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lunes, 25 de septiembre de 2017

NATURA BONI- BLOG

Por Dardo Juan Calderón.
Resultado de imagen para imagenes de huasos chilenos animadosEN CHILE TAMBIÉN SE HABLAN “GÜEVADAS”
   Un mal intencionado me pasa el dato de que estoy siendo bombardeado por un blog chileno de tradicionalismo mistongo y acuerdista, que dice pertenecer a un tal F. Monasterio ( o Fray Agrícola) que parece que es otro anónimo camuflado de los que tiran la piedra y esconden la mano. Ni lerdo ni perezoso me dirijo a él en busca de la fraternal corrección y me encuentro con que pura y simplemente se arma un listado de malas gentes con la que asociarme, entre ellas la consabida culpa que por argentino se tiene de admirar a ese argentino esencial que es el Padre Castellani y que nos merece la repulsa extranjera (es cierto que uno lo ama con defectos y todo, y quizá, hasta por sus queridos defectos argentinos).

Pero cobra su mesnada también el Padre Devillers con el uso del remanido argumento que cargó en aquel famoso prólogo, y que provino del chauvinismo hispanista de que nada bueno puede salir de arriba de los Pirineos, franchutes que dieron a Juana la Santa cuando ellos dieron a Juana La Loca (¿de dónde le vendrá la tirria a lo francés y al pobre Padre?, quizá ustedes se acuerden de cierto galleguete); pero el asunto denota simplemente una diatriba para quedar bien con algún amigote (¿o amigotes?)  que ha sufrido algunos revolcones en estas páginas, y está tratando de excusar una confusión bien mal intencionada de aquel su contertulio en ritos extraordinarios, que metiera los nombres de San Pio X y Pio XII en la movida reformista modernista, que quienes lo leímos antes, sabemos que la melange era su cometido vil, porque vil es su natura y no boni.
   Sin tiempo para revisar la “producción” del plumífero trasandino,  encaro el último artículo publicado y me encuentro con la grata sorpresa de que no necesito mucho más, que quien me acusa de modernismo y  protestantismo, es un tarambana sin remedio que probablemente está cumpliendo la manda de algún resentido – o es alcahuete por vocación-  y que livianamente expresa una teoría modernista y protestante tan remanida y contestada, que lo deja a uno perplejo.
   El error que nos prodiga tan campante y orondo desde su ortodoxia es nada menos que el inmanentismo más craso de los teólogos protestantes del siglo XIX. El artículo logra uno de esos títulos que harían las delicias de Don Pero Grullo, y se llama   ¿Religión y política, por qué se relacionan? (Y que terminará contestando oscuramente en que se relacionan porque ambas nacen del hombre, de su boni natura).  
   Pasadas unas frases más o menos petulantes y autorreferenciales en que celebra una superación de la adolescencia que sin embargo da pruebas de que no ha ocurrido, este doctrinario se plantea las siguientes preguntas: ¿De dónde nace la idea de mezclar religión con política? ¿Quién inventó la religión?, ¿de dónde nacen las distintas religiones?, ¿por qué la religión ingresa al ámbito de lo público?
   Y cuando uno espera que la pregunta haya sido un recurso retórico que denota un absurdo homocentrista, y que se diga que la religión no es un invento de nadie, sino que es un regalo de Dios; resulta que era cierto que se preguntaba tal borriconada y para colmo la contesta… y de la siguiente manera:
    El fenómeno religioso surge desde el interior del hombre, de su propia naturaleza, la cual intuye que el mundo que nos rodea nos supera con creces. Ese mundo externo nos hace darnos cuenta que algo magnánimo opera al margen de lo que vemos y lo que sentimos. El misterio de lo real aparece frente a nuestros ojos de una manera connatural hacia nuestras inteligencias. Eso que vemos, que sentimos, que olemos, que gustamos, se nos presenta de un modo potente, con cierta fuerza, con arrogancia, con violencia, que nos hace pensar que somos inferiores a todas esas fuerzas externas. Pues bien, esa conciencia de sentir que somos muy poco frente al mundo que nos rodea nos lanza al salto metafísico de la existencia de lo superior, de lo divino, en definitiva de Dios.
     
