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jueves, 24 de agosto de 2017

DEL NACIONALCATOLICISMO A...

Resultado de imagen para imágenes capilla Nuestra Señora de la Soledad MendozaPor Dardo Juan Calderón.

BREVE HISTORIA 
DEL LEFEBRISMO EN MENDOZA.

    Siguiendo el impulso comenzado por Juan Lagalaye en su artículo “Nacionalcatolicismo” y continuado por Marcelo     Gonzalez, pues haremos un poco de historia de cómo comenzó en estos lares eso que ellos llaman “Nacionalcatolicismo”, y que yo llamaré sin muchas vueltas y para mejor rotulación, el Lefebrismo mendocino.


    En estos pagos cuyanos la gente no es muy adicta a las exentricidades. Los montañeses, que según el decir de Don Guido “son corteses pero no cordiales”, además no son muy proclives a sacar los pies del plato y moverse por fuera de las fuerzas constituídas, conservando en esto un sano pragmatismo y un ferviente conformismo. La Iglesia es la Iglesia, y aunque nadie se muere de amor por ella ni se harían matar por el Obispo del lugar así fuera el mismísimo San Agustín, tampoco se andarían con alzamientos si fuera Don Martín Lutero, pues ninguno de los dos interferirían puertas adentro de la casa de nadie y mucho menos en su alma. El medio es conservador por excelencia y si hubo muchos “fachos”, esto se cultivó como un hobbie mientras era decoroso, a escondidas de la patrona que ponía mala cara toda vez que alguno podía hacer peligrar el sustento de la leonera con “güevadas” de los libros, y si se le permitía cantar Cara al Sol en la ducha, de la casa sólo se salía con el Diario Los Andes bajo el brazo y, quizá, dentro de él como la botella del alcohólico, la revista Cabildo bien oculta.

   El nacionalismo mendocino jamás se le plantó a la Iglesia – ni hoy-  y si hubo momentos de “terrible desencuentro” estos nunca pasaron de una cortés indiferencia (lo que es mucho). Un par de trampas para sacar vocaciones a seminarios de otras provincias (porque el nuestro era una grasada, y no muy contentos los padres con lo que les devolvieron: todo exceso de entusiasmo en lo que sea, es mal visto) y no mucho más.         

   Recuerdo que estando joven en la Falange de Fe trajimos al Padre Ezcurra a dar una charla, charla que fue prohibida por el Ordinario del lugar (que cada vez eran más ordinarios) al que nadie le importaba un pito, y cuando la hicimos de trampa, no fue nadie. Los cuyanos son así y punto.

    Aquellos que fuimos parte de las primeras generaciones de “lefes” ya veníamos desde antes bien cascoteados por los nacionalistas a los que no les entraba en el caletre que uno hiciera “cosas de negros” (me refiero a sin cálculo y ponderación de ventajas y desventajas). Vuelvo un poco para atrás: siendo delegado de mi colegio secundario ante la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) - delegación que obtuve con fraude y violencia moral sobre los votantes- que era completamente zurda salvo algunos ejemplares de colegios religiosos (En especial el Santo Tomás, regido por Fosbery y otros de monjas), ante mi propuesta de “romper” asambleas -ya que el número nos perdería siempre - me dijeron que ni locos y que no los salude al entrar porque yo estaba muy “marcado”. Así que me quedé puteando en el desierto y terminé amigo del Presidente, un judío bastante mayor que yo que tenía unas pelotas fenomenales y le divertía ese enano fachista (yo, a mis quince, no pasaba el metro sesenta). Terminó muerto en un encuentro con los milicos y a veces me acuerdo de rezar por él. (El otro delegado de mi colegio era un zurdo, que quedó vivo, y siempre que me acuerdo me cago en él y se lo encargo al mandinga).

    En los tiempos de la zurda rabiosa, sin correr grandes peligros el nacionalismo hizo algunas, pero asociado con los liberales conservadores que la más de las veces, eran mejores gentes.

