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viernes, 26 de mayo de 2017

EN TORNO A FÁTIMA

Por Dardo Juan Calderón.
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  Nos hemos acostumbrado a pensar las cosas como las piensa la técnica. Todo lo que ocurre, ocurre allá, afuera, en un mundo que observo desde una distancia objetiva y que funciona o que se descompone, como se descompone una máquina. Y entonces, hacemos un despiece para encontrar el problema. Nos hacemos una idea del funcionamiento ideal, un diseño de la máquina, y señalamos cuáles son los elementos que hay que cambiar, los ajustes a realizar para que funcione como debe. Nuestra posición es la del mecánico frente a un automóvil dañado, la del juez que propone una reparación del daño que se ha causado en tal o cual relación ajena a nosotros.


  La sociedad o la Iglesia están funcionando mal, y cada uno piensa qué hacer para que funcione bien; el mismo hombre funciona mal, y un especialista encuentra las tuercas que hay que ajustar y los alemites por donde lubricar. Para ello se hace de una “filosofía” que debe dar cuenta y explicación de un orden cósmico, o social, o eclesial o humano;  y pone los problemas en un pizarrón y señala con un puntero cómo deben recomponerse las cosas para que funcionen. O si no, en un carismatismo irracional mira las cosas desde un globo. Y nos dicen qué falla en los seminarios, en la liturgia o en las parroquias;  este otro en los diseños sociales y políticos, este otro cómo ajustar la psiquis humana mientras observa la debacle desde los acantilados de mármol. Pero ninguno se detiene en el camino y levanta al caído, ninguno al sentir el llanto entra en la casa del desconsolado y junta con él los pedazos rotos de su vida.

  Cuentan que Salazar, allá en el Portugal que devino después de Fátima, cuando se puso a organizar el gobierno de su nación se encontró con el problema de designar los hombres adecuados para los puestos que se abrían. Se le propuso a muchos buenos hombres que tenían la experiencia de haber participado en la anterior república partidista, gente de buena fe que se sintió llamada para actuar en pro del “bien posible” en democracia. “Por desgracia – decía el gran estadista- no podemos usar a ninguno de ellos”. Señalaba el problema de que estos hombres se habían acostumbrado a pensar la política de esta forma que señalamos más arriba. Como un problema “de los otros” que hay que resolver con programas ideales. Él decía que necesitaba gente que reaccionara desde el compromiso visceral con una madre que llora ante un hijo muerto, del que se mueve urgido por la suerte de un campesino que ha perdido su cosecha y teme por la suerte de sus hijos, y no a base de programas y de “ideas”.

   No pensar desde la “filosofía” sino desde lo real. Y entiéndase bien, porque después van a decir que pienso que la filosofía no sirve para nada; y es eso exactamente lo que digo. Decía Pascal que “toda la filosofía no vale una hora de pena”. Y allí, lejos de la “pena”, es dónde queremos ir con la filosofía, en ese cómodo lugar lleno de abstracciones. Y es más, ante los problemas, ante las “disfunciones” y las fallas de motor; creemos cada vez más necesario ponernos a distancia objetiva. A salir del problema para verlo objetivamente desde afuera.

   Nos hemos convencido que una “élite” es un cuerpo de sabios que, lejos de los problemas, ajenos a ellos, pueden verlos con la necesaria distancia y objetividad. Entendemos que no podemos pedirle a un cigüeñal, que sufre la distorsión de sus bujes o rulemanes, que tome la decisión fría para la cura del motor a combustión.

   Si una institución cualquiera, o aún una persona,  sufre de un mal y está pronta a desfallecer, se le recomienda un “especialista”, lo más objetivo y descomprometido de su situación, para que vea y diagnostique el tratamiento que debe hacerse. Más todavía, nos han convencido que esta distancia es buena, y cada vez que ese problema se produce en ese hombre o en esa Institución, parece que lo indicado es alejarse lo suficiente para “ver”, sin estar comprometido. Al punto de que ser “parte” del problema implica anular la posibilidad de una actuación útil. El positivismo nos ha enseñado que un Juez es una persona que analiza los hechos ajenos con frialdad, que un médico no debe comprometerse emocionalmente con el paciente y que un abogado debe evitar que las causas se le hagan propias. Nada de esto tiene que ver con la objetividad, la objetividad es ver lo real y hacerse carne lo real, ver el objeto, pero esto no significa que no haya que ser parte del problema haciendo propios esos sufrimientos que reclaman nuestra atención para comprenderlos en la hondura de su drama. Eso otro que se pregona, esa “imparcialidad” con lo humano en la medida que es el “otro”,  conlleva una subjetividad mucho mayor, que mira al otro como una cosa, como un artefacto descompuesto, y donde el último criterio de aplicación termina siendo la utilidad que puede representar para mí mismo. En esta actitud, el “observador sin compromiso” termina de la peor manera crispado sobre sí mismo, protegiéndose del drama ajeno, y al desaparecer el “otro” como drama real y viviente, que es mí drama a la misma vez, el propio ser que es “ser entre otros”,  se deforma en un egoísmo destructor.

    Fíjense si no es este el modelo de los tecnócratas que nos gobiernan, de los curas, de los jueces, de los médicos y de los abogados. Cuando el criterio no es el compromiso total con lo real donde la suerte de los servidos es mi propia suerte, ya no existe un criterio objetivo, ya no hay objeto real y puesto en el drama de la existencia junto conmigo, y el único criterio válido frente a la “máquina”, es mi más individual interés.

