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lunes, 6 de marzo de 2017

EL DESPERTAR DE LA SEÑORITA PRIM (Recreo, ma non troppo)

Resultado de imagen para el despertar de la srta prim imágenPor Dardo Juan Calderón.

   He sido puesto en la impertinente tarea de leer esta famosa novelita (que no es novela) a los efectos de dar un mínimo dictamen sobre su utilidad en la educación de las muchachas en el Colegio. Eso me significó sacrificar el sábado - debo aceptar que valió la pena - no sin resentir la incomodidad que para un viejo como yo implica el entrar en las cuitas de una muchacha joven, inteligente, sagaz y linda. Pero esta especie de intromisión indebida en el mundo femenino que supone la lectura (y que no es recomendable para un varón), se ve bastante aminorada por la enorme dosis de “Prudencia” que comporta esta confidencia, que no es “prudencia”, sino “delicadeza”, pero parece que no existe un nombre femenino para esta "virtud" - que no lo es tanto- , y hubo que elegir Prudencia.


   Entonces, y tras esta aclaración, digamos que en bruto la obra constituye una apología de lo femenino contra lo feminista - muy bien lograda - en torno a la virtud de la delicadeza, que entre su conservación y abandono, logra la trascendencia de lo femenino. Primera conclusión que si fuera rotunda, ameritaría algunas críticas por estrecha, pero como veremos, la autora es más inteligente que esto y como buena esgrimista, adelanta los golpes y casi siempre – he dicho “casi”- ha sabido mostrar los argumentos que la rebaten y aún más, los que la ridiculizan, saliendo airosa de casi todos ellos y logrando que su delicadeza no sea un estereotipo literario e irreal.

   Esta apología de lo verdaderamente femenino es un ensayo, no es una novela. Un ensayo bien original y que en sí mismo requiere la forma usada para poder permanecer “delicado” y no ser un panfleto. ¿Qué quiero decir? Que si escribimos un ensayo sobre la delicadeza como virtud femenina, así puestas las cosas en el plano científico, resultaría indelicado y hasta varonil en su expresión. Así que con toda sagacidad, la reflexión se entorna en un ambiente bien femenino, de reuniones de té con exquisiteces culinarias, con arreglos florales, con alusiones literarias del mundo femenino (al que conoce perfectamente) y en el cual se puede conversar a gusto con otras mujeres. Es una charla entre mujeres y, creo necesario advertir, que si uno es hombre no debería meterse en ella. El que “las mujeres escriben para las mujeres” es una estocada que la autora ya tiene avisada suficientemente y que por lo tanto no se puede usar como crítica bajo el apercibimiento de recibir un “¡y qué hace usted metiendo sus sucias narices en este asunto!”. Un varón que lee este libro es el “jardinero” de la obra, que espía y escucha por las ventanas entreabiertas y suele entender todo mal, con un machismo imbécil,  hay una “impertinencia”, y necesariamente debe haber en los varones que leen la obra una cierta conciencia de estar un poco desubicados en calidad de fisgones, o –de sentirse cómodos- andar un poco amariconados. (Queda el peligro de simplemente enamorase de la autora – o de la Srta. Prim que es lo mismo – y desesperar de que el Hombre del Sillón simplemente no se abalance sobre ella en un beso apasionado, lo que hubiera sido un recurso vulgar).

  La obrita no tiene nada de ficción - esto no es Tolkien ni se construye un pueblo ni se dibujan personajes- como dije, es una reflexión bien realista sobre el mundo femenino, puesta en modos femeninos. El libro de Senior - que en parte la inspira - es un ensayo que se hace fantasía, es decir, que es una seria y científica reflexión que culmina en una propuesta fantástica de fundar un pueblo idílico;  esto es exactamente al revés, puestos en una situación fantástica sin pretensiones de propuesta, hacemos una reflexión bien realista. Pero tampoco es tan fantástica; todos lo hacemos cotidianamente, nos imaginamos situaciones en que expresamos, ordenamos, discutimos interiormente y ensayamos nuestras ideas contra personajes existentes o inventados. Claro que nos ponemos imaginarios interlocutores, y mientras estos sean inteligentes y sinceros y no meras idealizaciones del estúpido que nos da la razón por su manifiesta torpeza,  vamos ganando en ese diálogo. Es de lo más normal y aconsejable - si se hace con honestidad- es decir con la honestidad de que el contrapuntista imaginario no sea un estúpido o un monstruo, sino otro inteligente punto de vista. En esto era egregio Anatole France, y la autora lo desarrolla con bastante maestría.

  La sospecha del recurso literario moderno de los “planos” de entendimiento, de los simbolismos arcanos y de la intertextualidades fraudulentas, no se dan en este caso. En eso y para nuestro descanso, es honesta, bastante católica y casi tradicional. En realidad la excusa de admitir los diferentes planos – que escuché en un reportaje -  es simplemente otra delicadeza, es  no querer insultar a los simplones que quedaron arrobados por el semi-argumento novelístico, que no existe, y que constituyó el éxito editorial, ambas cosas que fueron una sorpresa para la autora.

