...

...

lunes, 14 de agosto de 2017

EXTRAÍDO DE ADELANTE LA FE



Como se ha preparado la revolución modernista en la Iglesia

La revolución, especialmente religiosa, no es nunca espontánea ni naciente de las bases, sino que es el fruto de una profunda preparación ideológica, que poco a poco llega a la impiedad total. Tal es el modernismo, el cual puede ser definido como el punto omega de todas las herejías. Hacia el Siglo XIX la Iglesia era atacada abiertamente por un conjunto de sectas declaradamente impías y posicionadas  fuera de la Iglesia: la masonería, el iluminismo, el liberalismo, que juntas constituyen una suerte de “contra-iglesia”.

A partir del siglo XIX, sin embargo, la “contra-iglesia” o “sinagoga de satanás” (Apoc 2,9) no estaba alineada únicamente en las sectas explícitamente heterodoxas; ésta se había infiltrado también en el interior de las filas católicas y del clero como algunos de sus “elementos encubiertos”; los llamados “católicos liberales”, definidos por Pio IX “más peligrosos que la Comuna de París” precisamente por su manera de ser ambiguos y no abiertamente herejes, que engaña más fácilmente los espíritus de los simples fieles.
La “quinta columna enemiga” en el interior de la Iglesia
Esta “quinta columna enemiga”[1] compuesta de “miembros encubiertos” en el interior de la Iglesia, que inicialmente (siglo XIX) era el cato/liberalismo que llegó a ser luego modernismo explícito (siglo XX), tenía una doble misión: 1°) aquella de difundir, bajo apariencia de catolicismo genuino, sistemas teológicos y morales erróneos; 2°) aquella de introducirse en los puestos clave de la Iglesia: cátedras universitarias, direcciones de seminarios, parroquias importantes, y, sobretodo, sedes episcopales. De este modo la herejía modernista (a la cual el cato/liberalismo había preparado el camino) buscaba infiltrarse lo más profundamente posible en las vísceras mismas de la Iglesia para desorientar a los fieles, enseñándoles casi con la autoridad de la misma Iglesia, los errores de esta condenada herejía. Este ha sido el golpe maestro de satanás en el Vaticano II.
Antes del catolicismo liberal (siglo XIX) y del modernismo (siglo XX) el jansenismo, en el siglo XVII, buscó mantenerse en el seno del catolicismo para corromper las fuentes vitales. Los jansenistas, como los cato/liberales y los modernistas, han tratado de permanecer aparentemente en el seno de la Iglesia. La crítica sofista, a la cual sometían las decisiones pontificias,  han dado origen  al «opinionismo» (teoría según la cual nada es cierto, pero opinable), al liberalismo católico, a la libertad de cualquiera de pensar como le parezca, porque también en teología, se trata solamente de opiniones que pueden ser verdaderas, como pueden ser falsas. La exaltación de la Patrística (campo no sistematizado) y de la Iglesia primitiva, sacudiendo la confianza en la Escolástica especialmente tomista (que es la forma de teología más clara, más precisa, más definida), ha dado origen a las incertezas de la inteligencia y ha confirmado profundamente a los espíritus en la convicción de que en la doctrina católica no hay certezas, pero se trata siempre de opiniones igualmente respetables. Se comprende fácilmente que esta “secta secreta” o “foedus clandestinum” como la llama S. Pio X (Sacrosum Antístitum, 1° de septiembre de 1910), la cuál es el “compendio de todas las herejías”, habría realizado su encargo, si hubiese llegado a permanecer completamente oculta al interno de los ambientes católicos. Esta “quinta columna enemiga”, en cambio, ha sido descubierta y condenada vigorosamente por San Pío X (Pascendi, 1907) y por sus sucesores hasta Pío XII (Humani generis, 1950), pero ha continuado trabajando secretamente gracias al apoyo total de los “modernizantes” y con Juan XXIII ha llegado a ocupar el vértice de la Iglesia. Su objetivo esencial ha permanecido así, al menos inicialmente y, en parte, frustrado hasta Pío XII. Roma, puesta en alerta ya, bajo el Pontificado de León XII, había condenado al sistema de forma vigorosa[2] y repetida, sobretodo, con San Pío X, y había tomado medidas disciplinarias contra los modernistas, porque no se puede derrotar el error sin atacar al errante. Los fieles estaban entonces prevenidos. Los modernistas, que se decíancatólicos, ahora no podían más actuar en la sombra como una “quinta columna enemiga” en el interior de la Iglesia, porque habían sido descubiertos.
La “quinta columna” modernista escondida en los “modernizantes”