  De esta manera los “especialistas” se hacen cargo de todos los problemas; los solteros juzgan los matrimonios, los hueros enseñan a criar los hijos, los laicos indican que hay que hacer en la Iglesia, y los que nada tienen en juego gobiernan; y esto es el mundo de los “filósofos”. De los que piensan las cosas objetivamente a base de una explicación filosófica de las cosas que les da la comprensión del universo, una vez que este se ha reducido a una máquina.

   La filosofía nunca nos dará, ni podrá concluir exhaustivamente, una explicación definitiva, ni siquiera adecuada, del universo o del cosmos en el que se desarrolla nuestra existencia. Pues la filosofía sólo puede avocarse a un problema, un problema que aparece allí delante nuestro, como un obstáculo en el camino que otros deben sortear. Y esto porque la existencia – como bien decía Gabriel Marcel – no es un problema, sino un Misterio.

   Y los misterios no se ven desde fuera, sino que se comprenden al vivirlos desde dentro. Se comprenden al ser “parte” del misterio.

   Sólo un imbécil remachado pretende que un psiquiatra puede entender el funcionamiento de un alma, que es en sí misma un misterio al que sólo se puede asomar al unirse en el misterio del amor, misterio que hace al motor vital de la misma. Es decir, al hacerlo propio, al hacerlo amado, al sufrirlo, al “apropiárselo” diría el zorro de El Principito, al “encarnarse” en el mismo. No necesito muchas más explicaciones para quienes son padres, y aún para quienes son amantes. Pero parece que es mucho más eficaz la visión del soltero sin hijos.

    Me adelanto al tonto argumento de quienes tomarán esto contra el Sacerdocio entendiendo a estos como solteros sin hijos, pero no olvidemos que su paradigma es Cristo Sacerdote, y donde todos estos compromisos no sólo son asumidos, sino que son elevados al máximo grado de compenetración que llevó a dar  la Vida misma por los otros.

  ¿Qué Juez podría ser más objetivo y distante que Dios? Y sin embargo su remedio no fue una filosofía que nos diera el rumbo de la existencia, un programa de soluciones, un sistema,  sino la propia Encarnación en lo humano. Se hizo “parte” del problema, acortó distancia, lo Asumió, lo sufrió y lo Redimió. De parecida manera, aquella Señora de Fátima no se aparece a los pastores desde una cátedra imparcial, sino que,  desconsolada y entristecida por los hombres, se presenta como “parte ofendida” - no objetiva - sino más “parte” que nunca – reclamando, demandando -  y desde su dolor nos da la fórmula que atiende al Misterio.

   Pero a nadie le importa el Misterio, sino el “problema”. El pequeño Francisco – con esa sencillez con que los niños captan y expresan lo metafísico - queda impregnado de ese “desconsuelo” de la Señora, y poco le importa la profecía que puede contener el mensaje para la historia y para el futuro humano (cuentan que él creía que Rusia – por la que se pedía rezar- era una muchacha de mala vida). Los hombres queremos saber qué es ese “mensaje” y esa “profecía”,  y lo proyectamos en imágenes externas a nosotros, como si se viera una película desde la butaca. Y queremos resolver “el problema”, ver el final de la película,  pero no adentrarnos en el misterio y darnos cuenta que se trata de “algo” que se nos pide protagonizar.

   Hace unos días Flavio Infante nos entrega una reflexión muy acorde a estas nuestras. Los milagros de Cristo eran la evidencia que probaba el Misterio de que Dios se había encarnado; es bastante absurdo pensar los milagros y los avisos proféticos, que eran el efecto, sin reparar en la enormidad de la causa que era que Dios se había hecho Hombre y que los deja pequeños, casi anecdóticos; era la Encarnación la verdadera Novedad.

    En Fátima la Virgen se muestra “desconsolada”, Cristo se muestra desconsolado, y ambos se muestran “ofendidos” por nuestra causa, por nuestra historia;  y para que veamos que esto es cierto, que ese Misterio del Desconsuelo Divino ante la ofensa humana,  se ha producido, entonces mueve el sol y profetiza una guerra; no para que investiguemos esas profecías, sino para que creamos en eso primero que ha mostrado, su “estado de ánimo” podríamos decir; lo que a Dios le produce el ver el espíritu de nuestra época. El resto es anecdótico.

  Pero lo que pensamos es en qué manera esto incide en la Historia, en esa historia “objetiva” – por externa-  que analizamos, y dejamos de ver lo esencial, que es  que YO soy parte de este Misterio de Desconsuelo Divino - de ofensa - que Dios está desconsolado por nosotros; por mí. Y que me corresponde a mí hacerme parte de este misterio, y consolar a María y a Cristo. María, con sus lágrimas preciosas desarma el giro distorsionante del humanismo en aquellos pastores. Desarma el antropocentrismo y reclama el interés sobre la Divinidad ofendida.  No viene a consolarlos, viene a pedir consuelo. Para Ella y para su Hijo. Dios desconsolado nos pide consuelo. Nos pide que nos hagamos “parte” de Su sufrimiento y “en” su sufrimiento.

