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jueves, 5 de abril de 2018

SERMÓN SOBRE EL MATRIMONIO

Resultado de imagen para imagenes sagrada familia de nazaretPadre Álvaro Calderón


 No todo lo que hay en la Suma Teológica de Santo Tomás es sólo para teólogos. Una de las perlas más accesibles y útiles, es su tratadito acerca de los bienes del matrimonio.

Comienza diciendo: "Ningún hombre sabio debe experimentar menoscabo, si este no va compensado por un bien igual o mayor". Y, observa, el matrimonio trae aparejado consigo bienes y males. Quien se casa acepta sufrir éstos por alcanzar aquéllos.



Hasta esta frase todo el mundo está de acuerdo. Pero de aquí en más, y asusta comprobarlo, entre lo que enseña Santo Tomás, resumiendo toda la tradición y buen sentido cristianos, y el sentir común de hoy, no sólo hay divergencia sino una exacta y total inversión. Los que para el Doctor de la Iglesia son males ahora se los llama bienes, y a los que declara bienes, males. Quede claro que hablamos de los que se consideran católicos y sinceramente quieren serlo.

Aunque debemos reconocer que tanto en los tiempos de mucha fe, como los de Santo Tomás, cuanto en los de mucha incredulidad, como hoy, muchos renuncian al matrimonio (claro que ayer renunciaban antes de casarse por entregarse a Dios, y hoy renuncian después, por entregarse a... Dios sabe qué...). Sin embargo, tanto antes como ahora, la gran mayoría se sigue casando. Y es curioso, porque a pesar de esa exacta inversión de valores, el saldo sigue considerándose positivo.

¿Cuáles son, según Santo Tomás, los males que trae aparejado? Son dos. En primer lugar, un detrimento en la actividad espiritual del hombre, por la vehemencia de las pasiones propia del trato conyugal. Y en segundo lugar, la "tribulación de la carne", es decir, las preocupaciones y trabajos ocasionados por las necesidades temporales.

Pero estos males no pequeños, se ven largamente superados por tres grandes bienes: la prole, la fidelidad y el sacramento. Son los hijos, la prole, el primer y gran bien del matrimonio. Aquello en vista de lo cual Dios lo instituyó. El segundo bien es la fidelidad, por el que el hombre se une con una única mujer, y la mujer con un único hombre, teniendo uno en el otro un apoyo en el que podrán confiar. Y el tercer bien, sello sagrado de los demás, es el sacramento, por el que el matrimonio se ve transformado por Dios en lazo indisoluble y fuente de santidad para toda la familia.

¿Y qué mueve hoy, en cambio, a muchos católicos a casarse? Pues principalmente los sentimientos y la pasión, que para un cristiano pueden satisfacerse legítimamente sólo dentro del matrimonio. Y en segundo lugar, las conveniencias prácticas: que haya quien le barra el piso y le tenga lista la comida, quien le dé un techo y con qué hacer de comer. Y por estas razones, como hombres sabios, aceptan la pesada carga de los pocos hijos que escapan a sus cuidados; el resignarse un poco sólo exteriormente al único cónyuge; y someterse como un condenado, a la cadena perpetua de la indisolubilidad.

Dijimos que comprobábamos con susto esta total inversión de lo que es el matrimonio. ¡Con terror!, habría que decir. Porque no se trata solamente de la pérdida de verdades de fe, lo que ya es gravísimo; sino de la corrupción misma de la razón natural, lo que es aún peor. Porque un incrédulo se puede convertir a Dios, ¡pero un insensato no!

Evidentemente, para creer es necesario no estar loco. Pero para la fe no basta el uso de razón, se hace necesario el uso correcto de la razón natural. Hay una estrecha y mutua relación entre la fe y el buen sentido de las cosas naturales: nuestra mente se eleva al conocimiento de los misterios divinos apoyada en comparaciones con las realidades naturales. Y la luz de esos misterios hace que comprendamos de un modo nuevo, mucho más profundo, las verdades de las que partimos. Esta es la explicación teológica del gran sentido común de un buen cristiano, y de la dificultad de ser cristiano al que le falta sentido común.

No hacía falta la Revelación para saber que los hijos son la gran recompensa del matrimonio, que la fidelidad es un gran bien y la indisolubilidad es, al menos, necesaria. Pero sólo la luz divina del misterio de Cristo podía descubrir a los ojos del fiel la grandeza inmensa de esos bienes. "Grande es este sacramento" exclama San Pablo hablando del matrimonio, "mas yo lo digo en Cristo y la Iglesia" (Efesios 5,32). Solamente al dirigir la mirada al misterio de amor y de unión entre Cristo y su esposa la Iglesia, se puede sospechar la grandeza del matrimonio cristiano, ya que éste es como un reflejo o imagen de aquel otro Gran Misterio de fecundidad, de fidelidad y de santificación.

Misterio de fecundidad: Cristo dio toda su Sangre para hacer fecunda a la Iglesia, y la Iglesia ardió en deseos de darle hijos. En todos los pueblos los engendró, generosa, porque es Católica; y puesto que es Apostólica los dio a luz, incansable, en todos los tiempos. ¿Qué padres verdaderamente cristianos harán regateos aún con el último de sus hijos, cuando hasta tal punto los quiso Cristo?

Misterio de fidelidad: porque fue toda su Sangre la que Cristo dio, y nada guardó sin dárselo, no hubo otra Iglesia que pudiera ser objeto de su amor. Por eso la Iglesia es Una, y con ojos para un único Señor. Es contemplando este amor único, exclusivo porque es total, que los esposos cristianos aprenden a amarse: "maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesiay como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las mujeres a sus maridos en todo" (Efesios 5,25- 24).

