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martes, 4 de abril de 2017

De tridentinismos, sulpicianismos y otras yerbas.

Resultado de imagen para Tomás de Kempis imágenPor Dardo Juan Calderón.

La Iglesia Verdadera ha existido a lo largo de la historia, y en ese largo ha sido eterna, pero ha sido antigua, ha sido medieval, ha sido moderna y hasta podríamos asegurar que es posmoderna.

Caminó con un palo en la mano, anduvo en carreta, en tren, en automóvil y hasta en un avión ultramoderno. No por ser antigua, medieval, moderna y posmoderna, dejó nunca de ser la misma Iglesia. Ahora bien, los hombres de Iglesia fueron condicionados por sus momentos históricos; condicionados, pero no definidos. Y cada momento histórico los cargó con sus ventajas y desventajas. Y la Iglesia supo salir airosa de estos condicionamientos, no sin grandes trabajos y sufrimientos.


La modernidad fue el ataque más frontal y enorme que ha sufrido nuestra Santa Madre, y su reacción más eficaz fue el glorioso Concilio de Trento, seguido del glorioso Vaticano I (me pongo pomposo a propósito); hasta que… en el desastroso Concilio Vaticano II se cansó de ser reaccionaria a los condicionamientos de la historia, y se dejó definir por su siglo.

Ahora bien, cada respuesta tiene un tono de su tiempo, y si la Iglesia quiso magnificar Roma como Capital de la Cristiandad a partir de Trento, pues lo hizo con la arquitectura de su tiempo, ya que el hombre no puede escapar nunca del todo a su tiempo y vivir en un globo aerostático. Trento no es una respuesta “renacentista”, aunque algo se le pegue en los modos de su lenguaje, sus ropajes, sus modas  y sus estilos artísticos. Es una respuesta Eclesial, inspirada por el Espíritu Santo para remediar en lo posible la tendencia del siglo. Y lo hizo de maravillas, diciéndose claramente contra-reformista, y cargando la culpa al Diablo de sus defecciones, y no a sus predecesores y a su Santa Madre; claro que no pudo impedir que ese siglo, sea ese siglo, y sea el renacimiento.

   Allí tenemos a los Reyes Católicos, esa maravillosa dupla con que la reyesía cristiana enfrenta su tiempo, con una Isabel que comprende la eternidad y con un Fernando que entiende su tiempo. ¿Son renacentistas? Pues no, estaba bien puesto el mote de Reyes “Muy Católicos”, aunque en efecto, comenzaba el renacimiento y era el tiempo que les tocó. Y con ellos el nieto y el bisnieto. Todos promotores y ejecutores del Concilio de Trento. Trento es la gloria del Hispanismo y de la Catolicidad, que dan la respuesta correcta a su siglo. Pero claro, no pueden volver atrás el almanaque, no pueden vestirse como Cleopatra una o como Carlomagno el otro.

  Pero el siglo – y el Demonio, príncipe del siglo – deforman muchos de los efectos y esfuerzos de la Iglesia. Para eso están, y a medida que el siglo es más de ellos, pues es más fácil; pero la Iglesia tiene una respuesta para eso, y cada vez que el demonio ataca, mejores armas presenta al enemigo. Y sí, ya sé, parece que ahora se quedó sin armas. Pero no es así, Cristo volverá a vencer, y ante este último ataque, una victoria más maravillosa vendrá. Hasta que todos estos ataques lo traigan por segunda vez a Él, y… pito catalán para el demonio, a joder a otro lado, desterrado al infierno para la eternidad.

   La cuestión es que ante la Reforma Protestante, la Iglesia respondió con Trento, y bien respondió, y la Iglesia floreció al saber contestar el último embate de mandinga. Pero mandinga, ni lerdo ni perezoso, salió a embromar todos los buenos medios que puso Trento para nuestra salvación. Y envenenó las aguas con los polvos de aquel tiempo. Y de una devoción renovada, de una disciplina recuperada, de un clero que se hace heroico, de una dogmática casi completa; comenzó a fabricar falsificaciones, retorcimientos y traiciones.

  De esta manera, de una maravilla como la que escribió aquel hermanito Tomás de Kempis, fabricó un vertiente podrida que se llamó Devotio Moderna. Y de un poema épico místico que se llamó San Ignacio de Loyola y sus jesuitas, lo fue mutando en torcedumbres. Y de una Orden que se inspiró en el espíritu de Trento y que llevaba el nombre de San Sulpicio, que dio enormes santos y abundantes gracias, lo fue tergiversando, y así todas las cosas. No es para quejarse, estaba haciendo su trabajo. Estaba sembrando cizaña.