Faltaba, sin embargo, a los modernista, constituir (mediante los “modernizantes”, que mantenían la apariencia de católicos a diferencia de la “quinta columna” ya descubierta) una especie de “contra-iglesia dentro de la Iglesia”, un “tercer partido” o una “tercera fuerza”[3], como lo llama monseñor Antonio de Castro Mayer, recogiendo los espíritus más orgullosos para combatir a los católicos auténticos, en una incesante guerrilla de falacias y sofismas para permanecer en la Iglesia y arruinarla desde dentro
Lamentablemente el modernismo, identificado, condenado, perseguido, pero siempre radicado secretamente como una suerte de “masonería cristiana” en los ambientes católicos; ha producido a la vez, casi un “tercer partido” (los modernizantes), que han desarrollado la tarea de suministrar a la “quinta columna descubierta” (o sea a los modernistas) las condiciones de subsistencia en el seno de la Iglesia. En primer lugar, los eclesiásticos modernizantes no se declaraban modernistas. Al contrario, en línea general su modo de actuar en público daba la impresión de que estuviesen de acuerdo con Roma. Sin embargo, en realidad y secretamente,  no combatían al modernismo, no lo apoyaban explícitamente, pero lo favorecían tácita y prácticamente. Era el primado marxista de la praxis sobre la doctrina, trasladada al campo de la teología. Como se ve, la “teología de la liberación” no ha inventado nada.
El triunfo de la táctica de la “tercera fuerza” modernizante
A partir del momento en el cual esta insidia satánica “tercer/forcista” ha triunfado en las filas católicas, se han manifestado tres actitudes: 1°) aquella de los modernistas en lucha abierta contra los seguidores de Roma; 2°) aquella del “tercer partido” (los “modernizantes”) también opuestos, aunque melifluamente, a los seguidores de Roma, acusándolos de ser exagerados, intransigentes, integralistas, intolerantes, fomentadores de luchas, enemigos de la caridad; al final 3°) aquella de los católicos íntegrosverdaderamente sujetos a Roma, que, aunque apoyados por San Pío X, fueron considerados, de parte de muchos sacerdotes y también de algunos Obispos, como aislados e incomprendidos porque contra ellos se dirigían no sólo los modernistas, sino también muchas personas de la jerarquía enrolada en el “tercer partido”.
Ni modernistas ni íntegramente católicos: la “tercera posición” neutral de principio
Los hombres de la “tercera posición” (ni modernistas, ni católicos íntegros, pero  “modernizantes”), bajo apariencia de neutralidad de principio, eran prácticamente y ocultamente agentes devotos de la causa modernista y prestaban a la secta los más preciados servicios.
San Pío X condenó repetidamente al modernismo con varias Encíclicas, pero las condenas papales no obtuvieron la obediencia pacífica de toda la jerarquía de la Iglesia. De frente ellas los fieles y especialmente el clero, se dividieron en tres grupos: 1°) una parte acoge plenamente la palabra de Roma, y aplicó con ardor todas las disposiciones de las Encíclicas de San Pío X; se les llamaron “integristas, o sea, íntegramente católicos” (por ejemplo, Umberto Benigni y el “Sodalitium Pianum”); 2°) otra parte, declaradamente modernista, refutó el someterse a las decisiones de la Santa Sede y fue excomulgada (por ejemplo, Tyrrell, Buonaiuti, Loisy); 3°) una última parte escoge una posición intermedia, suscribe las condenas papales, pero no hicieron nada para aplicarlas: esta es la “tercera fuerza”, la más insidiosa de todas (por ejemplo, Bonomelli, Ferrari, Roncalli y Montini).
La paz y la unidad a toda costa
La razón invocada por este último grupo de Prelados cripto-modernistas o modernizantes, hijos de los cato/liberales, es el mantenimiento de la paz entre los fieles y de la caridad con todos, excepto con los católicos íntegros. Una paz y una caridad sin la verdad y la justicia, pero, no son virtudes, sino parodias de serlo. Así, estas personas no tomaron partido, no se alinearon y no se preocuparon de saber si en sus diócesis había modernistas y como “los neutrales de principio hacen estallar las guerras” han favorecido el nacimiento y el triunfo pro tempore del modernismo.
La “paz” y las “medias verdades” como valor supremo
La “tercera fuerza” en sentido propio está constituida por aquellos que son movidos por una falsa doctrina, o sea, del principio de que la paz es un valor supremo y es, entonces, deseable conservarla a toda costa, aun cuando se debiliten las fuerzas de los defensores de la verdad y se abre el campo a los propagadores del error.
