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viernes, 24 de noviembre de 2017

RELECTURAS

Resultado de imagen para imagenes marcha autoconvocadasPor Germán Rocca.


Varias conclusiones se pueden sacar de releer libros viejos.
La primera, evidentemente, es su importancia, siendo que hay autores que por su profundidad, sapiencia y tal vez por simple empatía, dan más jugo a cada vuelta, al punto que uno se pregunta si vale la pena comprar libros nuevos si con los años uno ha llegado a estos amigos, padres, hermanos o consejeros, según la impresión que nos han dejado gravadas cada uno de nuestros autores dilectos.

Segundo, o tal vez primero, porque es más barato.
Tercero y fundamental, porque uno se da cuenta que ciertas ideas que le daban vueltas hace tiempo y que creía propias, en rigor son ajenas; conclusión a la que se arriba luego de encontrarlas en algún libro leído y olvidado.

Es habitual que me suceda que estas ideas que me vienen y rumeo durante años, sean del tipo de las que tienen los malos tipos: son ideas que tengo y no se las comento con mucha gente para que no digan que soy un maldito.

Pero claro, cuando un buen hombre como Gustave Thibon (que también escribió libros con cierta dureza e ironía que lo separan bastante del almibarado autor de aforismos píos como muchas veces se lo recuerda) resulta ser quien nos recordó recientemente que fue el culpable de algunas de nuestras ideas malditas, las vemos menos malas, más justificadas, más científicas y menos caprichosas.

Confieso que me resulta agradable este tipo de constataciones, no tanto porque me preocupe saberme menos malo de lo que me sospechaba, sino porque con el tiempo voy dándome cuenta que casi todas mis ideas son ajenas. Hay una ligera afirmación moderna respecto a que “hay que tener ideas propias” que me resulta una sencilla estupidez. Lo que debemos tener interiorizadas son las ideas, sobre distintas cuestiones, de los que supieron ver mejor.

En relación a nuestras propias ideas, también se suele afirmar que “las debemos defender a capa y espada”, pero tampoco me parece. Más bien me inclino a pensar que nuestras ideas no importan tanto, aunque no por ello estoy dispuesto a cambiarlas y que sólo podemos reírnos lícitamente de las ideas ajenas evitando la sorpresa o el espanto, si no nos preocupa que se rían de las nuestras (cosa que hago generalmente sobre cuestiones políticas, entre otras delicias), lo que sólo podríamos lograr si no las tenemos por gran cosa; que, en definitiva, no se gana con el pensamiento lo que se pierde con la vida y me cuesta imaginar al jocoso Rivarol apesadumbrado porque los revolucionarios no compartían sus puntos de vista.

La cuestión –y para ya entrar en el tema-, es que hace muchos años que me pregunto por q         ué son tan feas las mujeres que reivindican atentados contra la naturaleza. ¿Usted alguna vez se lo preguntó?
¿Qué sentido tiene, no es piantavotos, que siempre bagres feos reivindiquen el aborto?, ¿para qué defender el lesbianismo con bodoques de torso desnudo?, ¿no podían poner una linda? , ¿la mocosa de quince años que piensa en terminar tortillera, se ve tentada ante una barriga donde se observa un ombligo volcánico e inscripciones con lápiz labial que afirman que los hombres somos todos, o casi, unos hijos de puta?
Falla el marketing y no pueden no saberlo, entonces ¿por qué ponen siempre las mismas ballenas?

Thibon nos lo explica:

“Existen extrañas afinidades entre el espíritu reivindicativo y la mala constitución psico-fisiológica, con los sentimientos de inferioridad que lleva consigo. Ahora bien, se sabe, después de Nietzche y Max Scheler, cómo tales sentimientos sobresalen en el arte de camuflarse en ideales para escapar a la humillante confesión de la conciencia desgraciada. Los móviles más miserables se ocultan así bajo la luminosa máscara de la sed de justicia. En otras palabras, el incapaz y el desgraciado piden a la justicia lo que la naturaleza les niega.
Y la exclamación: ¡no es justo!, no es más que la aduladora traducción de este deseo imposible: ¿por qué yo no? Se cree dar un testimonio cuando se busca una coartada. Un solo ejemplo: asistí el año pasado a un congreso femenino en que la afirmación del derecho al amor era el centro del programa. Qué pena ver el desconsolador físico y la acre moral de la mayoría de esas damas, ¡cómo se las notaba poco hechas para amar y sobre todo para ser amadas!
Al término del congreso antes citado, la moción sobre el incondicional derecho al amor fue votada por unanimidad, lo que no es suficiente para hacer de cada participante una gran enamorada y aún menos para atraerle pretendientes. De ahí los resultados contrarios al fin que se busca, pues el vertiginoso alejamiento entre la proclamación de un derecho, sin referencia a lo real y a lo posible, y la respuesta negativa de la naturaleza, crea una maléfica corriente que aviva ese sentimiento de frustración cuyos destrozos analiza toda la psicología moderna. A la privación ontológica se añade la infección moral: se me debe esto, ¿cómo es que no lo tengo?”