    La cuestión es que la primera vez que vino un cura lefebrista, al que nadie había ido a buscar, no sé cómo cornos contactó a una señora (mujer del conocido volante argentino Copello) y esta llamó a mi padre para ir a una Misa Tradicional que se hacía en su casa, y el viejo llamó a los amigotes nacionalistas, y nosotros a los nuestros que ya ninguno era nacionalista, y allí fuimos. Eran el Padre Faure y el Padre Fernandez Krhon (¿les suena?, es el que terminó preso en Portugal por el supuesto atentado a Juan Pablo II. Le faltaba un tornillo pero era un tipazo). A la segunda Misa ya éramos los Calderón y el grupito de la Falange de Fe, que los demás no quisieron repetición de la aventura. Los hermanos Carlos y Héctor (Chiche) Caliri (cada uno daría en el futuro un hijo cura), Enrique Barrio, Juan (el Flaco) Gasull, Carlos Chocholous y yo, éramos casi toda aquella Falange, que comenzamos por divertirnos pegando carteles – algunos trompis -  y terminando en cana algunas noches; pero después se  pusieron rezadores y yo me aburría (debí hacer caso). Fui sometido a degradación por indisciplina y terminé desertando junto con otros, y creo que no siguió (me dicen que Flores Allende entendió que la venidad de la Fraternidad daba por culminada su obra. No sé si fue así). Pero el hecho es que con los curas nos fuimos a subir cerros y hablar de las nuevas en Europa, y de libros y otras cosas, pero no existía ambiente político alguno ni teníamos la menor idea de todo eso que se cuenta que bullía en Buenos Aires. Habían caído del cielo y chau, que era como tenía que ser la cosa si venía del cielo.

   La cuestión es que el Lefebrismo mendocino tiene poco o nada de nacionalismo. Sí es cierto que el viejo era un nacionalista, pero bastante sui generis, su condición de argentino viejo no lo hacía tener muchas efusiones nacionalistas y nunca se metió con la historia argentina para no trabarse con los amigos. No tenía una pizca de “mendocino” y el medio le disgustaba bastante; con el Padre Julio habían tenido un par de revistas en las que cometían todo tipo de imprudencias muy a la porteña, pero que en este medio no eran bien vistas. Sin embargo, y como encontró aquí el amor de su vida, se quedó y le buscó la vuelta. El viejo decía que tenía que agradecer a la Universidad de Cuyo que le hubiera permitido escribir un montón de cosas gracias a la sana costumbre mendocina de que nadie las leía. En estos pagos el Rey puede ir lo desnudo y colgajoso que quiera, que los hombres de gabán y sombrero saludarán como si cualquier cosa. Por otro lado, para nosotros “la Patria” - parafraseando al bocasucia de Bolivar - se había ido a la mierda hacía más de un siglo y a nadie se le ocurrían cruzadas de resucitación ni de ningún tipo al respecto; o había nacido muerta o la mataron infante los masones, siendo el curso peronista una repugnante profanación del cadáver. Con los muertos no se jode y papá decía que cuando te había tocado una madre liviana de cascos, más vale no hablar de ella. De igual manera los muchachos nacionalistas y rosistas de esta Barataria no eran un dechado de vandeanos ni falangistas, iban preparando el terreno para no quedar offside en la nueva política que se venía y en su mayoría la pasaron bastante bien con la democracia, después de haberla pasado bastante bien con los milicos. No quiere esto hablar mal de ellos, como vengo diciendo, acá ni los milicos son tan milicos, ni los democráticos tan democráticos, ni los católicos tan católicos. La zurda criminal puso en Mendoza algunas inversiones, los hospitales y las guaridas, no era frente de batalla.    

    Mi padre estaba en contacto epistolar con el tradicionalismo francés, recibía desde hacía años la revista Itineraires y conocía todo el asunto Lefebrista (Calmel llegaba en la revista) con el que estaba muy de acuerdo aún antes de que llegara a esta ignota provincia, así que ante la llegada de estos curas el asunto no le llevó ninguna dilación: “La próxima Misa es en casa”. Y así comenzamos, armando un altar con un armario que sacábamos al patio y saliendo a comprar con el Padre Faure algunos candelabros y otras cosillas. Había una compraventa de usados “La Martineta”, donde los Mercedarios habían vendido tres altares completos una vez que pusieron sus horribles mesas, y encontramos por pocos pesos hasta las viejas credencias (fui testigo con mi hermano Álvaro – que no me deja mentir- siendo pibes, de los Mercedarios quemando libros de misa en un medio tacho de doscientos litros). Faure vendría una vez por mes y se nos planteó el problema de si seguíamos yendo a la Misa nueva. El viejo, chitón, total era sordo y nunca había escuchado el Novus Ordo ni los sermones de ningún cura, pero nosotros nos divertíamos molestando en Misa, cambiando el texto de los cantos melosos con agregados groseros, arrodillándonos cuando el cura quería dar la hostia de pié (no por devotos sino para armar rosca), y hasta llevando novelas para leer y no escuchar al imbécil zurdo y medio trolo que oficiaba; al fin logramos un cierto interregno con el Padre Ramiro Saenz que daba garantías de devoción y nos hizo la trapisonda de casarnos a varios. Pero mucho no duró, y primero unos y después otros, dejamos de ir. Por un cortito tiempo.