El cato/liberalismo y el modernismo en cambio, confunden intencionalmente formulando científicamente “medias verdades”, que son más peligrosas que el error manifiesto, porque están escondidas y secretas. Tales “medias verdades” vienen aplicadas no solo a la filosofía, sino al dogma y a la moral, también a la doctrina social y política de la Iglesia y, sobretodo, a la colaboración jerarquizada entre Estado e Iglesia. Para el cato/liberalismo y para el modernismo a-dogmático el principio o el valor máximo es que no es necesario exagerar en la afirmación de la verdad, pero es preciso difuminarla y hacerla aceptable al hombre moderno.
Las personas que de frente al error, en vez de condenarlo, desenmascararlo o desaprobarlo abiertamente; buscan un acomodamiento, un compromiso teorético entre verdad y falsedad; niegan implícitamente el principio, por sí famoso, de identidad y no contradicció; bajo apariencia de apostolado, de discreción, de pastoralidad, de prudencia; y son más peligrosos que quien profesa abiertamente el error. Por eso, las “medias verdades”, la vaguedad, la imprecisión, la indecisión, el descuido o la indefinición doctrinal son la “quinta columna” o el enemigo que se presenta como amigo, el caballo de Troya, el lobo vestido de oveja que penetra   gracias a su camuflaje  en el corazón de la Iglesia y la quiere cambiar desde dentro, como dice el “Programa de los Modernistas” (1906) atribuido a Antonio Fogazzaro y Ernesto Buonaiuti.
El inicuo “falso medio de mediocridad” entre error y verdad
Los modernizantes, manteniendo entre ellos relaciones muy cordiales, forman un auténtico “partido intermedio” entre los “modernistas” y sus adversarios (los “católicos íntegros”). Éstos pueden ser cualificados como aquellos que no buscan el “justo medio de altura” entre los dos opuestos errores por defecto o por exceso  (“non sunt in medio et in culmine altitudinis”), pero persiguen una falsa mitad de mediocridad entre estos  (“sunt in herronea medietate mediocritatis”) (R. Garrigou-Lagrange).
Sin recurrir a un futuro Concilio contra el Papa ( para no caer en la herejía conciliarista) y afirmando siempre, “con la boca y no con el corazón”, la sumisión de ellos a las condenas de Pío X, tales Prelados refutan, es decir, no obstante, alinearse entre los católicos integralmente dóciles a las condenas de Roma. Como los Jansenistas ayer, y Francisco hoy, aunque aspiran al final de las discusiones teológicas por “amor a la paz y odio a la disputa teológica”. Estas personas no quieren considerar a los modernistas como sospechosos de herejía, lo que realmente son; quieren simplemente poner una lápida sobre el problema, que en cambio continua subsistiendo y trabajando subterráneamente. Los defensores de este “tercer partido” aspiran restaurar la unidad de la Iglesia, no a través de la retractación de los modernistas, sino a través de la instauración de una tolerancia de principio de la cual aquellos serían los beneficiarios. Es la misma situación que se representa hoy con la “mano tendida” de Bergoglio a los anti-modernistas.
Equilibrismo desequilibrado
Aquellos se comportan en forma tal de hacer una declaración de deferencia en las confrontaciones de la Santa Sede y de hablar en términos conmovedores del respeto y de la sumisión que debemos a Pedro, declarando que pretenden conservar una posición equilibrada entre los dos grupos adversarios: 1°) los Prelados que se han considerado responsables de llamar contra el Papa reinante a un futuro Papa tolerante (v. La novela El Santo de Antonio Fogazzaro[4]); 2°) los otros Prelados que han condenado el modernismo y lo han declarado herético y cismático; 3°) el “tercer partido” que por amor a la paz se mantienen fuera de las disputas y actúa coherentemente con este propósito considerando solamente la “paz” y la falsa “caridad” o mejor el “asfalto” y la pereza, dejando a los demás el cuidado de esclarecer y defender la verdad oscurecida o pegada a las discusiones que dañan la caridad. Es la apoteosis de la caridad sin la verdad y la justicia, que hoy ha tocado el ápice con papa Bergoglio.
El americanismo es el modernismo ascético[5], que reduce la religión a sentimentalismo subjetivo y quiere sustituir la polémica (polemikòs= la disputa doctrinal) con el irenismo(eirenikòs = el pacifismo, la tolerancia y la conciliación a ultranza)[6].
Utilidad del “tercer partido” para la herejía modernista