Misterio de santificación: "Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella para santificarla". Es por su unión indisoluble a Cristo en la Cruz que la Iglesia es Santa, y fuente inagotable de santidad. Así el matrimonio cristiano, elevado a la dignidad de sacramento, es una de las siete fuentes que derraman entre los hombres la santidad que viene de la Cruz. Fuente de santidad en la medida en que es informado por la caridad y por el espíritu de sacrificio.

Esposos católicos, en estos tiempos de confusión tan profunda y universal, deben dirigir sus miradas a la Cruz, contemplar allí el misterio de la unión entre Cristo y la Iglesia, para redescubrir la grandeza del matrimonio cristiano. El día de mañana sus hijos, teniendo en ustedes la fiel imagen de ese misterio de fecundidad, de fidelidad y de santificación, fácilmente comprenderán porqué la Iglesia es Católica, Apostólica, Una y Santa.

Qué difícil le es comprender a ese par de sobrevivientes del egoísmo de sus padres, que la Iglesia se desangre en las misiones. Qué difícil, cuando han visto separarse a los que fueron sus padres y echarse en brazos de extraños, entender que Cristo no puede repartir su amor a pedazos entre una multitud de sectas y religiones; y, por lo mismo, qué difícil descubrir que el ecumenismo conciliar es una mentira. Qué difícil creer que sólo en la Iglesia se pueda nacer y crecer, que sea el único hogar de la vida de la gracia, cuando nunca sintieron, pobrecitos, el calor de una familia. P. Álvaro Calderón.
‎24/3/18, 19:05 - 

20 comentarios:

  1. Buenísimo. De una gran ayuda para matrimonios jóvenes que estamos en medio de este gran combate y de esta lluvia de iniquidad.

    Javier

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  2. Si fuera otro el que dijera "no hacía falta la Revelación para saber que los hijos son la gran recompensa del matrimonio, que la fidelidad es un gran bien y la indisolubilidad es, al menos, necesaria"... seguro que alguno le acusaba de naturalismo

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  3. me casè sacramentalmente hace 22 años con alguien que se acaba de rebelar una verdadera infradotada. Eduquè SOLO en la fe verdadera a mis dos hijos mayores y aùn me queda otro de 7 años. A la madre de mis hijos jamàs le interesaron estos asuntos. Ahora se dedica a living la vida loca. Con que salsa me como ahora la indisolubilidad de un vinculo que estimo nulo por falta de discernimiento de la otra parte pero que ninguna autoridad religiosa declararà? 30 años al lado de esta persona estuve. De que me disfrazo ahora? de monje benedictino?

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    1. Contemple la posibilidad del asesinato.

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    2. El que no hizo bien el discernimiento fue usted sin dudas. Si no le alcanza con la vida de la gracia es porque quiere vivir la vida loca usted también.

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    3. El matrimonio es tremenda cruz, el que no tenga vocación que se quede soltero.

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    4. Pregúntese mejor con que se tragó el cáliz del dolor Jesucristo.

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    5. Las lindas nenas les entran por los ojos pero después no se las bancan... jeje.
      seguro tuvo su barbie rubia, o teñida, ahora a bancársela, que si Dios le hubiera planteado que se case con una fea virtuosa lo hubiera mandado a pelar papas haha...
      Hacer un mea culpa nunca ¿no?
      Les va mal en el matrimonio por no rezar juntos luego no le eche la culpa a la iglesia, o en todo caso échele la culpa a los modernistas que no le enseñaron sana Doctrina.
      En qué Fe educó a sus hijos si por lo que expresa usted no tiene doctrina o no la quiere tener o no quiere la cruz.

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    6. Oh si, que chistoso, aconsejar que mate a alguien, eso ni en broma. Entre la consciencia y la cárcel que le espera mejor se quede como está que seguro encuentra la ayuda de Dios, que Evangelio estará leyendo que no vió cuando Jesucristo llama a ir a ÉL a todos los cansados y agobiados que ÉL los reconfortará. Falta Sagrario o falta oración o adoración o mirarlo a ÉL en la cruz.

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    7. al final de la celebraciòn, el cura hizo firmar un libro de actas. no recuerdo exacto que decía el acta pero ahora lo supongo: la Casa no se hace responsable por los daños y perjuicios psicològicos ocasionados por la indisolubilidad de un vínculo insoportable.

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    8. Si claro 16:13 la culpa es de la indisolubilidad claaaaro claro claro claro, como no...un jaja grande como una casa.

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    9. Estimado. Me imagino el calvario. Un sufrimiento enorme. Solo puedo darle un consejo: rece por su esposa, que probablemente solo tenga en Ud el medio de salvación. Salve el alma de su esposa aunque le lleve la vida en eso. Amar es desear el bien del otro. Ámela como Cristo la ama también.

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  4. No "paga" la pena. Tal "posibilidad" seria un "alivio".

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  5. aviso publicitario9 de abril de 2018, 7:56

    Casarse con una fea pero virtuosa, me parece una gran estupidez.
    Hay que casarse con una linda y esperar que todo vaya bien, y si no, remarla.

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    1. El efecto barbie es profundo ...jaja
      las niñas juegan de pequeñas con ellas, otros quieren tener una de grande ....jajajaja

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    2. Mejor miren como es la suegra así saben como va a quedar la esposa luego de veinte añitos jeje

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    3. Mi abuelo decía que habia q buscarlas buenas e inteligentes, q feas se vuelven todas.

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  6. Hay que casarse con alguien que piense lo mismo que uno en todos los temas mas o menos relevantes, por supuesto un tema fundamental es el religioso.

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