  La expresión de las ideas son bien netas – aunque delicadas- con recursos claramente embólicos, y las citas o referencias literarias no son intencionalmente desestructurantes de los textos, sino remitentes a sus expresos sentidos. (Dije “no intencionalmente”, porque hay ciertas interpretaciones que resultan influidas por un sustrato filosófico ambiguo; pero no es su intención el ser una “truchimana” al estilo Eco o Borges)

    La autora se propone un mensaje claro, directo, docente, amistoso y caritativo. Es una conseja, una advertencia, concisa, pero… delicada. Sin intromisiones ni sermones de maestra ciruela. No quiere “incomodar” ni resultar impertinente ni metiche. Podríamos – nuevamente- criticar esta actitud si fuera plana, con el fácil recurso a resaltar la “incomodidad intrínseca de la Verdad Cristiana” a lo Bloy o a lo Bernanos, de ese Dios metiche que tenemos los católicos y que nos ve hasta cuando estamos en el baño, que nos obliga a esa incómoda y brutal costumbre de la confesión frente a un hombre la más de las veces simplón;  pero - como dijimos - ella espera esta estocada y la detiene: el Hombre del Sillón - que es ella misma- ya le ha advertido esto (aunque para nuestro gusto, no lo suficiente).

   Muchas de la claves de entendimiento de este “ensayo delicado sobre la delicadeza”, no exigen un esfuerzo de percepciones simbólicas en el adentramiento a un lenguaje de escuela o de capilla literaria, lenguajes que sufren en el texto una sabia crítica y una delicada – pero punzante e irónica- no tan velada burla. Con un poco de cultura y el recurso a una enciclopedia (puede ser Wikipedia) es suficiente. Los más perezosos no lo hacen. Vaya mi consejo. Cada nombre y cada referencia remiten a algo concreto. El pueblo se llama San Ireneo, y hay que ver quién era San Ireneo, y también que fue el “irenismo”, palabras con las que juega en contradicción y complementariedad. Horacio Delás es el poeta Horacio,  y delás – de “delasser”- es relax, es descanso, pero descanso reflexivo (hablar con Horacio es el momento de relajarse y repensar el combate). La Sra. Rouan es alusión a Rouén, ciudad en que fue quemada Santa Juana, y se refiere a esa clase de “religión” que quema a los “extraordinarios” (yo me encuentro identificado en algunas cosas con la buena cocinera y como ella se termina “arreglando” con la vieja, me quedo tranquilo).
          Y así se deben buscar- si no se las tiene por cultura - las referencias de cada nombre y de cada libro citado (normalmente en una conversación estará limpiando un libro que tiene que ver en el tema que se lleva). Pero ni encontré todas ni quiero convertirme en un especialista de la Srta. Prim. El que se hizo “fan”, que se tome el trabajo. Esta obra es un llamado a descubrir la cultura, y ya que les gustó, pues emprendan el camino. Es un libro que quiere llevar al lector a otros libros, muchos buenos, y otros no tanto.

    En suma, la autora se pone a reflexionar sobra variadas temáticas bien femeninas (el feminismo, la educación de los niños, el amor, el matrimonio, la religión, los defectos femeninos – es imperdible el párrafo sobre el “autoengaño”, tan común en las féminas, y que encarna en su madre- la conversión, la gracia, etc.) y para ello usa el recurso de buscarse una serie de interlocutores inteligentes, a los que se propone traicionar lo menos posible para que la salven del horrible autoengaño femenino y le hagan de contrapunto hacia una búsqueda y hacia una conversión.

   Ella es una mujer que ha “tragado” mil libros en el sistema académico, descarnado, diseccionador, desestructurado – y podría seguir un rato largo – y que encuentra en Senior – un profesor de literatura un tanto excéntrico -  la punta del hilo que la puede llevar a ordenar todo esto y concebirlo desde una perspectiva “armónica” y a la vez, trascendente. Para ello imagina que un señor, que es muy parecido a Sénior y que es en gran medida “el catolicismo”, y que también es “el varón” (dos contrapuntos necesarios para la exigencia desmedida de “delicadeza” femenina y que la van a poner en caja), y al que tiene sentado en el sillón de su biblioteca; que la contrata para “ordenar” todos esos libros – que leyó-  y obtener de ellos un sentido.

   Hay cosas que debe hablar con el catolicismo y con el varón, pero hay otras que debe hablar con otras mujeres como ella, y allí aparecen esos otros personajes cuyas claves – no tan rebuscadas y bastante geográficas e históricas- están en los nombres, (algo dije de la Sra. Rouan y de Horacio, luego ustedes investiguen los otros) y que se atienden fuera de su trabajo de ordenar libros, pero dentro del espíritu de San Ireneo (Tréaumont me suena a cuando va al cine, pero no he investigado, fue un pálpito) . Es decir; fuera del brutal mundo moderno y en aquel ambiente en el que se entienden las tradiciones, los buenos modales y los argumentos inteligentes (San Ireneo podríamos decir que es de los primeros Padres que aquilata y explaya este término de Tradición), pero también dentro de cierto “irenismo” (erasmismo, pacifismo), es decir, dentro de cierto ambiente desprovisto de partisanía, de ardor batallador, y por qué no, de cierta “pluralidad” (y por aquí vemos algunas puntas que luego aclararemos).

   En suma, es ella buscando un sentido a la cultura, que no obtuvo en el estudio académico, y que encontrará por el camino de la gracia (hace una mención a la gracia hacia el final del libro, pero sin nombrarla, dice algo así como haber recibido gratis este entendimiento -ahora no tengo el libro-  y esto porque no sería delicado referirse a ella en calidad de categoría teológica) pero no se trata de una “cultura general”, sino de una cultura femenina.

