabajos de los reformadores galicanos y jansenistas de los siglos XVII y XVIII: les Letorneux, Voisin y otros Jubé son puestos en el pináculo, mientras que Dom Guéranger que se atrevió a criticarlos es precipitado al fondo del infierno.

He aquí resumido lo esencial de la parte crítica del libro del padre Bouyer. Dejamos apreciar a nuestro lector hasta qué punto el oratoriano de 1956 ha perdido ese “sentido católico primordial” del que hablaba Dom Rousseau en 1945. ¡Qué camino recorrido en diez años!

Viene luego la parte más “constructiva” que crítica de la obra. El padre Bouyer va, para empezar, a definir ahí el concepto de tradición:

En cuanto atañe a la reforma de la liturgia –escribe- hay antes que nada que tener presente en la mente el peligro que presenta un falso tradicionalismo, o un modernismo desconsiderado”.

Bien, pero en lugar de tomar el partido del verdadero tradicionalismo, el oratoriano toma el de un modernismo “considerado”: va a avanzar prudentemente por el surco trazado por el cardenal Newman. La liturgia, como todo el magisterio de la Iglesia, será el reflejo de la verdad católica, pero esta enseñanza tendrá valor sólo para una época dada.

No exageramos las afirmaciones del padre Bouyer:

Como se puede ver en las definiciones del Concilio de Trento –escribe- y en las minuciosas fórmulas de las diversas bulas pontificias CANONIZANDO el Misal y el Breviario de Pío V, y finalmente en la encíclica “Mediator Dei”, en este campo de la liturgia, como en todos los demás la autoridad viviente de la Santa Sede misma y de todos los obispos, en Trento y en otras partes, interviene precisamente a fin de CANONIZAR lo que se considera como el más perfecto INSTRUMENTO capaz, EN NUESTRA ÉPOCA, de mantener la tradición que, a través de la antigüedad cristiana, nos viene de los apóstoles mismos”.

Semejante frase es una declaración de modernismo.

Ya en 1907 San Pío X había escrito:

Para los modernistas las fórmulas religiosas constituyen pues entre el creyente y su fe una especie de algo intermedio: en relación a su fe, no son sino signos inadecuados de su objeto, vulgarmente unos símbolos: en relación al creyente, no son sino puros INSTRUMENTOS. De donde se puede deducir que no contienen la VERDAD ABSOLUTA: como símbolos son imágenes de la verdad, que tienen que adaptarse al sentimiento religioso en sus relaciones con el hombre; como instrumentos son vehículos de verdad, que tienen recíprocamente que acomodarse al hombre en sus relaciones con el sentimiento religioso. Y como lo absoluto, que es el objeto de ese sentimiento, tiene aspectos infinitos, bajo los cuales puede aparecer; como el creyente, por otra parte, puede pasar sucesivamente por condiciones muy desemejantes, se sigue de allí que las fórmulas dogmáticas están sometidas a esas vicisitudes, por consiguiente sujetas a mutación (…). El día en que esta adaptación llegare a cesar, ese mismo día se vaciarían de un solo golpe de su contenido primitivo: no quedaría otro partido por tomar que cambiarlas”.

Así pues, para el padre Bouyer, como para todos los modernistas que ocupan hoy la Iglesia, las definiciones del Concilio de Trento y la liturgia surgida de él han “mantenido, en SU ÉPOCA, la tradición que, a través de la antigüedad cristiana, nos viene de los Apóstoles mismos”. Pero ya han transcurrido casi cuatro siglos desde el Concilio de Trento, las fórmulas dogmáticas como la liturgia ya no están adaptadas “al Hombre-de-Hoy”, al cristiano adulto, “no hay otro partido por tomar que cambiarlas”. Por ello, el oratoriano va a dedicarse a descubrir:

la forma permanente de la liturgia”,

Y luego indicará

Ciertos medios por los cuales esta riqueza permanente de la tradición cristiana puede ser aplicada a la situación presente y a sus necesidades”.

Esta “forma permanente de la liturgia”, el padre Bouyer la descubre en la Eucaristía judía. Con el “sensus catholicus” que lo caracteriza, el oratoriano saca casi todas sus informaciones de escritores protestantes: Brilioth, Lietzmann, Cullmann son abundantemente citados. Es en estos autores donde el oratoriano descubre los cuatro elementos constitutivos de la Eucaristía: la comunión, el sacrificio, la acción de gracias y el memorial. En la definición que el padre Bouyer da de estos términos, vemos aparecer toda una nueva teología de la misa, teología que se consagrará trece años más tarde, en 1969, la Institutio Generalis del Nuevo Ordo Missae. No exageramos nada al afirmar que el padre Bouyer, en la actualidad miembro de la Comisión Central de Teología, es uno de los principales responsables de la protestantización de la liturgia posconciliar.