Resultado de imagen para imagen de los pastores de Fátima llorando   Francisco Marto lo entiende en lo que hay de más profundo en ese misterio, en una actitud de reparación hacia los Sagrados Corazones, que podríamos decir que resume la actitud, el sentido, verdaderamente litúrgico de nuestra existencia. Entiende que se le propone un camino de dolor y sacrificio para reparar la Ofensa de los hombres proferidas contra Dios, y se olvida de sus propias penurias, sus penas ya son un regalo para ofrecer por Aquellos. Jacinta resume el espíritu de caridad fraterna, quiere sufrir y dolerse por los pecadores, por sus almas, y expresa en su vocación el celo pastoral dentro de aquel sentido que marca Francisco, es decir, para aliviar a la Señora. Ambos son parte del problema, están inmersos en el problema, comparten ese dolor y esa angustia que emana de la Señora y se olvidan de ellos mismos. Encarnan el misterio del dolor de Cristo y de María, la que además, se muestra en ese sufrimiento, Corredentora.

   Pero el “mensaje” o el “secreto” acaparan toda la atención de los hombres. ¿¡Qué se viene!? ¿Qué va a pasar en la Curia Vaticana? ¿Por qué ocultan el mensaje? ¿Qué les asusta de ese secreto a estos jerarcas? Nada. Poco importa el mensaje como poco importan los milagros de Jesús para los que creen. Estos se dirigen hacia los que son tardos y duros de entendimiento, para que viendo, constatando, tocando y corroborando comiencen a creer. Nada les importa a Francisco y a Jacinta el secreto o los secretos. Lo que les importa es que la Virgen está Desconsolada y que los pecadores van en masa al infierno que les ha mostrado tan horriblemente; y esto último les importa porque causa mayor ofensa y dolor a Dios.

   El verdadero Mensaje es la Virgen y Cristo ofendidos y dolidos. El resto, son profecías y milagros que servirán para corroborar esta primer evidencia. Se mueve el sol, se produce la guerra anunciada, y otros hechos que quizá se produzcan más adelante y que hagan de soporte de fe para futuros tardos y sordos. Pero el hecho al que hay que “darle crédito”, en el que hay que creer, es que María y su Hijo están ofendidos, dolidos y desconsolados ante la visión de nuestra conducta en esta época.

    María no vino para decirnos que iba a producirse una guerra, ni vino a decirnos que iban a asesinar al Papa, ni tampoco a avisarnos que iba a producirse tal o cual problema en la curia vaticana,  ni para anunciar una futura apostasía;  vino a decirnos que esta atribulada, ofendida y desconsolada de vernos HOY, y que sufría todo esto junto a su Hijo. Que debíamos reparar esta situación en la medida de nuestras fuerzas, en forma urgente, con ofrecimiento de sacrificios, con oración, en el culto privado y especialmente con actos cultuales públicos. Porque peores males se vendrían. Peores ofensas y peores dolores para Ellos. Nos pide “consuelo”. Hoy, ya. No es una cruzada anticomunista, es una cruzada “pro-mariana”. Y nos dice que si somos tardos en hacer lo que nos pide, ocurrirá tal cosa con Rusia y con el mundo. Para que cuando ocurra, corroboremos el Mensaje. El verdadero y primordial.

    Si no cometemos el error de perdernos en el anecdotario futurista, y nos concentramos en el misterio, en lo que tiene de central - El Desconsuelo Divino- veríamos que el mensaje atiende de una manera precisa al centro del misterio que vivimos hoy, definiéndolo, diagnosticándolo y aplicando la cura necesaria.    
   
    La aparición deja perfectamente claras las cosas fundamentales que hacen a la historia presente. Muchos quieren forzar la letra de los mensajes, imaginar lo que no se les muestra, porque no pueden creer que la Virgen haya aparecido en 1917 y no haya hablado de esto que hoy nos pasa, y que venía pasando, esta apostasía, esta traición. Y entonces piensan que esto está contenido en ese tercer mensaje que ha sido escamoteado y que es “terrible” (no lo puedo saber). Pero no se dan cuenta de que el Mensaje directo de la aparición, es más terrible que cualquier anuncio. La Virgen nos mira ¡Y LLORA! ¡Llora desconsolada! ¡Pide consuelo! Y nos recuerda ¡QUE ESTÁ OFENDIDA! Ella y su Hijo. Se muestra apesadumbrada, porque nos vamos a ir muchísimos al infierno, nos pide “hacer” algo, pero “sabe” que no lo vamos a hacer (salvo unos pocos, salvo unos niños), está como desesperanzada del hombre y en especial de su Iglesia, a los que quiere despertar, no con el aviso de los males que les puedan ocurrir, sino con despertar la Piedad ante el sufrimiento y el desconsuelo de Ella y su Hijo.  Esto lo hacen todas las buenas madres, que logran a veces corregirnos no por el aviso de lo que creen que ocurrirá en nuestras vidas, sino por el simple hecho de apiadarnos y no querer verlas sufrir tanto, de quedarnos junto a ellas y consolarlas.

     Les recuerda el infierno, les recuerda que muchísimos se dirigen hacia allí, les recuerda que Dios ha sido Ofendido por los pecados de los hombres, y que Cristo y su Madre están profundamente dolidos y desconsolados; no están distantes del problema, es más, están en el vórtice del problema, Ellos son el problema. Que esta situación es “angustiante” y que Les hace verter lágrimas;  que hay que hacer sacrificios expiatorios,  para el consuelo de Ellos y para la salvación de las almas. Todo esto, todo ese espíritu con que la Virgen  mira la época, es el diagnóstico más crudo que se puede hacer sobre el mundo y la Iglesia actual. No hay mensaje más aterrador que este. Pensemos que la azafata del avión nos dice que hay que corregir el rumbo, y es una preocupación. ¡Pero pensemos si la azafata se pone a llorar desconsolada!