                        El surgimiento de Dios no nace por la sensación de debilidad e incertidumbre que experimenta el ser humano a lo largo de su vida. Por el contrario, nace de nuestra conciencia que el mundo externo es superior a nosotros. Que los acontecimientos del mundo obedecen a una relación directa que nos afecta como hombres. El fenómeno religioso aparece, en definitiva desde el hombre interior hacia el medio exterior. Ese surgimiento aparece en la sociedad a raíz de nuestra propia naturaleza gregaria, somos por naturaleza seres sociales, animales políticos como diría Aristóteles.
    Ya es hora de que mis lectores juzguen por sí mismos ¿hace falta argumentar en contra de esto que se dice?  ¿Les parece que el “fenómeno religioso” aparece desde “el hombre interior” y “hacia el mundo exterior”. Es decir, que lo religioso es un “fenómeno” en la inmanencia? Ya sea por una “sensación” de debilidad, o por una “sensación” de un mundo enooorme que nos supera. Es decir, ¿que nace de una “sensación interna”? ¿Y que es una tendencia natural de igual tenor que lo político? ¿Qué lo religioso surge “en” la sociedad (es decir, posterior) y porque somos por naturaleza seres sociales?
     ¿No tendrá algo que ver Dios en esto de la religión? Parece que no.
   Quedan algunas dudas, no aclara si esta religiosidad a la que alude es un esfuerzo racional, un resultado psicológico (Freud) o un condicionamiento biológico (Bergson), habla de “intuitivo”. El asunto es que pareciera que lo religioso surge del hombre que “intuye” o “concluye”, y que de allí surge que hay un Dios y a partir de ello establece normas de relación con ese Dios, es decir, que “crea” una religión, más o menos acertada.
  No quiero abundar que de esa “sensación” lo único que nace es la angustia, la desesperación y el vacío, pues más allá de que nuestra inteligencia o “instinto” (no queda claro que es) nos diga que hay Dios o que lo debe haber, no sabemos ni cómo es ni cómo relacionarnos, es decir, no podemos de allí tener religión, pues esa relación, si existiera, no puede ser puesta por nuestra parte – el inferior- sino por el Superior del que no sabemos un corno si no se nos revela. Tampoco quiero escribir diez páginas para demostrar que lo griegos – los buenos- jamás entendieron tamaña torpeza y que fueron más teólogos que filósofos naturales. Ni quiero abrir mil libros de etnología para asegurar que los pueblos primitivos no descubrieron su religión en una tarea introspectiva, intuitiva o psicologista, sino que la recibieron de sus padres.
   La religión, la griega, y la de todos lados, no nace de  Eso que vemos, que sentimos, que olemos, que gustamos, se nos presenta de un modo potente, con cierta fuerza, con arrogancia, con violencia, que nos hace pensar que somos inferiores a todas esas fuerzas externas. Pues bien, esa conciencia de sentir que somos muy poco frente al mundo que nos rodea nos lanza al salto metafísico de la existencia de lo superior, de lo divino, en definitiva de Dios.
   Pareciera que el “mundo” nos revela a Dios y por el encuentro con el mundo construimos una religión que nace en nuestra conciencia.
   No es un proceso de la “conciencia” que hace un “salto metafísico” (calculo que quiere decir sobrenatural). Recuerdo eso que mi padre decía sobre Tillich, “el salto desde lo inmanente a lo trascendente es una contradicción que sólo puede expresarse en las cabezas protestantes y modernas”.
   Podemos con la inteligencia llegar a la idea de que existe un Dios, pero no podemos saber cuál es la relación que guardamos con Él, ni mucho menos cuál es ese nexo virtuoso que nos relaciona con Él y al que llamamos religión, nexo imposible de lograr por nosotros si Él no se nos revela y nos lo comunica. La religión viene de Dios y tiene la forma que Él impone.
   La religión no es algo que nace en nuestra conciencia ni que históricamente haya nacido de esta forma, nació de un HECHO externo a nosotros, de un HECHO primordial de la Divinidad que se reveló a los hombres y que impuso por propia autoridad una Ley. Dios se reveló a Adán, y estableció una forma de esa relación, entre ella el mandato de no comer del árbol, asunto que no surgía de ninguna consideración ni intuición; relación que justamente constituye la Religión, un “contrato de adhesión” dictado por la propia divinidad al hombre, que se le impone desde arriba y que no surge desde abajo;  y el recuerdo de ese “impacto” enorme, que se transmitió entre los hombres, es decir que se hizo “tradición”, es justamente el origen de que existe en nosotros la religiosidad y una religión, pues sin esa revelación “primera” jamás se nos habría ocurrido que había una religión; con mucho, una filosofía. Los griegos lo tenían claro y tanto Sócrates, como Platón y Aristóteles, inician su esfuerzo desde esa tradición religiosa y en busca de esa tradición religiosa, depurándola de las escorias literarias, sofísticas y míticas. En el hombre existe este llamado a lo religioso como impacto del recuerdo de aquel contacto primordial que se transmite en generaciones, y encuentra la religión en la Ley Revelada.
