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martes, 14 de marzo de 2017

CABALLERÍA.

Por Dardo Juan Calderón

Resultado de imagen para imagenes de jinetes a caballo  Vayan estos tiernos consejos para los jóvenes que pueden estar medio desorientados sobre las normas de comportamiento en sociedad, y que surgen de la reflexión sobre el ser un Caballero.

  No hace falta hacer de esto una compleja etimología, pues cualquiera sabe lo que es un caballo, y ser un caballero se trata de comportarse adecuadamente en el guiar y convivir entre caballos, que no se debe confundir con caballerosidad, que la inventaron los ingleses y que se trata de cómo hacerse de los bienes ajenos y que los robados, encima, te estén agradecidos y eleven una torre en tu honor.


  No es válida la experiencia con mulas, que esto da un mulero, que es demasiado brutal, muy a pesar que Doña Bernarda Alba entendía que era mucho mejor escuela - para el matrimonio ni lo dudo – por aquello que sabe todo aquel que las ha criado. Dicen los domadores de mulas que mientras tú duermes, ella está pensando cómo hacerte hocicar al otro día. Queda esto como suficiente analogía que asegura mi “esprit de finesse”.

  La cuestión es, queridos muchachos, que como primera medida, un caballero nunca es “elegante”, que no sólo es ello una mariconada sino un compromiso y una carga insoportable. Sólo se puede ser “elegante” si se es “genial” y esto lo perdona todo (al igual que con ser muy sucio, que sólo podía resistirlo Chesterton, o el Che Guevara). Pero así como uno es, más vale que te chinguen las prendas y que no todo pegue con todo. Por otra parte ser elegante obliga a ser mujeriego y eficaz peleador, a fin de disipar todas las dudas y cobrar todas las ofensas que recibirás. El ejemplo es Aramís, que se pellizcaba las mejillas y las orejas para lucir ruborizado, pero luego se ensartaba un par de guardias de Richelieu y hacía algo parecido con la mujer de algún Barón. Hasta allí me atrevo, pues terminó Monseñor, y eso le valió a su padre calámico el ser puesto en el Index, que hasta allí no llegaremos con los consejos. Athos es equilibrado; pero en materia de besos, pienso como D¨Artagnan, que uno no ha besado hasta hacerlo con una bella boca engrasada con un sabroso estofado de gallina.

  El aspecto exterior de un caballero es necesario que se muestre un tanto desaliñado, con cierto desparpajo, y que dé la sensación siempre de que está a punto de hacer una tropelía. Debe causar “inquietud”, tanto en los hombres como en las mujeres, pero por diferente razón. Y dejar esa impresión de que está por subirse a un caballo y necesita espacio. Es cierto que los soldados uno se los imagina firmes y derechitos, pero esto es un estereotipo de verlos sólo cuando hacen parada, lo ideal es con la cadera quebrada – como si te jodiera el sable , que se carga a la izquierda -  y un aire de que estás sobrado. Escupir es sólo recomendable cuando estás seguro de que levantarás una tabla del entarimado cuando lo hagas. Es casi imprescindible tener pelos en la cara, bigote o barba, o ambos, pero siempre que no muestren estar muy cuidados, sino, más vale afeitado (puaj). Este aditamento belloso debe contener, sino restos, por lo menos el perfume de las últimas comidas y denotar que los has sopado en el vaso de vino.

  Por supuesto que un caballero es cristiano, y que tiene que ir a Misa, pero siempre debe parecerle a la gente que está fuera de su “ambiente”. Que hay algo que allí no encaja. Y sobre todo al arrodillarse, jamás debe ser rodilla taquito; me explico, un caballero nunca se arrodilla, salvo ante Dios, pero allí se debe notar la falta de costumbre. El acto de sumisión de un caballero tiene valor cuando se nota que le cuesta. Y de estar sentado, que sea como en la silla de montar, que vale el empujar el banco de adelante, que con las rodillas juntas es de la peor costumbre. Si vas a confesarte, debes dar esa sensación por la que las mujeres de la fila se alejan unos cuatro pasos y,  nunca se haga antes que la cantidad de veces que hayas pecado no demuestre la necesaria vitalidad. Cómo aquel caballero que confesando contra el sexto, cuando fue preguntado de “cuántas veces”, dijo: “he venido a confesarme, no a jactarme”.  