  Si dejamos de ver el “problema”  como “observadores” y entramos en el “Misterio de la Virgen que Llora”, entonces vemos que el mensaje “tremendo”, la “gran catástrofe” se ha producido ante nuestra nariz, y que nos tiene como agentes protagónicos del mismo, que nos llama a un protagonismo.

    Hay en la actitud que causa la resonancia de la aparición en los niños algo que nos parece desmedido. La vida de dolor, angustia y amenaza de muerte que se plasma – podríamos decir un poco exageradamente – en los pastorcitos; que piensan que van a ser asesinados y martirizados a cada rato, que mientras los hombres del gobierno y hasta algunos curas,  juegan un poco - y hacen “teatro”-  con ese temor de los niños para sacar verdad de mentira, esto se nos aparece como una exaltación infantil, un juego de la imaginación inocente (recuerden los soldados que los traen de vuelta del interrogatorio y uno le dice al otro de matarlos, y el otro juega a que lo frena). Pero no advertimos que ese estado de tensión trágica que no se explica causalmente por lo que estaba sucediendo con las “gentes” que los rodeaban, no proviene de los que hacen esas “gentes” y sus pantomimas. Proviene del estado en el que han visto a la Virgen. Y ese espíritu que la Virgen ha plasmado en los niños, de horror y desconsuelo frente a lo que pasa en el mundo,  es el espíritu que la Aparición propone a todos nosotros para enfrentar la época. Es el espíritu que se nos propone para nuestra existencia y fundamentalmente,  para el Culto Divino, para cóm0o debemos dirigirnos a la Personas divinas que lloran. Es el espíritu que le propone a la Iglesia para vivir estos momentos. ¡Y nadie se da por enterado! Dejamos a nuestra Madre llorando – está vieja y exagera, decimos – y nos vamos a hacer el trabajo del día.  Así como pensamos que los dos soldadotes estaban haciendo “teatro”; de igual manera – y de sacrílega manera – pensamos que la Virgen estaba haciendo “teatro”, es un viejita que está chocheando.

   Si bien vemos, con esto se propone recuperar el espíritu del culto que se va perdiendo en la Iglesia. Fátima establece los criterios para recuperar el Culto Divino. Y si mejor vemos, la curia vaticana hizo todo lo contrario de lo que pide Fátima para el culto divino. La reforma litúrgica, a partir del engendro del Misterio Pascual, es justamente el espíritu contrario que solicita Fátima. Para estos novadores, Dios nos mira desde su altura impertérrita, imparcial, como a niños tontos que se dañan, y quiere que dejemos de hacernos daño, y para ello hace un poco de “teatro”. Y este fingimiento bondadoso de lo severo - que suponen para no tomar en serio las advertencias - que Caponnetto nos señala expresado por Francisco – Bergoglio- y que está también expresado con todas las letras en todos los Papas conciliares, en especial en toda la falsa doctrina del Misterio Pascual (siendo la clave de la interpretación ratzingeriana del mensaje de Fátima): es la gran estafa.  Un Dios que está fuera del problema, que no es parte del problema humano, y que como especialista nos pide corregirlo recurriendo para ello al “cuco”, nos da la feliz fórmula de entendimiento, la que nos tranquiliza. Un Dios misericordioso que no está para nada acongojado ni ofendido, ¡¿cómo puede estarlo siendo Dios?! Que nos llama desde la alegría para que superemos nuestros problemas, porque Él no tiene ninguno.

    Pero Dios no es como el psiquiatra del que hablamos. Se Encarnó en el problema, lo hizo suyo, y…¡tiene un problema!, y nos traslada a través de su Madre Sincerísima,  la enormísima entidad de ese drama; porque como nosotros nos hemos vuelto ciegos para verlo - hemos llegado a ese “conformismo con lo aberrante” de nuestra época que señalaba aquel autor francés – nos muestra a su Madre “desconsolada”, para que veamos en Ella y a partir de Ella, el verdadero espíritu con el que tenemos que mirar la época y con el que tenemos que rendir el Culto a Dios.   
    
   Y lo que se pretende ocultar desde los modernos traidores, no es el “secreto” ni la profecía,  sino justamente el Desconsuelo de María, la idea del Dios Ofendido, la idea de expiación. Porque lo tremendo, lo impresionante, lo terriblemente comprometedor para mí, no es lo que ocurrirá en la historia, no es si el mensaje acierta en una profecía de lo que ocurrirá en los tiempos, que no es otra cosa que una “certificación” de la Certeza de la aparición. Porque lo más terrible, lo más abrumador, ya está dicho con el solo semblante de la Virgen dolorida ante un mundo que la más de las veces, a mí me deja satisfecho, aunque más o menos crítico.

      Lo importante es volver al “hecho”, al hecho de que la Virgen está “desconsolada” mientras preparo mis vacaciones estivales. Está desconsolada por su Iglesia mientras unos gordos mitrados e infames bailan frente a las playas de Rio de Janeiro y la enorme mayoría de los sacerdotes celebran la “cena del Señor” mientras separan su Carne de su Sangre.

   La atención de los hombres se dirige hacia los “secretos” con una curiosidad malsana, no hacia María que llora y se angustia ante la visión del mundo que la ofende a Ella y a su Hijo, y que solicita un “culto” acorde con esta situación. Se dirige a ver qué puede ocurrir en el futuro como algo que ocurre afuera de nosotros, como algo que ocurrirá a otros. Se dirige a un problema histórico y no atiende al mensaje que se dirige para el Misterio Eterno que entorna el culto y mi existencia concreta.      