No sorprende que los Obispos hostiles al papa Sarto conservaran relaciones de gran cordialidad con los hombres del “partido intermedio”. Cuando fue útil a la causa modernista, este partido intermedio, es evidente para quien considera la excepcional posibilidad, a disposición de los Prelados a ella él afiliados, de difundir una mentalidad  de inacción de frente al error y a la herejía.
Es necesario subrayar que los sacerdotes y los Prelados del “tercer partido” no favorecían al modernismo solamente con su actitud pacifista, no haciendo nada para reprimir la secta o seguir las severas medidas prácticas impuestas por la Santa sede; éstos eran preciados soldados del “recolector de todas las herejías” por su manera de actuar. De hecho, favorecían todas aquellas cosas que manifestaban simpatía por la secta modernista y difundían su espíritu.
También la sinceridad en la aceptación de las Encíclicas papales, de parte de los Prelados de la “tercera fuerza”, puede ser puesta en dudas. Exteriormente la acogieron todos, pero con un “silencio obsequioso” y sin calar en la práctica. Se trataba de una “obediencia” pro forma y de pura fachada.
La “conciliación a todo costo” aún en detrimento de la verdad
Estas observaciones demuestran cuan nefastas son las consecuencias de una política de “media verdad”, de “paz de ciénaga”, de “conciliación de principio” también con el error. La paz es real solamente cuando es alimentada con la savia de la verdad. En caso contrario, es una superficie de tenue barniz bajo la cual, la división de las inteligencias alimenta y reaviva convulsiones a veces volcánicas. Para mantener la paz, una parte del clero “modernizante” evitó, lo más posible, el triunfo de la verdad sobre el error con una política de seudo-equilibrio (hoy se diría “equi-distancia”) entre la una y el otro.
Esta táctica ha traído la terrible tragedia del Vaticano II y del post-concilio y hoy corre el riesgo de hacerlo “tragar”, aunque de mala gana (como se traga un sapo), a los mismos tradicionalistas con “un silencio obsequioso”, dejando a los demás el cuidado de esclarecer y de defender la verdad, que según ellos vendría oscurecida por las discusiones, las cuáles dañan la caridad, sacrificando todo por la “paz”, que ha llegado a ser el sumo valor del “tradicionalista” de hoy.
Albertus
[Traducido por Emilio]
[1] La “quinta columna” es un cuerpo de élite compuesto de elementos infiltrados en el campamento adversario . Éstos operan clandestinamente contra el adversario en cuyo campamento han penetrado, por lo que parecen ser amigos mientras, en realidad, trabajan a favor de quien está afuera, con lo cual parecen que no tienen nada que ver (N. Zingarelli). Por ejemplo, los “modernizantes” se han infiltrado en la Iglesia, pero combaten contra ella, contra sus fieles íntegros y a favor de los enemigos de la Iglesia (los modernistas), pero pareciendo formar parte de la Iglesia y no tener, públicamente, relación con el modernismo.
[2] Leon XIII, Carta Testem benevolentiae del 1895.
[3] Cfr. Mons. Antonio de Castro Mayer, Como se prepara una revolucão. O jansenismo e a terciera forçain “Catolicismo”, San Paolo del Brasile, nn. 20/21, agosto/settembre 1952; tr. it. Come si prepara una rivoluzione. Il Giansenismo e la Terza forza, in “Cristianità”, Piacenza, nn. 1/2, settembre/ottobre; novembre/dicembre 1973; sì sì no no, 15 giugno 2017; 30 giugno 2017.
[4] En El Santo (1905) Fogazzaro ha escrito: “Queremos todos ordinar nuestra acción. Masonería católica? Si, Masonería de las catacumbas. […]. Es necesario trabajar para reformar el catolicismo romano en sentido progresista y teosófico, mediante un Papa que se deje convencer de estas ideas”  (A. Fogazzaro, Il Santo, Milano, Baldini & Castoldi, 1905, p. 44 e 22). La novela fue incluida en el índice de los libros prohibidos a penas un año después de su publicación en el 1906. Fogazzaro se sometió de inmediato y aparentemente, pero en su novela sucesiva (Leila),   publicada en 1911 y a la cual había comenzado a trabajar inmediatamente después de 1906, “retomó posiciones modernistas análogas, y también ésta fue metida en el índice” (“Enciclopedia Cattolica”, voce Fogazzaro Antonio, Città del Vaticano, 1950, vol. V, col. 1459).
[5] Cfr. Leon XIII, Carta Testem benevolentiae del 1895.
[6] Cfr. H. Delassus, L’Américanisme et la Conjuration antichrétienne, Lilla-Parigi, Desclée De Brouwer, 1899, p. 130; L’Americanismo e la congiura anticristiana, tr. it., Effedieffe.

