...

...

jueves, 23 de marzo de 2017

24 de Marzo- DIA DEL ZURDO.

Resultado de imagen para imágenes de guerrilleros montonerosPor Dardo Juan Calderón.

¡Feliz día caballeros! Y no se hagan los tontos; les hablo a ustedes, a los que leen esto. Porque aclaremos, hace unos años, cuando queríamos ser pasablemente sinceros, nos decíamos que de uno u otro modo, nos habíamos hecho liberales. Y decíamos esto porque nos gustaba tener unos morlacos e ir de vacaciones a la playa, cambiar el auto, poseer un lindo jardín frente a la casa y  gozar del estatus liberal. Pensar y decir lo que nos diera la gana, hasta ser católicos y festejar los golpes militares. Es decir, tener esa pizca de decadencia que hacía que el mundo fuera amable y refinado, que los tolerables excesos de libertad se justificaran en el “elán” y en el “esplín” que ello producía. Y entonces aquella inculpación de liberales nos la hacíamos como quien se pone en la solapa unas gotas de pachulí, con el regusto de quien dice: “soy católico, pero divertido”.


  En realidad, el límite que respetábamos era el de mantenernos a “la derecha”, pero una derecha de “observadores”, de platea. Porque tengamos claro algo, ser de derecha, es formar parte de una “Institución de Derechas”, como ser católicos, es ser parte de la Iglesia, y no hay nada más cómodo que saber que estas instituciones están bien fritas. Lo divertido era estar comedido en instituciones liberales y zurdas, mostrarnos con cierta amplitud en la originalidad de nuestra opción intelectual, y ser escuchados dando muestras de un gracejo chestertoniano o castellanista.

  Hasta nuestras familias se habían convertido en eso, en instituciones liberales a las que adornábamos con la originalidad de ser un poco “fachos” y en la que nos jactábamos de no “pertenecer” a nada ni a nadie. ¡Pucha que lindo!  

  Este derechoso hacía el panegírico de las “instituciones muertas”, pero ni por error quería verlas renacer con ese olor a naftalina, sus reglamentos y consignas, sus jefes mediocres. Era como el culto a los muertos, en el que uno puede recordar lo bueno y olvidar lo incómodo. Ese patrimonio muerto era maravilloso y mucho más cuando no implicaba la intrusión en la intimidad y en el bolsillo, menos aún en el ejercicio de una jerarquía que seguramente nos ponía en escalones muy bajos. Que belleza ser leales a una Iglesia que había muerto, a una patria que no existía, a un apellido que ya nada significaba; a unas tradiciones que se cultivaban en la nostalgia entre bombos legüeros y guitarras con cables . Sus decadencias ya finalizadas justificaban la nuestra en curso, y sus viejas glorias nos cubrían de un halo misterioso. Podíamos ser monárquicos, místicos, hidalgos y, a la vez, cagarnos en la tapa del piano; porque estas preferencias nos evitaban hacernos cargo de una parroquia con el curita cualunque al que había que llevarle no nuestras visiones, sino nuestras miserias y hacernos cargo de los gastos de los focos; de pujar con el nacionalismo posible sin reyes ni pompas que se retuerce para publicar una revistita mensual; de no permitir que los parientes se hagan moco e ir a sacarlos del televisor.    

  La decadencia como el pachulí es agradable en gotas, pero es una pendiente, y al poco rato sólo es olor a verija de bestia. Ese  culto a lo grandioso – pero a deo gratia “bien muerto”-  ocultaba en realidad el mayor culto a lo banal, que era el eje y el verdadero lugar de nuestras vidas, lo otro era un hobbies, un pasatiempo. “La banalidad del mal es común a todos” decía Molnar. Es como el culto a los mentados “Padres de la Iglesia”, que por suerte están bien fritos y nadie sabe bien que cornos decían. Lo que en realidad jode es tener un Santo frente a la nariz, con el dedo índice diciéndonos lo que hay que hacer. Ni que hablar de un… ¡¿Papa?!