   Hasta aquí he intentado algunas claves para entender su discurso, y no quiero antes del ataque a sus errores, dejar de destacar algunos aciertos geniales (que hay muchos). Voy a referirme al matrimonio y al sexo. Y ustedes dirán ¿cuándo habla de sexo? Pues varias veces de forma muy delicada, como corresponde a una dama.

  Hay una inteligente crítica al modo de ser femenino en dos de sus mayores errores. Ya señalamos el autoengaño, esa tendencia femenina a construirse un mundo ficticio, plagado de susceptibilidad, que no sólo no es real sino que es maligno, y en el cual se mete a los que la rodean en el amor y los enreda en una extorsión emotiva (eso está en “Mientras no tengamos Rostro”, de Lewis) , y también y como parte de esto, esa virtualidad o potencia que le da la mujer a su propia ternura (la entrega legítima del cuerpo, que puede ser usada un poco mañosamente) de sobrellevar por ella todas las diferencias; diferencias que existen (la anciana Lulú se lo muestra), pero que deben ser superadas en un “encuentro” o “armonía” mayor.

  La tensa conversación final con el Hombre del Sillón (que es con un varón y que es con la religión católica), está transida de sexualidad. El hombre del sillón establece un punto de no aceptación de la diferencia, un límite al pluralismo, una distancia infranqueable.  ¿Podrá ser conquistada esa distancia con ternura? El Hombre del Sillón es claro: NO. Esta herramienta es válida para las diferencias de los temperamentos y aún de las preferencias existenciales de los distintos sexos (Lulú se lo ha dicho), pero no para las “finales” o “finalísticas”, en las cuales hay que partir de una coincidencia total y sincera, sin amañes tiernos.

  Todos sentimos que en medio de esa conversación, y cuando el “alma” femenina le reclama al otro no haberla requerido con el ardor que se supondría (pensamos en un buen abrazo y beso a lo Hollywood), ardor que pareciera que con su violencia todo lo va a sanar; esto no se da (uno se habría tirado de cabeza). Hace falta primero un viaje a Italia, y pasar antes por el viejo Monje, y bajar a la cripta. Cuando uno es viejo como yo, y ve muchos matrimonios que creyeron rendir las diferencias en aquel legítimo y tierno encuentro, en esa unidad que parece por momentos diluyente de todas las posibles rencillas, y luego los caminos se bifurcan y la magia desaparece, y dos personas con fines diferentes deben enfrentar una vida dividida, uno entiende bien este diálogo y entiende la necesidad de dejar bien y correctamente cerradas las puertas. “¡Ya se va a convertir!” suelen decir muchos- y muchas-  ¡es impensable que no se rinda a este torrente de ternura! De legítima ternura. Y no es así, el Hombre del Sillón – el catolicismo, la religión – lo dicen sin más vueltas, y así como la mujer debe impedirse la utilización de su ternura, el hombre debe desconfiar del presuroso juicio de su carne;  el juicio del jardinero que se hace escuchando tras las puertas, “busca un marido” (en argentino se diría “¡Yhhha sabés lo que busca!, pibe”) es la eterna vulgaridad del macho; no, no… busca una “vida”, y hay que darse los tiempos para encontrarla sin hacerse atajos tramposos. Impecable.

LOS ERRORES.

   Sin duda alguna ni el varón, ni nuestra religión, son el impoluto y delicado  Darcy (que de paso, como bien anota la autora, sólo es pensable con un fangote de tela); pero tampoco ninguna de las dos cosas es el “indelicado” pero cortés Hombre del Sillón; todo es más brutal e incómodo de lo que parece (y lo sabe cualquier mujer que tiene que irse a vivir con un hombre en un mono ambiente donde el baño está pegado al comedor, y dónde la religión católica se entromete en su intimidad y le pone claras y gravosas obligaciones). Tampoco existe un buen encuentro armonioso entre esa cultura pagana – sumamente delicada (pero a la vez monstruosa, lo que no se ve)- y el “incómodo” catolicismo, en esa síntesis de gracia y belleza que se logra paseando por las campiñas italianas, bajando a la cripta benedictina y recibiendo el remanso de la liturgia romana. Este mensaje es falso y es imposible. Y este es el error del libro.

    Ese encuentro, queridos y queridas míos, implica “sangre”. Y para entenderlo bien, no sólo debo ser incómodo y un poco indelicado, sino brutal. No dudo que para aquellos paganos tan mononos y poéticos, no cabía en la cabeza una religión tan primitiva y brutal que adoraba un Hombre Dios, que era un delincuente condenado al patíbulo, y que para colmo, después se lo comían a carne cruda en una ceremonia antropofágica (el Padre Brukberger nos hace esta reflexión). Y podremos edulcorarlo con el transcurso del simbolismo moderno e historicista; pero es así. Como todo primer encuentro, legítimo y puro entre un hombre y una mujer, implica una cierta brutalidad y un tanto de sangre. La delicadeza conlleva una pizca de decadencia y artificio, indica una serie de ensayos previos.