Y a fe mía que algo de esto hubo en la movida de allá por el 2014 que armaron para abolir el piropo. En tren de encontrar las causas, nos podemos preguntar con el filósofo campesino, si las abolicionistas, de puro feas, en realidad lo eran porque no hallaban quién las piropee y si al respecto no tuvo algo de razón Macri, quien también filosofando grosso, afirmó en aquel entonces que a toda mujer le gusta que le digan alguna cosa cuando resulta que se está dispuesto a decírsela.  
  
Otro tanto podríamos decir sobre la idea que tenemos del deporte, que releyendo a Gómez Dávila caí en la cuenta que tampoco es de mi propia cosecha.
Afirma el colombiano que ha sido tan grande la cultura y pensamiento griego, que nos ha tapado la observación del hombre griego, envidioso, desleal, deportista y demócrata. Para peor la actividad física alarga la vida justo en el trayecto donde lo bueno es que se acorte. ¿Qué sentido tiene vivir hasta los 85 pudiendo morir a los 80? Pero ésta y otras ideas que por malditas sólo es bueno conversarlas entre amigos, las dejamos para otra oportunidad.


15 comentarios:

  1. Los extremos se tocan, las monjas también suelen ser feas, por lo menos las que yo he visto. Supongo que la propia fealdad genera una reflexión interna en las mujeres que las inclina hacia un lado o hacia el otro, con un resentimiento o quizás una esperanza de reivindicación por afuera de la belleza material.

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    1. No es así, estamos acostumbrados a mujeres que quieren ser atractivas para los hombres y para ello hacen arreglos. De todas maneras, es bueno verlas feas.

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    2. Si sera bueno...
      Si eres "casado"...

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    3. Don Germán, ¿de dónde sacó esa huevada que son feas las abortista?, me tinca que es un hombre de poca yeca. Hay algunas que están bastante ricas, solo hay que buscar un poco. Lo de Dn. Jorge es más grave, se le nota eso que las mujeres de mis amigos tienen bigotes, una estupidez absoluta. Hay monjitas muy bonitas, conozco algunas desde antes de entrar al convento y no encuentro en eso ningún inconveniente. Parece que no quiere decir algo así como … se hizo monjita porque es feita. Así y todo, la discusión está muy buena y eleva el espíritu y la calidad del blog: Sobre la fealdad de las abortistas y las monjas. Una nueva genialidad, creo que ya es hora de empezar a retirarse, ponele.

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    4. Anónimo, tenga mas cuidado con andar buscando abortistas ricas por la yeca, esas suelen tener ciertos atribultos que no son propios de una mujer. A no ser que, considerando su amplia percepción de la belleza, no les encuentre ningún problema a estos tampoco. Sobre gustos no hay nada escrito.

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  2. diletantes !!! engreídos.

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    1. esto es el ocaso. nos vemo en disney

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    2. Esto es jeroparismo en su máxima expresión.
      Germán y George, salgan del closet, el cocodrilo los espera

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  3. Lo de la monjas debe correr sólo por cuenta de Jorge, que es el único que lo afirmó (y creo que está equivocado).

    Lo de las abortistas se refiere a las de las manifestaciones que cortan calles y hacen alaraca pública (ver foto ilustrativa) y no de todas. Habla del resentimiento reinvindicativo propio de las mal formadas que le reclaman al Estado lo que no les dio la Natura.

    Les pasa por leer apurados...

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  4. Lo mismo con las lesbianas. Prodrán existir bellas, pero las lesbianas reivindicativas, las que se manifiestan el Día del Orgullo Gay, etcétera, son siempre horribles.

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  5. Jorge, no coincido con usted en absoluto.
    En primer lugar, por lo sencillo de constatar que se equivoca cuando afirma aquello sobre las religiosas.
    En segundo lugar, porque lo que mueve a una religiosa a entrar en religión, lo mismo que a un religioso, en nada se asemeja a lo que explica Thibon y que podríamos bautizar ahora como "el resentimiento de los tullidos".

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  6. El germen del resentimiento en algunos casos (los que explica Thibon) vienen del impulso de reclamar para uno lo mismo que lo sólo se les dio a otros.
    Sin embargo estos no son los únicos reclamadores. Los hay también con una hechura buena o discretamente aceptable.
    En definitiva, "la igualdad" le pudrió la cabeza y el alma a todos más o menos por igual.
    El bien hecho, puede que tenga una inclinación reclamadora y declamadora viciosa que no vaya contra su ontología, lo que no lo hace menos malo. Podra reclamar ser mantenido por el Estado, "igual salario" que los que trabajan más, "iguales oportunidades" que los que tuvieron más suerte, etc.

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  7. Insisto y amplío, una monja bella es como un cura guapo, una anomalía, algo que está fuera de lugar. Habrá alguna, pero me temo que todos ustedes vieron la misma ja.

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  8. Jorge.
    Usted no tiene la menor idea de qué son un sacerdote, una religiosa, ni un religioso. Tampoco qué es lo que los mueve a tomar decisiones tan altas para seguir esas vocaciones.

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    1. Señor Tío Cosa, usted no tiene la menor idea de las cosas que yo no tengo la menor idea.

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