  Si vas a hablar - poco y parco -  que sea bien fuerte, por sobre todos los otros como en batalla, pero amable, como disculpándote por la costumbre de dar voces de mando;  y si es con mujeres, pues firme y dulce, como le hablas al caballo. Que suene como si estuvieras enojado, y si tienes voz fina, se admite el suicidio. Puedes demostrar refinamiento, y denotar que has leído algunos libros cultos, pero para ello debes memorizar algunas perlas chuscas, como aquella oda el Pedo de Quevedo (“ruiseñor de los putos”), que debes ubicar en medio oportuno de la conversación (este es fácil ahora), y si no fuera el caso  y se tratara de un viuda, puedes usar aquel “Hay viudas que por los pies, han cabalgado en un día, más que los moros en un mes”. Es recomendable también Marcel Aymée  y sus relatos de cuernos, o Mark Twain y su joda sobre abogados (si tienes el desagrado que haya uno de ellos). Nunca te vayas de una reunión sin haber ofendido a alguien, sin que una mujer te haya brindado una sonrisa, y el mozo te sirva el doble que a los otros. De ninguna manera y en ningún caso, darse por enterado que existe la Srta. Prim.

 En el trato con las mujeres, para no entrar en temas escabrosos, sirva una anécdota de mi señor padre, quien ya de noche y acompañando a mi madre mientras lavaba platos, le preguntó.

.-  “¿Blanca, por qué la fulana – una de mis hermanas- sale con ese tipo?” 

.- “¡Rubén! Es un buen muchacho y con él no corre peligro”.

.- …………………………………. (silencio) …………….

.- “Blanca, ¿por qué la fulana sale con un tipo con el no corre peligro?”

  En fin, de ser necesario evacúo consultas. Y hablando de evacuar, un caballero debe estar más cómodo para ello al sereno o en letrina, que entre mármoles y pomadas. Pero eso sí, para ello hay que poseer dos calzones, no más, a fin de suplantarlo quincenalmente cuando toca baño, que no hay que seguir el consejo bíblico sobre que “dos veces se lava el justo”, porque seguro no somos justos.

   Un buen manual de urbanidad es Gargantúa y Pantagruel (¡esos eran curas docentes!), donde encontrarán capítulos de insultos adecuados que pronunciar y hasta buenas indicaciones de objetos con los que asearse el fondillo. Es cierto que uno tiene la desventaja de no haber sido parido por una oreja y en vez de llorar, gritar “¡A beber!”, pero hay que tener paradigmas grandes, o gigantescos. Eso es magnanimidad.

  Para aquellos que son citadinos y no han tenido la experiencia del caballo, no hay casi remedio. Puede suplirse un poco con una buena moto, pero es más recomendable el helicóptero y el tanque de guerra.
 
    

   

38 comentarios:

  1. Amigo, se puede ser caballeresco y varonil sin ser un burguesito comodón y pacato, ni tampoco un rústico procaz. Las féminas saldrán espantadas si algún garzón sigue sus consejos. Lagarto Juancho.

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    1. Queda usted descalificado, un caballero no se conduce pensando en el agrado de las féminas, las féminas lo notarán y no les agradará.

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    2. Ya que me toma en solfa... Temo tener que darle la razón a Dolina con su celebérrima expresión que de seguro conoce. Verá, salvando las titánicas distancias todo Caballero hace lo que hace por su Dama, Notre Dame.En el ámbito poético, Beatriz hizo maravillas en Dante; en el ámbito familiar, una madre cala hondo en el corazón de su hijo descarriado y el mismo la tiene presente en sus pensamientos y obras a pesar de que es una lacra de persona y así mi amigo ejemplos análogos... Lagarto Juancho.

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  2. Con pareja intensidad, pero focalizando desde un punto de vista metafìsico, cf. la nota en Wanderer de Ludovicus, ¨Notas sobre canibalismo institucional¨, el mejor alegato a favor de la noción de caballería.

    Diego Cazes.

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    1. Esta es una joda para el artículo Hidalguía del Cura Diego.