   El encuentro no es cuestión de un proceso ascensional “por la belleza” (Marechal) en el que se obtiene la gracia por un proceso de depuración de nuestros defectos personales. Puede expresarse en forma poética, no lo dudo, pero mantiene la brutalidad de una factura de la luz, con precio y plazo perentorio. Y precio de Sangre. ¿Qué no es la mía? Pero debemos tener presente que el pasaje a Italia lo pagó Otro con Sangre y esto no debe dejarnos muy cómodos en nuestra primera clase. El viaje de obtención de la gracia es una “vía dolorosa”, hasta el pie de la Cruz, y aún el ajuste de lo pagano y lo cristiano, como culturas, debe entenderse a este Precio.

   Nuestra “Prudencia” es demasiado delicada, y no nos habla de Este que sube al Madero, sino del que anduvo en la mar. Y puede navegar dentro de un cierto irenismo del pueblo de San Ireneo, y puede rabiar contra los límites indelicados del escaso pluralismo católico, y hasta puede por fin entenderlo; pero no llega a comprender esta piedra de toque, este escándalo de la Fe, esta brutal contraposición que supone el Sacrificio de Cristo y que nos deja en dos mundos contrapuestos y enemigos a muerte.

   Vamos a los bifes. Y ahora se explica por qué más arriba dije que era un recreo “ma non troppo”: la autora entiende lo católico desde una perspectiva modernista arqueologista (de la que venimos hablando) y nos da todas las pistas. Horacio compra un regalo para el Monje, un catecismo, que no será el de Trento, sino el de Fleury (que se explica si quien lo elige es un pagano como Horacio). Y ella nos avisa en un párrafo que no simpatiza mucho con los esquemas tomistas y las "segundas causas". Ni rastros de los conceptos de pecado, ni de culpa, ni de precio, ni de sacrificio. Una feminidad muy clásica, pero poco Mariana. Un gusto por los monjes ortodoxos, pero sin dolorismo.  Y podríamos explicar que todo esto es poco ortodoxo, pero como dije, ella espera la estocada y se previene en el último aviso del periódico de San Ireneo, en donde se busca una muchacha “heterodoxa”, y allí marcha sin engañar a nadie.

  Es muy divertido, y uno se lo perdona porque es mujer, linda e inteligente (y además consciente de su heterodoxia), y no se lo perdono a otros por ser más o menos hombres, feos y tontos (inconscientes de su heterodoxia). Pero la publicidad y el éxito de este libro que comentamos vienen de una heterodoxia (además de su talento), que se está poniendo de moda. Después de todo, tenemos que recordar a Julien Green cuando decía que “la literatura siempre supone una cierta complicidad con el Diablo”.

   Espigaría sus hallazgos, emularía su método de introducir por la curiosidad femenina a la cultura; me sentiría alertado si a un varón le gustara el libro (después, tendría que leer Mujercitas), a este le explicaría que a las mujeres no hay que entenderlas, sólo amarlas, y jamás entrar en sus mundos como no se entra al sancta sanctorum. Y con respecto a las muchachas; si es tonta y sólo va a leer la trama de amor y apreciar la delicadeza, bueno… pero si capta un poco más, habría que explicarle primero que hay que tener firme el catecismo de Trento y luego, quedan algunas cosas para ganar en su lectura, y otras para desechar. Porque no nos olvidemos que detrás de su ironía dirigida a las muchachas modernas, diplomadas y posgraduadas, ella es una muchacha moderna, diplomada y posgraduada;  y aún sin querer, con su aparente ingenuidad, como le pasó al Hombre del Sillón que la contrató a pesar de las sabias prevenciones, les ha metido el dedo en la boca y están tratando con una académica con mucho más técnica de la que suponen.        
       
                 
   

34 comentarios:

  1. Querido Cocodrilo:

    Una “ópera prima que conquista al mundo”, tal como anuncia el cartel de la foto, debería advertir al taimado católico. Bien sabemos que el mundo es el enemigo.

    La pompa con que ha sido publicitado este librito por los medios de desinformación, la propia editorial licuescente que lo publica, dan la pauta de que algo no marcha bien.

    Como colofón, conseguirlo en la librería “El Virrey”, en la Rambla y Blvr. España, en compañía de jamonas carantoñas, tampoco es dable para una obra de mérito.

    Mas bien, éstas se consiguen, aquí, en algún chiribitil polvoriento de Tristán Narvaja, con gran ventura; allí, en algún lugar más presentable, pero igual de arcano.

    Quiero decir que el librito no vale un peso.

    En Cristo Rey y María.

    BRUNO ACOSTA

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  2. Estimado Bruno, no quería ser tan brusco, un peso lo vale, ademàs hiba a ser linchado por un montón de niñas buenas. Tècnicamente està bien llevado, las ideas son up to day, pero bien resueltas -no muy originales- y sin duda el catolicismo de fondo es delicuescente, o no se vende. Pero no me descubra de esa manera, en realidad la morocha me cae simpàtica.

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    1. ESTOY EN UNA MÀQUINA QUE NO CONOZCOI, DISCULPEN ERRORES

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  3. Muy buenas sus recensiones sobre los últimos libros éditos. Me da la sensación de que el libro es para mozuelas snob y para un Cristianismo burgués.En fin... Lagarto Juancho.

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  4. toy de acuerdo con ud.

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    1. No sea mala, discútame algo, ¡corrija!

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    2. "Iba" va sin hache. No hay "máquina nueva" que justifique el horror.

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    3. Sin duda, ¡y si le cuento en el lío que andaba! pero resulta que no sé corregir los comentarios, y eso que estaba avisado de que me iban a corregir. Una vez que salen, yo no me puedo meter más (creo).