    Una tarde recibimos una extraña llamada telefónica para papá. Lo más extraño es que llamaran a papá por teléfono; había recibido tres llamadas en su vida, dos de Alberto Falcionelli que fracasaron entre la sordera del viejo y la guturalidad de Alberto. Otra de una tal Lulú de Barrabás (era un Cabaret) que preguntó si estaba Rubén, y que los muy desgraciados – creo que fue una hermana-  se la pasaron al viejo y luego de un increíble diálogo y las respectivas disculpas, resultó que era una confusión por un  homónimo. Mamá lo gastó durante años por aquello de Lulú. Bueno, volvamos a la llamada, (esperen… papá salía a tomar el micro a la universidad de traje y boina, laaargo, flaco y levantada la cabeza al cielo,  y en la esquina de casa tenían parada unas muchachas alegres a las que saludaba tocándose la boina como saludaba a todo el mundo que lo mirara. Ellas correspondían con seriedad); la llamada – vuelvo -  que resultó ser de un jerigonso incomprensible y que me pasó para que yo tradujera. Pero me estoy adelantando.
    
     Repasemos: el grupo lefebrista ya no era nacionalista desde tiempo antes, no porque no lo fuéramos de formación, sino porque el nacionalismo mendocino nos había vomitado. Ya “estábamos en otra” hacía tiempo, si queríamos encontrar el nacionalismo que nos gustaba había que ir a Buenos Aires  (recuerdo lo de “¡¡Caputo, puto, puto!!” en la Plaza San Martín mientras aquí los nacionalistas firmaban el “acta democrática” después de aquella Semana Santa en que la casa quedó en orden). Era mi viejo y algunas familias jóvenes – muchos  todavía muchachos y con las novias- en un ambiente de amistad familiar totalmente diferente al fragote porteño. El viejo no era de armar movidas épicas ni resonantes, ni “capillas”, ni adoctrinamientos. Ibamos a Misa, morfábamos, chupábamos y nos divertíamos. Charlábamos con los curas extranjeros y respirábamos la alegría de haber dejado atrás toda esa canalla eclesiástica de la que no queríamos ni noticias. Los que se unieron no se unieron porque el viejo juntara gente, fueron por propia convicción y propios rumbos (Flores Allende tuvo mucho que ver en ellos), papá daba esa lejana sensación de validez de la propia opción; si él estaba, y tan tranquilo, te confirmabas en el acierto. Ahora que pienso, el viejo era el paradigma de Sartre (¡si me escucha!), era “auténtico”, y eso le valió el cariño de un montón de zurdos que habían picado con ese concepto sartreano. Rezaba el rosario y cuando pedía el espíritu de pobreza ¡era verdad! (Yo no puedo rezar el pésame sin sentirme un tartufo ¿¡antes querría haber muerto…!?). Pero volvamos no antes de dejar aclarado que sería injusto decir que todos los que estuvieron eran de la troupe de Calderón Bouchet, porque el viejo no armaba troupe ni en la familia.
      
     Antes de volver a la llamada misteriosa corresponde contar que mi hermano Álvaro, que era ingeniero nuclear y trabajaba en Buenos Aires, descubre su vocación religiosa. A pesar de la tendencia de papá y la insistencia del P. Faure, se va al Seminario de Paraná (¡porque tenía más ganas de ir a La Reja! Me han tratado de explicar que eso es “discernimiento de los espíritus”, pero yo me imagino eligiendo la novia que menos me gusta y no le encuentro la vuelta). La cuestión es que al año se fue a La Reja y al poco de ocurrir semejante desafuero, al viejo y a mi hermano Bernardo (que era su adjunto) los echan de la Universidad Católica sin que nadie chiste. ¿¡Se imaginan al viejo!? ¡Qué había sido cofundador! Le importó un bledo igual que a los demás. Y viene esto a que por ello era la llamada: un tal Padre Sarmiento, que no conocíamos, lo quería ver por “tamaña injusticia” sufrida (¡el único!). Claro, al P. Sarmiento lo tenían por loco, los Claretianos lo habían acovachado y el pobre estaba fulo. Había sido de aquellos seminaristas argentinos que durante la guerra civil española pusieron a un costado los republicanos mientras fusilaban a sus compañeros españoles. ¡Cuánto lamentaba no haber muerto en aquella ocasión! (Está la película reciente).