    El verdadero mensaje, me atrevo a decir, es primordialmente “litúrgico”. Establece con exactitud el estado de ánimo (si así se puede expresar) de las Personas a quienes se dirige el culto y solicita, demanda perentoriamente, ese culto como centro del problema. Establece el estado espiritual que debemos tener al dirigirnos a Ellas en el culto y también al volvernos a mirar al mundo, es decir, en la “pastoral”. Establece el sentido que debe tener la liturgia y el apostolado. Es más, propone “soluciones litúrgicas” para atender a ciertos problemas históricos que se vienen (consagraciones, y hasta la forma con detalles de los actos litúrgicos en que se deben hacer estas consagraciones; devociones litúrgicas: los primeros sábados, el rosario, etc.).
        
            Fátima es la más clara condena y repulsa del espíritu modernista. Es la más expresa contradicción al espíritu de la reforma conciliar, es el más categórico rechazo de la reforma litúrgica, y todo en una lágrima sincera. No en el arcano dibujo de un secreto que no alcanza a develarse o que se pueda escamotear, sino en el evidente ánimo, en el espíritu en que se muestra, en el hecho concluido, concreto e histórico de su Aparición. Si los hombres de Iglesia hubieran emulado el espíritu con que los pastorcitos de Fátima respondían a las visiones, nada de todo esto podría haber ocurrido. La interpretación de Ratzinger sobre el Tercer Secreto no es una falsificación de ese secreto (quizá, también lo sea), sino que es una excusa ideológica para alterar el “espíritu” de Fátima, para desdibujar, edulcorar y diluir a la misma Virgen María en su dolor. Lo que él dice, es que la Virgen exageraba, teatralizaba, fingía estar triste, fingía el llanto, pretendía estar ofendida,  para que nos corrijamos. Que nos hablaba de un Papa asesinado, pero que al fin era un Papa herido que se iba a sanar en una clínica. Los pastorcitos son parte de ese teatro. No quiero pensar la tortura que debe haber sufrido la psiquis de Lucía que no tuvo la ventaja de morir; que tuvo que enfrentar la duda enorme de si eso que vio, y que creyó un drama,  no fue una comedia.

    Podrán decir que esta interpretación resulta demasiado proclive hacia mis puestas, que fuerzo las razones y los argumentos para justificar a los míos y condenar a los ajenos, pero no puedo dejar de ver con total evidencia hoy, lo que me costaba ayer de este asunto de Fátima. Me costaba entender que la Virgen apareciera en 1917 y viera la amenaza comunista, y no viera la amenaza modernista. Pero una vez repasadas las discusiones teológicas, podemos asegurar que Fátima es la más expresa condena del espíritu del Concilio Vaticano II y de la Reforma Litúrgica. Las palabras concretas – y el espíritu que ellas convocan-  como “ofensa”, “sacrificio”, “expiación vicaria”, “desconsuelo divino”, “infierno”, “condena” y muchas otras, son el eje y el centro de la contestación teológica al modernismo conciliar, y el eje y el centro de la diferencia entre Novus y Vetus Ordo. La visión desconsolada y doliente  de María sobre nuestra época, es la más clara condena del optimismo progresista, evolucionista, misericordiante, pentecostal y carismático de la traición eclesiástica. Nuestros tiempos, son tiempos en que el Cielo Llora amargamente.

    El supuesto “marianismo” de los modernistas es una falsificación sacrílega, una dilución del mensaje Mariano, un escamoteo perverso del consejo de nuestra Santa Madre del Cielo que nos pide “consuelo”, expiación, sacrificio, teocentrismo, cruda visión de la aberrancia de un época que es en sí misma el cumplimiento de la peor catástrofe histórica, que sólo puede ser enfrentada en la oración dirigida a un Dios que, más que nunca, llora lágrimas de Sangre y nos dice que no hemos sido capaces de velar ni una hora.

   En Fátima no hay “secretos”, todo es evidente, claro y expreso para el que quiere ver. Los “avisos futuros” son corroboraciones, que algunas ya se han producido y que otras se producirán, pero que no son necesarias para los que saben ver; corroboraciones dirigidas a que volvamos la atención al HECHO, al hecho objetivo de la Virgen Llorando, llorando la OFENSA a los Sagrados Corazones,  que por esa ofensa pide CONSUELO, con sacrificios y expiaciones. Que nos pide que veamos a nuestra época con esa mirada y ese espíritu doliente, en toda la magnitud de su aberración. Que lo veamos no en sus imágenes distorsionadas que hacen del horror real, una aparente fiesta de placeres y diversiones, que lo veamos A TRAVÉS DE SUS LÁGRIMAS. Que sólo pongamos la vista en Ella, porque todo lo demás engaña.

    Desde la falsa iglesia nos dicen todo lo contrario, es Ella la que finge con lágrimas aspaventosas, y lo que vemos, este mundo que baila, es la verdad a la que debemos aplicar nuestra mirada, crítica, pero llena de esperanzas e ilusiones.

Resultado de imagen para imagen de la Virgen de Fátima llorando   No es este el momento ni yo la persona para un remate optimista ni entusiasta, corresponde pensar y ver  hoy a la Virgen llorando desconsolada, porque esta imagen, esta realidad aparecida al hombre moderno no llama a una reflexión objetiva, sino a un compromiso con el HECHO, a situarse como Francisco y Jacinta junto a Ella, convocados no por una idea, sino por un sollozo.

