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lunes, 24 de abril de 2017

LA CONTRAREVOLUCIÓN

Resultado de imagen para imágenes guerra de la vendèePor Dardo Juan Calderón.   

 Más allá del momento que fijemos como origen de una revolución en la Iglesia, ya no creo que nadie ponga en duda que la misma existe. Hasta hace unos años tanto la izquierda como la derecha lo daban por un hecho cumplido y unos lo festejaban y otros lo detestaban. Un solo bando había optado por no darse por enterado, por no ver lo que era evidente, por pensar que el no verlo lo iba a hacer desaparecer. Son los que siempre llamamos línea media, y esta cómoda situación se apalancaba en la ambigüedad  de los primeros Papas conciliares, que si se los miraba con un ojo, eran medio modernistas.


   Estas derechas con miopía auto provocada, lanzaron su actividad contra las revoluciones políticas de sus países y se dejaron destruir el fundamento de todas sus razones, que era – sin duda alguna – la doctrina política y la moral cristianas. Digo estas dos, porque su ceguera provenía de no ver que estas dos cosas se anclaban en la doctrina perenne del Dr. Común de la Iglesia, en el lenguaje filosófico de la Iglesia, que era traicionado a todas luces y ellos practicaban la más variada clase de cabriolas para no darse por enterados de que se había abandonado por una cháchara ideológica liberal, y aún tomaban las innovaciones en retorcimientos que intentaban traducirlas al sentido tradicional, esa deleznable, babosa y pestilente “hermenéutica de la continuidad”. El hecho es que la revolución en la Iglesia, que se declaró con toda su virulencia – y de hecho tomó el poder – en el Concilio Vaticano II, encontró muy pocos defensores tradicionales. Es más, organizados, sólo uno: La Fraternidad Sacerdotal San Pio X que encabezaba Mons. Marcel Lefebvre.  Reacción que se convirtió por mucho tiempo en el peor enemigo de esta actitud corta de vista, no tanto por su acción, sino por el reproche que implicaba en la defección evidente de toda esta “línea media”.

   La cuestión es que la llegada desembozada de una expresión netamente revolucionaria – sin ambigüedades- con Francisco, puso las cosas en blanco y negro; lo que no quiere decir que esta “línea media” no sigue buscando frentes parciales para evitar el choque frontal. Uno de ellos es el que venimos denunciando en estas páginas con la “cuestión litúrgica”. Cayendo en la trampa ratzingeriana del Motu Proprio: la sola devolución de lo litúrgico es toda la batalla. 
    
    Lefebvre fue claro, nuestra reacción no fue ni exclusiva ni principalmente una cuestión litúrgica, fue doctrinal y fue total, y la liturgia es doctrina, y hoy tenemos un tradicionalismo tramposo, más insidioso que aquella “línea media” con miopía que pretendía hacer entrar lo cuadrado en un círculo, pero que cultivaba la doctrina tradicional permitiéndose ser ambiguos en liturgia. Hoy es al revés, la detestable liturgia conciliar ha fracasado y dado horribles frutos de muerte espiritual y moral, así que quieren volver por la vieja liturgia con la nueva doctrina. Eso es Bouyer. Y eso es una nueva defección, más retorcida y maligna que la primera.

   Si lo que queremos es salvar las Patrias, no hay forma alguna sin dar primero la batalla contrarrevolucionaria en la Iglesia. Ser resistentes sin mengua de esta revolución, defenderse y atacar esta peste. Esta revolución que entró por lo litúrgico y pastoral porque no podía desembozadamente hacerlo por lo dogmático, ahora cede en lo litúrgico para asegurar lo que destruyó en lo doctrinal. Esa es la estrategia ratzingeriana que con tanta felicidad festejan los nuevos traidores. Vean un retrato claro de esto en la cuenta Facebook de los Monjes Orantes de Tupungato; formas buenas  para una entrega en toda la línea.

   La Fraternidad San Pedro, como otras parecidas,  es la defección de la batalla principal por el sostenimiento de un enclave sin importancia. Pero, me dirán, ¡sostienen la Misa de siempre! ¡Y los sacramentos! Sí, no hay duda, pero no combaten más. Levantaron una bandera blanca. Pusilánimes.