   Ni qué hablar de la Religión Cristiana, que nace de la Encarnación y Revelación de Dios  a través de su Verbo, y que continúa y rescata la religión adánica perfeccionando la Ley en la Caridad. Nace desde Su Testimonio entre los hombres, y nada de que surja de la “conciencia”. La respuesta a las preguntas de ¿dónde nace la religión; quién la inventó? Pues es de Dios, la inventó Dios, y no nosotros, ni nuestras sensaciones ni un corno.
     Dice Rubén Calderón Bouchet:   “San Agustín afirma con esta aseveración la unidad de un proceso de iluminación religiosa que comienza con los primeros padres de la raza y culmina con el advenimiento de Cristo. Todo cuanto hay de auténtica religiosidad en los cultos antiguos pertenece a este acervo tradicional, y, en alguna medida, prepara el advenimiento del Mesías en la madurez de los tiempos. El contexto de su famoso libro, La Ciudad de Dios, afirma la existencia, junto a la revelación verdadera, de una tradición proterva mantenida también a lo largo de la historia humana, como para marcar la ambigüedad y la contradicción en que se desarrolla el mundo religioso.” Las falsas religiones no nacen de un hombre estúpido y primitivo que cree que los animales son esa enormidad de la que les habla su conciencia, sino que en ellos adoran a Satán, y lo tienen clarito.
    Lo político nace, y en eso creo que estamos de acuerdo, de un esfuerzo humano que se tira de los datos de la propia naturaleza, pero lo religioso no, esto hace a la relación con la naturaleza divina, es decir que debería haber en nosotros algo de divino para encontrar esa  Ley; y lamento informarles que eso divino no existe en nosotros sino en forma posterior y como producto de las virtudes sobrenaturales que infunde Dios mediante su gracia, y que se ejerce sujetándose a una Ley que nos sobrepasa, que no podemos descubrir si no se nos revela.
  Veamos este otro párrafo de Calderón Bouchet:
       Con respecto al origen de la religión existen dos criterios que se excluyen recíprocamente: el revelacionismo que atribuye a Dios mismo la creación del contrato religioso y el naturalismo racionalista que lo atribuye al propio hombre. Basta examinar el tenor de ambas posturas para concluir que el hombre de fe religiosa adhiere necesariamente al revelacionismo, porque si efectivamente la religión, como la ciencia, el arte, la economía y la política es de factura humana, sus mandamientos y sus preceptos carecen de fuerza obligatoria y podemos violarlos impunemente sin que la transgresión suponga alguna sanción de carácter espiritual.”.
     El autor del artículo concluye pretendiendo zanjar este problema de explicar la necesidad de la revelación que le impone la fe - cuando previamente afirmó que no hacía falta - haciendo un capirote para conceder entrambos términos y quedar bien con Dios y con el Diablo: ¿Sí la religión nace del hombre, por qué entonces se nos habla de una revelación? Aquí llegamos al punto crucial de la historia humana, es lo central de toda nuestra línea temporal, la revelación. ¿Por qué Dios se revela al hombre? Dios mismo nos da la respuesta, para que adoremos al verdadero Dios y no a dioses extraños que representan animales o astros de la naturaleza… Dios se nos revela por el bien de los hombres, para que podamos alcanzar el fin hacia el cual fuimos creados. Las falsas divinidades surgieron después de la expulsión del hombre del paraíso. A medida que avanzaba el tiempo y se alejaba de ese paraíso en el cual habitaba Dios y los primeros hombres, las generaciones venideras se olvidaron de su creador y se redujeron a la categoría de bestias"
     Comienza por asegurar una vez más que la religión nace del hombre y no de la revelación, esta sería una guía posterior que le indicaría el camino correcto cuando el hombre se pierde. Es decir que el hombre en sí mismo es religioso – profesa una religión-  sin haber tenido jamás una revelación y como dato natural implícito en su creación, pero en forma  posterior al pecado original (lo dice expresamente) puede equivocar esta religiosidad y dirigirla a falsos dioses. Es decir, que la religión es un “fenómeno natural” y no sobrenatural (ya bastante me cuesta creer esto en política, pero concedo). Dios se nos revelaría en forma posterior al pecado, sin necesidad de hacerlo antes. Adán no habría necesitado de una revelación, ni de ley, ni de virtudes sobrenaturales, ni de gracia. Le bastaba con su naturaleza.   
 Lo cierto es que las pruebas indican lo contrario, primero fue la Revelación en esa larga y maravillosa conversación que Dios tuvo con Adán y que constituye la revelación primigenia y la Religión de Dios para el hombre, y las falsas religiones nacen del Demonio, de aquella tradición maligna de la que nos habla más arriba San Agustín. Para el autor, la revelación, aún la del mismo Cristo, viene a componer lo natural sin necesidad de infundir lo sobrenatural. Sobrenatural que igualmente que nosotros necesitaba también Adán a quien no le era suficiente su naturaleza para conducirse a su fin último, sino que necesitaba de Dios. Pero aún más, saliendo al paso del argumento de ¿por qué hay ateos? Concluye que el ateísmo no sólo es difícil – como decía Gilson – sino que es imposible, y es en suma un esfuerzo religioso.  