    La cuestión es que se vino a casa a consolar al viejo que probablemente estaba leyendo a Marcel Aimèe (alguna historia de cuernos), y este ni lerdo ni perezoso le dijo que andábamos con pocas Misas y que si él no se atrevería a darnos algunas. “Fffff, ¡puesh shi!” y como éramos ya varios, usamos la mueblería de un viejo amigo mío, judío ruso de origen (Ricardo Bogamiski), converso (que me decía ¡para qué me convertí! Si estoy en la misma) que se hizo Lefebrista de una  y al furioso estilo de los conversos, y la cuestión es que los domingos pasábamos corriendo muebles del salón, armando la capilla y desarmándola para que el lunes venda, y era una jarana de lo más divertida y con el gusto dulzón de los sermones del cura - y del vino de misa que sobraba - llenos de un amor Mariano que hacían lagrimear.

    A los meses se tuvo que ir (era bastante nómade) y ante la queja que nos dejaba en banda, se fue a conversar al P. Gobi de la Catedral para que lo supla dando la Misa. Y así fue. Apareció ese increíble personaje, hijo de pequeños agricultores italianos, con menos vuelo intelectual que un niño de doce – formación saleciana - y con esa conciencia total de no valer nada que suelen tener algunos santos.  Seguimos con él en un local que alquilamos a un pariente y cada tanto se nos había hecho habitué el Padre Sanchez Abelenda (el “Padre Sanchere” le decía el Pancho, y si no saben quién es el Pancho, pues se han perdido uno de los personajes esenciales de toda esta zaga ante el cual todos los prohombres que nombran los otros cronicadores, son nada), que a veces venía con el Padre Antonio Matet. Estos conformaban una de esas duplas antológicas de empatía y antagonismo como las del Gordo y el Flaco, o Don Quijote y Sancho: “¡Antoniooo! ¡Dejá de joder con las `polleras! ¡¿no ves que se cagan de frio?!” Y el P. Antonio era un puro anémico y un estoico que sólo tomaba agua mineral, mientras decíamos barbaridades y bajábamos botellas con el Padre Sanchere. El Padre Matet agregó algunos nuevos fieles de donde salió nuestro segundo cura vernáculo, el Padre Sebastián De Cándido que venía del limbo. Un recuerdo para el encantador Cura Tam y aquellas noches de vino cantando “fachita nera”.

   Un par de mudanzas más y cuando el Obispo se hartó del Padre Gobi y lo rajó (después de desopilantes interrogatorios: “¡Gobi, me dicen que estás dando la “Misa”! Por supuesto Monseñor, siempre doy la Misa” “¡Qué misa!” “Y… la Misa!”, siendo que ambos nunca la nombraron), tuvimos que rentar una casita para él, con un galpón que había sido taller mecánico donde armamos la Capilla más estable. El Altar lo hizo mi hermano mayor en una carpintería de mi tío Leonardo Robello que ya comenzaba a sufragar gran parte de los gastos. Años muy divertidos con personajes de novela, la feligresía crecía por efecto romántico, no había ni carlistas ni nacionalistas, los enamorados engrosaban la lista y a veces el amor nos robaba alguno. Allí fue llegando nuestro tercer futuro cura que ya estaba viniendo a las Misas, el futuro Padre Urrutigoity, que traía a Gustavo Zonana (ambos compañeros de mi hermana Mariana) y que comenzaron a formar un pasable coro (los tres coreutas de la UNC). Los curas de la Fraternidad pasaban seguido y en realidad venían a descansar en una feligresía que carecía de asuntos políticos. El Padre Canale, los Olmedo, Ceriani, todos más o menos coetáneos de mi hermano y que eran como hermanos nuestros (hasta hoy, y ¡cuánto se extrañan!). Zonana, nieto de rabino,  nos dará un Diácono en breve, y cura el año que viene.

     Fue en esa capilla que a la salida una mujer vio salir a la gente (creo que iba a los Jesuitas que quedaba a unas cuadras) y preguntó a mi padre “¿Son ustedes de alguna secta?” – “No Señora, somos lo que queda de la Iglesia Católica” respondió amablemente el viejo, y nos reímos con ganas. ¡Qué buenas épocas! Afanando – recuperando para el culto, se dice- las imágenes y los revestimientos de los curas de la Catedral y de San Francisco (del que era Sacristán el Chiche Curri, luego Sacristán nuestro). Una noche nos robamos dos ángeles que estaban en un altillo en Loreto junto con todas las imágenes que habían barrido del templo, con el Cura Gobi y mi hermano Álvaro, pero como no cabíamos todos en el Citroên 2 CV de mi vieja, tuvimos que abrir la lona del techo y andábamos por la ciudad con los dos ángeles parados en el asiento de atrás y asomando sus cabezas y sus lanzas.  