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  3. Estimado saurio:
    vamos, reconozca que usó a Newman como fuente:

    "Es casi una definición del gentleman decir que es alguien que nunca inflige dolor. Esta descripción es, al mismo tiempo, refinada y, hasta donde llega, precisa. Él se ocupa principalmente en remover simplemente los obstáculos que impiden la acción libre y desvergonzada de aquéllos sobre él; y sigue sus movimientos antes que él mismo tomar la iniciativa. Sus cuidados pueden considerarse como el paralelo de lo que se conoce como comodidades o mejoras en arreglos de naturaleza personal: como una silla cómoda o un buen fuego, que hacen su parte en disipar el frío y la fatiga, aunque la naturaleza provea los medios tanto de descanso como de calor animal sin ellos. El verdadero gentleman, de modo similar, cuidadosamente evita lo que pueda golpear o sacudir las mentes de aquéllos a quienes estima; – todo choque de opiniones o colisión de sentimientos, toda restricción, o suspicacia, o abatimiento, o resentimiento; siendo su mayor preocupación hacer sentir a cada uno cómodo y en casa. Tiene sus ojos puestos sobre su entera compañía; es tierno con el tímido, apacible con el distante y compasivo con el absurdo; puede recordar con quién habla; se guarda de alusiones intempestivas o de temas que puedan irritar; rara vez busca sobresalir en la conversación, y nunca es fastidioso. Desestima los favores que hace y parece recibir cuando confiere. Nunca habla de sí mismo excepto cuando es obligado, nunca se defiende con una simple réplica, no tiene oídos para la difamación o el chisme, es escrupuloso al imputar motivos a los que tratan con él, e interpreta todo para lo mejor. Nunca es malicioso o trivial en sus discusiones, nunca toma ventajas deshonestas, nunca confunde personalidades o dichos agudos con argumentos, ni insinúa maldades que no se atreve a pronunciar. Desde su prudencia visionaria, observa la máxima del antiguo sabio, que debemos comportarnos hacia nuestro enemigo como si algún día pudiese ser nuestro amigo. Tiene demasiada sensatez como para verse afrentado por los insultos, está demasiado ocupado para recordar las injurias y es demasiado indolente para tener malicia. Es paciente, dueño de sí y resignado, sobre la base de principios filosóficos; se somete al dolor, porque es inevitable, a la pérdida, porque es irreparable, y a la muerte, porque es su destino. Si se involucra en una controversia de cualquier tipo, su intelecto disciplinado lo preserva de meter la pata."
    John Henry Newman, The Idea of a University (1852).

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    1. Eso es un anglicano; una vez que logra eso, se queda con toda tu guita. Reitero, el paradigma católico es Gargantúa.

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  4. Ningún soldado listo para el combate pasará una inspección. Ningún soldado listo para una inspección sobrevivirá un combate. (Según me dijeron, es una frase del ejército romano).

    Juan S

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  5. Jajaj ¡Sr. Cocodrilo​ ud es un carbón incomprendido y un poco masoquista!

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  6. ¿eso de pantacruel y gargarantúa es un chiste?

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  7. Que tremenda injusticia dejar afuera a Portos, Pardiez!

    Alejandro Dumas

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    1. Portos rompe el molde, había logrado nueve veces en una noche. Es un desequilibrio y un pésimo antecedente.

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    2. No sea maricón.

      Alejandro Dumas.

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  8. Concuerdo en poco y nada con la noción de caballero. Un caballero, cristiano que no hay de otro tipo, se asemeja mucho mas a un santo, que al bruto que usted propone bien cercano a la barbarie. que nada de caballeroso tiene. Es aquél que entra en ese inmenso problema de tratar de ser virtuoso, y a más lo logra, pues más caballero. Del que, por supuesto bien lejos andamos todos.
    El tipo bruto y desaliñado, de malos modales y mal gusto, pues bien cerca de los putos anda que de gustos nada saben, pues por empezar les gusta un hombre. También está cerca de ellos aquél que exagera en su cuidado y vestidos, pero es que ya dije que el caballero es virtuoso y la virtud está en el medio de los extremos.
    Es muy común, por nuestra flojera y justificación personal proponer un modelo como el que usted describe, lejos de la virtud y cerca de nuestro orgullo y vicios personales. Es una concepción muy moderna y liberal. El caballero no tiene nada que ver con los buenos modales y las costumbres clericales. Usted mismo lo pone como una gran imbécil que en aún en Misa se enorgullece de su pose. No, no concuerdo, que nos hayamos transformado en brutos no nos hace caballeros.
    Quizás EL caballero por excelencia fue Nuestro Señor, mal que le pese a Dumas y sus personajes, y nunca anduvo a caballo, menos en moto, pero sí en un burrito...