  Ese mundo refinado y banal, devino rápidamente en brutal. Y lo único que quedó institucionalizado es la decadencia. No quiero entrar en detalles, pero así como nos encontramos una Iglesia que de liberal, en dos minutos promocionaba la contranatura, las familias evidenciaron que de ese “savoir faire” con veraneos y jardines de hortensias, devino el revolcón de las muchachas de su casa y la pereza de los varones, todo en el mismo diván desvencijado con tapicería sintética.

  El hecho es que de esa rajar de todo compromiso institucional - que no otra cosa es ser de derechas - y estarse de invitado casual en los ámbitos abstractos y ajenos, terminamos todos zurdos. En el católico modernista era su forma de ser natural, pero en el antiguo derechista, este ser zurdo se ha expresado en el “camaleonismo sincero”, es decir, en un andar de un lado a otro de cualquier estructura, vendiendo su magro capital de orden a todo movimiento que parezca popular. Como la “falsa moneda” del cante andaluz, a la que nadie se la queda. Como rameras subiendo al primer camión que promete. Al que cualquier “bondi” lo deja bien.

   Medio socialistas, ya sin cambiar el auto ni las vacaciones, con el jardín mal mantenido, lo único que tienen claro los católicos de la ex derecha, ya convertido su esplín en un resentimiento apenas ahogado, es que no quieren pertenecer a ninguna Institución, porque por suerte, están todas muertas ; quieren aportar, ir de visita, darse una vuelta, hacer una magra donación, pero siempre expresando su independencia y promoviendo la intromisión de los principios de la decadencia en ellas.

  Si se trata de un Colegio o de una Institución religiosa, pues el que debe dar asco es el Director y los programas; hay que arrimarles un poco de “excelencia”, de “especialidades”, en lo posible de distintas corrientes. Ponerlo en competencia. Y por supuesto y gracias a estos aportes, que a ellos no les cobren la cuota. Si es política, el asunto es cómo convertir en votos las viejas y nobles adhesiones.  Tirar por borda a los alcahuetes, a los ultramontanos, a los malditos “obedientes”,  a los “principistas”,  porque el mal vino de la obediencia y no de la rebeldía.

  No hace mucho un amigote me decía que viviendo entre católicos tradicionalistas, y sin atreverse a cuestionar lo de católico, no reconocía ya casi ninguno de derecha. Y esto puede experimentarlo cualquiera que se haga de un grupo de opinión, de estudio, o cadena de guasap o correos electrónicos. Una vez que salgan las opiniones a la luz, correrá un frío glacial por la espina dorsal del pensamiento. Toda la imbecilidad zurda, traducida en lenguaje cristingo y filosofía mistonga,  aparecerá como por arte de magia. Lo llamarán desde Santo Tomás a votar por algún pescado del estercolero democrático, le pasarán con loas propias de mártires, los dichos vergonzosos de algún curita socialistoide “que no es tan puto como parece”; promocionarán algún filántropo antiabortista y se comerán con mayonesa un montón de babosidades izquierdosas.

 Estoy bastante podrido de las buenas señoras y los correctos caballeros que le dicen al cura que reconocen ser un tantito liberales, ¡son zurdos! ¡miren sus bolsillos! ¡repasen sus conversaciones e intereses! ¡revisen el gasto de sus tarjetas de crédito! Rasqueteen sus emociones y sentimentalismos; la desvitalización de sus impulsos, la mediocridad de sus vicios.

 Mañana festejen el día del zurdo, porque para sus ventajas estos también fueron asesinados como perros, y su culto no tiene la necesidad de aquellos cojones y aquel odio felino; ya se puede serlo sin necesidad de tener un comisario barrial, portar una ametralladora, ni leer El Capital. También puede ser una buena excusa para andar de visita entre la basura que nos deja la “puta oligarquía”.