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    4. no hay que andar con "a prioris", si me parece bien lo digo.

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  5. He leído el libro y estoy de acuerdo con su análisis pero no del todo. La conversión con el viaje a Italia es más que previsible y por eso flojo final. Yo veo más crítica social que planteamientos de catolicismo neocón o tradicionalista. Claro que yo, como fémina que soy, quizá vea en las lecturas de mujeres para mujeres lo que no puede ver un hombre. Hombre al que, a lo peor es que los dedos de la mano le parecen huéspedes. Me ha encantado leer su análisis, repito.

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    1. Es que como usted dice, la solución neocón es "flojita", es justamente esa, un reencuentro emotivo que deshace el drama de fondo, en que nos deja a los tradis como unos rabiosos exagerados, habiendo hecho un mundo de un asunto que se arreglaba leyendo los clásicos en consonancia con este "misterio" estético y moral. Es un final flojito, justamente por ser neocón.

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    2. Permita que insista, pero veo que usted ve un posicionamiento dentro de la Religión y yo veo una crítica social, una rebeldía frente a la educación de los niños, el matrimonio-contrato, la vida esquizofrénica que llevamos las mujeres, las relaciones vecinales, la competencia entre sexos y para hacerlo visible lo contrapone a la belleza que se ha perdido: el hombre y la mujer en su esencia y su complementariedad, que no la indiferenciación que se nos impone. Porque al fin y a la postre la mujer busca marido... Y precisamente por eso se va a Italia para hallar la belleza, la estética y la espiritual que dan el sentido a la vida. Porque el pueblo se llama S. Ireneo no por la herejía del irenismo, sino por las palabras del santo: "La vida del hombre es la visión de Dios".

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    3. Querida María: Es cierto que una obra dice lo que uno capta y lo que quiere captar. Uno lleva cosas en la cabeza y tiende a ver eso o mejor dicho, busca eso. El juego de palabras entre San Ireneo y el irenismo, lo hace expresamente en el texto (no me acuerdo el párrafo), pero ella misma en un punto lo dice expresamente, hace referencia al "irenismo" del pueblo. La crítica social está, sin duda, y es bien inteligente, pero también esta crítica surge de una percepción de lo trascendente, y esa percepción tiene una génesis filosófica y teológica para la que hay datos suficientes.

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  6. En ese sentido, creo que la obra de la señorita Natalia Sanmartín recibe una luz nueva de la excelente crìtica metaliteraria de Ludovicus sobre la serie Black Mirror, aparecida en Wanderer. Es sencillamente genial.

    Diego Cazes

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    1. Como le gusta mojar la oreja a este Diego, eh? Un mercenario del Ludovico

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  7. Y se me ocurre que aunque la autora no ha querido meterse en ese jardín, sí que ha dejado su impronta al señalar que estaban cerca, o a la sombra de la abadía benedictina, que todos los días asistía el hombre del sillón a la misa tridentina y que era poco delicado, más bien brusco y desconsiderado, lo cual la dejaba perpleja. También dice que el descubrimiento de la belleza o la Verdad, que no recuerdo ahora, la iba a herir... Con todo esto se ve que está hablando de la religión católica y no de la amalgama nueva era que nos asfixia. También es de notar lo nada políticamente correctos que son los vecinos del pueblo, ni sombra de irenismo o concesión alguna al entendimiento. En fin, sin duda usted buscaba una cosa y le parece que la ha encontrado; yo ahora busco lo que usted y no lo encuentro sino que veo más todavía que no era eso lo que la Prim necesita y finalmente encuentra. El final es flojo porque es demasiado evidente, pero no lo es tanto por la levedad del encuentro en Italia, sino por la forma de exponerlo. Gracias por su atención.

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    1. Se la sigo. El Hombre del sillón - que es el catolicismo- es un tanto brusco y desconsiderado, lo que le choca, y luego comprende en su proceso. Lo que yo digo es que este choque es mucho más brutal, es "poner al hermano contra el hermano". Lo del irenismo lo aclaré, porque lo saca a relucir la autora en frase expresa. Fíjese en dos párrafos que señalé, el de la elección del catecismo por Horacio - para el regalo del monje- la alusión al tomismo en medio de una conversación con el hombre del sillón; y el escozor con la Sra Rouan a raiz de la Navidad. Yo veo el contexto neocón en todo, pero estos párrafos concretos, son una pista que ella da expresamente. Fíjese que coincide con la repulsa tridentina y el esquematismo tomista de los comentaristas wanderianos. Sume a ello los libros que cita mientras limpia, casi todos clásico y de los Antiguos Padres. De todo el contexto, más estas citas concretas, yo veo a la Sanmartín en el mismo buque "conceptual" de los Wanderer, que como no son tontos, también han visto esta coincidencia y por eso les encanta y la publicitan. No se trata de un demérito, sino de una observación de la raíz ideológica del autor. ¿Usted vió en algún momento que los niños recibieran un catecismo como el de Astete? Yo veo todo esto claramente, el "ambiente" es el de un modernismo arqueológico.

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  8. No leí el libro, pero la escuché en una entrevista y no me pareció inteligente lo que expresaba, mucho humanismo. También me resultó sospechosa tanta publicidad asi que ni me voy a molestar en ver que dice el susodicho.