   No caben dudas que no todos están para el combate, cada uno tiene  su conciencia y se pesa a sí mismo. Humanamente no es para todos, cristianamente debe serlo.

   Estoy escribiendo enojado, y no puedo ocultar que me da cierto asco toda esta salida piadosita de “la Misa de Siempre”, que ahora les resulta tan aconsejable porque está al reparo de la no discriminación, hasta el grado de tener que comerse hasta las de la FSSPX a la que detestan y a las que concurren tratando de no contagiarse,  o las liturgias alternativas que son todas defeccionantes (1) ¡cobardes infames! Esto se trata de ser contrarrevolucionarios, no piadositos. No se trata esto de que el MILAGRO, EL MISTERIO, lo hace todo y no hay que poner los cojones. Para adormecer las frágiles conciencias están la “misas extraordinarias”, las fraternidades no combativas y los entusiastas cultores de los “misterios”.  Me preguntan si hay que ir a las Misas de San Pio V que dan estos tipos; y les digo que hagan lo que se les venga en gana, yo no voy a celebraciones de cagones, traidores, quinta columnistas, rompehuelgas y defeccionantes. Pero claro, yo no soy piadosito y prefiero ir a San Pedro con una buena cesta de pecados, que con los calzones marrones. Los traidores también izan las banderas y en sus manos son sólo trapos. Si no se tiene Misa para ir, se debe tener la voluntad de que la propia Vida sea la Misa – el sacrificio-  a la que concurrimos, y pelear al descampado y sin abrigo.

   Aquí estamos hasta las verijas en esta mierda a la que casi nadie se opuso, y no recomiendo las puertas que el enemigo abre para que salgamos de la reyerta con buenas excusas. Piérdanse sus fingidas y malintencionadas misas en dónde les cuadre. Quiero una Misa dada por un contrarrevolucionario, y no sólo una Misa. Quiero la Misa para la contrarrevolución, o no me sirve. Quiero la Misa de un Cura que esté en la trinchera conmigo, o ninguna. Y claro… las mujeres pondrán sus reparos a este exabrupto, pero no quiero del enemigo nada, sólo su derrota, y no piso sus templos hasta que no sean nuevamente purificados de su tibia defección.

    Y ustedes dirán ¿en qué consiste esta “contrarrevolución”? y eso espero contestarle en cuanto me calme, y de la mano de dos grandes autores católicos. El P. Calmel y Gustave Thibon.
    
  
(1) Me tomé el trabajo el domingo, de ver en TV pública la Misa de los Armenios Católicos en donde se recordaba el genocidio. Ni una palabra sobre el Islam, fue entre dos "naciones", fue política. No faltaron las palabras de gratitud para Francisco "que reconoció el genocidio", pero que ocultó la malicia que nace en esa religión diabólica y anticristiana. Todo fue un escamoteo de los mártires asesinados por su fe. Vergonzoso, me dieron ganas de agarrar a patadas al pomposo oriental que celebraba, entre inciensos, íconos, cascabeles y cantos antiguos.   
         



4 comentarios:

  1. "Cayendo en la trampa ratzingeriana del Motu Proprio: la sola devolución de lo litúrgico es toda la batalla."
    ¡Verdad!
    Permitaseme agregar sin desmedro alguno:
    La historia de la Iglesia es la historia de las infiltraciones.
    Como no fue de otra forma para la Fraternidad y para Mons.
    ¿De donde,si no, dalieron las defecciones que sufrio aun en vida?.
    Igual sufrio lo suyo Mons. Castro Meyer.
    Y hoy, desde los Grecs; Perol.los Krah y los demas "bergoglianos" bajo el ala de Mons. Fellay.
    La unica certeza es: ¡No prevaleceran!
    "...no recomiendo las puertas que el enemigo abre para que salgamos de la reyerta con buenas excusas".
    Exacto y comparto.
    En Cristo Rey y a los Pies de Maria Santisima Sin pecado Concebida.


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    Respuestas
    1. https://youtu.be/s13XulRx_HA
      El Misal de San Pío V y la reforma de 1962 VI Final

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      (la mal llamada reforma debería ser el título de ese video)

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  2. Los posconciliares NO fueron papas y no hablo de sedevacantismo. Ni siquiera antipapas se les puede llamar.

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  3. ¡YA NO LE LLAMEN FRANCSC... AL TIPEJO ESE!!!

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