  No cometan el error de entender que los muertos deben enterrar a sus muertos, que hay que reconstruir instituciones propias, con gente de carne y hueso, con defectos y virtudes. De hacer familias fieles a sí mismas, parroquias fieles a Cristo por fieles a su Párroco, de hacer política con los pocos y desvalorizados tipos que siguen siendo de derecha y entienden, como entendían De Bonald y De Maistre, que hacer política es poner en práctica los preceptos de la Iglesia y los mandamientos de la Ley. De “poner” los pocos mangos en esas pequeñas cosas.

   Ser de derecha es jurar un compromiso con lo real y ser zurdo es ser un voyerista (o bouyerista) sin nombre, sin familia, sin parroquia, sin Iglesia, sin Patria,  sin amor y sin ira. Sólo con ideas.

   Claro que este gobierno de mierda debía poner el feriado del 24 de Marzo y es este nuestro verdadero día patrio. Cualquier festejo es bueno si los festejados están muertitos y en el cajón, si se pueden falsear, escamotear, traicionar. El burdo y maligno festejo de la zurda por aquellos que fueron carne de cañón, odio y fuego,  para justificar un feriado en  sus pobres vidas de pequeños burgueses de mierda, es muy parecido al domingo del católico que habla con enorme devoción de una iglesia muerta hace mil años, y con ello justifica no ponerse en juego con los compromisos reales y concretos de la restauración, pagando de sus vacaciones el ladrillo que le toca poner.    
       
          

   

11 comentarios:

  1. Duro, pero bastante cierto, hasta donde logro entender.

    ResponderEliminar
  2. Ante todo les doy mis ayes por el fasto del día. Ha hecho todo una descripción de las familias tradicionales o conservadoras actuales, a todos nos cabe ese reproche. Hoy en día es algo "cool" ser tradicionalista le da a uno un toque de originalidad.Es muy bonito leer sobre espaldas fustigadas con cilicios, leer sobre ejemplos de abnegación, ver películas de santos y mártires y demás. Pero en la realidad cuando tenés que juntarte con tu hermano en la fe o siquiera saludarlo fuera de misa, uno ya se siente incómodo, pero los saluda para mantener unido al grupo. El grado de susceptibilidad es enorme en grupos minoritarios "unidos a la fuerza" por así decirlo, cada cosa que hagas o no hagas es criticada. El puterío en la tradición es peor que el de las viejas de barrio, por eso por ahí es mejor moverse solo, que hacerse mala sangre con esas cosas. Lagarto Juancho.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Oiga Juancho: ¡Así son las Instituciones reales! No hay que moverse sólo, hay que aprender a soportar todo eso, y eso se soporta con JERARQUÍA. Haga lo que el Prior le pida, póngase a su disposición, y que él se encargue de que las piezas encajen, que él le dé su lugar; de eso se trata el orden y el ser de derecha.

      Eliminar
    2. con lo del Lagarto Juancho ...le salió el tiro por la culata. Hay que tener ojo con lo que se publica.



      Eliminar
  3. Nunca más guerrilleritos de mierda.
    ...de zurditos hipones a funcionarios millonarios.

    ResponderEliminar
  4. Oligarka Elsztaín, que se reunía con la k en forma pública pero para indicarle lo que tenía que hacer como buen kajal que es.

