...

...

sábado, 9 de septiembre de 2017

SÓLO PARA VIEJOS

Resultado de imagen para imagenes de gustave thibonpor Gustave Thibon

A Dios

        Pronto llegará la noche sin promesa de aurora. No logro pensar en ese momento sin temblar. Sé bien para mí que la fe cristiana no es un analgésico. Ella no te libra de los desgarramientos humanos. Por el contrario, ella deja las llagas abiertas.


        He amado demasiado la tierra para morir sin desgarro. Moriré como una planta que se arranca. Y quiero morir viviendo, sin anestesia, de una agonía sin orgullo, pero sin bajeza. Cristo rechazó el brebaje destinado a aminorar sus sufrimientos. Yo rechazo las consolaciones de la religión y los paliativos de la ciencia.

        Es por amor de vuestra agonía, mi Dios, que los rechazo. Sé bien de plegarias inatendidas. Sé que vuestro Cristo, abrazando nuestras miserias, ha murmurado: ¿“Por qué me has abandonado”? antes de beber casi al punto de la desesperación el cáliz de todo el dolor del mundo.

        Quiero amarte, por ti mismo, sin pedirte nada: “Que se haga tu voluntad”. Sé que todo conduce a esta voluntad: eso que todos llamamos el bien o que llamamos el mal, la cizaña y el trigo, todo será fundido en el crisol de vuestro amor. Omnia cooperantur in bonum: todo coopera al bien; todo es bellísimo.

        Pero ¿quién eres tú Señor? Me eres íntimo y desconocido, tan extraño y familiar como yo mismo para mí mismo. Creo en ti al que ignoro ¿Es necesario que te reconozca en la hora misma en que no me serás presente sino sobre la forma de la ausencia; cómo aquellos discípulos de Emaús que no reconocieron al Cristo hasta que Él se retiró (mientras que sus ojos estaban ciegos cuando caminaba junto a ellos); y como Anquises que no reconoció a la diosa en el amoroso encuentro, sino cuando ella lo dejó?

        Creo en Ti porque a Ti te he traicionado. Te reconozco en las heridas que te he causado. Ayer, yo era fuerte y tú me cargabas; hoy, soy débil y sin embargo me toca a mí cargarte. No quiero apartar de mí la imagen de un Dios agónico porque es justamente tu debilidad la que amo. Está en nosotros el reanimarte, a Ti, el infinitamente débil, Dios desarmado vencedor del Dios de los ejércitos. Quiero reencontrar al Cristo en agonía a través de todos los Cristos triunfantes. Y mi plegaria impotente, mi plegaria sin reclamos se conforma a tu silencio, porque en vano Te implora Tu Hijo.

        He buscado en los seres aquello que sólo Tú puedes dar y he sido decepcionado porque mal he esperado. Pero mi sed, en lugar de saciarse en las fuentes de agua viva, se exasperó por no haber sido saciada en las fuentes terrenas. El mal que he cometido ¿será evidenciado por la luz, u ocultado por el amor? Tómame tal cual Tú me hiciste y tal cual yo me deshice; ten piedad en mí de Tu propia imagen. Encuentra piedad en mí por Ti mismo.

         Los pecados son miserias ocultas. Pero aún los mismos malignos te son transparentes. Los santos no condenan; cómo condenarás Señor? Es necesario “amar todo, o compadecerse de todo” dijo el poeta; pero compadecerse todavía es amar. Todo debe volver a Ti Señor. ¿O será que - no oso creerlo - el pecado tiene su grandeza?

           Siento en mí agrandarse el vacío que aspira a la muerte, que aspira la muerte. Funde en mi, a Tu gusto, por más dolientes que sean, esos abismos que sólo Tu puedes rellenar, a fin de que devenga yo una nada capaz de Dios. Nescivi: nada sé. Ese canto de la esposa del Cantar de los Cantares que nos introduce en la celda interior, que se haga mío, y que no lo confunda con el vértigo de lo absurdo. Entre el misterio y el absurdo, es necesario elegir, y yo he elegido.

            Se bien que la muerte es la ruptura con el cordón umbilical que nos une a la tierra con sus ritmos. Que es también ruptura con el cordón umbilical de la sociedad, con su gravitación, sus protecciones y sus contrafuegos. He creído en lo moral como en otros tantos diques necesarios. Mas hoy, yo oscilo entre la tierra y el cielo despreocupado de aquellas tradiciones más estrechamente humanas, dejo a los muertos enterrar a sus muertos, como Tú mismo nos enseñaste.

             Pero llevo conmigo tantos muertos más vivos que los vivos. Mi más hondo deseo es el de reencontrarlos. María Magdalena, la mañana de la resurrección, no Os reconoció hasta que la llamaste por su nombre; desorientada por las riveras de la eternidad, ella Os reencontró en la ternura humana. El alma está ligada al cuerpo por lazos tan tiernos y violentos, que es imposible que se desanuden. Nada florece en el cielo que no haya germinado en la tierra.

   

11 comentarios:

  1. Hermoso texto de Thibon. Difícil identificarlo con los temas, el tono y el trato que se da en este blog. Igual se agradece.

    ResponderEliminar
  2. Ya aparecieron unos jóvenes. No se metan, no lo van a comprender.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

      Eliminar
    2. Si comprendemos que no hay edad para ver que se ponen como idiotas con sus humanistas de mierda.

      Eliminar
    3. De esto, llegaron un montón, es la "guerra del cerdo", jua,jua! Hacen bien estos muchachos en no perdonar a los que agonizan.

      Eliminar
  3. Este tema y otros lo trata tammbién en una entrevista que le hizo Christian Chabannis y que luego se editó en un libro. Muy recomendable.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es el último capítulo del libro "Gustave Thibon, au soir de ma vie", con fagmentos recogidos por Daniele Masson en 1993. La lamentable traducción es nuestra.

      Eliminar
  4. Realmente hermoso como inusual aporte, más entre quienes convivimos diariamente con el desánimo y la esperanza que se toleran sin excluirse como el trigo y la cizaña pero en nosotros mismos.

    ResponderEliminar
  5. Los jóvenes tienen que vivir la vida, pero los viejos,
    si no se acuerdan ellos de Dios, quién se va acordar. Leonardo Castellani HISTORIAS DEL NORTE BRAVO - Los muertos.

    ResponderEliminar
  6. "He buscado en los seres aquello que sólo Tú puedes dar y he sido decepcionado porque mal he esperado. Pero mi sed, en lugar de saciarse en las fuentes de agua viva, se exasperó por no haber sido saciada en las fuentes terrenas. El mal que he cometido ¿será evidenciado por la luz, u ocultado por el amor? Tómame tal cual Tú me hiciste y tal cual yo me deshice; ten piedad en mí de Tu propia imagen. Encuentra piedad en mí por Ti mismo."...Muy profundo, gracias.

    ResponderEliminar

Comentarios con buena intención no serán publicados.