   Y después nos aburguesamos, vino el priorato, la Capilla en serio, con casa curial, aulas y piezas para monjas, con los Padres Bernardo Terrera, Ernesto Olmedo y Pedro Salas. Buena organización de catecismos, charlas en el salón de las que muchas tiene grabadas “el” Enrique. Luego por una carambola del destino y la astucia de ciertos abogados, la terminamos cambiando por la gran Capilla actual, priorato y edificio para Colegio, esto durante el priorato del Padre Gentile, con Altamira que lo sucedería, el Padre Calcina, el Padre Bon, el mexicano Ramirez ….  y varios más. Vendría con el trabajo de ellos una increíble serie de vocaciones que ponen a Mendoza a la cabeza de los “proveedores de curas”.    

    Y por ahora la paro, pero notemos las diferencias. Todas esas buenas personas que nombran los otros cronistas, las vinimos a conocer mucho después y no a todos, jamás tuvimos conciencia de sus labores y desvelos, ni forman de ninguna manera – para nosotros-  el legítimo “santoral” de los fundadores. El “Nacionalcatolicismo” para nosotros no existió. Ni el Carlismo, ni nada que no fuera pura y simplemente el Lefebrismo (hace poco hubo un cruce en que un muchacho de la feligresía nos decía más o menos: "¿Castellani?... ¡Lefebvre!") . El grupo mendocino fue fundado por los curas de la Fraternidad, en especial el Padre Faure que ya era “argentino” por adopción (sus padres habían rajado de Argelia y se instalaron en el Litoral), y no hubo personalidades que en esta tarea destacaran fuera de ellos. Una enorme progenie nos ocupó en su educación y los curas eran una ayuda del cielo en esta tarea que sólo se basaba en la educación religiosa de esos infantes y el acarreo de nuestras pobres almas. Los dos curitas providenciales que nos animaron en el principio carecían totalmente de pretensiones ni inquietudes políticas, encontrándose más cerca del arpa que de la lira y no dudo que están ambos en el Cielo, el cura Sarmiento con Virgilio y Gobi con Don Bosco.

    El Colegio aportó toda una nueva camada de fieles en ese mismo “estado de inocencia política”, y no digo que nuestros curas no tuvieron que lidiar con nuestras costumbres, nuestros vicios y nuestros temperamentos, nuestras diferencias de criterios en lo que respecta a algunas particularidades prudenciales parroquiales y ese incómodo asunto de los diez mandamientos ( al que no hay manera de hacerlos menos), pero jamás se encontraron con un “grupo” de opinión que incidiera sobre los objetivos concretos sacramentales, apostólicos y educativos del Priorato. Jamás hubo una “personalidad” que enfrentar y que liderara a nadie, salvo la del cura de turno. Hubo generosos aportadores – locales - que jamás reclamaron condiciones en sus donaciones, ni honores, ni “asientos” especiales ni privilegios de ningún tipo, siendo que muy por el contrario, permanecen bastante escondidos y desconocidos, y por eso mismo aquí no los nombro.  Habrá habido gentes que tenían inquietudes, pero se satisfacían por fuera y no creaban rencillas hacia dentro, existiendo un pacto tácito de no intromisión. Cero política, cero liderazgos, cero personalidades, cero patriarcas y cero ¡matronas! (que son las más peligrosas). El Cura y punto. Y no crean que por clericales… vuelvo al principio: ¡por montañeses!

     Calculo que ese temperamento es el que produjo tantas vocaciones, ya que los “protagonistas” de esta aventura (que fue para todos nosotros de vital importancia y dedicación, no miento si digo “todo nuestro interés” fuera del viandar, y un recuerdo lleno de alegría y gratitud), fueron los Sacerdotes (para los chicos el "capo" era el Cura); guardando nuestra tranquila existencia en el rol de actores de segunda o hasta tramoyistas en la mayoría de los casos. Los chicos los admiraban mientras los hogares los valoraban.  Nuestro pequeño mundo montañés rara vez se vio inquietado por asuntos de la Fraternidad de allende los mares, es más, ¡de allende el Rio Desaguadero!, sino fuera por mera curiosidad y mientras no influyera en nuestro cotidiano andar. Las “altas esferas” eran anecdóticas en el paso de las Confirmaciones, y no creo que ellas tengan ni hayan tenido de nosotros muy clara distinción, ni ojerizas ni amistades. También tiene esto algo de francés (iba a decir de “Bouchet”), ese “no jodo para que no me jodan”. Pero no hagamos tanta psicología. Después de todo, voy a tener que concluir que todo eso era el temperamento de mi viejo, que jamás “lideraba” pero terminaba “conformando”.