Pero dejemos hablar al autor:

Así el elemento de “comunión” –escribe- significa que la eucaristía es una comida, una comida de comunidad en la cual todos los participantes están reunidos para participar en común de bienes comunes”.

Más lejos, encontramos:

El empleo de estos términos sacrificiales no viene, como se podría suponerlo, de la idea de que la Cruz es representada de una cierta manera en la Misa. Muy al contrario, los datos históricos nos conducen más bien a pensar que la Iglesia ha llegado a aplicar habitualmente a la Cruz la terminología sacrificial porque se comprendía que la Cruz está en el corazón del sacrificio ofrecido por la Iglesia en la celebración eucarística”.

La acción de gracias, tal como la comprende el oratoriano, nos deja ya entrever las conocidas modificaciones del Ofertorio:

Es una acción de gracias a Dios por todos sus dones –escribe- que incluye en una sola perspectiva todo el conjunto de la creación y de la redención, pero que toma siempre como punto de partida el pan y el vino, representativos de todas las cosas creadas, y cuya consumición es la ocasión efectiva de la comida como de la celebración a ella vinculada”.

El memorial considerado en su relación con la Palabra de Dios permite al padre Bouyer escribir, dentro de la tradición abierta por Dom Pius Parsch:

La celebración eucarística toda entera es también un memorial (…). Hay una conexión necesaria entre las dos partes de la sinaxis cristiana, entre las lecturas de la Biblia y la comida. Porque las lecturas conducen a la comida (…). Y las lecturas son indispensables a la comida, para mostrarnos de qué manera hay que considerarla, no ya como un acontecimiento de hoy que valdría por él mismo, sino como un acontecimiento que no se puede comprender sino por referencia a una acción decisiva realizada una vez por todas en el pasado. Esta consideración nos llevará, llegado el momento, a ver que toda la Misa no es sino una sola liturgia de la Palabra, que comenzó por hablar al hombre, que le habló en forma cada vez más íntima, que finalmente le habló al corazón en cuanto Palabra hecha carne, y que ahora, del corazón mismo del hombre, se dirige a Dios Padre por el Espíritu”.

Nuestro lector comprenderá mejor ahora el lugar desmesurado que las liturgias modernas conceden a la sacrosanta “Liturgia de la Palabra”. No, nada, absolutamente nada, en las reformas conciliares y posconciliares es fruto del azar: cada modificación de rúbrica corresponde a un error teológico grave elaborado en las oficinas del “Movimiento litúrgico” descarriado. Y esto es tan cierto que encontramos bajo la pluma del padre Bouyer el contenido casi íntegro del famoso artículo n° 7 de la INSTITUTIO GENERALIS del NOM, de la que hablábamos hace un momento:

Es evidente –se atreve a escribir- que esta noción equilibrada de la celebración eucarística puede permitirnos abarcar plenamente la PRESENCIA REAL de Cristo en su Iglesia. En una palabra, no debemos concentrar nuestra contemplación exclusivamente en el pan y el vino sacramentales sino asimismo en otras dos realidades (…). Su presencia en cuanto gran sacerdote de toda la jerarquía. Por otra parte, Cristo debe finalmente estar presente en todo el cuerpo de la Iglesia, porque la Iglesia no goza de la presencia eucarística sino para hacerse una en Cristo y con Cristo, por la celebración eucarística, y especialmente por la consumición de éste en la comida sagrada”.

Es en la liturgia judía donde el padre Bouyer encuentra esta “concepción equilibrada de la celebración eucarística”. La liturgia de las Comidas sagradas le proporciona la fórmula eucarística ideal:

Bendito seas, Señor nuestro Dios, rey de toda la eternidad, que has hecho producir el pan a la tierra”;
Bendito seas, Oh Señor nuestro Dios, rey de toda eternidad, que has creado el fruto de la viña”.

Aquí una vez más, repitámoslo, los “studios Lercaro-Bugnini” que realizaron la Nueva Misa encontraron su libreto en las obras del “Movimiento litúrgico” de los años 1950-1960. El nuevo Ofertorio no es sino la repetición de las bendiciones judías tan alabadas por el padre Bouyer.