     Podría decir que al fin Su Corazón Inmaculado Triunfará; pero hoy es hoy, y es tan terrible, que la única alegría que nos queda es que tendrá un fin.  
     
     

        

25 comentarios:

  1. https://youtu.be/R8gWxaIUv4M
    No se pierdan a esta gente ¡¡con mantilla!!

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  2. http://www.catolicidad.com/2017/05/hay-que-trabajar-por-la-consagracion-de.html
    BURKE

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  3. Interesante y genuino su compromiso con el HECHO.
    Ahora bien:
    En el HOY ¿vale el ejemplo de Covadonga con la PRESENCIA de Nuestra Señora en su CENTRO?
    Si es asi ¿hubo "acuerdo" posible con el traidor Opas?
    A imagen y semejanza:
    ¿puede ser consuelo "acordar" con el que hoy traiciona?
    Lo de Opas fue un incio de duros tiempos. Cumplimiento de Obligaciones ineludibles.
    Lo de Bergoglio?
    ¿Son menores las Obligaciones de hoy?
    Concuerdo plenamente: "...la unica alegria que nos queda es que tendra un FIN."
    Para ello imprescindible un PRINCIPIO.
    Entre ambos duros--durisimos--tiempos de brega.
    Nuestro consuelo CONSOLAR a Nuestra Señora esgrimiendo las Armas que nos Indico.
    Sin dudas ni temores ni concesiones.
    Atanasio

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    1. Nunca es tarde...

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    2. Obispo Oppas
      Por José Alberto Cepas Palanca
      El gobernador musulmán de Gijón, Muruza, se lanzó en busca de un defensor visigodo, un tal Pelayo, que se había escondido en las montañas asturianas cercanas al monte Auseva, - muy cerca de Cangas de Onís - donde, a media altura se abre la garganta inexpugnable de Covadonga.
      Ante las dificultades que presentaba la orografía de la zona, confió en que el obispo Oppas negociara con Pelayo, y le convenciera para que cesara en su actitud.
      El obispo Oppas le dijo:
      “Escucha mi consejo y vuelve tu ánimo de tu decisión, para que poseas muchos bienes y disfrutes del consorcio de los árabes”.
      Pero Pelayo le contestó:
      “No quiero amistad con los sarracenos, ni sujetarme a su imperio; porque, ¿no sabes tú que la Iglesia de Dios se compara a la Luna, que estando eclipsada vuelve a su plenitud?
      Confiamos, pues, en la misericordia de Dios, que de este monte que ves saldrá la salud a España.
      Tú y tus hermanos, con Julián, ministro de Satanás, determinasteis entregar a esas gentes el reino de los godos; pero nosotros, teniendo por abogado ante Dios Padre a nuestro Señor Jesucristo, despreciamos a esa multitud de paganos, en cuyo nombre vienes, y por la intercesión de la Madre de Dios, que es Madre de misericordia, creemos que esta reducida gente de 105 godos ha de crecer y aumentar tanto como semillas salen de un pequeñísimo grano de mostaza”.
      Oppas se dirigió al ejército árabe para decirles:
      “Marchad hacia la cueva (Covadonga) y luchad, que si no es por medio de la espada, nada podremos conseguir de él”
      Lucha en Covadonga
      Pelayo se preparó para la embestida final musulmana, y comenzó a hacer retroceder a los islámicos.
      Oppas, el obispo que habló de paz a los cristianos, y que había traicionado al rey don Rodrigo, en 711, fue hecho prisionero en el mismo campo de batalla.
      Era el año 722.
      Rodrigo, fue, efectivamente, el último rey godo, porque en Guadalete desapareció el reino visigodo español.

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    3. Ricardo de la Cierva: Historia total de españa

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  4. Los de InfoCaótica quieren convertir al Padre director del Seminario de la FSSPX en un anticlerical... Evidentemente lo conocen tan poco como yo a los del Tupungato...

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    1. Hace mucho qque no les dedico una parrafada, me hizo acordar.

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    2. Le dedique lo que le dedique esos son incorregibles como los peronchos.... jaja

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  5. Wanderer:
    La Iglesia deberá ajustar y limitar lo que se entiende por poder petrino. El pontificado romano necesariamente debe ser redefinido. No podemos cerrar los ojos ante lo que ha sucediendo: la Iglesia está desamparada y sin ningún recurso frente a un Pontífice que se dedica a socavar la fe. Lo que podía pasar, y me refiero a lo que veía casi la mitad de los Padres del Concilio Vaticano I, finalmente pasó.
    ...
    Si las palabras del Santo Padre en la homilía que estamos comentando [“La Iglesia tiene su propio magisterio, el magisterio del Papa, de los obispos, de los concilios,... la obediencia madura al magisterio de la Iglesia...”], no pretenden enseñar e imponer una “verdad” a los fieles, yo no sé qué pretenden.

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    1. Es el principio liberal, la falla en la autoridad, se corrige con menos autoridad

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  6. Lamentablemente Fátima es instrumentalizada por todos los bandos. No solo la usaron Ratzinger y Wojtila (descaradamente este último), también la quieren instrumentalizar los tradicionalistas con el tema de la consagración (extemporánea) de Rusia. P. ej. a la FSSPX le sirve para tener a los fieles convencidos de que no se apartan de la ortodoxia. Ahora salió Burke a pedirla también, a ver si consigue algo del protagonismo perdido luego del ninguneo de los dubia y el palo de la orden de malta.

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    1. Es decir que para no "instrumentalizarla", ¿deberíamos olvidarla?