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  9. Don Dardo, gracias por este puñado de consejos que nos obsequia, este vademecum del buen caballero. No obstante, mucho temo que no me da el piné: cambio mis calzoncillos todas las semanas, no llevo bigote y -ay!!- este verano que ya muere conocí a la Srta. Prim (a la ficticia, no a la licenciada en economía). No doy la talla, y lo lamento.

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  10. No son los ingleses sino los piratas sionistas quienes se dedican a adueñarse de lo ajeno.

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  11. Hay dos vocaciones, o ser un santo o levantarse minas, esto de ser un caballero así me parece que no sirve ni para lo uno ni para lo otro

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  12. Pensé que el post era una joda y que era para mojarle la oreja al monje que escribió sobre la hidalguía. Pero para mi sorpresa el Cocodrilo está de acuerdo con lo escrito. Mama mía!!!

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  13. Estaba claro que este escrito nació por el artículo que salió en Los Miserables. Confieso que empecé a leerlo, pero también confieso que me aburrió sobremanera y lo abandoné sin más.
    He montado en tanques de guerra y muchas veces en helicópteros pero, si tengo que ser sincero, debo decir que esas experiencias no me hicieron sentirme un caballero, solo por eso.
    Ni siquiera por el hecho de montar un caballo, porque, también, un infante es aquel que “a pie y sin dinero se sigue sintiendo dueño del mundo”. Y en eso coinciden el de caballería y el infante, que se siguen sintiendo dueños del mundo. Dueños en el sentido de que no hay proeza o corajeada de la que no se sientan capaces. Caballero, creo yo, y así lo aprendí en mi casa, es aquel nacido para las grandes cosas, el que desdeña lo cotidiano, inclusive el comer y el dormir, por considerarlo superfluo. Ël va a lo importante. Él nació para lo grande. Y su vida transcurre buscando y encarando lo que para el resto de los mortales es innecesario o inaccesible. Y grandes son las cosas en las cuales uno lo arriesga todo. No me refiero a las pertenencias, por rico que uno sea, eso también es superfluo, ni siquiera la vida es lo que más le interesa conservar. Arriesgarlo todo significa jugarse el honor (demostrar y demostrarse que uno no es un cagón), jugarse el prestigio (queriendo para uno las más grandes responsabilidades), y un puñado de cosas más. No más que ese puñadito de cosas es por lo que vale la pena vivir, sufrir y morir. Después, los modales, uno los aprendió en casa, y los usa con tanta naturalidad que siempre le van a sentar bien; sea uno un poco más o un poco menos chocante. Pero creer que uno es un caballero porque le abre las puertas de los autos a las mujeres para que bajen de él o que le pone un paraguas para que no se moje bajo la lluvia, es cosa de putos.
    El caballero se arrodilla solo ante Dios. Y lo hace con una sola rodilla en tierra. La otra la mantiene erguida, vigilante, apoyando la diestra sobre la cañoñera de su fusil o sobre la cruz de la espada.
    En cuanto a su cultura y sus libros leídos, no son muchos los autores que debe leer. Eso si, el catecismo debe estar bien sabido. Leer a la señorita Prim es cosa de putos en estado irrecuperable.
    En cuanto a las causas más terrenales, el caballero no soporta la bellaquería. Por eso es que sale en defensa de una mujer ofendida o de alguna causa medio perdida por obra de un judío o de un masón.
    El caballero no es un gran pedagogo para sus hijos. No ha leído tanto como para que los suyos hereden muchos conocimientos de su boca. Su verdadera pedagogía está en los actos cotidianos, siempre egregios, con pocas palabras, pero siempre al servicio de la Verdad, el Bien y la Belleza.