     Cuando leía al Padre Calmel y sus “Fortines de Cristiandad”, me llamaba la atención que él encarecía que estos “fortines” permanecieran separados, aislados uno de los otros, conservando sus propios temperamentos y asumidos en sus propias historias. Cuando leo lo de Juan y lo de Marcelo me doy cuenta que somos mundos muy diferentes y que ciertos choques se han producido por no tomar conciencia de ello. Me tocó ya de viejo tomar contacto con el grupo “porteño” y tuve algunas impresiones francamente sorprendentes ¡¿tradicionalista peronista?! ¡no existe!, eso es un perro verde o una vaca con dos cabezas. Y sin embargo… existe. Y son buenas gentes. O de otra manera, ¿el tradicionalismo asociado al Carlismo? ¿Y qué hace el tano de la esquina? O al nacionalismo, que, bueno…, hay que soportarlo, si es para acomodarse no vienen, y si vienen es medio bobo, así que no embroma. Otros promoviendo la próxima votación por un tal o cual … son cosas que para un mendocino no tienen explicación ni caben en la cabeza. Esto en lo que estamos no tiene nada que ver con aquello, es como tener que adoptar un apellido ajeno para ir a Misa, y muchas veces hasta contradictorio con los principios. ¡Pero es así! Así es en otros lados, y como decía mi suegro: somos todos animalitos de Dios.

   Estas crónicas vienen bien para entender que no somos los mismos en todos lados y que uno va de extranjero a lo del otro. Que Juan diga “Nacionalcatolicismo” ¡¿al lefebrismo?! Entiendo… en Buenos Aires. Acá no. Nada que ver. No salimos de ese lado ni hay que pensar que ese “fortín” creó estos. Aquí no era nadie un Andres de Asboth, ni un Gorostiaga, ni un Quantín,  ni nadie  los hispanistas, ni ningún grupo de opinión o político. Y reconozco sus méritos allá.

    No fue la génesis del tradicionalismo “argentino” esta que señalan, lo fue del de Buenos Aires, pero no en otros lados. Acá fue un asunto de curas bastante desprendidos de toda filia grupal fuera de la Fraternidad, y no es que sea ciego a que quizá de aquellos esfuerzos vinieron por carambola estos resultados; pero el salto es tan providencial que sólo se deja ver la causa primera.        

   Queda tirado el guante para que algún cordobés cuente su cuento en buen romance golpeado.    
        

                    

22 comentarios:

  1. "Acá fue un asunto de curas bastante desprendidos de toda filia grupal fuera de la Fraternidad"...como en la película "La aldea" de Night Shyamalan. Como los grupos de Schoenstatt, focolares,Opus, etc,etc. Cada cual con sus popes perdiendo bastante universalidad y hasta despreciando lo propio aunque sea bueno. Por lo menos es lo que se ve en los frutos, no en las raíces.

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  2. Muy linda reseña.
    Tal vez en Mendoza se dio la forma más saludable de gestación del lefebvrismo, lejos de toda inclinación política (así fue en Francia, donde hubo grupos políticos, pero la adhesión al Tradiconalismo no tenía relación con ellos).
    Este tipo de gestación da resultados menos naturalistas.
    No es que seamos naturalistas los lefes de otros lados, pero al venir mezclados de intereses políticos, anheladas restauraciones terrenas, necesidades (casi siempre) con caras de hereje que invitan al juego en democracia, peronismos de distintas interpretaciones, carlismos demasiado inflados que olvidan (por inflarlo demasiado) que lo fundamental es otra cosa, etc; en fin, todos esos caldos de cultivo fueron cauas segundas de asiento de la FSSPX en Argentina, pero no dejaban de traer cierta confusión y ciertos acercamientos a la FSSPX más por cuestiones políticas que del orden de la Gracia.
    Algunos somos un poquito incomprendidos por aquí y lo hubiésemos si menos habiendo nacido en Mendoza, no obstante lo cual agradecemos ser de aquí, pues Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires, único lugar del país en el que se vive bien sin trabajar demasiado, sin planes del Gobierno, ni empleos estatales.

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    1. ....nada de peronchismos ni demoniocracias NADA DE ESO...
      sino la restauración que se promovería luego de la consagración de Rusia donde el ICdeM traería el Reinado Social de NSJC.

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    2. HIJO... si entendemos esa restauración en sentido milenarista - ese es De Mattei y la TFP- volvemos a caer en ideología.