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  9. La seño prim pura espuma neocona ... jaja

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  10. Me parece que estamos opinando sobre un libro que narra una historia. Esa historia claramente tiene un fondo teológico. Pero no es la Summa theologica. Y pedirle eso es traspasar los límites del libro.
    Entiendo que la idea del libro es recrear un ambiente que no es el "progre" en boga en todo el mundo.
    Querer que el libro diga "TODO" es ridículo.
    Claudio N

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  11. Muchas gracias por seguirme, después de todo no estamos tan alejados en nuestra visión del libro. Fíjese que el "problema" entre nosotros es que usted ve en la protagonista a la autora y yo veo a Europa; la "prudencia" o delicadeza que usted apunta y PRIMer mundo. La Europa o civilización occidental que se ha perdido en la nebulosa de lo blandito, delicado, respetuoso y humanitario. Y para despertar tiene que volver a la cripta de S. Benito de Nursia, su patrono. La Europa que prima la tecnología y se aparta de los clásicos, que también son parte de su ser, los que coinciden con el catolicismo y los que no. Grecia, Roma y el Judaísmo bien entrelazados son Europa. Estoy de acuerdo en que el hombre del sillón es el catolicismo, pero concretaría en el Magisterio y si seguimos este hilo nos lleva a que por un tiempo tonteó con su amor juvenil, la increencia, pero lo abandonó por la imposibilidad de matrimoniar. Aquí se vislumbra lo que la Iglesia acabará haciendo, pero ya digo que no creo que la autora se quisiera meter en ese jardín, sino que se ciñe a la grandeza del matrimonio y la entrega sacrificial del hombre a su mujer. Total que la que anda perdida es Europa y todo el clero seducido por los atractivos de la increencia "la novia" y sólo la vuelta a la cripta, su pasado, le devolverá el sentido común, la Ley natural. La Prim que usted ve en toda la obra es la Prim perdida porque cuando se encuentra se acaba la obra, por eso digo que no estamos tan alejados. Parece una novelita rosa y de ahí su éxito, tal como lo cuenta la autora en una entrevista, que hasta a las feministas les gustó. Yo he leído reseñas que la ponen como exaltación de las cosas sencillas de la vida, el huir del mundanal ruido. Una moderna novela pastoril que es muy atrayente para todos estos entusiasmados de lo "natural" que se hacen veganos, animalistas, relativistas y todo lo que queramos. Un cordial saludo.

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  12. No he dicho nada de la cocinera, pero ahora me acuerdo del regalo que le hace y que usted celebra porque hacen las paces. El ingrediente secreto de su tarta de cumpleaños que tantísimo éxito tiene, y que a la vista está en esta sociedad tan dormida, tan dormida como la propia artífice de la tarta: semillas de amapola. ¡Olé mi niña, Natalia! No es cuestión de destripar la novela, que como bien dice usted no es una novela, por eso ese final tan poco resultón. Lo interesante de la obra es ir viendo lo que no es tan evidente. Por cierto que cuando tenga un rato lo vuelvo a leer para ver qué pillo esta vez.

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  13. Si anda con tiempo, habría que investigar cada nombre y su referencia. Lo de Lulú es fácil, pero el apellido es un pueblo de Francia ¿qué pasó allí?. Fíjese otro dato técnico, una conversación que tiene con el Hombre del Sillón, la retoma sin que nadie se la cuente Horacio y ella como si tal, todo el mundo se entera de todo, porque todo ocurre dentro de ella, son reflexiones en contrapunto, cada uno es una parte de ella misma que dialoga con la otra, y en cada nombre hay una referencia a algo de ella, de sus lecturas; todas maneras en todo autor hay que captar su orientación - más o menos consciente y depurada- que forma su marco intelectual y religioso. Y creo, que si usted lee últimos comentarios del artículo posterior a este, verá que son estas las puestas, con más y menos, que se juegan de fondo en el libro. Ahh, me olvidaba, en el tema matrimonial dos son los datos que juegan a favor del feminismo, aunque sean de sentido comnún; la experiencia de la madre del hombre del sillón - que sacó pitando a un mal marido pero que era buen padre- junto con la experiencia de la maestra con su marido. El juego entre "mi vida" y el "sacrificio de mi vida", que el catolicismo le "pide" a la maestra - de boca del hombre del sillón- y sale bastante mal. Dos dramas modernos paralelos, ¿conviene separarse o no? . Nos estamos divirtiendo. Saludos

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    1. Baje del sillón y del estrado y no me sea más perogrullo. El libro es una denuncia de la Europa que está tonteando con todo tipo de pretendiente, cual Lulú, y lo que ha de hacer es buscar marido; como la del pozo de Sicar. La Prim necesita marido, como dice el jardinero y finalmente lo encuentra cuando conoce lo que le conviene viajando a la cripta, a su propia cripta. Prim vuelve a casa, pero Europa no están tan claro que vuelva, de momento; le va la marcha del tonteo con todo tipo de ideologías, menos con una, que es la Verdadera y a la que no quiere someter su orgullo -como la madre, aristócrata y vanidosa, pero Noble porque sabe que todavía no puede Entrar en la Iglesia y se queda fuera-. Qué diferencia con los recasados que comulgan y tan felices. Esta obra es una denuncia de una amante del Magisterio que reflexiona y quiere que reflexionemos sobre lo que está pasando, pero todavía a nivel práctico, sociológico, político, cultural, educativo... No entra, en esta obra a valorar en qué estado se encuentra la Casa, a la que hay que volver, aunque apunta maneras bien claras en cuál es la Iglesia que ama, que no es otra que la verdadera. Ella -la autora- apunta a la luna y la mayoría se quedan mirando el dedo. Aunque algunos, mi querido señor, lanzan sus dardos a la estación espacial.