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  14. Perdón que reincida, don Dardo me manda al seminario, pero ya estoy muy viejo y muy manchado para eso. Pero de viejo y pecador, no sólo veo que no hay pasta para cura sino tampoco para caballero, porque, contradiciendo también a Jorge Rodríguez, creo que el caballero puede ser cura o laico. Sí tuve el honor de conocer cuando universitario, y por ahí llegué a este blog, a Don Rubén, y quizás nunca mejor dicho Don. Usted es su hijo y lo retrata con aquélla anécdota, que enfatiza su ironía, pero como hijo, usted debe haber notado mucho más que yo, su virtud. Su delicadeza en el trato con cuanta persona le buscara, su corazón bondadoso. Es el único ejemplo de caballero que me ha tocado conocer, o el más completo por lo menos. Me quedo con lo que el proponía, a pesar de estar mucho más cerca del que usted describe. Y ya viejo supongo que quedará como un sueño ese caballero que no fui, precisamente por creer que consistía en no cambiarse los calzones y afeitarse una vez cada dos meses. Reescriba Don Dardo, reescriba que le sobra pluma y ejemplo paterno cercano sobre el caballero, esta vez no en tono jocoso, sino con sinceridad.

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  15. Cocodrilo Estimado: cómo debe tratar un cabllero cristiano a una abogada judía porteña que le litiga furiosamente en su contra?
    Tendrà algún consejo?

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  16. Aviso parroquial:
    Todos saben que el Cocodrilo es un cabrón que, al menos por pelear, a nadie le deja de contestar.
    Si esto no ha sucedido en los últimos comentarios, es porque el suso dicho se encuentra de viaje a Buenos Aires y yo, un cocodrilo menor (aunque mucho más lindo y más bueno), tomé la posta en esta faena de subir los comentarios.
    Pero pierdan cuidado, que seguramente les irá contestando.
    Mientras tanto pueden aprovechar para putearlo.

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  17. Las abogadas, sean judías o no, resultan insoportables casi sin excepción, particularmente cuando son gruesas y petisas, siendo estas las características habituales en las más aguerridas.
    Trátela como se le antoje, salvo que le vaya a salir más caro.

    El cocodrilo suplente.

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    1. coincido in totum (como dicen los abogados chantas que se hacen los que saben latin) con su apreciación.

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  18. Del hidalgo al caballero, o el soneto y su estrambote. Los dos excesivos; si el primero por cansino, el segundo por impertinente. Unos pecamos por directos y otros por dar más vueltas que un lorito. Y qué lástima con el "encima tuyo", "delante mío", etc., yo diría que no le para bien a un hidalgo -¡y el propio autor también lo dice!- pero aún así lo prefiero al "caballero" pantagruélico.

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  19. Un viejo patrón de Estancia es la viva imagen moderna, sino la última, de un caballero. Uno de los Pigmeos.

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  20. Acabo de leer algunos comentarios interesantes y como para reflexionar..
    Pero al final me termino dando cuenta de que el Cocodrilo logra su cometido: divertirse un rato con algún tema de turno del cual otros pretenden hacer un dogma..
    Va un consejo para los susceptibles:No tomen al Lagarto muy en serio en temas "opinables" porque más escribe por Cabrón que por pedagogo..
    De todos modos le agradezco la cabronada porque soy el primero en divertirse.

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  21. Al final, el que se salva es un caballero y el que no es un miserable.

    Alejandro Dumas

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  22. Qué tanta historia ni tanto mérito, uno va a creer que valdrá mucho todo lo hidalgo o caballero que aparentemente fue, pero no le van a alcanzar las manos limpias ni los grandes cojones para sostener su buena pila de miserias. Por muy cocodrilo o muy caminante que seas, al final el que te salva es Dios.
    Alex

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    1. El Dios que te creó sin ti no te salvará sin ti. San Agustín.

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  23. Entre Alejandro Dumas y Alex le pusieron un buen broche....

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  24. 6:29 hacer mérito con el fin de agradar a Dios.
    Dios quiere que vayamos de bien en mejor para que estemos cada día mejor vestidos con la gracia para serle acepto.

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  25. 6:29 morir antes que pecar decía santo Domingo Savio, pues el pecado deforma el alma.

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  26. Al de 5:12, 6:37 y 6:39, por supuesto, por supuesto, somos nosotros mismos los que nos encaminamos en una dirección o en otra, haciéndonos agradables (o no) ante los ojos de Dios. Pero el secreto del corazón está escondido con Cristo en Dios. Aun cuando me llene la boca hablando de gracia como si tuviera el alma llena, y por mucho que cargue internet señalando los pecados de todos, es Dios el único que sabe, y al final el que decida, si fui un santo o un tartufo. Eso nomás
    Alex

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