Esperamos no haber aburrido al lector con este largo análisis de “La vie de la liturgie”, pero pensamos que tal estudio era necesario para darse bien cuenta del estado real del “Movimiento litúrgico” a principios de la segunda mitad del siglo XX: el modernismo y el protestantismo lo coparon completamente. De ahora en adelante, ya no habría que hablar más del “Movimiento Litúrgico”, sino de “Revolución litúrgica”, revolución, no solamente en la teoría, sino también en la práctica de la liturgia; retengamos como prueba esta frasecita de Romano Guardini:

La celebración debe realzar los grandes momentos del acontecimiento sagrado, acusar los rasgos de su estructura interna, obtener una participación de los fieles más inmediata, etcétera. Semejante trabajo no es el que nos proponemos aquí. Incumbiría más bien a una especie de ORDO IDEAL, para cuya redacción, por otra parte, los trabajos preparatorios no dejan de estar muy adelantados”.

Esta frase reveladora fue escrita justo después de la segunda guerra mundial… Desde ese entonces, nada detendrá ya a la revolución litúrgica.

ABBÉ DIDIER BONETERRE   

10 comentarios:

  1. En el día de hoy, The Wanderer saca un artículo de Yañez, con el que acuerdo plenamente y de igual forma lo he dicho al final de mi artículo en respuesta a la carta de Antonio Caponnetto, no acuerdo así con todo lo dicho en la presentación, pues en ese enjuague, se pasan gatos por liebres. Con este capítulo del Padre Bonneterre, y con los anteriores, entiendo haber probado que la diferencia con los anónimos wanderianos, es de FE, y no de circunstancias, en la medida que estos adhieren a las proposiciones teológicas heréticas de Bouyer, y con él a todo el modernismo "arqueológico". De igual manera se demuestra con sus adhesiones al "peor" Newman, por vía de Bouyer. No se trata de diferentes "temperamentos", ni de que uno quiera sacar patente de "puro", ni carnet de tradicionalista. Estos señores SON MODERNISTAS, que creen ser "tradicionalistas" en el sentido de "tradición" que han desfigurado los modernistas. Su problema principal no es que estén en contra de la Verdad, sino que prefieren sus errores por ser "suyos", han adquirido la rebeldía modernistas al Magisterio de la Iglesia.

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    1. ¡la famosa tradición viva modernista! que hace que todo evolucione según sus designios demoledores, pero con apariencia de ortodoxia.

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  2. Bueno, un artículo contundente. Demasiado sólido como para que los caminantes se animen, siquiera, a comentarlo.
    Un pedido: ¿hay algún texto o autor serio donde abrevar en eso que se dice de Newman como "inspirador" del C VII?

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    1. Estoy buscando algo así de contundente. Por ahora lo que encuentro es muchos modernistas (como el del link que acompañé) que lo hacen parte de ellos, pero no encuentro una crítica desde el tradicionalismo, salvo esa frase que he subrayado en este artículo

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    2. Yo compré un libro sobre Newmann en un monasterio benedictino, ahí asociaban el pensamiento de Newmann con el vaticano dos pero como me dió tanta alergia leer eso no pude continuar leyéndolo y lo regalé, asi que no recuerdo ni siquiera el título.

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    3. "Modernismo. Movimiento progresista dentro de la Iglesia Católica, que sostenía principalmente la idea de la evolución de los dogmas, un principio dinámico en contraposición a la actitud eterna y estática del Vaticano. Enrolados en esa corriente, una multitud de teólogos, encabezados sin quererlo por el anglicano converso al catolicismo, Newman, procedieron al examen de diferentes aspectos del dogma católico. Este movimiento no tuvo la aprobación del Vaticano, y uno de los "modernistas" más notorios, el abate Alfred Loisy, fue separado de la Iglesia." ("Diccionario de sectas y herejías, L. A. Ruiz, Ed. Claridad).

      Juansinruido

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  3. Pobre Wander y Infocao van a tener que ponerse a estudiar o dedicarse a otra cosa. Había sido que estaban meta palos a Francisco, pero promocionaban a los maestritos que lo formaron.

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    1. Tal cual, incluso hay un "anónimo persistente", como ellos mismos lo llaman ( los de infocaótica), que ellos siempre combaten pero casi nunca publican lo que deja escrito, así que uno no puede saber si tiene razón dicho anónimo o ellos. Por algo no lo publican, se me hace que es a causa de que se le queman los argumentos y no les conviene entrar en la discusión pues harían aguas por todos lados como buenos modernistas moderados que son...jaja

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  4. Por si lo quieren escuchar.
    http://ar.ivoox.com/es/podcast-movimiento-liturgico_sq_f16408_1.html

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