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    2. A mi humilde y corto entender lo que propone el cocodrilo es justamente la forma de entender Fatima que evita esa "instrumentalización" que denuncia el comentador, más allá de que creo que no existe tal cosa por parte de la FSSPX (que nunca ha pretendido suplir al Papa y los Obispos, y siempr reza para que ellos cumplan con lo que la Virgen pidió). Lo importante de Fátima es lo que se dijo y no lo que quedó en secreto, Y lo que se dijo no puede ser utilizado más que para un buen fin. Es el secreto lo que puede ser "instrumentalizado" como dice Jorge y es esto lo que BXVI y JPII utilizaron; si me apura le digo que poco importa el secreto y su "instrumentalización", púes la Revelación Divina término con el último de los Apósotoles, de modo que nada vendría a agregar que sea necesario saber para salvar el alma. La Virgen dice que agarremos fuerte el Rosario y hagamos reparación y que venga lo que venga, poco importa, pués como me han contado que decía el Profesor Falcionelli en la historia mañana puede llover mierda.
      Coco.

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    3. No Sr. Imposible-al menos para un Fiel en la Fe-olvidar lo que Fue, Es y Sera.
      La respuesta esta--integra--en las palabra de Pelayo al traidor Oppas.
      De tan "simple" tan "eludida":
      No hay y no habra nunca "pacto" o "acuerdo" o como quiera se le desee "llamar".
      Partida e inicio del largo tiempo de la Restauracion.
      No es para liberales la "bota e potro".
      Atanasio

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    4. Mi querido Atanasio, en el campo práctico a veces, hay que hacer acuerdos, y a veces no. También es cuestión de talantes, yo no sirvo para el cuerpo diplomático (¿no sé si se habrán dado cuenta?) pero reconozco que a veces me gustan los palos por los palos mismos; y entonces dejo que que los que saben de diplomacia intenten lo suyo. A veces dan un poco de escozor y hasta de asquito, pero la diplomacia es un arte política necesaria, no hay que ser cabezón. El Papa Alejandro VI (Borja) necesitaba firmar un acuerdo con Felñipe el Hermoso, y le mandó un Cardenal francés, pensando que tendría la ventaja de ser compatriota; Felipe lo recibió en el horario de audiencias menores, que es cuando estaba en el baño, donde cagaba, lo peinaban y acicalaban. El francés se ofendió y se fue sin el acuerdo. El Papa entonces mandó un italiano que era de la diplomacia, y Felipe lo recibió en igual momento. El italiano lo conversó de bueyes perdidos hasta que llegó la hora en que le lavaban el culo, y cuando mostró su culo, el italiano profirió en alta voz "¡Oh culo di angelo!" y le dió un beso en las nalgas. La cuestión es que se trajo la firma y se lo abrochó al buen Felipe. La diplomacia es la diplomacia, y no siempre es cuestión de guerreros.

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    5. ¡Sonamos! A Pelayo le "falto" "imitar" al italiano.
      Oppas se hubiera "salvado".
      Surge una interrogante:
      ¿Fellay "necesita" firmar un "acuerdo"?
      Si es asi debera--sin duda--"besar" trasero de Bergoglio.
      Capaz que ya se "procedio"...El lo sabra...
      Ahora en serio:
      Pobre Buen Combate si se tratara de ciertas "diplomacias".
      O lo que abunda: liberales ambiguedades; dialogos a "todo nivel";etc. Parafraseando: "la lampara bajo el celemin".
      Sometimiento seguro.
      Vayan estas pobres reflexiones comprendiendo cabalmente que lo que se nos exige no es el triunfo.
      Es otra cosa nada facil.
      Tenga Ud. la seguridad de mi aprecio
      Atanasio

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    6. Olvidarnos de Fátima, desde luego que no, pero sí de la consagración de Rusia (que era el núcleo de la segunda parte del secreto) que ya fue hecha pero de forma incompleta, perdiéndose la oportunidad de recibir los beneficios prometidos:
      Hubo dos consagraciones, según el libro “Toda la verdad sobre Fátima” vols. I, II y III del Padre Michel de la Santa Trinidad:

      1) 1942, 31 de octubre. Consagración, por parte de Pío XII en Roma, de la Iglesia y del Mundo entero al Corazón Inmaculado de María, en la alocución al Pueblo Portugués en ocasión del Jubileo convocado en honor de la Sma. Virgen de Fátima. Sin embargo Rusia no fue explícitamente consagrada en unión con los obispos.
      2) 1952, 7 de julio. El Papa Pío XII con la carta apostólica "Sagrado Año Virginal" dirigida al pueblo de toda Rusia, consagra la misma Rusia al Corazón Inmaculado de María. Finalmente Rusia era explícitamente nombrada en la consagración, sin embargo no se realizó el acto de reparación solemne del Papa conjuntamente a todos los Obispos del Mundo Católico.