   Entonces, los historiadores, que no saben que el Demonio existe, hicieron nexos causales, y la escalera los conducía a… TRENTO. Porque de allí todos venían.

   Y entonces la culpa de la Devotio Moderna la tenía el pobre Tomás, y de los jesuitas el buen San Ignacio, y de cierto mal gusto en las devociones, pues los Sulpicianos. Y sin duda, San Carlos Borromeo que tanto incidió en dicho Concilio era culpable. Y sin lugar a dudas San Pio V, que lo puso en ejecución,  que canonizó la Misa Tridentina y encargó el Catecismo de Trento – a los dominicos, que no tenían devotio moderna, sino escolástica- y todos son desconfiables porque “Por lo frutos los conoceréis” y todos los frutos de Trento, pues son malos.

    Y el Enemigo, no contento con esto, le puso nombres a todas estas desviaciones, y esos nombres no eran “TRAICIÓN”, sino que iban a ser “Tridentino”, “Jesuita”, “Sulpiciano” y etc. Es decir, que lo que significaba bondad, ahora se de-significaba y quería decir maldad. Linda pirueta.

   Pero claro, los católicos no podíamos ir contra las esclarecidas  corrientes universitarias a las que Trento les había jugado una mala pasada retirando de ellas y sus perversiones, sus seminaristas y, construyendo seminarios al efecto (cosa que será enormemente criticada por los pelandrunes), y entonces había que usar sus palabras, aunque dándoles un segundo giro neologista, y hablaremos no de Tridentino, sino de tridentinismo; y tampoco de Sulpiciano, sino de sulpicianismo; no Jesuita, pero sí jesuitismo; es decir, agregando una nota que distinga que la exageración  es lo malo, pero que mantenga el valor cristiano y eclesial como rótulo de lo peyorativo para que no pierda el nexo de su raíz causal. Y claro, lo que era una “traición”, pasó a ser un efecto de lo anterior que estaba designado en la palabra. Y el que compra la palabra, pronto comprará la “cosa”.

   Y sé positivamente que hay intelectuales que cuando dicen “tridentinismo” no quieren decir que Trento sea malo, sino que las desviaciones de Trento son malas. Pero siguen diciendo que las desviaciones vienen de Trento, o de Kempis, o de San Ignacio, o de los Sulpicianos, aunque no quieran decirlo. Y el nexo semiótico se mantiene, a pesar de que muy probablemente les rezan a San Sulpicio y a San Ignacio, pobres…, que han terminado significando semejantes porquerías. Y esto porque han defeccionado de la batalla por los signos. Y tan bueno no debe haber sido aquello, que tanta Misa Tridentina y lo mismo todo se iba yendo al caraxo.

  Pero hay otros que se compraron todo el paquete. Y piensan que la gloria de la Iglesia está en los primeros siglos, y que después flaqueó, y que se fue pervirtiendo y que hoy es una traviatta. Y cuando uno es Iglesia, entera, pues lo acusan de todas estas cosas, porque tenés un libro del Kempis, o una estampita de mal gusto, o te aferrás a la Misa Tridentina, o promovés los retiros Ignacianos, o fundaste un Seminario y las universidades te causan náuseas. Y el prejuicio de la semiótica funciona de perillas, y eres “moderno” aunque des todos los cursos con la Summa. Repartes el Catecismo de Trento y lo que importan son los rótulos: lo imprimieron en el renacimiento, ¡en medio del asqueroso barroco!

  Pronto, muy pronto, sino ya; Catolicismo significará algo peyorativo, y diremos: catolicismo no, “catolicicismo”… ¡que no nos echen la culpa de esos exagerados!. Además, después de todo, la palabreja – lo dice Bouyer- se puso en la modernidad (es bastante “tridentinista”).

   Todos bajo sospecha. Cuando todos los males ya sean "católicos", seguirán por que todos los males sean "Cristianos".

    No sería más fácil decir: anti-tridentismo, anti-sulpicianismo, anti-jesuitismo y, porqué no, devotio de mierda? Todas traiciones claras a un espíritu magnífico que nos dió la Providencia para cada tiempo, y no derivaciones de un fruto que traía un gusano. ¡¿Es que nos dieron una piedra cuando pedimos pan?! ¡¡Qué difícil les será ver el Santo y la Salud en nuestro tiempo tan maligno!!

    
    
    
   

           

24 comentarios:

  1. "La palabreja (catolicismo) – lo dice Bouyer- se puso en la modernidad".
    También lo dijo Pío XII.
    Y bueno, en algún momento te ibas a poner en contra de Pío XII.

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    1. Por qué? Me importa un pito cuando se puso, seguramente se usó cuando debió usarse y hizo falta la distinción.