    Si siguiéramos la lógica del autor y si el hombre tiene una tendencia natural hacia el verdadero Dios, que se ve empañada por el ambiente social y la natura caída, estamos sentando las bases del ecumenismo y la posibilidad de una religión natural suficiente para la salvación. Sin Cristo.
   Vemos que se me endilga el negar el orden natural – cosa que sin duda “le han contado”- y para ello niega el sobrenatural, su prédica es sobre la Natura Boni, y la mía es sobre “la inclinada al mal”. Luego del pecado, el orden natural conmovido por él, para ser enderezado necesita siempre e ineludiblemente una ayuda sobrenatural, que al final, termina siendo TODO (y esto lo remarco para que tenga argumentos propios con los que atacar),  también – y sobre todo-  en política, en la ciencia y en el arte. No hay realidad alguna de la creación, luego del pecado, que no deba ser redimida por Cristo y en Cristo, que no necesite del agua, del fuego y de la Sangre. Ese orden natural tan completo y suficiente que proclaman, no es más que la excusa de sus cobardías para no tener que dar claro testimonio de Cristo en los confusos ámbitos en los que se manejan y de los que medran.           
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   Lo cierto es que el autor del artículo y del brulote anterior en mi contra, ha repetido el sonsonete que le han dictado al oído y acusando la paja en el ojo ajeno, anda orondo con una viga en el suyo,  cayendo en errores más que contestados y que le vienen como producto de su adhesión más o menos evidente a un naturalismo que se expresa desde el título de su blog, naturalismo que lo lleva a desconfiar del buen Padre Devillers y del mal hombre que soy yo, al punto de adjudicarle al primero  una deriva ideológica desde De Lubac, imputación que no se explica en la sola y meridiana estupidez del autor, sino en bellaca malicia prestada. Y no dejo de ser insidioso; naturalismo que trae el tufo de Don Miguel Ayuso y su crítica al Padre Devillers (claro que en este no tan descarada y que supongo vertida en el calor de la tertulia y las maledicencias susurradas, que viene este pavote y lo hace público). Y me atrevo a esto porque si bien se lee entre líneas y tomado el título del artículo - título que no se desarrolla - lo que en realidad se está diciendo es que la Religión es posterior a la vida política y nace de ella misma en la conciencia del hombre y como fruto de su propia naturaleza. Es decir que pone la carreta delante de los bueyes.
  No me molesta que digan que “soy poco” y mucho menos que digan que soy “mucho menos que mi padre”, ya que ambas cosas son tremendamente ciertas, pero me molesta que hagan parecer que leyeron a mi padre cuando caen en errores que este ha tratado suficientemente. Me molesta además que sean tan torpes de guiarse por otros en acusaciones mendaces hacia excelentes e indiscutibles teólogos para atraer gentes a su bando con el cobarde rumrum de atarlo falsamente a nombres provectos,  salvo que espere de aquellos algunos favores por la canallada y  entonces no es torpe sino conchudo (lexicografía chilena, aclaro para los que entendieron a la argentina, que también vale). Y por último y por ello, en cuanto al consejo que me da de atenerme a los escritos de mi hermano el cura, que agradezco y practico solicitando ser corregido si me escapo; me atrevo a darle uno yo en el ámbito pedestre que se me endilga  – y bien argentino (por lo claro, se entiende) -  Le propongo: ¿Por qué no se va un rato a la mierda usted, los eunucos que lo aculatan y los cagones del Summorum Pontificum que hoy salen como ratas por tirante?    



7 comentarios:

  1. Vamos Dardo, sabemos que te abriste un alertas Google para saber cuando te nombran en Internet...

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    1. Nooo, me pasaría años esperando sin que nada pase. Sabemos que soy innombrable, el chileno se va a avivar ahora.

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  2. ¡Que exelente propuesta la suya!
    Permitame compartirla en plenitud.
    En realidad de los hechos; hace rato que "se estan yendo"; juntos y por la cloaca.
    Abrazo en Cristo y en Su Santisima Madre
    Atanasio

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    1. Querido Atanasio, me fueron dados sus saludos en persona, aprovecho para devolverlos.

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  3. Se agradece:
    Creale pero ¡No le haga caso!

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  4. Me gustó eso de un mal intencionado me pasa un dato....ah jajajajaja
    lo ví sin querer che, hacía mucho que no pasaba por ese sitio y se me ocurrió ir y vi eso, una especie de vecorreydile jeje

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    1. Pero lo hizo porque le gusta la rosca... (y a mí también)

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