      Esta denuncia de este estado de cosas, sólo puede venir de un tradicionalista -si quiere que lo llamemos así, porque sólo cabe llamarlo católico sin apellidos-. Porque un neocón no tiene nada que denunciar siendo que está muy cómodo porque "todo va de la mejor manera posible". Y un progre, modernista no solamente no está molesto con esta penosa situación sino que trabaja para ponerla muchísimo peor, hasta conseguir la demolición total que es lo que le haría feliz.

      La autora expone lo magisterial por boca del hombre del sillón (que es más ella misma que ningún otro personaje) y lo contrapone a otros comportamientos incorrectos, para denunciarlos. Y esta "disputa (la nuestra) me parece completamente estéril, después de todas las aclaraciones que preceden, porque no hay más que ver el título de esta obrita de puño de hierro en guante de seda: La conversión de Europa, (esta señorita Prim tan bien formada y tan segura de sí misma que lo que busca es hacer del mundo entero una señorita Prim). Como esa conversión es una utopía lejana, centrémonos en sus planes mundialistas que los tenemos a la vuelta de la esquina, para el 2030. http://www.unwomen.org/es/what-we-do/post-2015

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    2. Como bien dice Germán Rocca, es preferible ir al infierno que contradecir una mujer. Así que concedo y agradezco su presencia. (pero la muchacha es modernista)

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    3. Hay sólo cinco motivos por los que una mujer se enfada (comprobado científicamente): Por todo, por nada, porque sí, porque no y por si acaso.

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    4. ja,ja,ja Y hay una cosa que saben hacer los que no tienen argumentos y por el contrario tienen un ego descomunal, y esto independientemente de que sean hombre o mujer, que el orgullo y la cabezonería no tienen sexo. Es recurrir a la descalificación del contrario. No pasa nada. Me gusta leer sus aportaciones y es porque las encuentro muy acertadas, alguna incluso me la imprimo para conservarla en papel que me gusta más. Pero amigo, quizá sea por esa animadversión que tiene por el sexo débil, en este asunto del librito no ha encontrado usted el hilo. Nadie es perfecto. Un placer.

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    5. María, no es por animadversión, sino por todo lo contrario, que hago chistes. Y habiendo tenido una mujer y seis hijas mujeres, lo de sexo débil ya no me lo creo.

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    6. Lamento la pérdida de su esposa y lo felicito porque en una casa con siete mujeres habrá sido usted un rey. Yo estoy protegida por tres varones, mi marido y dos hijos y también me siento una reina. Soy una exfeminista muy femenina y convertida. Y si ya hemos hecho las paces (yo no me enfadé) por qué no continuamos, siempre que usted se baje a la arena y siga mis hilos, porque me plantea la cocinera, yo lo tomo y usted lo ignora. Me saca a relucir el matrimonio de la madre, lo cojo y usted pasando del tema, así no se progresa, hombre. Por el momento y sin que sirva de precedente empezaré por el final, que parece que es pieza fundamentalmente para usted y sus argumentos y clarísimo para mí, con los míos. Anuncio: "Se busca maestra heterodoxa para escuela muy poco ortodoxa..." Es eso y nada más que eso, una maestra para la escuela del pueblo, nada que ver con lo heterodoxo u ortodoxo católico, porque no va por ahí, lo repito. No hace falta señalar que la vuelta significa la conversión al Magisterio-hombre del sillón y su consiguiente vínculo matrimonial. Y es que la autora siente un rechazo total a la enseñada reglada que se da en las escuelas, de obligatoria asistencia y más ahora con la perversa ideología de género. Lo dice muy clarito en su entrevista. https://www.youtube.com/watch?v=w5vYM4qnH78 en el minuto 6 y luego en el 15.

      Y en cuanto a que ella es Europa se ve, como ya dije en el mandarla a S. Benito y en cómo se presenta, su currículo, su carácter, etc. "Licenciada en Relaciones Internacionales, Ciencias Políticas y Antropología, era Doctora en Sociología y especialista en biblioteconomía y arte ruso medieval". Cuando dice que "Naturalmente no era necesario que un caballero tuviese hijos, ella había conocido a lo largo de su vida a algunos sin ellos"... Y en cuanto al apellido, no tiene significación con que quemaran a Sta Juana, sino que es una pista para focalizarse en Europa. Creo que fue Chesterton el que dijo que la Iglesia si bien quemó a Juana, también la canonizó. Sinceramente no me parece que la autora vaya por ahí, porque eso está superado. Y siguiendo con la cocinera yo veo que la Prun se mete en sus dominios y la quiere mangonear, a lo que la buena mujer se resiste -como hace Europa con todos los países que pretenden ingresar- y finalmente hacen las paces -si éstos tragan con las famosas semillas de amapola de lo que se consideran los valores democráticos de la Europa liberal y masónica-. Afortunadamente hay algunas rebeldías como Hungría, Croacia y Chequia, y además ahora como fruta madura se están movilizando los partidos que llaman populistas de "extrema derecha" que si bien no son católicos ni por asomo, por lo menos no son mundialistas, que ya es algo. Y ahí están llamando a las puertas con posibilidades de gobernar, en Holanda, Austria, Francia... pero no en España, por desgracia, pero todo se andará. Espero no haberlo aburrido y por aquí me seguiré asomando. Un cordial saludo.