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  2. Muy instructivo. Precisamente ayer escuché un audio de un sermón que ponía a caer de un burro a Kempis, tachándolo de nominalista. Y me quedé a cuadros porque llevo La Imitación a medias... Así que me ha caído como del cielo esto para continuar con su lectura. Gracias.

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    1. A los nominalistas les gustaba Kempis, pero no al revés.

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  3. Por cierto, lo del pito catalán no lo había oído en mi vida, pero me lo apunto.

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    1. En Argentina se refiere a una burla que se hace poniendo el dedo gordo en la punta de la nariz, y moviendo los otros cuatro como un abanico (vale sacar la lengua a la misma vez).

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  4. Argento en París5 de abril de 2017, 8:11

    Perdón pero sulspiciano viene de otra cosa. De la église Saint-Sulpice frente a la plaza del mismo nombre en París, hoy en el 6e arrondissement, donde en el siglo XIX había muchas fábricas de objetos devocionales de malísima factura y calidad (equivalente a las vírgenes de goma y rosarios de plástico en colores que hoy puede uno comprar en los puestos de la plaza de Luján frente a la basílica).

    El estilo sulspiciano es lo que en Francia se llama peyorativamente bondieuserie, de características kitsch o naïf, fabricado en masa, con poco cuidado y sin arte.

    Lo curioso es que hoy en la zona aún se pueden encontrar algunos de los comercios que venden esas estampas, estatuillas, etc., pero ahora como souvenirs, junto a pequeñas tours Eiffel, arcs de triomphe y ese tipo de chucherías para turistas. Los originales, del siglo XIX, son objetos coleccionables que pueden alcanzar altos valores (como las estampillas falladas para los filatelistas).


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    1. Cuando digo " y de cierto mal gusto en las devociones", me refiero a eso, pero hay más en el término que lo que Ud bien enseña. Vea el orígen de los sulpicianos.

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  5. "¡Que dificil les sera ver el Santo y la Salud en nuestro tiempo tan maligno!"
    ¡albricias! ahora me puedo "casar" con el "permiso" del Apostata.
    ¡Ta buenazo!
    Fruto con gusano.
    ¿Piedra o pan?
    ¡Y lo que vendra!

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    1. Primero tenés que conseguir una mina, y después leer bien la respuesta a Francisco que dá la FSSPX.

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  6. La podrias comentar??

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    1. ¿No sube palo "enjabonao"?

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    2. ¿Usted sabe cual es la definición de "imbécil" de Bernanos?: "Un hombre cuya suerte es estar informado de todo y así mismo, condenado a no comprender nada".

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    3. "No"
      Y si, es incomprensible.

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  7. Siempre que escribo es para putearlo, pero esta vez hizo diana.

    Complimeti.

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    1. Pero para no faltar la costumbre, podía decir: "¡Qué cabrón! a veces da en el blanco"

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  8. Hace ya dos o tres días W puso un post sobre la biblia y su lectura en la Iglesia que todavía no puedo creer que no lo hayan respondido.

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  9. Wanderer sangra por la herida, y su orgullo le impide reconocer que le viene pifiando a feo, por eso insiste, y lo único que hace es confirmar se modernismo solapado

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  10. Estaba de viaje (meta choping en Chile) y leí al vuelo la profesión de fe protestante del caminador. Por lo menos esta vez es clara. Puede que me den ganas y le dedico una despedida.

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  11. Conclusión

    La nueva religión que resulta del Vaticano II debe interpretarse a la luz de esta nueva lucha, siempre antigua y siempre nueva, entre Jesús (María) y Satanás, entre la Iglesia y la Sinagoga. En el siglo XX, Satanás parece haber dado con su Caballo de Troya (Vaticano II) y con aqueos resueltos de teología subversiva.

    En el centro de este movimiento de conversión, explícitamente enseñado por teólogos cristianos como Bouyer, Congar y de Lubac, se oculta el redescubrimiento de la fe. Este es el trabajo de conversión que la Iglesia Católica y muchos cristianos hoy quieren realizar.

    Con estas palabras cierra el cardenal Lustiger su intervención en la sinagoga de Nueva York (82).

    http://syllabus-errorum.blogspot.com.ar/2014/01/del-mito-de-la-sustitucion-la-religion.html

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  12. https://youtu.be/LZLCO2fY_oM
    minuto 37 escuchen lo que dice Benedicto!!!! tremendo,
    la misma iglesia póvera de bergoglio es el plan de Benedicto.

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  13. Muy bueno!!!! Espero que lo haya leído el Sr.Javier Olivera. Le haría bien

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