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    3. Faltaba más, si ud interpreta Fátima como milenarismo es porque estaba viendo otro canal, como cansan, con tal de no aceptar el pedido de Fátima te salen con sus prejuicios milenaristas, le recuerdo que de todas maneras en el Apocalipsis también se habla de mil años, cómo se interpreta no sé, pero tampoco hay que cerrarse porque algunos en el pasado lo hayan mal interpretado, además lo condenado es el milenarismo craso, el de los falsos judíos naturalistas cabalistas, que nada tiene que ver con FÁTIMA, VAaaaaMOS POR FAVOR!!!
      y si el SEÑOR quiere gobernar mil años a ud que le importa!!! Se re-nota que todavía no entendieron lo de vine a traer fuego a la tierra y cómo quisiera que estuviese ARDIENDO!!

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    4. Me gustó lo de hijO....jaja

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    5. Yo interpreto que en Fátima la Virgen dijo: Hagan esto o Rusia esparcirá sus errores. No lo hicieron y aquí estamos. Troppo Tardi!!! Cristo no aceptó la propuesta de gobernar el mundo que le hizo el mandinga en el desierto, ¿la aceptaría ahora?

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    6. Por favor no sea ignorante y lea al padre Philip en el catecismo de la realeza social de NSJC. Estaba en Stat Veritas aunque hace tiempo que no logro encontrarlo para linkearlo. Lo han hackeado los muy ladinos sin dudas, era tan claro ese documento que se ve que los modernistas y cia no lo quieren ver ni pintado.

      Si hubiera profundizado a los que escribieron sobre Fátima sabría que la VM le dijo sor Lucía que a más tardar debían hacer la consagración en los sesenta, si hubieran dejado gobernar a Siri él la hubiera hecho a tiempo, pero como ese desgraciado de roncalli era un comunista de mierdas entonces ni siquiera dió a conocer el tercer secreto. Por culpa de roncalli y sus sucesores en la línea usurpatoria estamos como estamos. BASTA DE CUENTOS.

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    7. http://www.catolicidad.com/2012/01/los-que-niegan-cristo-su-reinado-social.html
      LOS QUE NIEGAN A CRISTO SU REINADO SOCIAL NO QUIEREN OFRECERLE ORO


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    8. Sabemos que los reyes magos ofrendaron a Cristo:

      Mirra como Hombre
      Incienso como Dios
      Oro como Rey

      Monseñor Delassus, citando a San Gregorio el Grande en el sermón No. 10 dice sobre la Epifanía:

      "...hay herejes que creen en su divinidad (de Jesús), pero que no admiten de ningún modo que sea Rey en todos los lugares. Sin duda le ofrecen incienso pero no quieren ofrecerle también el oro". De este tipo de herejes* aún los hay, llevan el nombre de católicos liberales."

      http://www.catolicidad.com/2012/01/los-que-niegan-cristo-su-reinado-social.html

      Cristo no aceptó porque venía a redimirnos pero la Iglesia hasta el vaticano dos siempre hizo todo lo posible para que Cristo Reine.

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    9. Y sin embargo, ese Niño que nació es Rey, bien lo sabían los reyes magos. "¿Qué dijeron al llegar? ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? ¿Qué significa esto? ¿Acaso no habían nacido antes numerosos reyes de los judíos? ¿Por qué tanto empeño en conocer y adorar al rey de un pueblo extraño? Hemos visto, dijeron, su estrella en el oriente, y hemos venido a adorarlo. ¿Acaso le buscarían con tanta devoción, le desearían con afecto tan piadoso, si no hubiesen reconocido en el rey de los judíos al que es también rey de los siglos?". (San Agustín, fragmento sermón 201,1).http://www.catolicidad.com/2012/01/los-que-niegan-cristo-su-reinado-social.html

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  3. Muy divertido y bien escrito, aunque con algunos “giros literarios”. La versión no es una crónica, solo una novelada y romántica historia con algunas mentirillas propias del narrador. Pero tengo que reconocer que está muy bien escrita y, para aquellos que estuvimos siempre, nos arranca un lagrimón.

    Mendocino anti conservador

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  4. Termi, sus tesis falla, al menos con la Fraternidad.
    Hoy es sabido que fue la opción correcta entre "parroquiano standard", "línea media" (en distintas congregaciones o siguiendo a ciertos curas), o "lefebvrismo".

    También es la que ha dado mejores frutos, si hacemos un paneo general (sin entrar en las particularidades que las hay en todos lados) en las segundas y terceras generaciones de lefes.
    Y ni qué hablar en la primer generación, donde la lefe demostró un arrojo, prudencia y valentía que dejó como timoratos a los camaradas de otras vertientes eclesiológicas.

    Sobre los frutos, el tema es muy simple: pregúntele a un padre de familia línea media o tres cuartos si prefiere de yerno o yerna un lefe a cualquier otro.
    La gente no es tonta y ahí se acaban las disputas sobre "frutos".