16 comentarios:

  1. ¿Existe alguna obra que haya estudiado puntualmente el recorrido de La revolución desde su época más remota?, y otra pregunta, ¿la “contra-iglesia” constituye una jerarquía real integrada por seres humanos conscientes de su función?, gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No es por nada, pero creo que no existe otra tan directamente avocada a ello que la obra de Calderón Bouchet, desde el primer al último libro (habiendo muchas otras) Es esencial leer a Menvielle en "Desde la cábala al progresismo", donde verá respondidas sus preguntas en un solo tomo. A la segunda pregunta:sí, lo dice expresamente Santo Tomás. Hay una figura en el apocalípsis que divide la humanidad en tres tercios (no son numéricos sino simbólicos y cualitativos) . Los fieles (los santos), los enemigos (hombres de perdición) y los hombres pecadores comunes (nosotros). Es por estos últimos que ambos bandos combaten, unos para salvarlos y otros para perderlos, y esta es la historia de la humanidad, ese es todo el juego de la historia. La acción de los hombres de perdición es la rebelión (desde Lucifer), es decir: la revolución. En el primer capítulo de La Revolución Francesa de Calderón Bouchet, recién editado por la FSSPX, encontrará su descripción a nivel histórico. Hay muy buenas obras de Alberto Falcionelli al respecto, pero muy difíciles de encontrar. Meinvielle en el plano teológico y Calderón en el histórico, lo ubicarán suficientemente, si dedica sus próximos cuatro o cinco años a ello, tendrá una visión imbatible. Comience por Meinvielle, por la visión teológica, y luego desde los griegos hasta el Vaticano II con Calderón. Eche una mirada al apocalípsis de Castellani y si sabe francés al de Monleón. Meche todas las semanas un capítulo del Evangelio, en especial una por una las Epístolas Paulinas y tenga a mano un catecismo mayor; y no necesita leer más nada en su vida. Ahhh, sí, lea la Teología de la Historia de Calmel (después de lo otro), y cuando quiera divertirse lea a Gambra. Si además quiere irse al cielo, reze. Sobre esta estructura ósea arremeta con lo que sea que quiera leer. Ya si le sobra tiempo y mate: la Summa (tres cuestiones semanales) y listo. El resto es maravilloso pero no imprescindible. Si es argentino no deje de leer el Martín Fierro y el Don Segundo Sombra.