    ResponderEliminar
  5. Juancho, depende cómo se vea.
    El prójimo nos perfecciona, entre otras cosas, porque nos obliga a la caridad y a la práctica de la paciencia.
    La FSSPX, como ámbito o ecositema tiene sus particularidades: somos el 0,001 x 100 de los hombres de este país, pero tenemos relación más o menos estrecha entre todos, por lo que aún siendo una muy marcada minoría, tenemos más contacto con prójimos y amistades que otros hombres.
    Y algunos son amigos, y otros prójimos. No es lo mismo, ni siquiera es parecido, pero hacia unos y otros se impone la caridad.
    Enseña san Agustín que la caridad obliga a tratar al prójimo (por ejemplo saludarlo) como algo más que el sólo hecho de saludar para no ser insolente. Debemos tratar al prójimo de un modo tal que lo gratifiquemos. Debemos demostrar interés en saludarlos y escucharlos aunque no nos interese lo que tengan para contar. Y eso no es falsedad, ni hipocrecía. Es caridad.
    Tan sano espiritualmente es el tradicionalismo, que resulta que, si se observa bien, esos vicios o situaciones fastidiosas que usted parece encontrar, no son más que motivos para crecer en la virtud.
    Luego, evidentemente, los amigos desde que el mundo es mundo son poquitos, y la horma del zapato de cada uno, esos "buenos" amigos, esas medias naranjas según sea el gusto, ideas y carácter de cada cual, son todavía menos.
    Pero con el trato hay que gratificar a todos.
    No digo que sea fácil, pero es mucho menos difícil de lo que prima facie parece.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Lo de la caridad no se me había ocurrido nunca! (Un cocodrilo sólo tiene fe)

      Eliminar
    2. Perdón, ahora que releo veo que usé mal la palabra: no se trata de "gratificar" con el trato, sino de "reconfortar".

      Pienso que como siempre, lo que pesa es la intención. Según sea ésta, estaríamos frente a un caso de hipocresía o de caridad.

      Sucede lo mismo con el desdén, que puede ser sana benevolencia o vicioso desinterés. Así, un sano desdén hace que nos alejemos de pecados graves que son siempre los más lindos, como el juicio y la difamación. Este desdén también nos permite que no enteremos que tal o cual no nos quiere y qué opinión tiene de nosotros. También es el desdén saludable el que evita que salgamos a reivindicarnos, reclamar disculpas o vendettas, cuando a pesar de todo lo que intentamos hacer para no enterarnos de nada, de todos modos llega a nuestros oídos que no nos quieren o que queriéndonos nos despellejan cada tanto.

      Nietzche, inmenso psicólogo si los hubo, dijo alguna vez que es propio de los espíritus pequeños la necesidad de recibir las disculpas que puede tener el ofendido. El alma noble perdona antes y cuando le piden disculpas las acepta incómodo queriendo que termine una situación que preferiría haber evitado. Las acepta con buena cara, en todo caso, porque entiende la necesidad del ofensor.
      Los que no somos grandes hombres, también encontramos en el desdén el modo de evitar el ridículo frente a este tipo de situaciones. Pocas son las cosas que resultan más risibles que hombres ofendidos a la espera de que se les pida disculpas para que vuelvan a encontrarse alineados los planetas de su constelación.

      Eliminar
    3. Queridísimo Germán: No enfrento sino que redondeo tu idea. En una institución, cualquiera esta sea, hay un sólo pecado: atentar contra la autoridad. Se puede atentar desde los subordinados - lo que constituye motín y se debe fusilar- o se puede atentar desde la jerarquía, por defección, debilidad, etc. y entonces, hay que asesinar. La relación entre los súbditos es, como bien dices, la de caridad, que significa que "porque amo a Dios" debo soportarte, ya que Dios dió la orden de que tú formaras parte junto conmigo, y Él debe saber porqué lo quiso así. Allí aparecen tus consejos, de tratarse lo mejor posible a pesar de los desencuentros, pero el "encuentro" no es entre ese y yo, sino a través de la autoridad, sino no tiene solución, queda en la sóla posibilidad de la simpatía. Sin autoridad no hay vida social posible, el liberalismo es la ruptura de la vida misma. El perdón es lo mismo, yo no tengo un carajo que perdonar - salvo en el orden jurídico- si Dios lo perdona, yo me pongo a criterio de Dios, porque el daño es a la institución o sociedad, y el que sabe si debe o no perdonar. es la autoridad, y yo no debo ejercer un criterio que no me corresponde. En el liberalismo se produce lo de JPSartre, los otros "son el infierno", es la autoridad las que les devuelve la razón de ser en la búsqueda de un fin común.

      Eliminar

Comentarios con buena intención no serán publicados.