    Qué prefiere usted? Un chico que por piadoso se distingue de la mayoría de los católicos y cada tanto piensa en su muerte o uno que desde los tres años de edad visita el cementerio durante toda la samana que el ciclo litúrgico tradicional impone, ganando así indulgencias para las almas del purgatorio?

    Prefiere un "excéntrico" que va a misa tradicional hace unos años, o al chico que le resulta tan natural, como inaudita la misa nueva?

    A todos les deseo lo mejor, pero las diferencias de frutos son abrumadoras. Diría que "lógicamente" abrumadoras.

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    1. si su problema ANÓNIMA....(porque no creo que sea varón) es la endogamia y colocar a sus hijos, le advierto que es lo que hacen todas las sectas sociales, progres religiosos o no progres religiosos. Acá el tema es otro. Falta que diga : Gracias Señor porque no soy como aquellos....

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    2. Estimado exterminador: le pifia usted de plano, si algo es completamente ajeno a la "aldea" es Mendoza. Hubo una unidad funcional o finalística, pero una enorme diversidad de ámbitos, ideas, talantes y costumbres, que era llamativa, y hasta yo diría, abismal. Si no tuviéramos la misma fe y los mismos curas, creo que la mayoría no se volvería a encontrar si no rara vez en la vida.

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    3. cuando digo La Aldea, la película, que supongo yo que ud vio, me refiero a la idea de "sólo aquí adentro está lo bueno, afuera son todos malos, ojo!!! tengan cuidado, no lean cosas que no sean de Lefebvre, etc,etc,etc" Y NO ME REFIERO A LA MISA. Porque ESE SÍ fue el gran acierto de Monseñor Lefebvre, rescatar lo que nos habían robado,para nuestra Salvación y gozo. Y gracias a este sacrificio grandísimo que hizo este santo Obispo, muchos ahora están volviendo a Misa Tridentina y no por moda ( como dice P.Francisco),ni por simple costumbre familiar,ni por "excentricidad" (como dice la ANÓNIMA) sino por convicción y fe. Por supuesto que no sólo el esfuerzo lo hizo Lefebvre sino también ,concretamente aquí, los mendocinos,eso debe agradecerse desde ya. Y el que no lo hace se equivoca mal.

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    4. Buenos y malos, tontos y vivos, necios e inteligentes, están repartidos en forma proporcional por todos los grupos del mundo. Una doctrina católica incontaminada de ningún lastre modernista, solo - por ahora- en la FSSPX

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    5. Solo "por ahora".
      Por ahora-¿Gracia?-no ha llegado el fatidico "sello" tan deseado en ciertas "alturas".

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  5. A corregir. Intentar bañar a los mendocinos tradicionalistas de un espíritu montañés es un poco arriesgado y confuso. Tan confuso como pretender llamar a Dn. Facundo Quiroga “el tigre de las montañas”. Los mendocinos, salvo algunas excepciones, no somos montañeses ni tenemos espíritu montañés, somos del llano, del llano y del oasis. Hago esta aclaración ya que en varias oportunidades leí sobre el “ser montañés” del mendocino y, específicamente, del bloguero, cosa que no es cierta. Podría “cambiar” el ser montañés, por el de “hombre del desierto” (me la veo venir), lo que también, salvo algún lavallino de campo adentro, es erróneo. El ser mendocino surge de algunas pocas familias tradicionales y muchas familias gringas. Vinieron solos y a trabajar la tierra como negros, quizás sea esa la razón de su cortesía y no la de su cordialidad, aunque después de mucho andar por mi provincia refuto a Dn. Guido, los mendocinos son corteses y cordiales.
    Lo demás, muy divertido y novelesco.

    Menduco pura cepa

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  6. Conozco a muchos mendocinos y no encontré entre ellos a un solo montañés.
    Es como pretender caminar por Capital Federal y encontrar tangueros o por la Provincia de Buenos Aires a cantores sureros.
    Los que hay, además de ser muy pocos, no lo son del todo. Apenas posan de ello.
    Pero el relato es estupendo, que es lo que importa.

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    Respuestas
    1. A estos últimos dos les tendría que contestar con todo un artículo, pero están equivocados. Sí somos montañeses, los porteños sí son tangueros, los provincia de Buenos Aires sí son milongueros y los corbobeses... lo dejo para que ellos mismos se definan. Quizá un día jorobando me tome el trabajo de fundar esta definición. Lo de Tigre de los Llanos, es propiamente montañes, a nadie se le ocurre hablar de los llanos si no hay al costado una montaña. Pero esto es sociología.

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    2. ¡juas! Los mareo...Pasa por subir palo enjabonao.

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