      Con lo cual se cumplió lo que se le había revelado a Lucía en la teofanía de Tuy del 13 de junio de 1929. En la Teofanía trinitaria de Lucia la Sma. Virgen dice “Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los Obispos del Mundo, la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado." Prometiendo por este medio salvar a esa Nación, y agrega: “Son así numerosas la Almas que la justicia de Dios condena por los pecados cometidos contra Mi, que vengo a pedir reparación. Sacrifícate por esta intención y reza.” Más tarde la Sma. Virgen, por medio de una comunicación íntima le da un mensaje “Al igual que el rey de Francia se arrepentirán, y la harán, PERO YA SERÁ TARDE. Rusia habrá esparcido ya sus errores por todo el mundo, provocando guerras, persecuciones a la Iglesia: el Santo Padre tendrá que sufrir mucho.” (Hna. Lucia, Memorias. Cuarta Memoria, Apéndice Segundo)

      Según el libro de padre Michel, la Virgen y Nuestro Señor solicitaron la consagración de Rusia en diversas visiones durante las décadas del 30 y 40, luego se registran tres menciones de Lucía en la década del 50:
      1) 1951,15 de diciembre: Sor Lucía en carta a un amigo “El pedido de nuestra señora en relación a Rusia no se ha realizado…”
      2) 1952, mayo. Tuy: La Sma. Virgen dice a Sor Lucía: "Haced saber al Santo Padre que espero siempre la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado, Sin esta consagración, Rusia no se convertirá más ni el Mundo podrá ver la Paz."
      3) 1952, 7 de julio. Sor Lucía escribe una carta: "Estoy dolorida porque la consagración de Rusia no ha sido hecha aún como la Sma. Virgen la había pedido. Paciencia…!"

      Es decir la consagración se hizo medio mal y tarde, porque para 1950 los errores de Rusia ya estaban dispersos, las consecuencias se verían en la década del 60. En la entrevista con el padre Fuentes en 1957, Lucía se enfocó en dar unas líneas sobre el tercer secreto y del tema de Rusia solo dijo: “tanto a mis primos Francisco y Jacinta, como a mí, nos dijo, que muchas naciones de la tierra desaparecerán sobre la faz de la misma, que Rusia sería el instrumento del castigo del Cielo para todo el mundo, si antes no alcanzábamos la conversión de esa pobrecita Nación” En mi opinión lo de Rusia lo menciona como ejemplo de lo que sucedió por no hacer caso del segundo secreto, para que se escarmiente para cuando toque cumplir lo que dijera el tercer secreto, que nunca pudimos saber con seguridad lo que dice.
      O sea, ese bondi de la consagración rusa ya pasó. Por eso, este asunto es el único en el que doy la razón a Bergoglio cuando respondió a Putin en 2013, sobre la consagración de Rusia, diciéndole que no quería discutir de eso.

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    7. Atanasio: ¡Nadie ha firmado ningún acuerdo! Si se hace, hablaremos de qué se hizo. Mientras tanto, ni Ud ni yo sabemos un corno, "suponemos", y eso está mal para expresar un juicio. Le confieso que me asustaba más con Benedicto, pero con este... De todas maneras, el punto es que la actividad diplomática en sí misma, no es mala ni está mal, no se es un traidor Oppas por jugar la partida, este era un capitulador. El Cid hizo varios acuerdos. La Argentina es un ejemplo de esto en su historia; ganó todas las batallas porque sobraban huevos, y perdió las guerras en la diplomacia, debimos tener mejores y más patriotas diplomáticos. Reconozco que el oficio es jodido y obliga a ciertas inclinaciones. Cuando se trata de moros contra cristianos, el asunto es bastante claro, pero si se trata del Papa, aunque sea lo que sea, estás un tanto obligado a jugar el intento, Mons. Lefebvre lo hizo (y salió pitando). Le aseguro que en la FSSPX no hay ninguno que no prefiriera mandar todo al corno, pero... hay que hacerse del oficio sin vocación; y mandarse cien furcios: y saber volver de los furcios.

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    8. Okey Don Cocodrilo. Mons. pito a tiempo. No acordo. Es mas: ordeno no "acordar" con la herejia.
      Sigue "excluido".
      Quienes si fueron "incluidos" "prelaturan" diplomaticamente.
      Lamento --sin suponer--discrepar respecto a su seguridad acerca del "ninguno".
      Krah,Grec,Peroles,Soc.Anon.suizas, etc. etc. Todos hechos sucedidos.Nada de "inventos.
      En fin: por sus frutos se conoceran.Sin duda.
      Atanasio

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    9. La consagración no fue hecha como fue pedida, y debe ser hecha aunque a usted no le agrade.
      Faltaba más.
      Debía haber sido hecha a más tardar en los sesenta. Pío XII la hizo pero no con todos los requisitos. Pero desde roncalli la archivaron ex profeso. O no vió que hasta un rabí los trató de cobardes a los posconciliares, un hermanito mayor de wojtila ...jaja
      https://in-exspectatione.blogspot.com.ar/2017/05/fatima-exclusa-o-bien-breve-historia-de.html

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  7. Perdón pero los tecnócratas que nos desgobiernan lo hacen desde la ideología marxista o sus derivados, no desde la filosofía verdadera, la Tomista.

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  8. Perdón por comentar aquí un artículo anterior. Encuentro la Encíclica Mens Nostra de Pío XI, dedicada específicamente a alabar y recomendar los ejercicios espirituales. Además de hacer mención a lo recomendado por San Roberto Belarmino y otros santos, dice el Papa Pío XI sobre los Ejercicios Ignacianos: "«...sobresalió y resplandeció como código sapientísímo y completamente
    universal de normas para dirigir las almas por el camino de la salvación y de la perfección; como
    fuente inexhausta de piedad muy eximia a la vez que muy sólida, y como fortísimo estímulo y
    peritísimo maestro para procurar la reforma de las costumbres y alcanzar la cima de la vida
    espiritual». Esto es sólo una parte de esta encíclica específica sobre retiros espirituales. Y pensar que el culofofo de wanderer nos quiere hacer creer que el monje orate es comparable. Basuras.

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