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    7. ¡Se entendió mal el tiempo verbal! A mi mujer sólo la he perdido un par de días en el shopping, pero está vivita. Y además de las seis mujeres, tengo cinco varones (y 16 nietos), y para que vea que hay interpretaciones discímiles, ella es la reina de la casa, y yo soy el cajero automático.
      Sin dudar veo también todo lo que Ud dice, pero por ejemplo lo de Rouan me sigue pareciendo una significación bien concreta. No puedo dejar de ver la crítica a la Iglesia Tridentina, en favor de una supuesta Iglesia de los "Padres", (ya señalé el asunto de elegir el catecismo para el regalo). Pero de todas maneras, ambas lecturas son válidas, porque uno lee en un libro cosas que otro no lee. Uno se aproxima a un libro desde el ángulo de intereses y preocupaciones que trae, y encuentra normalmente lo que busca y no lo que no busca. Me ha pasado que en el mismo libro, hoy veo cosas y me dice cosas, que no eran las mismas que me dijo hace diez años. Veo por ejemplo que es Ud europea (¿o no?) y esto lo pone en una cercanía de intereses con la autora que le hace compartir cosas y entender cosas, que yo ni veo ni comparto. Pero puede ser que ese árbol tape ciertos planteos más universales que me son más fáciles de ver a mí desde lejos. Eso es lo bueno de la literatura. Es más, hay muchas cosas que se ven por el sólo hecho de que las trae el idioma, y el autor las expresa involuntariamente por vía del idioma. Un español hablando en Castellano, por más ateo que sea, va a decir cosas que tienen connotaciones religiosas, ¡las lleva el idioma! . Entonces, ya sea el sexo, la nacionalidad, la educación previa y mil cosas, uno ve algunas cosas y otro otras. Sume a ello lo que uno anda buscando, más las interrelaciones idiomáticas y culturales. Y puede pasar que el mismo autor, se sorprenda al darse cuenta que ha dicho cosas que ni pensó decir.
      El valor de la obra cultural es este, este despertar todo ese montón de cosas.
      Yo ando trabajando en demostrar que hay hoy un cierto "tradicionalismo", que no es tal, que es en realidad modernismo arqueologista, y como busco eso, que está en nuestra cultura hodierna, lo encuentro. Y usted anda pensando otras cosas, que sin duda están, todas como las melodías que se mezclan en una sinfonía, y unos captan unas y otros otras. Hay que ser muy bueno para encontrar todas, y es más, se encuentran las que el autor ni soñaba haber pulsado. Por eso no hay que dar mucho crédito a lo que los autores "dicen" de sus obras, porque en una obra, es tal la influencia de un idioma, de una cultura que abarca a la obra, de una historia en la que se da la obra, que el autor es sólo una parte de ella.
      Le cierro con un ejemplo, los Europeos no entenderán nunca del todo a Francisco, es "Argentino", y para nosotros es más fácil. Calculo que en la autora hay cosas españolas y europeas, que forman parte de vuestro cotidiano reflexionar, que yo no tengo ni en cuenta.
      De todas maneras, he ganado con vuestra visión y perspectiva, pero como digo en el artículo, para esa obra hay una necesaria perspectiva femenina, en la que no debo entrar. No es bueno ni sirve. Nuestros mundos deben permanecer delicadamente indescifrables y parte del encanto, es no comprenderse del todo. Y creo que lo hemos logrado.De lo contrario, uno de los dos estaría fallando.
      Fue un verdadero gusto.

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  14. Me alegro mucho de que tenga a su esposa en este mundo y no más lejos donde la había imaginado yo. Y me sigo riendo con sus chistes. Soy española, pero no "gallega" que sí es la autora, de Pontevedra, para más señas. Yo en cambio "nací en el Mediterráneo" y ahí continúo. Me alejé de la Iglesia durante más de cuarenta años y finalmente regresé y me encontré con "esta Iglesia" No me gusta y estoy buscando a la que dejé cuando era adolescente. Así que yo también tengo la mosca detrás de la oreja y lo analizo todo. No entenderá a Bergoglio como ustedes, pero con entenderlo por encima, encima, tengo más que suficiente. Y para llegar a ese conocimiento somero me han sido útiles también los mejicanos, colombianos y otros americanos hispanohablantes que no sabría ubicar con precisión y a los que estoy muy agradecida y me siento unida fraternalmente, aunque esto último desde que tengo memoria. Lo felicito de nuevo por su gran familia, sí señor.

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  15. Y ya que usted insiste en que en el "mundo femenino" mejor no entrar, yo arrimo el ascua a mi sardina y señalo que los hombres nunca dan su brazo a torcer. ¡Mejor no "meneallo"!

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    1. Estimada María, le dejo mi mail dardocalderon@yahoo.com.ar, a los efectos de mantener algún contacto y poder pedirle alguna crónica de la pobre piel de toro para publicar en el Blog. Con respecto a no dar el brazo a torcer, esto más que de varón es de español, lo heredé de mis antepasados extremeños: "¡sostenella y no enmendalla!". Y por sobre todo deseo mantener el vínculo por aquello de que "cuando crees que has terminado una discusión con una mujer, te equivocas, has comenzado otra".

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