      Eliminar
    2. Muchas gracias, sí, los libros de Calderón Bouchet me parecen excelentes pero muchos de ellos son difíciles de conseguir, justamente busqué durante largo tiempo el que escribió sobre la revolución francesa, no sabía que había sido editado nuevamente.

      Tengo "Desde la cábala al progresismo" pero todavía no lo he leído, voy a darle prioridad y a buscar las demás obras!.

      Eliminar
    3. Esa contra iglesia es fácil de detectar pues no pueden ocultar el odio a Trento, la escolástica y la verdadera misa, esos tres aspectos no fallan. Pueden tener escritos, en apariencias, super orotodoxos pero en algún punto les asoman los cuernitos.

      Eliminar
    4. Estos audios ayudan bastante a entender el fondo de lo que pasaba, sobre todo a los que crecimos en la secta conciliar bajo el yugo tiránico y erróneo del vaticano dos, con toda la ignorancia que ello conllevó, nos dejaron viviendo como animalitos y eso también lo noto en la actualidad en los niños de escuelas católicas, pero acentuado, no tienen ni el más mínimo sentido de lo sagrado y los padres y maestros no les muestran la diferencia entre un shoping y una iglesia, por dar un ejemplo.
      https://youtu.be/7tP6UFR4pcc
      En defensa de la tradición -Parte 5
      ConviccionRadio

      Eliminar
    5. ¿reze? ¿la comuna de Nantés Fr?

      Eliminar
    6. http://www.catolicosalerta.com.ar/masoneria/contra-iglesia.pdf
      http://www.traditionalcatholic.co/libros-catolicos-gratis/
      https://es.scribd.com/doc/97834964/conjuracion#fullscreen&from_embed

      Eliminar
  2. El artículo esta bastante bien enfocado pero choca eso de llamar católicos a los liberales.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Le buscó la vuelta, le dijo "cato-liberales"

      Eliminar
    2. Igual no cuadra, es una contradicción. Liberalismo es herejía, no sé hasta que punto está en comunión alguien con mentalidad liberal.

      Eliminar
  3. Decir que la iglesia estuvo infiltrada desde el siglo XIX es una forma neocónica de exonerar a los posconciliares, o de auto-exonerarse entre ellos, cualquier cosa con tal de no criticar el conciliábulo masón vedos...jaja flor de turrones estos tipejos neoconservas.

    ResponderEliminar
  4. Me tiene sumamente entusiasmado el libro que ha quedado inédito de don Rubén Calderón.
    Es un libro fabuloso, largo, donde dice lo mismo que ha dicho en sus anteriores, pero en uno solo, desde Grecia a hoy.
    Por supuesto que no reemplaza a todos los anteriores, pues no indaga al detalle a que nos acostumbró en cada época y jalón del proceso revolucionario, pero no deja de estar todo lo necesario para entender de allá a acá.
    Es un libro de ética que no entra en metafísica más allá de lo imprescindible y porque el autor supo, como hombre clásico que fue, que ésta fundamenta aquella.
    Ya veremos cuándo se editará. Lo extenso dificulta la empresa atento a los altos costos y pocos lectores de cosas buenas; muchos menos que los pocos que prima facie se piensa, muchísimos menos.
    Cuando años atrás salió un libro de similar extensión de don Rubén, su hijo sacerdote me preguntó cómo iba. Le dije que mucho no se vendía y me dijo que menos mal, si no fuese así algo andaría mal.
    Y como parece ser que decidió mantenerse ortodoxo y divertido hasta su última obra, esta última seguramente correrá con la suerte de las anteriores.
    Es así que no hay que no hay que pensarlo demasiado; que cada uno haga su parte y listo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que interesante que tengas los manuscritos sin editar de Dn. Rubén, me imagino que todos sus hijos habrán estado deacuerdo que los tengas, los leas y nos los comentes. Espero que no se te ocurra "escribir" sobre algunos aspectos de la Historia de la ideas políticas. No se como mierda los conseguistes pero ya estoy preocupado.

      S.U.Q

      Eliminar
    2. Lo publiqué para que veas que también tienes enemigos, juajua! cuando lo publiquemos pongámosle "corregido y aumentado" por un cocodrilo joven. Y ya que está, metele un capítulo sobre Wanderer, donde diga que eran unos güevas.

      Eliminar
  5. Tuve algunos que se fueron editando en los últimos años. Hoy, aún inédito, sólo uno.

    Y vos, mal tipo, no disfrutes tanto, que para algunos lo más lindo es que no nos quieran.
    Hay tipos que nacimos para tener hijos y unos pocos amigos que nos duran mientras no nos admiren, ni lisonjeen, ni feliciten, ni otras babas.

    ResponderEliminar
  6. El cristianismo fue traicionado apenas sacaron la cabeza de las catacumbas... Estan perdiendo el tiempo llenandose la cabeza de palabras. Vayan a bailar tangos a una buena milonga porteña que es mejor...

    ResponderEliminar

Comentarios con buena intención no serán publicados.